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cabo en una lengua, ya sea ésta inglés, sánscrito o chino. Y cada lengua es un vasto sistema de modelos, unos diferentes de otros, en los que se hallan culturalmente ordenadas las formas y categorías mediante las que no sólo se comunica la persona- lidad, sino también se analiza la naturaleza, se notan o se rechazan tipos de relación y fenómenos, se canalizan los razonamientos y se construye la casa de la conciencia.

Para mostrar que su doctrina "se funda en pruebas incontrovertibles", Whorf no duda en aplicar a todo género de lenguas un método de análisis semántico comparado: el latín, el griego, el hebreo (existen importantes relaciones entre la obra de Whorf y la Cabala excéntrica de Fabre d'Olivet), el kota, el azteca, el shawni, el ruso, el chino y el japonés. A diferencia de muchos universalistas, Whorf tiene sensible oído para las lenguas. Pero sus investigaciones sobre las lenguas de los hopis de Arizona son las que contienen las demostraciones más concluyentes. Es ahí donde el concepto de "sistemas de estructuras" distintas de la vida y la conciencia se desprende de ejemplos específi- cos. Los escritos clave sobre "un modelo indio norteamericano del Universo" fueron escritos entre 1936 y 1939, cuando Whorf extendió sus análisis al shawni.

Después de examinar el aspecto puntual y lo segmentativo de los verbos hopi, Whorf concluye que esta lengua deslinda el campo "de lo que podría llamarse física primitiva". Como era de esperarse, el hopi está mejor equipado que el inglés moderno para tratar procesos fluidos y fenómenos vibratorios.

De acuerdo con las concepciones de la física moderna, el contraste de la partícula y el campo de vibraciones es más fundamental en el mundo de la naturaleza que otros como espacio y tiempo, o pasado, presente y futuro, que son la clase de contraste que nos impone nuestra propia lengua. El aspecto de contraste de la lengua hopi... obliga prácticamente al pueblo hopi, al ser obligatorio por la forma de sus verbos, a percibir y observar los fenómenos vibratorios, animándolos además a encontrar nombres y clasificar esta clase de fenómenos.*

Whorf se da cuenta de que la lengua hopi no comporta palabras, for- mas gramaticales ni giros idiomáticos que se refieran directamente a lo que nosotros llamamos "tiempo", o a los vectores de tiempo y movimiento que nosotros emplea-

pensamiento, nuestra cultura moderna" nos confína a un espacio infinito y estático de tres dimensiones, y a una progresión temporal ininterrumpida. Estas dos "coordenadas cósmicas" se unen armoniosamente en la física de Newton y en la física y la psicología de Kant. Nos hacen encarar profundas contradicciones internas en el universo de la mecánica quántica y de la relatividad de cuatro dimensiones. Según Whorf el armazón metafísico que informa la sintaxis hopi es mucho más apropiado para captar la imagen del mundo, que el que propone la ciencia moderna. Las expresiones y tiempos verbales hopis captan la existencia de los acontecimientos "en un estado dinámico aunque no es un estado de movimiento". La organización semántica de los fenómenos "que están en curso de manifestación y realización" allana y, en reali- dad, refuerza ese ascenso al plano objetivo de las percepciones subjetivas o"mapas ideales" de aquellos acontecimientos que la gramática indoeuropea ubica con tal dificultad que se ve obligada a expresarlo en términos estrictamente matemáticos.

Al traducir al inglés, el hopi diría que estas entidades en proceso de causalidad "vendrán" o que ellos —los hopis— "irán hacia ellas", pero en su propio lenguaje no existen verbos que correspondan a nuestro "venir" e "ir", que significan movimiento simple y abstracto, de acuerdo con nuestro concepto cinematográfico puro. Las palabras que en este caso se traducen por "venir" se refieren al proceso de acontecer sin llamarle movimiento: son "aconteceres hacia aquí" (pew'i) o "aconteceres de ello" (angqö) o "llegados" (pitu, en plural öki), refiriéndose por lo tanto a la manifestación terminal, a la llegada real a un punto dado y no a cualquier clase de movimiento que haya precedido la llegada.14

Vemos cómo el modo en que los hopi abordan los aconteci- mientos, los razonamientos por hipótesis y los acontecimientos por venir están llenos de minucia y son susceptibles de esas posturas provisionales que tan bien suelen convenir a la astrofísica y a las teorías ondulatoria y corpuscular contemporáneas. La impronta del observador sobre el proceso observado, la evaluación del margen del error son inherentes al hopi, pero no al inglés salvo en virtud de una metáfora explicativa.

