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Secretario para la Inmigración, Conselleria d'Acció Social i Ciutadania, Generalitat de Catalunya

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l objetivo de esta ponencia es definir, a grandes rasgos, las líneas

de futuro de la Secretaría para la Inmigración de la Generalitat de Catalunya. En primer lugar, hay que lanzar un mensaje a la sociedad, que no por obvio es menos necesario, con el cual se quiere dejar constan- cia de que el fenómeno migratorio es un hecho estructural, una realidad necesaria y que, por lo tanto, no hay que perder demasiado tiempo en debatir si lo que ya ha sucedido era deseable que se produjera o no. Básicamente, se debe enfocar la realidad de la inmigración desde la misma perspectiva pragmática que ya han utilizado muchas entidades locales y parte de la sociedad civil que han demostrado una sensibilidad por el tema. En pocas palabras, la inmigración es un hecho.

En segundo lugar, es necesario mencionar el hecho de que el incremento demográfico entre el año 2000 y 2005 fue, en un 90%, debido a la inmi- gración. Este hecho es tan relevante que posiblemente tenemos que cons- tatar que el motor de cambio y de transformación de nuestra sociedad en estos momentos es el hecho migratorio. Y es motor de cambio porque cuando hablamos de inmigración, no estamos hablando únicamente de este fenómeno, sino que nos estamos refiriendo al modelo de sociedad que queremos ser: según cuál sea nuestra actitud para afrontar el fenó- meno migratorio, estaremos definiendo un modelo u otro de sociedad. Es evidente que, al hablar de inmigración, hay determinados aspectos que se tienen que tratar con mucho cuidado, porque nos encontramos en un terreno en el cual el papel de las percepciones es muy importante. Por ejemplo, cualquier política que se lleve a cabo necesita de un mínimo de previsión, una valoración mínima de los aspectos cuantitativos que impli- ca. Y a veces esta valoración es difícil de hacer, especialmente desde las administraciones que no tenemos competencia y que no hemos asumido un discurso completo en el ámbito de la gestión de los flujos. Como ya se ha afirmado, en el momento de establecer el nuevo servicio de acogida es preciso que este tenga una función transitoria, que no provoque depen- dencia, sino que permita hacer una primera acomodación. Así pues, para poder dar este servicio, tendremos que tener en cuenta los recursos eco- nómicos necesarios y hacer una valoración del número de personas a las cuales va dirigido. Por lo tanto, estaría bien también tratar con claridad la cuestión de los flujos y su dimensión cuantitativa, al margen de nuestro techo competencial.

Sin duda, el hecho migratorio ha sido muy importante en los últimos cinco años en cuanto al crecimiento demográfico de nuestro país. Es más, todo parece indicar que durante los próximos años seguirá siendo fundamental, básicamente porque en este momento están entrando en la edad laboral una serie de generaciones de volúmenes reducidos, fruto de unos años de natalidad muy baja debido a la alta tasa de paro y de la falta de emancipa- ción de los jóvenes. La ampliación de la edad de emancipación supone que haya una diferencia demográfica que provoca que, posiblemente, sigamos necesitando la inmigración.

Deberíamos enfocar la cuestión de los flujos migratorios de una forma más realista, porque hasta ahora hemos visto que la previsión de flujos regulares y legales distan mucho de los reales. Es necesario que los flujos legales aumenten para poder combatir mejor la entrada de flujos migratorios por vías no legales. Tenemos que trabajar para combatir el efecto llamada del trabajo irregular, de la economía sumergida. Con toda seguridad, de cara a la incidencia en los flujos, una política que incida sobre el mercado laboral es más eficaz que la política de fronteras. Hay diversos autores que establecen un paralelismo entre el porcentaje de economía irregular que se estima que tiene un país y el porcentaje de inmigración irregular. De hecho, el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña da herramientas para resolver esta cuestión que no sólo tienen que ser coercitivas, sino también cooperativas. Se tienen que proporcionar instrumentos que faciliten la regularización en aquellos sectores con baja productividad. Se ha avanzado mucho, por ejem- plo, en la formalización del sector agrario –un sector claramente con baja productividad– y estos avances también podrían aplicarse a otros sectores como el de la restauración, la construcción o el del trabajo doméstico. Estamos buscando maneras de trabajar en este ámbito, porque la irregulari- dad es el primer freno de las políticas de acogida y de integración, entre otros. La irregularidad es, sin duda, un gran perjuicio, una lesión de derechos y supone una dificultad de movimiento y, por lo tanto, de libertad para las personas inmigradas, pero también es un perjuicio para el conjunto de la sociedad. Nadie está interesado en que nuestros conciudadanos no puedan ejercer derechos que, como la salud pública o la educación de sus hijos, la regularidad otorga a todos los ciudadanos.

