2.2 Working with Files and Data
2.2.8 Exercises
Encontramos experiencias diversas respecto a como vivieron los maestros la relación entre su familia, su comunidad y su escuela.
Varios de los maestros colaboradores se declararon quechuahablantes, sin embargo, todos coincidieron en que en sus escuelas solo se usaba el castellano, aún en comunidades con predominio de la lengua quechua y donde los maestros eran del mismo lugar. Estos testimonios ratifican lo señalado por varios autores sobre la función castellanizadora de la escuela y muestran el divorcio de la escuela con las familias y las comunidades de los estudiantes.
Algunos colaboradores refieren que las clases se basaban principalmente en los libros más que en sus experiencias. Como tenían poco acceso a ellos, sus maestros les explicaban o dictaban. En algunos casos copiaban y en otros investigaban en una biblioteca.
Me acuerdo del viaje de Colón, eso muy bien explicaba, de los tres barquitos, daba ejemplo, decía que era como si viniera por el río Vilcanota y vio tierra y descubrió América. En secundaria, hemos visto ya que Colón navegó en el mar no en el río. (Constancia, Cusco).
(En secundaria) lo que más nos enseñaron eran de los libros, por ejemplo en historia de los héroes. En geografía la altitud, las regiones, pero más era de los textos, puro textos, así de la comunidad no. (Nery, Concepción-Junín).
También encontramos experiencias escolares más cercanas a su realidad. Algunos recuerdan que en las clases se narraban mitos o costumbres del lugar y realizaban visitas con fines de estudio a lugares de su localidad.
(En primaria) “El profesor Elmer nos daba trabajo, teníamos que narrar la fiesta del lugar, en una oportunidad yo narré lo que hicimos durante la semana santa y la fiesta de los difuntos” (Eulogio, Ancash).
Si trataban cosas de la zona. Lo hacían en secundaria, por ejemplo, íbamos a visitar un lugar cercano que se llama Levanto, Kuelap también, asistíamos a los
museos. Inclusive llevamos un curso de cocina y repostería y ahí preparábamos platos de la zona. (Amanda, Chachapoyas).
En Huánuco siempre hablaban de la historia del lugar y de los lugares turísticos más visitados, nos decían que vayamos a ver a Kotosh,... nos llevaban ahí... pasábamos el río para ir a conocer las Manos Cruzadas. (Cira, Huanuco).
Que me acuerde, no. Pero sí algunos mitos, leyendas. (...) En el colegio de secundaria había un terreno para sembrar y cada año ahí, la prepromoción trabajaba para sacar fondos, pero como parte de los estudios no se tomaba en cuenta. (Leoncio, Cusco).
Me enseñaron los pozos de petróleo que había al frente, nos llevaban al puerto, a visitar unos pozos, pero no, solo se basaban en lo que dicen los libros y nada más...llevaban a conocer el lugar donde estaban los trabajadores, al puerto, a la capitanía, en eso sí, pero extraer las clases de las experiencias propias de la comunidad no, sólo de los libros. (Joaquina, Tumbes).
Sobre el Perú, sobre Cajamarca, que tenemos un país rico en sus bailes, en sus comidas, en sus lugares turísticos que tiene, sus productos (...) Para el día del campesino hicimos una pequeña feria, incluso a mi muñeca la disfrazaron de paisanita, sobre los peruanos que somos un poco conformistas.... (Julia, Cajamarca).
La inclusión de actividades y contenidos relacionados con la vida de las comunidades se daba de manera esporádica. Cabe preguntarse si los estudiantes lograron percibir un conjunto coherente de conocimientos y prácticas como expresiones culturales de su localidad.
