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La violencia construida como un fenómeno natural o normal puede ser explicada, según dos textos escolares (Norma 2008 y SM 2012), desde las relaciones interpersonales que envuelve a todo ser humano30. Esta representación se logra a través del uso de tres estrategias lingüísticas: 1) formulaciones de caso extremo, 2) procesos existenciales y

causas, lo que oscurece y/o entorpece así la comprensión de los hechos históricos (Coffin 1997, Martin 2002, Achugar y Schelppegrell 2005, Oteíza 2006). Por ejemplo, Achugar y Schelppegrell (2005) encuentran que en los textos de historia de Estados Unidos analizados por estas autoras, los recursos que ofrece el lenguaje para reconstruir el argumento causal sobrepasa los típicos usos de los conectores de causa- consecuencia (“porque”, “por tanto”, “debido a”, “ya que”, “entonces”, entre otros) y más bien identifican que los historiadores optan por una multiplicidad de recursos lingüísticos: encabezados que resumen los temas principales, patrones de progresión temática (Tema y Rema), nominalizaciones, cláusulas no finitas, adjuntos circunstanciales, transitividad, y más . Por su parte, Oteíza (2006) , en un estudio sobre la representación de la historia chilena (1970-2001) en los manuales de colegio, también advirtió que los signos de puntuación (“dos puntos”, “punto y seguido”, “punto aparte”), la conjunción aditiva “y”, los procesos verbales, estructuras preposicionales, entre otros, son empleados para establecer relaciones de causalidad.

30 Manrique concibe el fenómeno de la violencia como una guerra motivada por objetivos políticos concretos: “La violencia política en el Perú asumió la forma de una guerra revolucionaria, con acciones que obedecían a planes que se guiaban por objetivos políticos definidos. La violencia no es, pues, ni gratuita ni irracional, si por ello entendemos que no tienen sentido y que es solo expresión de la anomia o de comportamientos reducibles a la patología social. Para entender la racionalidad de la violencia ejercida por organizaciones políticas cuyo objetivo es tomar el poder, y que tratan de alcanzar sus fines a través de la acción armada, nos guiamos por el conocido aforismo de Karl von Clausewitz: la guerra es la continuación de la política por otros medios” (Manrique 2002:43).

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relacionales, y 3) mediante elementos léxicos que refieren justamente a la categoría de

conflictos, los cuales son catalogados por los manuales como situaciones normales dentro

del comportamiento humano y perennes en las variables de espacio y tiempo. Veamos los fragmentos seleccionados:

1) Los conflictos son normales y están presentes en todo espacio en el que existan relaciones entre seres humanos. (p. 15)

(Ciencias Sociales 5, editorial Norma, 2008. Gobierno de Alan García)

2) En todos los aspectos de nuestras vidas se pueden presentar conflictos de diferente clase. Estos son parte de la vida cotidiana de las personas en cualquier lugar. En

general, se puede afirmar que los conflictos son inherentes a las relaciones entre

los seres humanos. (p. 51)

(Formación Ciudadana y Cívica 5. Ediciones SM 2012. Gobierno de Ollanta Humala)

3) ¿Sabías que…?

Ayacucho es una región donde ha habido protestas en diferentes épocas. Por ejemplo, se recuerda la rebelión de la sal a fines del siglo XIX, cuando un grupo de pobladores no quiso aceptar los impuestos que el gobierno impuso al comercio de la sal. (p. 27)

(Ciencias Sociales 5, editorial Norma, 2008. Gobierno de Alan García)

Como se puede ver, los extractos presentados colaboran con la representación del conflicto como un estado natural, extendido en el espacio-tiempo y congruente a las relaciones interpersonales. Las selecciones léxicas (palabras, frases) apuntan a transmitir esa imagen en el lector: “normales”, “presentes en todo espacio”, “en todos los aspectos de

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nuestra vida”, “parte de la vida cotidiana”, “en cualquier lugar”, “inherentes a las relaciones humanas”31.

Este nivel de normalidad se enfatiza aún más mediante el uso de formulaciones de caso extremo como “todo”, “cualquier”, que dejan ver el carácter totalizador de las manifestaciones de conflicto: “presentes en todo espacio”, “en todos los aspectos de nuestras vidas”, “en cualquier lugar”. Esta categoría analítica refiere, entonces, al uso de términos “extremos” de carácter categórico, como “todo”, “nada”, “ninguno”, “cada”, “absolutamente”, etc., cuyo propósito consiste en defender o justificar una descripción o evaluación que puede ser desafiada por otros (Pomerantz 1986, Edward 2000).

Asimismo, los procesos existenciales “existan”, “están”, “ha habido”, y los procesos relacionales “es”/“son” terminan por atribuirle un perfil natural a las expresiones de violencia. Este tipo de procesos (o verbos) le otorga semánticamente un carácter naturalizador a los eventos; es decir, se construye en el lector la idea de que los hechos “así son/se dan” sin que el actor humano haya ejercido algún tipo de agencia (Halliday 1994, Oteíza 2006).

No sería, entonces, complicado entender por qué el manual escolar Norma (2008) asocia a la región de Ayacucho como un espacio conflictivo (extracto 3). Bajo el título de

Ayacucho: violencia y sociedad –en relación al tema de violencia política que trata el

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Debemos mencionar que se encontró un extracto en SM donde se define al conflicto como “una situación en que dos personas o grupos perciben que existe algún tipo de enfrentamiento por intereses, necesidades o ideas incompatibles entre sí” (p. 51); sin embargo, esta visión del conflicto como una “lucha por”, que difiere de la representación “conflicto como una situación normal”, no es desarrollada suficientemente.

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manual escolar en esa unidad–, se inserta el extracto 3 donde se otorga a esta parte del país y a sus habitantes una identidad de pueblo belicoso y complicado (“no quiso aceptar”). Y para buscar solidaridad ideológica (Oteíza 2011), es decir, que el lector respalde esta representación, el manual apela a estrategias discursivas de interpelación (“sabías qué”) y de intertextualidad (“se recuerda”). Ambas estrategias recrean un sentido de diálogo y consenso entre los autores y los estudiantes. Sobre lo mencionado, es preciso advertir que en el capítulo 3 observaremos cómo los estudiantes recontextualizan una representación de la época donde todo ayacuchano es calificado de igual forma como violento y conflictivo: “ayacuchano terrorista”. Sobre ello, discutiremos más adelante.