4. Dynamic vehicle model
4.1 Background
4.1.1 Vehicle loading & Pavement performance
1. “Andan conforme a la carne y no al Espíritu” (Ro. 8:1). 2. Son creyentes que no disfrutan de la vida del Espíritu. 3. Se los puede comparar a niños (hacen niñerías).
4. Un ejemplo concreto son los celos, las luchas y divisiones. 5. No se les puede hablar como a espirituales pues no lo son.
Recurriendo de nuevo a un tratamiento afectuoso (“hermanos”),15aunque quizá dolorido, Pablo asienta
un hecho: debe reconocer que la forma en que les ha estado hablando, y lo seguirá haciendo, es de acuerdo a su condición de cristianos carnales, no de cristianos cuya mente está adecuada al Espíritu de Dios. Los corin- tios vivían en una onda humana que les impedía responder a la revelatión de Dios, y consecuentemente no producían beneficios espirituales a su congregación.
Un creyente “carnal” no deja de ser creyente, pero actúa como si no lo fuera. Esa carnalidad no se refiere sólo a la comida, la vida sexual, etc—temas que Pablo deberá tratar luego—sino también a las relaciones humanas, a la actuación en la congregación y a todo to demás que surge del hecho de que estamos en este mundo con un cuerpo carnal.16
Pablo habla con mucha fuerza, pero no los considera apóstatas ni ex creyentes. Siguen siendo cristianos, pero así como hay ciudadanos patriotas y ciudadanos indiferentes o perturbadores, también hay cristianos espirituales y otros que son meramente carnales, que andan “como hombres” (v. 3b), sin una dimensión eterna. “Se portan como cualquier otro y
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malgastan su vida,” diría Pablo hoy. Es indudable que entre cristianos debe haber una conducta diferente.De los primeros cristianos se dijo: “Mirad cómo se aman”;17 de los corintios quizá dirían: “Mirad cómo se
pelean”. Es triste cuando la gente de afuera de la iglesia comenta de los creyentes: “Son como todos”. La primera idea de Pablo es que los corintios se están portando como niños, y debía tratarlos como si lo fueran. Una criatura busca satisfacer sus necesidades elementales y es egoísta para poder sobrevivir. Trata de comer y cumplir sus deseos. Después se aferra a sus juguetes, que no quiere compartir. Cuando entra a la vida social, no admite a otros fuera de su pequeño grupo. El apóstol dice que los trat a como a “niños en Cris- to”, y por lo tanto los ha alimentado con leche y no con carne, como corresponde a un bebé.18
Del contexto se desprende que el autor cree que sus lectores deberían estar en condiciones de reflexionar sobre temas profundos de la fe cristiana y ser así objeto de una bendición adicional. Más todavía, ya era tiempo de que enseñaran esas cosas a otros. Sin embargo, no sólo no era posible sino que además había que volver a “los rudimentos”, al abecé de la doctrina c ristiana. A nadie se le ocurre que, por buena que sea la leche, vivirá en base a ella toda la vida. Salvo en el caso de algunos enfermos, los seres humanos necesitamos
14Esto se nota con una expresión característica de Pablo: “andar” (Ro. 6:4; 8:4; 13:13), que da idea de la vida como un camino a
recorrer.
15Les habla como hermano, no como juez.
16Ver la lista de las “obras de la carne” (Gá. 5:19–21).
17“Es nuestro cuidado por los necesitados, nuestros actos de amor y misericordia que nos graba a fuego en los ojos de muchos. Ellos
dicen: ‘¡Mirad cómo se aman! ¡Mirad cómo están preparados para morir unos por otros!’ ” (Tertuliano, padre de la iglesia). “Es increíble ver el fervor con el que la gente de esa religión se ayudan unos a otros en sus necesidades. Su primer legislador, Jesús, les ha metido en la cabeza que son hermanos”. (Luciano, escritor griego no-cristiano, del siglo I, asombrado por la relación cálida y afectuosa entre cristianos.) “Se aman unos a otros. Nunca dejan de ayudar a las viudas; salvan a los huérfanos de quienes les hacen mal. Si tienen algo, lo dan al hombre que no tiene nada; si ven a un extraño, lo hospedan en su casa y lo tratan como a un herma- no. No se consideran a sí mismos hermanos en el sentido usual de la palabra, sino hermanos a través del Espíritu, en Dios.” (Arísti- des, hablando de los cristianos al emperador romano Adrián.)
alimentos más nutritivos. El estado de los cristianos corintios podía describirse como “raquitismo espiritual”. Según He. 5:14 “el alimento. sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” En Corinto, la confusión sobre lo que estaba bien (lo espiritual) y lo que estaba mal (lo carnal) era realmente grosera, y demostraba vidas enclenques que, por su misma fragilidad, debían recibir dieta de niños.
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Pablo agrega que si bien él los había alimentado así en el p rincipio, era inusitado que todavía de- biera seguir haciéndolo (v. 2).El segundo punto va directamente a la situación concreta. ¿Cuál era la prueba de su carnalidad? Los ar- gumentos con que justificaban la falta de unidad que Pablo quiere combatir. Que unos dijeran ser “de Pablo” y otros presumieran ser “de Apolos”, no mostraba aprecio por sus padres espirituales puesto que no habían
comprendido sus enseñanzas, y seguían siendo criaturas (a las que había que volver a dar alimento adecuado a tal situación).
Pregonar que somos de tal o cual pastor o predicador, es realmente cosa de niños. Es una demostración de que no hemos crecido espiritualmente y de que, como dependemos de la palabra de un hombre, perturbamos la posibilidad de que nos hable el Espíritu y aun de que otro hombre más sabio nos dé enseñanzas más pro- fundas.