Es interesante como desde su actual experiencia de maestra, Constancia, quien actualmente participa en un programa de educación intercultural bilingüe, explica la ausencia de su comunidad en su experiencia escolar y como ha significado una limitación para su aprendizaje y desarrollo: “Tal vez yo hubiera sido otra“. Además señala que la condición de “misti” de su maestra era otro impedimento para que en la escuela se valore la cultura de los “runas”. Una vez más, la escuela aparece lejana a la realidad sociocultural de los educandos y de los propios maestros.
Me hubiera gustado que me hablen de mi comunidad y de las actividades que realizamos. Tal vez yo hubiera sido otra, hubiera participado más de mis saberes de mi casa, pero como no era, me quedaba callada, todos nos quedábamos callados. Seguro porque no había educación intercultural bilingüe. Mi profesora era de Tinta, pero era una señora que creo no creía en esas cosas hasta ahora. Ella no es del nivel de los campesinos, ella es del nivel de los mistis y seguro por eso no nos ha conversado nunca. Todos mis profesores no eran mistis, también había varios descendientes de los runas, como yo, En superior tampoco, no hablaban de esto porque recién el 2000 se ha creado educación bilingüe en el ISP y han convocado profesores de quechua. (Constancia, Cusco).
Zulema se refiere al racismo como una de las causas de la ausencia de la cultura local en el currículo escolar:
En aquellos años la gente creo que era más racista que ahora, conversar sobre las tradiciones del lugar, las cosas del lugar, era una cosa que no estaba bien, eso era cosas de cholos, cosa de indios, la gente de la ciudad es así, hasta ahora creo que es así, no creo que haya cambiado mucho, aunque cuando uno sale de ahí, creo recién valora más la identidad , las raíces, pero cuando están allá no, no se valora... (Zulema, Cajamarca).
Algunos manifestaron que en su tiempo existían problemas sociales aunque no en la dimensión actual, como el alcoholismo, la migración, que ellos veían o escuchaban, pero no se trataban en la escuela, sólo les aconsejaban alejarse y dedicarse a estudiar.
Los docentes entrevistados refirieron que en sus escuelas se aplicaban castigos. (En secundaria)… el profesor (de matemática) me pegaba con un palito que tenía ahí, en la mano. Después tenía otra profesora que nos gritaba, nos gritaba ¿no?, pero... o sea.... como te digo ¿no?... ¡brusco, fuerte!... (Nery, Junín).
A mi casi no me castigaban, pero habían castigos, arrodillados en las esquinas, en las piedritas, y hasta con ortiga. También su trato, era amical, con todos, solo cuando un chico no respondía, le caía. (Willy, Ancash).
(…) El castigo era que te hacían lavar ahí mismo y como hace calor, se secaba rápido, pero los compañeros te veían y ya sabían que si estabas sin blusa o sin medias era porque estabas sucio y eso daba vergüenza. La profesora de Geografía, si dabas mal el examen te ponía en chapitas, algo horroroso, estar en chapitas dos horas. Ella nos decía se van a acordar de mí, pero por una parte era bueno porque aprendíamos y eso inculcamos ahora a los alumnos. (Cira, Huánuco).
Nos encerraban, en el colegio había un cuarto oscuro con una calavera, y cuando alguien se portaba mal la encerraban en ese cuarto. En secundaria recuerdo cuando una compañera de mi salón salió embarazada y el muchacho se cambió de colegio y ella tuvo que dejar el colegio, doce añitos, en primer año. Seguramente sus padres no les aconsejaron.
Como reacción a estas experiencias la mayoría de los entrevistados manifiesta que no practica ninguna forma de discriminación ni castigos porque los tiempos han cambiado y además los estudiantes se vuelven más rebeldes. Solo una docente justifica los castigos de la siguiente manera:
“... yo digo que la enseñanza a la antigua debe volver, porque si no aprendías te daban chicote, en la secundaria llamaban a nuestro padres y ellos les autorizaban que nos den unos cuantos recuerdos para aprender y por miedo a nuestros padres teníamos que estudiar. Aparte del castigo, nos motivaban con una nota. (Cira, Huanuco).