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tan más que el grosor de un punto en la escala de medidas de nuestra experiencia pasada sobre este planeta; de que los acontecimientos de estos milenios recientes no tienen ningún significado desde un punto de vista evolutivo; de que la raza no ha brotado repentinamente, ni ha logrado síntesis de mando durante los recientes milenios, sino que sola- mente ha jugado un poco con unas cuantas formulaciones lingüísticas y actitudes de la naturaleza, legados por un pasado lejano e inexpre- sable. Sin embargo, la ciencia no debe sentirse descorazonada por estas sanciones ni por el sentido de precaria dependencia que, según sabemos todos, tenemos con respecto a las herramientas lingüisticas, herra- mientas que todavía son bastante desconocidas. Al contrario, la ciencia debe sentirse impulsada por esa humildad que acompaña todo verda- dero espíritu científico, evitando esa arrogancia de la mente que impide la verdadera curiosidad e investigación científicas.

Suceda lo que sucediere en el futuro con las teorías de Whorf sobre el lenguaje y la mente, este texto permanecerá vigente.

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Los méritos de la metalingüística de Whorf, las consecuencias que trae consigo son tales, que aun las críticas formuladas contra este estudioso constituyen una exposición aceptable de la tesis univer- salista. Esas críticas afirman que las demostraciones de Whorf son circulares. Al ver manar un manantial, el apache lo describirá como "blancura que se mueve hacia abajo". La formulación verbal no tiene mucho en común con la del inglés corriente. Pero ¿cómo esa formulación nos permite tener acceso directo al pensamiento apache? Resulta tautológico afirmar que un individuo que habla otra lengua percibe la experiencia de modo diverso porque la expresa en forma diferente, y luego deducir modos distintos de conocimiento a partir de las diferencias del lenguaje. Esa hipóte - sis se apoya en un esquema rudimentario, y acrítico de la activi- dad mental. En "A Note on Cassirer's Philosophy of Language", E. H. Lenneberg condensa una amplia gama de dudas filosóficas: "No existe ninguna razón convincente para dar por supuesto que la forma en que el gramático articula el discurso se corresponde con la organización del saber o de las facultades mentales". Las palabras no son encarnaciones de operaciones mentales inmuta- bles y significados fijos. La idea de que las estructuras sintácticas convencionales

de manera única es en sí misma el reflejo de un dualismo primitivo. Esa idea corresponde a la imagen cuerpo-espíritu de los primeros tiempos de la psicología. Cualquier modelo dinámico del proceso lingüístico, por ejemplo la proposición de Wittgenstein de que "el significado de una palabra es su uso en el lenguaje", refutará el paralelismo determinista que hace Whorf entre palabra y pensamiento.

Además, si la hipótesis compartida por Humboldt, Sapir y Whorf fuera correcta, si las lenguas fueran mónadas que estable- ciesen mapas esencialmente discordantes de la realidad, ¿cómo entonces podríamos comunicamos de una lengua a otra?, ¿cómo podríamos adquirir una segunda lengua o adentramos hacia otro universo lingüístico por medio de la traducción? No obstante, esas transposiciones se verifican sin cesar.

La convicción empírica de que la mente humana se comunica salvando barreras lingüísticas es el eje del universalismo. Al relativismo de Pierre Hélie en el siglo XII, para quien el desastre de Babel había engendrado tantas gramáticas irreconciliables co- mo lenguas, Roger Bacon opone su célebre axioma de unidad: "Grammatica una et eadem est secundum substantiam in omni-

bus linguis, licet accidentaliter variatur." Sin una grammatica universalis, no habría esperanza de un discurso auténtico entre

los hombres, ni ciencia racional del lenguaje. Las variaciones fortuitas entre las lenguas, dictadas por la historia, son sin duda formidables. Pero tras éstas se disimulan los principios de uni- dad, de concordia, de organización formal que determinan el ge- nio específico del lenguaje humano. A pesar de la profusión de diferencias externas, todas las lenguas han sido "cortadas sobre el mismo patrón".

Esta certidumbre intuitiva ya anima a Leibniz y se encuentra también en el relativismo de Humboldt. El éxito de la filología indoeuropea del siglo XIX al formalizar y hacer entrar en un sistema de normas y predicciones la imponente masa de hechos fonológicos y gramaticales aislados, dio nueva fuerza a la orientación universalista. En nuestros días, la hipótesis de trabajo de una gramática universal es compartida por casi todos los lingüistas. Y si la teoría lingüistica contemporánea puede reclamar una autoridad psicológica y lingüística, es porque se ocupa de fenómenos de carácter profundo y universal, de las leyes fundamentales del proceso de conocimiento y simboliza- ción. Por consiguiente, "la tarea principal de la

