List of Tables
5. The SAFIR Finite Element Program 1 Introduction
5.4. Structural Elements
5.4.2. The SAFIR shell element
Me sentía altamente sucia y avergonzada con lo que había pasado. Me sentía como una estúpida ingenua que pensaba que podía confiar en cualquier tipo ahí dentro. Habían llegado al extremo de querer abusar de mí y yo no habría podido sola con eso, Ashton debió llegar a mi rescate o quién sabe dónde hubiese terminado.
Observé a Ashton, quien se encontraba mirándome de reojo mientras dibujaba sin parar algo en su cuaderno, borraba y seguía, seguía y borraba. Sentía culpa y odio al mismo tiempo con todo lo que estaba pasando y eso también incluía a Ashton, pues sentía que, tal vez, él podría ayudarme, pero no estaba haciéndolo. Luego ya pasaba al egoísmo puro, pues él no estaba ahí porque de pronto dijo: «Me he despertado con ganas de secuestrar una escuela».
—Alice, ¿te encuentras bien? —Su voz me despertó completamente de los pensamientos que tenía.
—No —contesté, pero no estuve segura de que me había escuchado hasta que lo vi sacar su cuerpo de la cama y se fue a sentar al colchón en el que yo me encontraba. Todos mis músculos se tensaron y me sentí en posición de defensa otra vez.
—¿Quieres hablar sobre lo que ocurrió? —preguntó sereno, casi como un amigo personal.
Negué con mi cabeza. Él tomó aire y se quedó sentado a mi lado esperando que, tal vez, soltara todo lo que tenía dentro. Tal vez mi rostro me delataba, mis ojos vidriosos me jugaban altamente en contra.
—Todo estará bien, Alice. No voy a dejar que te saquen de aquí otra vez —aseguró con culpa.
—¿Por qué me hablas como si tuvieras la culpa de algo?
—Creíste en mí y no estuve ahí para ayudarte —contestó—. No entiendo lo que pasó ahí dentro, pero me desagradó la escena, ¿qué esperas que piense? Si tan solo hubiese llegado antes, no lo sé, quizá no estarías tan quebrada como ahora.
Sentí una punzada en los ojos. Su confesión había sonado tan honesta que me dolió el estómago y las ganas de derramar un par de lágrimas eran inevitables.
—Solo quiero ir a casa —dije con mis ojos empañados—. Joe está loco.
—Lo sé, debiste creerme cuando te decía que él no era una buena opción para sacarte de este lugar —comentó con malestar.
Asentí.
—Lo lamento, es solo que…, me gustaría mandar todo a la mierda de una vez — resopló bajando los hombros.
—¿Por qué no lo haces?
—Porque hay personas que dependen de mí, no puedo fallarles.
Respiré profundo, podía entender que Ashton quisiera tanto a esas personas, pero no podía entender cómo él lograba ser tan fuerte. Pues probablemente si tuviera la opción de escapar de ahí ya hubiese estado fuera.
—¿Estás más tranquila ahora? —preguntó. —Sí. Aquí y contigo.
—¿Qué demonios te hizo Joe? —Su pregunta fue íntima, sus ojos claros se quedaron en los míos.
—Intentó…, él intentó abusar de mí —confesé, automáticamente sentí el estómago apretado, como si estuviese haciendo la peor confesión del universo, como si yo en realidad fuera la culpable. Él mantuvo sus facciones frías, pero me observaba con atención. Tuve que aclarar mi garganta para poder darme un impulso y continuar—. La habitación en la que estábamos era de él. Cuando entré pensaba que solo era eso: una habitación, pero no. Las paredes estaban llenas de fotografías y mapas —él frunció el ceño sin entenderme—. Fotografías mías, mapas de mi casa, de la escuela a la que voy. Él está obsesionado conmigo desde hace muchísimo tiempo. Incluso confesó haberse enamorado de mí — Ashton continuó observándome con confusión y enfado.
»Me ha seguido, tiene fotografías de todos los lugares a los que iba. No dudo en que tenga cámaras aquí también. —Bajé la voz—. No sé qué hice para que me siguiera, pero él estaba esperando hace mucho tiempo todo esto, estaba esperándome justo aquí e intentó, a toda costa, abusar de mí. Él se ha vuelto loco, está demente…
Ashton mantenía sus ojos en los míos sorprendido por todo lo que estaba escuchando. Luego relamió sus labios con enojo, miró a su alrededor y se puso de pie dejándome sentada sola en el colchón. Por un momento pensé que saldría de ahí precipitadamente para continuar dándole duros golpes a Joe, pero comenzó a mover muebles, mirar cada rincón de las paredes y también el techo.
Puso una silla en un punto específico, se subió en ella consiguiendo que su cabeza casi rozara el techo, empuñó su mano derecha y con fuerza golpeó el techo de madera haciéndole un agujero del tamaño de su puño. La madera vieja cedió de inmediato y de ahí tiró con fuerza una cámara pequeña que escondía largos cables en el entre techo. La lanzó al suelo.
