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Experiment 5: Evaluation of the expressiveness of Juma in the representation

5. Evaluations

5.5. Findings for the expressiveness of Juma

5.5.3. Experiment 5: Evaluation of the expressiveness of Juma in the representation

En las postrimerías de la Confederación la provincia de San Juan fue castigada particularmente por el enfrentamiento enconado de los partidos en pugna. La zona de Cuyo, vecina de los Llanos riojanos, se convertiría así en una de las regiones más conflictivas de la Nación; allí se experimenta la mayor crisis política y militar del decaído gobierno confederal, y se sucede una serie de crímenes políticos que generaron el escándalo de todo el país y que fueron reflejados por la prensa de ambos bandos, pero sobre todo por El Nacional de Buenos Aires, donde Sarmiento se desempeñaba como Confederación. Ese proceso de ascenso y caída fue acompañado por el nacimiento y muerte de numerosos órganos periodísticos. Ver De Marco, 1961.

259 La Confederación de Rosario (1854) se imprimió en la casa de Tomás Peñaloza. Fue

inicialmente bisemanal, luego trisemanal (salía martes, jueves y sábados) hasta 1861, año en que cayó la Confederación. La colección completa –donada en 1894 por Gabriel Carrasco– se encuentra en la Biblioteca Popular de Rosario.

redactor. Del bando federal serán asesinados Benavídez (1857) y Virasoso (1860), y en el sector oponente, Aberastain (1861), el amigo de Sarmiento.261

La provincia de San Juan concentró de este modo una de las últimas reacciones del partido federal; el final anunciado de Benavídez en San Juan en 1857262a manos de partidarios del liberalismo liderado por Antonino Aberastain profundiza el conflicto y el acercamiento de Urquiza a los porteños hace entrar en crisis la frágil estabilidad de las fuerzas políticas.263

La prensa reacciona ante la escalada de los sucesos; mientras Sarmiento en El Nacionalcelebra la muerte de Benavídez, desde Rosario La Confederación de Federico de la Barra pide venganza sobre sus asesinos y desde Paraná La Reforma Pacífica de Nicolás A. Calvo se alarma acusando al “loco Sarmiento” de cebarse en un cadáver.

A este caos político y social se agregan las invasiones de Peñaloza. Derqui, para recuperar el orden de la provincia nombra sucesor a José Virasoro. Virasoro, para vengar la muerte de Benavídez apresa a Aberastain, que había hecho pública una “Protesta de Aberastain y demás amigos a la tiranía de José Virasoro”, también publicada por Sarmiento en El Nacionalen 1860.

Pero la situación en San Juan continúa oscureciéndose. El 16 de noviembre de 1860 es asesinado Virasoro en una acción que comprometía la participación de Sarmiento –o al menos la instigación por intermedio de sus escritos en la prensa porteña– y de su amigo Aberastain como artífice. Los periódicos opositores lo acusan de haber anunciado con anticipación la muerte del gobernador y de haberla orquestado con dinero porteño. Por su parte, Sarmiento había publicado el 18 de noviembre, antes de conocer la noticia de su muerte, un folleto titulado El tirano José Virasoro,264 en donde

261 En el apartado 3.1. se verá cómo Sarmiento sigue atentamente todos los conflictos de su provincia desde la redacción de El Nacionalde Buenos Aires y cómo concentra sus denuncias en la figura del caudillo riojano Peñaloza. Junto con los artículos periodísticos, Sarmiento publica folletos biográficos en los que detalla el enfrentamiento entre los dos bandos facciosos. 262 El 23 de octubre de 1857. Los historiadores coinciden en señalar esta relación explicando que su esposa y amigos habían advertido la amenaza y se la habían comunicado a Urquiza pero sin embargo no pudieron evitar el final anunciado; Virasoro fue ultimado mientras estaba preso esperando la protección del general Urquiza que llega un mes tarde.

263 Más adelante, la claudicación de Urquiza ya se hará palpable en la correspondencia numerosa que le envía Peñaloza a Urquiza y que éste no responde, pidiendo y esperando órdenes de un jefe de partido que ya había dado vuelta la página de la historia del federalismo nacional.

264Sarmiento, 1860. Puede consultarse en la Biblioteca de la Universidad Nacional de La Plata (Salas Especiales, Arm. 7, caja 2 de Sarmiento, n° 37).

lo calificaba de “torpe mandón” y de “intruso gobernante” incluyendo piezas justificativas (cartas de Aberastain a Sarmiento, de Amado Laprida a Aberastain y de los hermanos Cayetano y José Virasoro) sobre cuya base se esforzaba por fundamentar una opinión objetiva frente al conflicto.265

En esta nueva textualización sobre un “caudillo”, Sarmiento desecha el empleo de su antinomia y se limita a hacer disquisiciones legales sobre la necesidad que tienen las provincias de garantizar su vida institucional por medio de un gobierno central fuerte. Con este criterio, el folleto se convierte en una demanda imperativa a Derqui para que intervenga con “enérjicas medidas” en San Juan para evitar la profundización del conflicto. Sarmiento se refiere a Virasoro como un “tiranuelo”, y un “lunar odioso en el aspecto lisonjero que la República presenta” luego de la reunificación, pero se resiste a recuperar los términos dicotómicos del Facundo.266

A su vez, para resolver la crisis de San Juan, Derqui manda como interventor al coronel Juan Sáa, quien no logra dominar el caos político y social de la zona cuyana. Como consecuencia, apenas dos meses más tarde, es asesinado el amigo íntimo de Sarmiento, Antonio Aberastain.267