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teoría lingüística será establecer una hipótesis de universales lingüísticos que, por una parte, la diversidad real de las lenguas no se demuestre falsa y, por otra, sea suficientemente rica y explícita para dar razón de la característica rapidez y uniformidad del aprendizaje lingüístico y de la asombrosa complejidad y alcance de las gramáticas generativas que resultan del aprendizaje del lenguaje".15

El axioma de universalidad y la ambición de una descripción total son evidentes. Pero la cuestión de los niveles está lejos de haber sido resuelta (el universalista James Beattie se enfrentó a ella en el siglo XVIII). ¿A qué nivel de la estructura de las lenguas pueden ser ubicados y descritos con exactitud los ''universales"? ¿Qué tan pro- fundamente debemos aventurarnos bajo las capas vivas y obstina- damente diversas del uso lingüístico? Durante los últimos cuarenta años, las tesis universalistas se han orientado hacia una formulación y abstracción cada vez más pronunciadas. En cambio, cada nivel propuesto de universalidad se ha revelado como contingente o subvertido por las anomalías. Los rasgos singulares han aflorado en lo que parecían los postulados más generales. Lejos de ser rigurosa y completa, la nomenclatura de "los rasgos lingüísticos universales" se ha limitado a ser un catálogo abierto.

Es indiscutible que existen tres planos donde se pueden tratar los universales: fonológico, gramatical y semántico.

Todos los seres humanos están equipados con el mismo sistema neurofisiológico para emitir y captar los sonidos. Hay notas que por su altura escapan al oído humano: hay tonos que nuestras cuerdas vocales no pueden producir. En consecuencia todas las lenguas se inscriben dentro de ciertos límites materiales bien definidos. Todas son combinaciones de una gama finita de fenómenos físicos. Por eso se impone intentar la identificación y la enumeración de los univer- sales fisiológicos o fonológicos de los que cada lengua hablada es un conjunto selectivo. Grandzüge der Phonologie [Principios de

fonología] de N. S. Trubetskoy, publicados en Praga en 1939, es

uno de los más influyentes catálogos de este tipo. A partir de la comparación de más de 200 sistemas fonológicos, Trubetskoy aísla aquellas estructuras acústicas sin las que no puede haber lenguaje y que poseen todas las lenguas.

15

Noatn Chomsky, Aspectos de la teoría de la sintaxis. Introducción, versión, notas y apéndices de Carlos Peregrín Otero. Aguílar, Madrid, 1970, pp. 27-28.

refinándolos, los universales de Trubetskoy. Jakobson establece una veintena de universales fonéticos, cada uno de los cuales puede ser rigurosamente definido según criterios articulatorios y acústicos (por ejemplo, cada lengua tiene por los menos dos vocales). A través de combinaciones, esos rasgos conforman la fonología, esto es, la manifestación física y la transmisión de las lenguas. A partir de esos atributos esenciales, un escritor de ciencia ficción o una computadora podrían inventar una nueva lengua, y se podría afirmar por adelantado que ésta se inscribiría dentro de los límites prescritos a la potencialidad expresiva humana. Todo sistema de señales ayuno de estos "universales distintivos" cae literalmente fuera de la octava humana.

En la práctica, el análisis de los universales fonológicos se convierte en una faena pesada y simplona. De nuevo un buen número de conclusiones permanecen en el limbo de la generalidad, son verdades tan poco sorprendentes como aquella de que todos los seres humanos requieren oxígeno. Cuando se pasa a las condiciones necesarias y suficientes afloran los problemas que plantea una descripción rigurosa. La afirmación de que todas las lenguas del planeta son dueñas de un sistema vocal parece exenta de riesgos. En realidad, la proposición sólo es cierta si incluimos los fonemas segmentados que ocupan la cima de la sílaba —y aun en ese caso, por lo menos una lengua conocida, el wiram, plantea problemas. Por otra parte, hay un dialecto de la rama bosquimana llamado kung, que apenas es hablado por algunos cientos de indígenas de Kalahari. Pertenece a la familia de lenguas khoisan, pero está hecho de series de sonidos exhalados y chasqueados que, hasta donde se sabe, no se encuentran en otra parte y que han condenado al fracaso toda descripción. Es obvio que estos sonidos no rebasen las capacidades fisiológicas humanas. Pero ¿por qué se llegó a desarrollar esta anomalía, o por qué si es eficiente no es explotada por ningún otro sistema fonológico? La consonante nasal primaria "es un fonema cuyo alófono más característico es una pausa o alto nasal vocal, esto es, un sonido producido por una clausura de la cavidad bucal (v. g., apical, labial), con apertura velar y vibración de las cuerdas vocales".16

16 Charles A. Ferguson, ''Assumptions about Nasals: A Saraple Study in Phonological Universals", en J. H. Greenberg (comp.), Universals of Language. Cambridge, Mass., 1963, p. 56.

