• No results found

Existing Methods for Simulating Hollowcore Concrete Slabs

List of Tables

6. Model Development 1 Introduction

6.2. Existing Methods for Simulating Hollowcore Concrete Slabs

Cuando abrí mis ojos lo primero que vi fue el angelical rostro de Alice apoyado en mi hombro. Sus piernas estaban entrelazadas con las mías y uno de sus brazos descansaba sobre mi pecho mientras ella seguía durmiendo con un semblante tranquilo. Su rostro parecía relajado y me pareció de lo más hermosa. Sentí, por unos segundos, mi cuerpo tensarse ante esa escena, pero luego decidí ser un poco más amable conmigo mismo: tomé una gran bocanada de aire, luego solté todo lo que tenía contenido en mis pulmones y me relajé. No podía no gustarme tenerla así de cerca. Me sentía vivo, encantado, tan cerca de ese Ashton que había dejado de ser cuando salí de casa.

No era una persona demasiado observadora, no me gustaba quedarme hipnotizado mirando a alguien, pues solía encontrar todos los defectos a mi juicio, pero con Alice no me sucedía, es más, me gustaba admirarla, así como se veía y buscar cada detalle: sus largas pestañas, sus delgados labios, esas pequeñas pecas esparcidas por ahí. Y no podía encontrar el defecto que ella tenía. Todo iba acorde con ella, su nariz, sus ojos y su boca; incluso su temperamental personalidad y esa ingenuidad que la hacía ser hermosa.

Me quedé quieto, intentando no despertarla, pero creo que mi mirada pesó en sus ojos, pues comenzó a moverse poco a poco hasta que abrió los ojos. Lo primero que hizo fue observarme con confusión, sus grandes y almendrados ojos miel hicieron contacto con los míos y le costó percatarse de la forma en cómo estaba durmiendo casi con la mitad de su cuerpo sobre el mío. Rápidamente se quitó de ahí.

—Lo lamento, no me di cuenta —se adelantó a decir con vergüenza e incomodidad en su mirada.

—Estaba cómodo —comenté y ella sonrió con timidez—. Incluso creo que sigues siendo muy bonita cuando despiertas.

—Claro que no —resopló con una sonrisa.

Los ojos de Alice se iluminaron en una sonrisa tan ingenua que me retorció el estómago. La vi ponerse de pie y caminó hasta su colchón, dejándome solo en mi improvisada cama.

Alice Brenden

Era extraño, como si estuviera fuera de mi cuerpo y tenía una sensación en el estómago que no entendía si era culpa o agrado: me había sentido bien, como nunca, cuando desperté a su lado. Sus ojos azules eran gentiles a pesar de tener una personalidad cruda. Me sentía protegida y nada se podía igualar con Ashton en ese preciso momento, no podía si quiera compararlo con Christopher, pues era todo muy extraño y diferente. El grandote de ojos azules era mejor y no me estaba costando lidiar con él incluso en este lugar.

—¿Podrías dormir todas las noches conmigo para descansar tan bien como lo hice? — preguntó sonriendo, en tono de broma, creo.

—Hablo en serio, ¿tengo cara de estar bromeando? —Su rostro se enserió mientras me observaba.

—¿Qué? —Fruncí el ceño sin entender. Caminó hacia mí y se sentó enfrente con cautela, como pidiéndome permiso para estar ahí—. ¿Por qué estás mirándome así?

—¿Me creerías si te dijera que estás complicando toda mi vida? —preguntó en un tono bajo. Sus profundos y claros ojos azules se mantenían en los míos. No entendí demasiado a lo que se refería.

—Creo que no —contesté confundida. —La verdad es que sí —asintió lentamente.