Ante este nuevo estallido de violencia Sarmiento responde componiendo una biografía sobre Aberastain en la que comienza a atisbarse la recuperación tímida de su tesis.268 La biografía se organiza en cinco capítulos que van relatando la vida de Aberastain fundamentalmente en San Juan, con un tono lúgubre y elegíaco. Sin embargo, se combinan aquí reflexiones sobre el desarrollo político de los

265 Sobre el final del folleto, antes de las cartas que incluye, Sarmiento declara: “La circunstancia de ser ministro de gobierno de Buenos Aires no me impone el deber de acallar por más tiempo mis sentimientos y afecciones como argentino y como vecino de San Juan. He esperado tranquilamente a que la tiranía y usurpación de D. José Virasoro asumiesen formas evidentes por sí mismas, fuera del alcance de la tergiversación del espíritu de partido […]. Lo que he hecho por toda la República treinta años sin descanso, lo que no he dejado de hacer nueve consecutivos por Buenos Aires, nadie hallará mal que lo haga un día por San Juan, mis deudos y mi familia” (ibidem, p. 20).

266Ibidem, p. 14.

267El 18 de enero de 1861. Este hecho, por otra parte, apura el desequilibrio del país, pues Mitre lo usa de excusa para quejarse ante Derqui, para intervenir en hechos que se suceden fuera de la jurisdicción de su provincia y afianzar así su hegemonía política en el interior.

268 La pieza incluida en el tomo 45 de las Obras Completas, se titula “El Doctor Antonino Aberastain y la revolución de San Juan” y se compone del folleto “El tirano José Virasoro”, la “Protesta del Doctor Aberastain y de más víctimas de la tiranía de Don José Antonio Virasoro en San Juan” y del folleto “El Doctor Antonino Aberastain”. Para este análisis tomamos la edición de Universidad de La Matanza (Sarmiento, 2001, XLV, pp. 9-128).

acontecimientos sanjuaninos en relación con la organización de la Convención Nacional Constituyente y Sarmiento usa el texto para condenar, desde su opinión facciosa, la imposición de la candidatura de Federico de la Barra, un ex rosista y urquicista, y actualmente su contrincante político:

No volvía, en efecto, la población del estupor de saber que ella elegía a Barra, su representante en la Convención, de que sólo había creído dignos a Carril, Aberastain, Oro, Sarmiento, Rawson.269

A lo largo de tres páginas se ocupa minuciosamente de cuestionar la legitimidad de este nombramiento y de alertar sobre el cambio de política que concluyó con el asesinato de su amigo.270

Sarmiento personaliza a San Juan convirtiéndolo en personaje inicial del texto: “el entenado del Gobierno Nacional” que está signado por una mala estrella.271 Luego, en este escenario dominado por la exaltación de las masas indígenas, de la chusma y el pueblo envilecido se destaca la virtud moral de Aberastain, que será perseguido por las “hordas de bárbaros que habían de matarlo” mientras se dedicaba a fomentar la minería y a garantizar el progreso de los sanjuaninos.272 El tópico de la barbarie se repondrá luego sólo en dos menciones: al referirse a las “bárbaras matanzas de mujeres y niños” que ha cometido Virasoro,273 y a “las depredaciones de los bárbaros” (llama así a los indios que asolaban la zona cuyana).274 Después de esta escueta introducción, hacia el cierre de este texto básicamente elegíaco se repone la tesis con todo su esplendor:

Del sentimiento íntimo de la provincia de San Juan, salió hace quince años esta frase, que dio la vuelta del mundo: Civilización o barbarie; el Alfa y la Omega de nuestras luchas.275

269Ibidem, p. 32.

270“Barra, senador y convencional por San Juan, era la mácula visible que mostraba a los ojos de todos la burla que se hacía del Congreso; […] ¿Podría llevarse la ceguera a mayor grado que tener por senadores por San Juan a Barra y Guido, por diputados a Virasoro y Álvarez Condarco […]” (ibidem, pp. 36-38). 271Ibidem, p. 22. 272Sarmiento, 2001, XLV, p. 26. 273Ibidem, p. 44. 274Ibidem, p. 50. 275Ibidem, p. 57.

Así Sarmiento insiste una vez más en su tesis; analiza los hechos con un ánimo pesimista y vuelve a fustigar a sus adversarios ubicándolos en el polo negativo de la antinomia irreductible, que readquiere vigencia cuando retoma personajes conocidos en textos anteriores. Sarmiento recuerda una escena con el emperador de Brasil, Pedro I, quién había sido destacado en la Campaña en el Ejército Grande como modelo de gobernante civilizado:

El joven emperador del Brasil que leyendo algunos apuntes sobre hombres y costumbres de San Juan, preguntaba con interés, como la figura que más había excitado su simpatía, y “ese doctor Aberastain tan virtuoso, ¿dónde esta ahora?” verá por estas páginas, si caen bajo sus ojos, que yace, no diremos asesinado que es palabra oficial, muerto, víctima de haber creído con su pueblo en el derecho y la justicia en su patria. El otro libro que lea le explicará los instrumentos y la causa. Siempre la barbarie.276

El texto también incluye menciones aisladas de Peñaloza, y de sus invasiones a San Juan, pero Sarmiento lo incorpora entre los elementos de desorden general en que se encuentra la zona de Cuyo, sin ensañarse en opiniones calificativas personales.277