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Una vez definida la consonante nasal primaria, los fonó- logos pueden enumerar las condiciones bajo las cuales se manifiesta en todas las lenguas y las modalidades según las cuales afecta la posición de acentuación de otros fonemas. Pero la afirmación de que toda lengua humana cuenta al menos con una consonante nasal primaria requiere matices. El Manual of Phonology de Hockett (1955) registra una total ausencia de consonantes nasales en el quileote y en dos lenguas salishan vecinas. No se sabe a ciencia cierta si tales nasales existieron alguna vez, si se transformaron en el curso de la historia en pausas vocales o si, en virtud de una excentri- cidad sorprendente, el salishan nunca ha incluido fonemas na- sales. No es difícil multiplicar ejemplos semejantes. En conse- cuencia, la teoría universalista pasa luego del plano relativa- mente elemental y abordable de la fonología al de la gramáti- ca. Si todas las lenguas han sido en verdad cortadas del mismo patrón, un análisis comparativo de los sistemas sintácticos hará aflorar los elementos que realmente constituyen una grammatica universalis.

La búsqueda de esa "gramática fundamental" representa un capitulo apasionante en la historia del pensamiento analítico. Se han realizado progresos considerables desde la época en que Humboldt esperaba establecer un cuadro general de todas las formas sintácticas, "desde las más crudas" hasta las complejas. La convicción de que ciertas categorías sintácticas —sustantivo, verbo, género— aparecen en toda lengua y de que éstas tienen en común ciertas normas primarias de rela- ción, se impuso a la filología del siglo XIX. El "mismo molde fundamental" en que todas las lenguas han sido fundidas llegó a ser entendido con bastante precisión como un juego de uni- dades gramaticales, de reglas combinatorias y de indicadores que, en sí mismos, nada quieren decir, pero que sirven para diferenciar las formas complejas.

Algunas de esas reglas son muy generales. No se ha encontrado ninguna lengua carente del pronombre singular de primera y segunda personas. Las oposiciones entre "yo", "tú" y "é1", y el tejido subsiguiente de relaciones, que es esencial para los términos del parentesco, existen en todos los idiomas. La categoría para los nombres propios se encuentra en todas las lenguas. No existe ninguna lengua cuyo vocabulario sea enteramente homogéneo en el plano de la gramática. Cierto tipo de proposición donde se habla sobre o se modifica el sujeto de alguna manera se observa en la totalidad de los

"verbo-objeto-sujeto", "objeto-sujelo-verbo" y "objeto-verbo- sujeto" son infinitamente raras. Tan raras, que sugieren una infrac- ción casi deliberada a un orden de percepción instintivo. Otros "universales gramaticales" plantean cuestiones de detalle: por ejemplo, "cuando el adjetivo sigue al sustantivo, el adjetivo adopta lodas las inflexiones del sustantivo". En tales casos, el sustantivo puede no comportar la marca de una o de varias de esas categorías de flexión". El más ambicioso inventario de universales sintácticos que haya sido establecido "sobre la base de testimonios lingüísticos empíricos" es el de J. H. Greenberg.17 Comprende cuarenta y cinco

relaciones gramaticales fundamentales, y llega a la conclusión de que "el orden de los elementos del lenguaje se calca sobre el que gobierna la experiencia física o las leyes del conocimiento". La gramática subyacente en todas las formas lingüísticas es un mapa del mundo. Subraya los rasgos del paisaje y de la vida sociobioló- gica que son comunes a todos los hombres. Diferencias de acento, encadenamiento de ordenadas, relaciones jerárquicas de lo general a lo particular o del todo a la parte, son los componentes de la razón a partir de los cuales se desarrollan todas las lenguas. Una vez que una lengua "posee la categoría de género, tiene también la de número". De otro modo, veríamos a las construcciones humanas prisioneras del caos.

Es éste, de nuevo, un ejemplo de sistema que parece más impre- sionante de lo que en realidad es. Comparado con la totalidad de las lenguas actualmente en práctica, el número de idiomas cuya gra- mática ha sido sistematizada y estudiada a fondo, es absurdamente pequeño (los testimonios empíricos de Greenberg se apoyan, casi exclusivamente, en treinta lenguas). En la sintaxis, como en la fonología, se dan tenaces singularidades. Uno esperaría que todas las lenguas que explotan la distinción de género en la segunda persona del singular, también lo hagan en la tercera. Así es en la mayoría de los casos. Pero no en el racimo de lenguas habladas en el centro de Nigeria. El nutka presenta un sistema gramatical, fre- cuentemente citado, en el cual resulta muy difícil distinguir entre sustantivo y verbo. Un encadenamiento de los genitivos se

