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Examples of failure with reflective cracking at a single location

7. Validation & Results

7.2 Validation Simulations

7.2.1 Examples of failure with reflective cracking at a single location

En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer;  pero a causa de 

las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.3 El marido cumpla 

con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido.4 La mujer no tiene potestad sobre su pro- 

 pio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. 5 No os 

neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en  la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.6 Mas 

esto digo por vía de concesión, no por mandamiento.7 Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como 

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Estamos ante un notable pasaje. Al analizar la novela “Madame Bovary” el novelista peruano Mario Vargas Llosa recuerda lo que, según él, es la escena más erótica de la literatura (el surgimiento de un amor adúltero en un carruaje), y señala que no se menciona parte alguna del cuerpo, lo que es posible por el vuelo literario de Gustavo Flaubert, su autor. Del mismo modo, nos maravilla cómo Pablo puede decir tantas cosas sin usar la palabra “sexo” ni otras parecidas. En aquel entonces eran más frecuentes en el habla común que hoy, pero el apóstol no necesitaba acudir al léxico común, y menos aún al vulgar.

El trozo comienza con una declaración que nos deja casi pasmados: “Bueno le sería al hombre no tocar mujer” (v. 1b). Comenzamos con una respuesta a una pregunta que no nos es conocida y, por lo tanto, no podemos pretender la última palabra sobre el tema. Al hablar de “no tocar mujer”, Pablo se refiere a no ca- sarse.1Lo mismo se diría en caso de mencionarse primero a la mujer. Quizá la pregunta la hizo un hombre, o

se aplicó a los hombres de la iglesia. Sin llegar a agotar el asunto, hay varies cosas que podemos mencionar. Pablo comienza con la cuestión de la soltería, y enseña que el celibato es algo bueno, que puede ocasionar tentación que no es correcto para los casados, y que es un don de Dios.

La frase en griego es concisa. Palabra por palabra dice sólo: “Bueno (o ‘hermoso’) para el hombre mujer no tocar”. O sea que como no hay un verbo como el castellano “le sería”, podemos pensar que Pablo está di- ciendo: “Dentro de los términos que ustedes me han preguntado, el casamiento n o será recomendable.”2

No se trata de un llamado al celibato. Los consejos para la vida matrimonial demuestran el respeto del apóstol hacia ella. El usó varias veces el ejemplo de la unión conyugal para referirse a Cristo y la iglesia. No estaríamos violentando su pensamiento si aquí leyéramos: “Es bueno

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no casarse, pero debido a las condiciones del ser humano, es recomendable casarse.”

La primera página de la Biblia dice que “Dios … varón y hembra los creó” ( Gén. 1:27). Por lo tanto hay  dos caminos. Uno es el de la voluntad divina, matrimonio o abstención, y el otro el de la corrupción humana, la fornicación. Teniendo eso en cuenta, corresponde que “cada uno tenga su propia mujer y cada una tenga su propio marido” (v. 2b).

Notemos que desde el principio Pablo establece una absoluta igualdad entre los sexos. Cuando hoy se fir- ma un acuerdo internacional, se alterna la designación de los países (la primera vez por orden alfabético y la siguiente al revés, y así en lo sucesivo). De la misma manera, el apóstol nombra primero al marido en el v. 3  y primero a la mujer en el v. 4. En la declaración inicial del v. 2, se cuida de mencionar a ambos, aunque en

el v. 1 haya hecho alusión sólo a los hombres. La delicadeza en el trata miento de estos temas es una condición básica.

La monogamia3sólo ha existido como concepto natural a partir del cristianismo. Si bien era habitual en el

mundo grecorromano, la promiscuidad, el adulterio consentido, los divorcios reiterados y otras costumbres  generalizadas hacían que en la práctica no se tuviera ese alto concepto que nos lleva a equiparar el matrimo-

nio con la unión a Dios. Pablo es muy terminante en el v. 2. Tanto para el hombre como para la mujer, cada  uno debe tener su propio cónyuge. No hay lugar para otro que se introduzca en la intimidad sin ser esposo o esposa. No existe la más mínima posibilidad de bigamia, adulterio o algo por el estilo. Ese es el único camino para evitar “las fornicaciones”.4¿Cómo evitarlo? Muy simple, dice Pablo: cada hombre y cada mujer debe

tener un cónyuge.