Son graves las consecuencias que Pablo enumera en una interesante progresión. En primer lugar vienen los celos: quizá los que se decían “de Apolos” en realidad estaban celosos de los más antiguos, que se declara ban “de Pablo”. Eso producía discusiones (contiendas) que terminaban en divisiones (disensiones).
Enfocando el tema de manera positiva, podemos razonar sobre la solución. Simplemente cambiar de rumbo y aprender a depender de la sabiduría del Espíritu. Nada ganamos al querer arreglar las divisiones condiscusiones, que partiendo de nuestros conceptos nos llevan al celo y la excesiva identificación con un maestro. Sólo cuando “la mente de Cristo” (2:16) reine en nuestros corazones y en nuestras congregaciones, se acabarán las divisiones y nosotros estaremos listos para recibir un alimento que nos permita seguir cre- ciendo en el Señor.
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CAPÍTULO 5
4. EL MINISTERIO EN LA IGLESIA (3:5–23)
a. Distintos lugares de servicio (3:5–10)
5 ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo
que a cada uno concedió el Señor.6 Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. 7 Así que ni el
que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.8 Y el que planta y el que riega son una
misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.9 Porque nosotros somos colabo-
radores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. 10 Conforme a la gracia de Dios que me ha
sido dada, yo como perito arquitecto puse fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo so- breedifica.
En el pasaje anterior, el apóstol se ha mencionado a sí mismo y a su sucesor Apolos, indicando que ellos no son los puntos de referencia de una fe bien fundamentada. A partir de allí, aprovecha para describir los distintos roles en el nacimiento y crecimiento de una iglesia, siempre demostrando sus dos puntos básicos: que la iglesia es sólo una y que Cristo es su fundamento. A fin de ilustrar su argumento, utiliza una serie de comparaciones de tareas del mundo circundante. En primer lugar, menciona que los obreros del Señor son servidores.1
Luego pasa al ámbito de la agricultura. En esa esfera se los puede comparar a plantadores y regadores. Si- gue el ejemplo de la construcción, en el cual se identifica con un arquitecto. (La idea del edificio que estos
construyen hace surgir la del templo, v. 16). Luego en el cap. 4 usa la imagen de los administradores.
[P. 58] LOS OBREROS COMO SERVIDORES (3:7–9)
1. Están para servir.
2. Su servicio es a Dios y a los demás.
3. Son un medio para que Dios llegue a los demás. 4. Dios lo concede de manera distinta a cada uno.
Pablo se describe como servidor después de hacer una pregunta retórica.2Notemos la palabrita “pues” (v.
5). Es como si dijera: “Al fin y al cabo, ¿qué son Pablo o Apolos? ¿Son nombres tras de Los cuales embande- rarse para producir divisiones y grupos?” Y hasta imaginamos a Pablo exclamando: “¡Vamos, al fin y al cabo son sólo los nombres de dos servidores!”
¿Alguno declara pertenecer al bando de una criada o un sirviente? Sirviente derive de servidor. Nuestros conceptos sociales hacen que le demos escaso mérito, y así era también en aquellos tiempos. Pablo mismo a veces firmaba sus cartas titulándose “siervo de Jesucristo”, asi como en Romanos o Filipenses. La palabra griega en el original es DIAKONOS, y en latín es la que da lugar a “ministro”. Todo ello es muy sugerente
para nuestro uso actual de ese término.
Es elemental que un servidor tenga un servicio que cumplir. El servicio del obrero cristiano es ser el me- dio por el cual otros lleguen a creer. El servicio es tanto a Dios como al prójimo.
Pero Dios no nos lanza a ciegas a la tarea. Traduce bien la Versión Popular: “Cade uno de nosotros hizo el trabajo que el Señor le señaló” (v. 5b). El Evangelio de Marcos describe a un amo que dejó una misión enco- mendada a cade uno de sus siervos, agregando que “al portero mandó que velase” (13:34). No sólo debemos preguntarnos si estamos trabajando, sino también si estamos trabajando en lo que Dios quiere que hagamos y de la manera que él lo quiere.
Seguidamente el apóstol pasa al ejemplo del mundo agrícola, que hoy usamos con frecuencia. Apelando al ejemplo del Señor, hablamos de “sembradores”, así como de aquellos que trabajan en “plantar” iglesias. Pensando en que la mayoría de éstas se levantan en zonas urbanas, es interesante cómo perduran estos ejem- plos de la vide rural.
1Esto se repite en 4:1 es muy frecuebte en sus cartas.
La redacción comienza en forma concise, enumerative: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios” (v. 6).
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Pablo no olvidaba su lugar en la historia de la congregatión de Corinto. Había llegado allí solo y había comenzado a predicar sin ayuda alguna. Luego de muchas dificultades y de contar con buenos colabo- radores, después de un año y medio pudo partir dejando un grupo relativamente numeroso de creyentes.Su salida produjo un vacío, que poco después fue llenado con la presencia de Apolos, quien se dedicó a “regar” lo que el apóstol había sembrado. Ninguno era más importante que el otro. Por supuesto, sin la labor de Pablo, Apolos no hubiera cumplido la suya. Pero sin ésta, la del primero presumiblemente se habría agota- do. Según Pablo, tratar de hacer un orden de méritos era como preguntar cuál de los dos lados de una mone- da es más importante. Si el apóstol hubiera apelado a esta ilustración, habría contestado: “Lo que realmente importa es el gobierno que da curso legal y respalda con su tesoro ese trozo de metal”.
Esto es to que, precisamente, quiere decir cuando agrega que “el crecimiento lo ha dado Dios”. Si la semi- lla tiene vida, es debido a la acción divina. El agua del que riega no tiene ningún poder en sí misma, y sólo el Creador puede producir los procesos químicos que la transforman en fertilizante imprescindible del desarro- llo del vegetal.