Guardé silencio sin poder dejar de mirarlo. Lo vi acercarse a mí lo que más pudo y colocó su mano en mi nuca: estábamos cerca, mirándonos, comprendiéndonos y sintiéndonos. Mi corazón estaba latiendo con fuerza y él no se detuvo a pensar en lo que iba a hacer. Se acercó aún más a mí y cerré los ojos esperándolo. Sentí sus labios en los míos unos segundos después y una electricidad me recorrió el cuerpo, pero me quedé ahí, correspondiéndolo, dándole, tal vez, el mejor beso que había probado jamás. Sus cálidos labios me hacían sentir en casa, incluso desapareció todo lo que había a nuestro alrededor. Era un beso íntimo y romántico que me tenía los vellos de punta. Cuando nos separamos no pude evitar desviar la mirada con sorpresa, confundida y con una extraña sensación de agrado en mi pecho.

—¿Por qué estás mirando hacia abajo? —preguntó a centímetros de mi rostro. —No lo sé —contesté—, todo esto es muy extraño…

—Lo sé.

—Estoy atrapada aquí y no debería besar de esa manera a alguien como tú.

—¿Cuántas veces debo repetir que no estoy aquí porque quiero? —resopló con cansancio, luego puso uno de sus dedos en mi mentón y elevó mi cabeza para que lo mirara a los ojos—. No voy a hacerte daño, Alice.

—No puedes si quiera gustarme…

—¿Tan feo soy para no poder hacerlo? —sonrió con sorna.

—No es eso —contesté como si hubiese sido una pregunta seria, pues me encontraba de lo más confundida en ese instante—. Es que no puedo ser así de inconsecuente.

—No eres la única que lo está siendo. —¿Acaso crees que es lo mismo?

Él tragó saliva preparándose para decir lo que pensaba, sin vergüenza, sin importarle si estaba bien o mal, solo se me quedó mirando con valentía y comenzó:

—Cuando quiero hacer algo, lo hago. No quiero arrepentirme luego de no haber hecho algo que realmente quería, ¿sabes? Si quiero besarte en este momento y tú no me detienes, lo haré. Si quiero dormir contigo todas las noches de ahora en adelante y tú estás dispuesta a eso, lo haré. Si quiero enamorarme de ti en esta puta situación, lo haré y ya —dijo con seguridad, tanta que me revolvía todo el cuerpo—. No quiero que pasen días,

meses o años y cuando la vida decida separarnos me arrepienta de no haber aprovechado esto que siento contigo.

Me quedé congelada, pestañeé un par de veces y sin creer que él podía estar sintiendo todo eso me adelanté:

—¿Realmente quieres todo eso?

—Sí —asintió con seguridad—. Sé que no soy lo mejor del mundo, sé que para mí es mucho más fácil dejar ir a una persona que quererla, pero…

—Pues yo soy la típica chica que se ilusiona y no quiero hacerlo para luego ser desechada.

—No voy a desecharte —aseguró. —¿Pues qué crees? Ya no te creo.

—No me creas —se encogió de hombros restándole importancia—. No tengo la necesidad de mentirte, te lo dije desde un principio.

—No quiero terminar enamorada de alguien como tú —comenté sin pensar.

—Me has dicho que no me consideras una mala persona. —Levantó la comisura de su labio con ojos decepcionados.

—Y sí, pero no has hecho algo para ayudarme.

—Puede que no, pero he hecho otras cosas, ¿sabes? —su ceño se frunció con enfado, pero su voz seguía controlada—. Cada día intento que olvides que te encuentras en esta maldita habitación encerrada. Mírame —me pidió—. ¿Crees que yo puedo dañarte? ¿Realmente piensas que sería capaz de irme y dejar que te hundas aquí sola?

—No entiendo cómo puedes admitir todas esas cosas cuando ni siquiera te has encariñado un poco conmigo —bajé la voz—. No me conoces, Ashton.

—Tú tampoco me conoces, Alice. Y no veo que eso haya sido una complicación cuando me besaste —rebatió—. ¿Qué idea tienes tú si me he encariñado o no? Contigo estoy sintiendo algo que jamás había considerado. Y no quiero ser un imbécil, créeme y eso para mí significa muchísimo, pues siempre he sido un imbécil con cualquier persona que se cruza en mi camino.

—Ashton… —Desvié la mirada con inseguridad.

—Mírame y respóndeme con la verdad —me interrumpió—. Al besarme… ¿Te sientes como lo hacías con Christopher?