Luego entonces aparecen preguntas sobre la forma en que los esposos cristianos deben mantener su vín- culo. Muchos suponen que aquí surgía la cuestión de si era legítimo que tuvieran relaciones sexuales una vez casados. El movimiento monástico, que veía como impura la relación ca rnal, surgió muy pronto en el mundo cristiano y tuvo y sigue teniendo gran fuerza en Grecia. Allí aún existe un estado semi independiente, el monte Athos, lleno de monasterios, donde nunca ha entrado una mujer … ni una oveja, ni una gallina ni

1El verbo en el original habla de conectar, unir, tocar. De manera que no debe tomarse literalmente sino como una manera de

hablar de las relaciones sexuales. En el contexto Pablo parece referirse a toda la idea de la santidad del matrimonio.

2La tradición judía no sólo consideraba el matrimonio como el estado ideal, sino que además sostenía que la soltería era desobe-

diencia al mandato de Dios de fructificar y llenar la tierra (Gn. 1:28). Es posible que, como resultado, algunos de los judíos cristia- nos en Corinto estuvieran presionando a los creyentes gentiles solteros pare que se casaran. Por otra parte, y debido a las experien- cias que habían tenido, tenían deseos de permanecer solteros. Adoptando una actitud similar a la de los judíos, pero para con la soltería, los gentiles reaccionaban al pecado del pasado y consideraban que el celibato era no sólo el estado ideal, sino además el único plenamente espiritual. Pablo reconoce que la soltería es buena, honorable y excelente, pero no sostiene la idea de que es un estado más espiritual ni más aceptable para Dios que el matrimonio.

3Régimen familiar que prohíbe la pluralidad de esposas.

4La palabra usada por Pablo, gr. PORNEIA, de donde viene “pornográfico”, es muy amplia y se refiere a lo corrompido en el campo

cualquier cosa femenina. El gran cultivo de la vida del cuerpo producía, por reacción, que quienes ponían énfasis en la actividad del pensamiento llegaran a despreciar el cuerpo como la parte más baja del ser huma- no. Todavía queda en nuestra cultura un resabio de

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esa actitud griega. Es lógico suponer, entonces, que algunos creyentes corintios creían que estaban pecando si disfrutaban del placer del matrimonio, y pre-  guntaron a Pablo qué debían hacer.

Si la pregunta era, como imaginamos, qué se podía hacer, la respuesta paulina era qué se debía hacer. La relación conyugal no es opción sino deber, algo que se debe al otro y no se puede dejar de “pagar”. Este es uno de los casos en que este capítulo ha influido en la legislación moderna, que suele hablar del “deber con-  yugal”.5

Notemos que la forma de ver la relación marital no es la satisfacción de un deseo propio, sino la forma de satisfacer el deseo del otro. A muchos tal vez no les cause placer pagar una deuda,6y en general el que recibe

el dinero se alegra; de la misma manera, asegurémonos que el cónyuge se alegre porque estamos pagándole una deuda permanente que contraímos en el momento en que n os casamos.7El matrimonio es una deuda

cotidiana de afecto, que tiene una clara via para manifestarse: la relación sexual.

La reciprocidad del vínculo se manifiesta en los versículos siguientes. ¿Quién es el dueño de su propio cuerpo? La respuesta parece sencilla: cada uno hace con su cuerpo lo que quiera, siempre que sea en la vo- luntad de Dios. No es así, dice Pablo, cuando se trata de personas casadas. Cuando alguien contrae matrimo- nio, está diciendo al otro: “Te regalo este cuerpo; úsalo como to propiedad, pues eso es.” Y así es tanto para el hombre como para la mujer.

Tal “potestad” tiene sus límites. Aunque es aplicado en forma restringida, el v. 5 nos da la pauta a seguir. Hay derecho a negar al otro el uso de tal “propiedad” cuando ambos se han puesto de acuerdo. Se dan varias normas claras para la interrupción de esa relación. Primero, que sea “de mutuo consentimiento”; segundo, que sea para un fin específico y superior, “la oración”; tercero, que sea por un tiempo limitado.