—Qué hijo de puta —murmuró.
Me quedé inmóvil en donde estaba. Él bajó de la silla y comenzó a darle pisotones a la cámara hasta romperla, luego continuó buscando: encontró dos más entre maderas viejas de las paredes y, cuando estuvo seguro de que no había nada más, se detuvo con sus nudillos, algo rotos por haber golpeado todo y se quedó de pie junto a mí.
—Lo haremos enojar —me observó—, pero te aseguro que ni siquiera volverá a mirarte.
—Es peor que Marcus. —Bajé la voz. —Puedo ser peor que ambos.
—No quiero que te metas en problemas y que te dejen como el otro día. —He soportado cosas peores, no te preocupes por mí.
—Tú estás preocupándote por mí.
—Tu tampoco lo mereces —contesté y él pareció confundido al escucharme. —No me conoces.
—No, pero sé que no eres una mala persona.
Lo vi observarme con confusión: sus gestos se endurecieron, bajó la mirada y caminó hacia su cama ignorándome por completo. Otra vez, Ashton se había cerrado frente a mis ojos. Guardé silencio.
De pronto, escuchamos unos pasos en el pasillo: pasos fuertes, crudos y dignos de un tipo malévolo. Cada vez se acercaban más hacia la habitación y yo cada vez me sentía más encogida. Mi corazón estaba latiendo con fuerza, sentí la tensión en mi espalda y mi respiración dejó de ser normal cuando golpearon la puerta con una fuerza única.
—¡Abre la puta puerta, Ashton! —Esa voz pertenecía a Marcus Denovan.
Me asusté muchísimo, así que me quedé inmóvil en donde estaba. En cambio, Ashton se puso de pie con tranquilidad, caminó hacia la puerta, la abrió y se quedó mirando como si nada a Marcus. ¿De dónde demonios sacaba ese chico tanta paz mental?
—¿Qué te pasa? —le preguntó Ashton—. ¿Acaso no sabes que puedes botar la puerta? —Su voz sonó sarcástica, pero Marcus estaba lejos de seguirle el juego.
—Debes venir conmigo —informó Denovan. —¿Qué?
—Vamos a mi oficina, imbécil.
Ashton Brook
Sabía que Marcus se encontraba enojado por haber roto las cámaras; era obvio que el que las había puesto era él y no Joe, pero su hijo imbécil estaba abusando de eso y yo no estaba dispuesto a que un demente como él vigilara las veinticuatro horas del día a Alice.
—De acuerdo —accedí—, voy enseguida.
Marcus se alejó botando humo por sus poros. Cerré la puerta y miré a Alice, quien se encontraba inmóvil en su colchón.
—Vengo enseguida —informé.
—¿Tardarás mucho? —preguntó con preocupación, con miedo, y quise quedarme ahí, pero debía, a toda costa, protegernos.
—No, solo unos minutos. Dejaré todo cerrado, no tengas miedo por eso. —¿Y si Joe aparece?
Ella asintió confiando en mis palabras, solo sonreí cansado y abrí la puerta para marcharme. Al salir dejé todo cerrado y me guardé las llaves en el bolsillo. Estaba encerrada, sí, pero la prefería conmigo que con cualquier otro imbécil.
Caminé por el largo y sombrío pasillo hasta la oficina de Marcus; entré sin llamar a la puerta y vi a Joe sentado en una de las sillas: golpeado, cansado y débil. No me inmuté, no le tuve lástima ni me interesaba que se encontrase así. Marcus estaba sentado frente a él en su cómoda silla detrás del escritorio. Sabía que había más tipos en esa habitación para proteger a Denovan, no se veían, pero lo estaban, así que entré en posición de defensa, aunque me importara una mierda volver a golpear a quien se me parara enfrente.
—¿Qué ocurre? —pregunté fijando mi atención en Marcus. —Mira cómo has dejado a Joe —señaló él con el mentón hacia su hijo.
Sonreí.
—¿Para eso me llamabas? —arrugué el entrecejo.
—Por eso y por romper todas las putas cámaras de la habitación —comentó con firmeza.
—No lo hubiese hecho si Joe no fuera un imbécil —dije y Joe abrió sus ojos sorprendido, al parecer Denovan no estaba enterado de nada.
—¿De qué hablas?
—Joe es un demente, está completamente loco.
—¿De qué mierda estás hablando? —Marcus me observó con confusión. —Nada papá, no lo escuches —comentó un débil Joe.
La mirada fugaz y violenta de Marcus pasó desde Joe hasta mí, pero se quedó fijamente mirándome.
—Explícate —me ordenó.
—Ese idiota —señalé a Joe— está obsesionado con Alice hace muchísimo tiempo, incluso antes de que secuestraran la escuela. La espía, la vigila y le toma fotografías incluso cuando está dormida, ¿quién mierda hace algo así?
La mirada desencajada de Marcus se quedó en su hijo, pestañeó un par de veces y continuó:
—¿Es cierto? —le preguntó. —Claro que no —contestó Joe.