Por supuesto que no. Esto era diferente. Tan solo la mirada de Ashton me hacía sentir con los pies fuera de la tierra, pero no podía simplemente lanzarme a enamorarme de Ashton, así como así. Esta no era una situación normal, no pertenecía al top 10 de «Los lugares en donde encuentras al amor de tu vida». Claro que no. ¿Quién me aseguraba que él estaría siempre cuando lo necesitara si era un cómplice?

—Sabes que él nunca te ha hecho sentir como te estás sintiendo conmigo —aseguró muy confiado en sí mismo, y lo peor es que tenía razón

—No quiero seguir cayendo, Ashton. Mira dónde estoy. —Mis ojos se cristalizaron—, no quiero de pronto verme enamorada de ti y luego darme cuenta de que…, de que ya no estás.

—No caerás —dijo y yo respiré profundo—. Solo quiero sentirme de esta manera siempre, como cuando estamos juntos, cuando nos miramos, cuando nos besamos. Y si caes, me caeré contigo, pero puedes estar segura de que antes habré hecho todo lo posible por haberte ayudado. No eres como todas las chicas, Alice, no para mí.

Bajó la mirada dándome a entender que había sacado el peso de su espalda al decirme todo eso. Quería creerle, quería que me besara y que me abrazara por las noches. Quería ver el lado positivo de la situación en la que nos encontrábamos y él pertenecía a la única cosa dentro de ese frío lugar que me sacaba de la cruda realidad. Él me sacaba del infierno en el que me sentía para ponerme en un mundo creado por él, para nosotros. Y, al parecer, yo lo estaba sacando a él del infierno interno que siempre había tenido consigo mismo, con sus problemas, con sus demonios, y claro que no podía dejarlo.

Esta vez fui yo quien se acercó para besarlo con fuerza y precisión. Nos necesitábamos y no iba a oponerme a eso una vez más. Él se quedó confundido, pero luego correspondió el beso que quería darle. Era inexplicable todo lo que me hacía sentir Ashton, tan frágil y fuerte a la vez. Como si pudiera vencer el mundo, pero luego mi cuerpo era débil frente a él. Sin control, sin autoridad, solo para él.

Lo que empezó siendo un pequeño beso de confirmación para quererlo, terminó en un intensificado beso que me sacó de lo terrenal, yo no era demasiado experta, pero él parecía serlo y eso no me molestaba. No sé cómo terminé tendida en el colchón con él encima de mí; nos besábamos como si hubiésemos estado esperándonos todo este tiempo. Sus labios se deslizaron a mi cuello y cuando comencé a sentir que bajaban hasta mi hombro, un flashback se atravesó en mi cabeza como un relámpago: Joe Denovan. El cuerpo de Ashton estaba apegado al mío, haciendo presión sobre mí. Me dije a mí misma que era Ashton, que no era el villano de la historia, que había sido siempre amable y que adoraba sus besos con desesperación, pero cuando sus manos hicieron contacto con mi cintura, sentí unas profundas ganas de empujarlo y correr.

—Espera, detente—. Me separé de él abruptamente, tanto que él se quedó agitado mirándome, se separó de mí de inmediato.

—¿Qué ocurre? —intentó recuperar la compostura.

—No puedo con esto —contesté nerviosa—, no ahora… —Tragué saliva.

Tenía a Ashton al frente, podía verlo, pero no se sentía como Ashton y eso me hacía sentir una profunda confusión y desesperación. Estaba fuera de mi cuerpo y si él no se movía hacia atrás lo suficiente iba a terminar llorando frente a él, pero él, al darse cuenta de mi estado, se puso de pie y se movió hacia atrás mirándome confundido.

—Lo lamento —dijo—. No pretendía hacer algo que no quisieras.

—No es eso, lo lamento yo —me puse de pie y caminé en dirección contraria al sitio en donde se encontraba él, di unos pasos, giré sobre mis pies y regulé mi respiración.