Cuando la primera indicación es la del mutuo acuerdo, nos damos cuenta sus amplios alcances. Volvien- do al ejemplo de la deuda, podríamos decir que toda deuda debe pagarse en el plazo establecido, salvo que, por un acuerdo surgido del amor que tiene el acreedor al deudor, se postergue o perdone. Si uno de los cón-  yuges está enfermo o en un mal estado anímico por razones lógicas, ni siquiera habrá necesidad de tomar

una

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decisión: ambos cederán el “cobro de la deuda” hasta que estén bien físicamente.

Pero no olvidemos que Pablo menciona una razón específica: “para ocuparos sosegadamente en la ora- ción”. Podemos compararlo al ayuno, que significa privarse de algo placentero para concentrar los pensa- mientos y sentimientos en la comunión con Dios.

La última parte de las recomendaciones sobre este punto se refiere a que hay motivos bíblicos para no prolongar la abstinencia sexual. Satanás está vigilando y puede aprovechar esos momentos—como los de un ayuno; y lo hizo con el mismo Jesús—para tentarnos.

Como puente al tema que sigue, Pablo habla “por vía de concesión, no por mandamiento.” “Concesión” no es la mejor traducción del griego SUNGNOME, que significa “pensar lo mismo que otra persona, tener opinión en común, tener una misma mente.” Cuando Pablo aclara “esto lo digo”, se refiere a lo que ha dicho sobre el matrimonio. Pablo era consciente de lo bueno que era ser soltero y célibe, pero también tenía con- ciencia de los privilegios y responsabilidades del matrimonio. Sus comentarios no eran un mandamiento para que todos los creyentes se casaran. El matrimonio fue instituido por Dios, es la norma para la relación hom- bre-mujer, y es una gran bendición para la humanidad, pero no es un requisito para todos. Lo que él trataba de comunicar era que si uno era soltero, estaba bien; si uno estaba casado o se casaba, había que permanecer casado y continuar con las relaciones matrimoniales normales.8

5La idea ha sido llevada al extremo de declarar como causa de nulidad lo que se llama “matrimonio no consumado”, pero esto

parece ir más allá del sentido del texto.

6Aunque el cristiano se siente bien cuando lo hace.

7Aunque se refiera a un contexto más amplio, viene a la mente otro versículo: “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a

otros” (Ro. 13:8).

8La idea de “por vía de concesión, no por mandamiento,” también se ha explicado de la siguiente manera: A menudo, para contes-

tar preguntas e inquietudes de los corintios, Pablo empleaba mandamientos del Señor o la Escritura misma. En otras oportunidades, Pablo daba su propia opinión. Para nosotros, todo forma parte de la Escritura y es principio bíblico. “Concesión,” entonces, sería “permiso” con la idea del derecho a opinar sin que haya un principio ya escrito. También es digna de mencionar la posición que explica el comentarista Godet del siglo XIX. “… las palabras del v. 6 sólo pueden referirse a la idea esencial del pasaje, como se mencionó en el v. 2 y como se mencionaría otra vez en el v. 7: el deber general del matrimonio. Los vv. 3–5 sólo han sido una acla-

En cuanto al v. 7, el apóstol dice que “quisiera más bien” o sea que “preferiría” que todos sean como él.  ¿Quiere decir que sean solteros? Algunos piensan que Pablo era viudo (sobre todo por su posible pertenencia

al Sanedrín,9lo que no es afirmado categóricamente en ninguna parte),

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pero es más probable que

nunca se haya casado. El sentía que ésa era la voluntad de Dios y tenía el don de continencia necesario para permanecer soltero. Según el v. 9, “cada uno tiene su propio don de Dios”. A algunos, como a él, Dios le dio el de continencia, que le permitió viajar continuamente sin tropiezos físicos, sociales o espirituales. A otros les dio el don del matrimonio. Lo importante no es una cosa u otra, sino saber cuál es el don que Dios nos ha dado.

El sello de la grandeza divina ha sido impuesto al matrimonio. Hombres y mujeres pueden repetir la glo- riosa experiencia del encuentro de Adán y Eva y repetir la frase ingeniosa de Mark Twain—aunque era in- crédulo—que, al fin de su imaginativo diario de nuestro primer padre, escribe: “Donde ella estuvo, estuvo el paraíso.”