—¡Por favor! —alcé la voz—. ¡Ve a ver su maldita habitación! —¿Por qué?
—Está llena de fotografías de Alice: durmiendo, con su familia, en la escuela, en su habitación. No me sorprendería que tuviera una fotografía de ella sentada en el retrete.
—Incluso —lo interrumpí— le ha dicho a ella que la ayudará a salir de aquí. —Los ojos de Joe sacaban llamas, pareció salirse de sus casillas—. No dejaré que le hagan ese tipo de daño a una chica que es inocente. Suficiente tiene con estar encerrada.
—¿Por qué estás protegiéndola tanto? —La voz de Joe se escuchó clara, pero seguía débil. Intentó ponerse de pie hasta que lo logró, a paso corto se posicionó frente a mí.
—Si tuvieras algún respeto por las personas, lo entenderías —comenté sin moverme ningún centímetro. Iba a enfrentarlo, pero se veía suficientemente como la mierda.
—¿De qué hablas? —reclamó.
La mirada de Marcus iba de Joe hacia mí. De mí hacia Joe.
—¿Harías oídos sordos si sabes que un idiota está obsesionado con tu hermana, tu madre o incluso, la mujer que amas?
—Claro que no, pero Alice no tiene ninguno de esos parentescos contigo.
—Pero es una chica —me paré enfrente—. Y no tan solo porque es una mujer, ¿sabes? Sino porque está aquí sola y expuesta a todo tipo de imbéciles. Si fuera un hombre créeme que también estaría así de molesto.
—¿Y eso qué? Es un secuestro —recalcó.
—Yo no voy por la vida violando a todas las chicas que conozco —escupí con rabia—. Reconoce que estás enfermo.
—¿Qué hiciste qué? —se entrometió Marcus—. ¡¿Qué demonios estabas pensando?! — se puso de pie, golpeó la mesa con las palmas de sus manos.
Me quedé en silencio esperando que se desatara el caos entre ambos.
—¡No le creas! —se alteró Joe—. ¡Está inventando todo eso porque está enamorado de Alice!
—¡¿Abusaste de esa chica?! —gritó—. ¡Respóndeme! —No, no fue así…
—Pero estabas dispuesto a hacerlo —dije. Marcus respiró profundo intentando calmarse. —Papá…
—¿Y encima querías ayudarla a escapar?
—No, claro que no —negó con nerviosismo—. Solo quería chantajearla. —¡¿Para abusar de ella?!
Joe se mantuvo quieto mirándolo, dándole espacio al silencio para que hablara. Marcus se removió intranquilo, secó una inexistente gota de transpiración de su frente y fijó su atención en mí.
—Ya lo dije, no voy a dañar a nadie que sea inocente.
—¿Quieres que todo acabe ahí afuera para tu madre y Debanhi? Mi mandíbula se tensó.
—No, pero… ¿Acaso no te das cuenta de cómo este imbécil está exponiéndote? —Habla claro, Ashton.
Me quedé observándolo: pensando en mi respuesta. Debía entrar en el mismo juego que él, si no, saldría trasquilado de cualquier situación a la que me viese enfrentado de ahí en adelante.
—¿Acaso no crees que, si está obsesionado con ella, no hará todo lo que sea posible para sacarla de aquí con el objetivo de hacerla feliz?
—Lo sé. —Bajó la mirada buscando, tal vez, una respuesta en su escritorio.
—Yo no ayudaré a Alice a salir de aquí como Joe lo haría, pero no quiero cámaras en la habitación. Y no quiero que este imbécil siga haciendo lo que se le da la gana. —Señalé a su hijo.
—Está bien, Ashton.
—Si debo matarlo a golpes lo haré, Marcus.
—No te creas mejor que todos nosotros —comentó Joe.
—Claro que no —sonreí—. Tú eres mejor —aseguré —, por eso estás casi muriéndote en este preciso momento.
—Sabes que no soy bueno con los puños. —Toda la razón, de eso no hay dudas. —Ve a tu habitación —me ordenó Denovan.
Y estuve de acuerdo. Le di una mirada fugaz a Joe y luego me retiré de la oficina para caminar rápidamente hacia la habitación. Cuando estuve dentro cerré todo muy bien y me volteé para mirar a Alice, ella se había quedado dormida en mi cama. Me acerqué a ella y la cubrí con un par de frazadas. Claramente necesitaba un descanso.
Tomé el cuaderno, ya se me estaban acabando las hojas, pero aun así comencé a dibujar. Esta vez quería hacer algo diferente, así que comencé a dibujarla a ella. Tracé algunas líneas, lo perfeccioné, pero a mi exigente parecer no era un dibujo perfecto, no representaba la realidad, así que arranqué la hoja, la arrugué y la lancé a una esquina de la habitación. Me tendí a su lado y cerré los ojos concentrándome en mi respiración. Había sido un maldito y largo día. Y todavía no terminaba.