La noción de criptotipo está en el centro de la semántica

de Whorf. Se define "como un significado sumergido, sutil, elusivo, que no corresponde a ninguna palabra específica, pero cuya importancia funcional en una gramática es mostrada por el análisis lingüístico. Son estos "criptotipos" o "categorías de organización semántica" —dispersión sin límites, oscilación sin desplazamiento, impacto sin duración, movimiento dirigido— los que traducen la metafísica implícita de una lengua a su gramática manifiesta o de superficie. Gracias al estudio de estos "criptotipos" en las diversas lenguas, insiste Whorf, la antropología y la psicología llegarán a comprender los juegos profundos del sentido, la dinámica de las formas relevantes y significativas, que conforman una cultura. Sin duda alguna, es en extremo difícil para un observador extraño, confinado a la visión que le impone el marco de su propia lengua, penetrar hasta las profundidades simbólicas de la actividad de una lengua extranjera. Esforzándonos por alcanzar el fondo, sólo removemos el limo. Además los "criptotipos están tan cerca o ta n por debajo del umbral del pensamiento consciente" que incluso un hablante nativo es incapaz de expresarlos con las palabras adecuadas. Por supuesto, escapan a la traducción. Y, sin embargo, una escrupu- losa observación, guiada por la filosofía y la poesía, permite al lingüista y al antropólogo llegar, al menos hasta cierto punto, al "sistema de estructuras" de una lengua extranjera. Sobre todo si adopta los principios de desprendimiento irónico que informan a toda concepción relativista digna de su nombre.

Whorf denunció infatigablemente los consabidos prejuicios, la ostentosa arrogancia de la filología tradicional y universalista que apenas vacilaba en afirmar que el sánscrito y el latín constituyen el modelo natural de toda lengua articulada o, al menos, un modelo pre- feríble a cualquier otro. La revaluación whorfiana de los "mecanis- mos del pensamiento en las comunidades primitivas" coincide en el tiempo y en el espíritu que lo anima con los primeros estudios que Lévi-Strauss dedicó al genio de El pensamiento salvaje.* Lévi- Strauss aprobaría totalmente la afirmación de Whorf según la cual "en muchas lenguas amerindias y africanas abundan las discrimina- ciones finamente elaboradas y lógicas, los matices para expresar cau- sa, acción, resultado, cualidad diámica o energética, inmediatez de la experiencia, etc., facetas todas de la función

* Claude Levi-Strauss, El pensamiento salvaje. Traducción de Francísco González Aramburo. FCE,México, 1964.

racional. Desde este punto de vista, aventajan con mucho a las lenguas europeas." Whorf presenta casos elocuentes: las cuatro personas del pronombre en las lenguas algonkinas, que permiten describir sucintamente complejas situaciones sociales: la oposición en chechewa, "lengua relacionada con el zulú y hablada por una tribu del Africa oriental que desconoce la escritura" de dos tipos de pasado, el que prolonga sus consecuencias en el presente y el que no; las tres formas causales del verbo en la lengua de Coeur d'Aléne, una pequeña tribu india en Idaho. Aquí, Whorf vuelve a observar la paradoja de que el "campo semántico" de numerosas comunidades que convenimos en llamar primitivas distribuye la experiencia según fenomenologías que están mucho más cerca de la física del siglo XX y de la Gestalt que el "campo semántico" de la familia lingüística indoeuropea. Las perspectivas no son menos interesantes cuando Whorf insinúa que las diversas lenguas manifiestan un grado variable de acuerdo entre la fonética (que debe ser, en cierta medida, universal) y la "música interna del significado" El alemán zart, que significa "tierno", suscita asociaciones tonales claras y duras. El inglés deep debería asociarse con sonidos de rápida y cortante ligereza como los de peep. No es raro que en determinada lengua el significado vaya contra la vena de asociaciones auditivas aparente- mente universales. Esta fricción entre los códigos de identificación "mental" y "psíquica", puede ser fundamental para la evolución de una lengua particular y adopta modalidades diversas según el caso.

Una imagen del lenguaje, la mente y la realidad fundada casi exclusivamente en la lógica cartesiana-kantiana y en el "campo semántico" del SAE [Standard Average European] es una simplifica- ción arrogante. La conclusión de "Science and Linguistics", un artículo publicado en 1940, merece ser citada en toda su extensión, sobre todo en una época en que el estudio del lenguaje se encuentra tan ampliamente dominado por una teoría que alterna la generalidad dogmática con los aspectos matemáticos.

El darse cuenta del increíble grado de diversidad que existe entre los sistemas lingüísticos que se extienden por todo el mundo le deja a uno la inevitable sensación de que el espíritu humano es inconcebi- blemente antiguo; de que los pocos miles de años abarcados por nuestros registros escritos no represen-

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