—Está bien, tranquila. —Su voz fue serena, tanto que sentí un nudo en mi garganta al sentirlo tan cercano a mi vida—. Sé que es él, ¿verdad? —Me detuve en seco y rompí en llanto, él se acercó a mí sin pensarlo y me abrazó como si mi vida dependiera de ello—. Vamos, no llores.

No quería sentirme así, jamás me había sentido de esa manera y tuve la sensación de que jamás podría volver a ser la Alice del principio, de la feliz y apasionada Alice Brenden que era antes de entrar allí. Las imágenes de Joe golpeándome e intentando a toda costa abusar de lo único que tenía me hacían entrar en un estado mental sumamente caótico. Sentía la necesidad de alejarme de todos, de que nadie me tocara ni me observara y solo sentarme o correr.

Recibí el abrazo de Ashton con cierto rechazo en mi cuerpo y odié eso, pues Ashton realmente me gustaba y mi cabeza no me dejaba quererlo como yo quería; me estaba jugando una mala pasada y me sentía culpable por eso.

—Olvídalo, solo necesito estar sola. —Me solté de su abrazo y caminé hacia el colchón.

Me tendí mirando el techo e intenté respirar profundo. «Inhala. Exhala». Conté hasta diez, luego veinte y así. Debía quitarme el miedo de encima, debía entender que no todo el mundo era Joe Denovan.

—No es bueno que estés sola así. —Se acercó nuevamente a mí con insistencia que en ese minuto no quería recibir.

—Solo quiero estar sola —le pedí—.

—No, no voy a dejarte —aseguró con sus ojos claros puestos en los míos—. Ven aquí. —Tomó mi mano y rápidamente sentí mis músculos tensarse con fuerza—. Ven, no soy él. Soy Ashton, lo sabes, ¿no? —decía mientras me guiaba a sentarme a su lado.

Mis gritos de desesperación se repetían a cada segundo y la misma sensación me inundaba por completa.

—Solo estás teniendo…, ¿cómo podemos llamarlo? Una crisis —decía con calma—, pero tranquila, que estoy aquí. —Tomó mis brazos y me hizo abrazarlo por la cintura. De inmediato, mis dedos se clavaron a su fuerte espalda con una fuerza que no podía controlar. Él no me soltó, solo me abrazó y comenzó a acariciarme el cabello—. Hay veces que la vida te golpea con fuerza, pero estoy aquí y no me iré a ningún sitio —decía sereno. Cerré los ojos y colaboré con la respiración pausada, pero no me percaté cuando me encontraba llorando en el torso de Ashton casi enterrando mis uñas en su espalda. No le importó si dolía, él solo se mantuvo como una roca protegiéndome.

Cuando mi ritmo cardiaco fue disminuyendo, sentí mis músculos relajarse, pero de inmediato comenzaron a dolerme. Me separé de él con lentitud mientras él no despegaba su vista de mi rostro para asegurarse de que todo seguía en orden.

—Debes descansar —comentó—, es normal que te duela el cuerpo después de haber estado unos minutos así de tensa.

Asentí sin emitir una palabra. Él acarició mi rostro. —Todo ese estúpido miedo se irá, te lo prometo.

Lo vi ponerse de pie, pero yo no quería que se fuera. —¿Adónde vas?

—Tomaré un poco de aire —contestó—. Solo intenta dormir. —Quédate conmigo —le pedí.

—No creo que sea una buena…

—Por favor —lo interrumpí. Lo necesitaba, solo a él. A nadie más.

Él accedió con una leve sonrisa en sus labios, nuevamente volvió al colchón y se tendió a mi lado, pasó un brazo por debajo de mi cuello y yo lo único que hice fue abrazarlo. Él no dijo nada, solo aceptó mi cuerpo cerca del suyo y, por primera vez, se veía relajado y cómodo.

—Tranquila, Alice —lo oí—. Intenta dormir, estaré aquí, no me moveré a ningún sitio —susurró. Luego besó mi frente y yo pude cerrar mis ojos. Él no agregó nada más, solo se quedó ahí. No sé si mirándome, no sé si cerrando sus ojos al igual que yo, pero seguía ahí, como una roca.