Es evidente que la dimensión de los servicios públicos es otro de los elemen- tos esenciales para favorecer la convivencia. Ciertamente, se tendrán que aumentar los recursos económicos dedicados a los servicios públicos ya que el aumento de la población lo hace necesario. Algunas voces críticas culpan a la inmigración del hecho de que se tengan que dedicar más recursos eco- nómicos al aumento de los servicios públicos. Ante esta crítica hay que cons- tatar que la población inmigrada también aporta mucho a la economía de este país y, por lo tanto, simplemente es necesaria una adecuación de los servicios públicos a la nueva realidad demográfica.

Por otro lado, el hecho migratorio repercute sobre todas las facetas de la convivencia, de la relación entre las personas. Es evidente que la globaliza- ción implica plantearnos qué tipo de sociedad queremos ser, y según cómo afrontemos el hecho migratorio también estaremos hablando de qué tipo de sociedad queremos ser. Somos y siempre seremos (y lo hemos sido en el pasado) una sociedad diversa. De entrada, esto supone elementos positivos, aunque también representa una serie de dificultades. Consideramos que la cohesión social, la igualdad de derechos y deberes y la democracia tienen que ser los principios básicos de nuestro modelo de sociedad diversa.

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CLAUSURA

Además, la lengua y la cultura catalanas tienen que servir de vehículo de aco- gida, con respeto evidentemente a todas las lenguas que son oficiales en nuestro país, como la lengua castellana. Como país históricamente de aco- gida, tenemos la oportunidad y la experiencia de continuar haciendo esta acogida sobre la base de los principios de respeto a la personalidad de cada uno y, más allá de la simple y fría tolerancia, hay que valorar con interés aquello que aporta cada uno. Y al mismo tiempo, como justa corresponden- cia, hay que remarcar la necesidad de compartir un terreno común, la plaza pública donde todos nos tenemos que encontrar cómodos, regida por una cultura pública común basada en los valores democráticos, los derechos humanos y la lengua y la cultura catalanas.

Finalmente, querría resumir las prioridades del Gobierno de la Generalitat de Catalunya con relación a la inmigración. En primer lugar, es necesario desa- rrollar el nuevo Estatuto de Autonomía en todo aquello que implica la acogi- da, la integración y la participación en la gestión de los flujos migratorios. Es más, el nuevo Estatuto abre también nuevas posibilidades en los ámbitos de sus competencias en el mundo del trabajo que pueden ser interesantes y que, por lo tanto, es necesario llevar a cabo.

En segundo lugar, es preciso elaborar por ley el nuevo marco de referencia para la acogida y la integración de las personas inmigradas, tal y como esta- blece el Estatuto de Autonomía y también el pacto del Govern d’Entesa. El contenido de esta nueva ley tiene que recoger las mejores experiencias de los entes locales y las entidades, ya que son estos los que ya se han enfrenta- do a los retos que supone la inmigración. Es necesario hacer una ley de aco- gida que permita generalizar un nuevo servicio, teniendo en cuenta que el desarrollo de nuevas herramientas organizativas para hacer posible la acogi- da requerirán más financiación. Y aquí es donde se generarán los debates más importantes ya que aún nos falta mucho camino por recorrer. Debemos aprovechar aquellas experiencias exitosas tanto de Cataluña como de cual- quier parte del mundo; sin embargo, tenemos que reconocer que ya pode- mos hablar de una vía catalana de acogida, de un modelo de cultura catalana de acogida que no está cerrado, que no está definido del todo, pero que ya se ha ido configurando.

Finalmente, debemos avanzar en el Pacto Nacional para la Inmigración. De hecho, este pacto estaba en los programas electorales de casi todos los par- tidos, tanto de los que forman parte del Gobierno como de los que se encuentran en la oposición, hecho que debe facilitar, de entrada, su conse- cución. Desde la Secretaría para la Inmigración trabajaremos para que el pacto sea fundamentalmente útil y que, por lo tanto, se definan tanto las líneas principales que deben regir la política de inmigración a medio y largo plazo como unos compromisos concretos, vinculados a un calendario y un presupuesto, en los puntos clave. Estos compromisos se deben centrar en cómo hay que redimensionar el Estado del bienestar, cómo se debe avanzar para hacer aflorar la economía sumergida involucrando así a los agentes sociales y económicos, y cómo se debe establecer la participación y favorecer la convivencia de la diversidad. Tiene que ser, por lo tanto, un pacto útil, con compromisos, y un acuerdo que permita visualizar cuál es el modelo de sociedad –en beneficio de todo el mundo– que queremos.

Cataluña tiene un gran reto por delante, pero estamos convencidos de que tendrá la capacidad y la voluntad de asumirlo y gestionarlo con éxito. No dudamos de ello.

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ORIOL AMORÓS

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Inmigración y gobierno local.

Experiencias y retos.

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