17 Joseph H. Greenberg, "Some universals of Grammar with particular Reference to the

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parece al esquema tipológico primario en el que podemos clasificar todas las lenguas en un pequeño número de familias importantes. El araucano, lengua indígena de Chile, y algunos dialectos daghestan en el Cáucaso, no se ajustan al esquema. Anomalías como éstas no pueden ser descartadas como meras curiosidades. Una simple excepción, en cualquier lengua, viva o muerta, basta para echar por tierra el concepto de una gramática universal. En parte porque en el caso de los universales el método estadístico y etnolingüístico se reveló poco satisfactorio o meramente descriptivo, las gramáticas generativas y transformacionales se propusieron llevar la discusión a un nivel fenómeno- lógico mucho más profundo. Al hacerlo, intentaban interiorizar la noción misma de gramática hasta convertirla en una facultad lingüística específica ingénita en la conciencia humana.

La gramática de Chomsky se proclama universalista (pero ¿qué otra teoría de la gramática —estructural, analítica, comparativa— no lo ha sido?). Nin- guna teoría de la vida mental, desde Descartes y los gramáticos de Port-Royal se ha inspirado tan claramente en un cuadro general y unificado de las facultades innatas del hombre, aunque Chomsky y Descartes entiendan "inna- to" de muy distintas maneras. Chomsky parte del rechazo al conductismo. Ningún fenómeno simple de estímulo y respuesta puede dar cuenta de la rapidez y complejidad con que los seres humanos adquieren el lenguaje. Todos los seres humanos. Cualquier lengua. El niño es capaz de construir y comprender en su lengua enunciados simultáneamente nuevos y aceptables. A cada momento cada uno de nosotros formulamos y comprendemos instan- táneamente nuevas formas que son diferentes de cualquiera que hayamos oído antes. Esa aptitud presupone que deben estar en juego procesos funda- mentales independientemente de "la retroalimentación (feedback) del me- dio".18 Tales procesos son innatos en el hombre: "Los seres humanos están de

algún modo especialmente equipados para ello con instrumentos para mane- jar datos y 'formular hipótesis' cuya naturaleza y complejidad nos es desco- nocida." Todo individuo vivo ha interiorizado de un modo u otro una gramática a partir de

18 Estas citas y las que siguen provienen de la reseña de Noam Chomsky al libro de B. F.

Skinner "Vertal Behavior". Originalmente publicado en Language 35 (1959), este artículo fue reimpreso en el volumen editado por John P. de Cecco, The Psychologye of Language, Thought

traduce el erzeugen de Humboldt. Aquí, como en aquel otro axioma compartido por ambos según el cual el lenguaje "hace uso infinito de medios finitos", el universalismo chomskiano coincide con el relativismo de Humboldt.)

Las divergencias entre las lenguas sólo afectan las "estructuras de superficie". Son accidentes del terreno que llaman la atención, pero que apenas dicen algo de las "estructuras profundas" que recubren. Con el auxilio de un conjunto de reglas, entre las que destacan las reglas de rescritura, los "estructuras profundas" generan, esto es, hacen llenar a la superficie fonética las frases que realmente empleamos y escuchamos. Entonces podemos remontarlas, a partir de la frase concreta, gracias al árbol de derivación o "indicador sintagmático" que les corresponde, hasta una aproximación de la "estructura profunda" subyacente. Las fra- ses más complejas son generadas, a su vez, por una segunda categoría de reglas "de transformación". Estas reglas —cuya analogía más adecuada se encuentra en la teoría de las funciones periódicas— deben ser aplica- das en un orden determinado. Algunas de ellas dependen del contexto; su aplicación correcta depende del entorno lingüístico. Puede suponerse que es en este punto donde un sistema universal se vierte a una lengua parti- cular o a una familia de lenguas. Pero "el verdadero progreso en la lingüística consiste en el descubrimiento de que ciertos rasgos de lenguas dadas pueden ser reducidos a propiedades universales del lenguaje, y explicados en términos de estos aspectos más profundos de la forma lingüística".19

Chomsky sostiene que la búsqueda de universales al nivel fonológico o sintáctico ordinario es totalmente insuficicnte. Los centros donde se forja la lengua tienen mayor hondura. De hecho, las analogías de superfi- cie del tipo citado por Greenberg son tal vez enteramente desorienta- doras: es probable que las estructuras profundas que desearíamos univer- sales sean muy distintas de la estructura de superficie de lasfrases según ésta se nos manifiesta. Los estratos geológicos no se reflejan en el paisaje.

Pero ¿cómo son estas "estructuras profundas universales"? Resulta que es en extremo difícil decir algo sobre ellas. En la terminología de Wittgenstein, la transición de la "gramática de superficie" a la "gramática de profundidad" es un paso

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