La etapa de diagnóstico aporta una caracterización del rol de orientador del docente en dicho contexto, el cual se define como insuficiente por los propios informantes claves ya que los docentes no cuentan con las herramientas y habilidades para llevar a cabo un adecuado proceso de orientación escolar. No es menos cierto que el profesor frente al aula es un
orientador escolar por excelencia, pero existen dificultades en este proceso fuera de las aulas. En las observaciones realizadas a distintas actividades del centro (turnos de clases,
reuniones de padres, recreo, entre otras) se manifiestan deficiencias en el proceso, existiendo barreras en la comunicación entre docentes y estudiantes, y los propios docentes con los padres. Además, se aprecia que en el proceso de orientación a los padres existe un
inadecuado conocimiento de las problemáticas de los estudiantes y de cómo trabajarlas de manera conjunta resultando necesaria la preparación del docente en los temas referidos a la adolescencia y en el orden metodológico, a lo referido a las Escuelas de Educación Familiar ya que desde ella se prepara al padre en temas relacionados con la etapa del desarrollo por la que atraviesa el hijo, al afrontamiento de la situaciones que se puedan presentar en la relación padre-hijo, e incluso en el trabajo con la motivación del estudiante por la actividad
académica.
En las entrevistas se evidencia el desconocimiento por parte de los otros componentes del sistema de las funciones de orientador del docente: “el profe solo nos habla de la
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del centro considero que el maestro hace una excelente labor frente a las aulas, pero no fuera de ellas”, “en ocasiones nos hablan de sexualidad y de problemas de salud vigentes en el municipio”. Esto permite inferir que el docente realiza acciones relacionadas con la
orientación vocacional y la formación profesional, así como promueve salud en el centro aunque estas no ocurren de manera sistemática ni con la calidad requerida. Además, las opiniones de los padres concuerdan en que hay que fortalecer la proyección del docente fuera del aula y sobre todo como orientador escolar. Con respecto a la formación vocacional, los profesores guías debe implementar 3 turnos semanales en 7mo y 8vo; mientras que en 9no se llevan a cabo 3 turnos quincenales de forma concentrada, viéndose afectados por la deficiente incorporación de los organismos y la planificación de los programas de los círculos de
interés.
Los docentes no desempeñan el rol de orientador de acuerdo a sus capacidades y cualidades como profesores ni de la misma forma que ocurre frente a las aulas, la relación entre los estudiantes y estos puede mejorar en la medida que se preparen para el trabajo con las necesidades de padres y adolescentes, tomando en cuenta el punto de vista de cada parte. Es necesario destacar que existen procesos de orientación escolar que fluyen adecuadamente ya que el docente se prepara para realizar una acción de esta índole, logrando que los
estudiantes se involucren aunque esto ocurre de manera directiva y poco interactiva. Además, se observa que el docente no se remite constantemente a las preocupaciones y necesidades de los estudiantes, solo toman en cuenta las demandas puntuales que se vinculan con el contexto general del centro. De las tareas más importantes que debe realizar como orientador, apreciamos que no se motivan a la innovación en la práctica docente durante los procesos de mejora en el centro; en cuanto al rol de facilitadores para el cambio muchas veces manifiestan resistencia y temor ante este.
Para con los estudiantes existen deficiencias en la realización de diagnósticos detallados de la situación por la que atraviesan, dificultando la atención de determinados aspectos durante el diseño de cualquier cambio escolar.
La institución cuenta con una serie de necesidades, anteriormente expuestas, que pueden ser causadas por la no multidisciplinareidad en el trabajo del docente ya que no cuenta con el espacio y el tiempo para reunirse con el resto de profesionales y compartir sus habilidades y perspectivas para mejorar la práctica educativa en áreas tan trascendentales como son la
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planificación de la educación, la motivación académica, la evaluación, el descenso del fracaso escolar, la intervención con los estudiantes con necesidades educativas especiales y las cuestiones relativas a la diversidad del alumnado.
Otras características del rol de orientador se expresan durante las entrevistas con los miembros del consejo de padres, evidenciándose que no contribuyen adecuadamente al establecimiento de relaciones fluidas entre el hogar y la escuela por lo que no se facilita la conexión entre el centro y el entorno familiar. Además, no se logra una implicación con las familias en actividades de apoyo al aprendizaje y en la orientación de sus hijos, viéndose afectado el asesoramiento a los padres en aquellos aspectos que afecten a la educación de sus hijos.
Por otra parte, la revisión de documentos oficiales mostró que gran número de docentes se encuentran inmersos en procesos de superación profesional lo que hace de este un reto ya que deben ser capaces de encargarse de su formación, de la búsqueda de nuevas vías que permitan perfeccionar su labor educativa.
A modo de resumen se destaca la labor que desempeña el docente frente a las aulas donde es precursor de algunas acciones de orientación escolar, muchas veces estas ocurren si una planificación previa y sin tener en cuenta las necesidades de los estudiantes. No obstante, el docente como profesional en sí se encuentra en disposición a realizar cualquier proceso de preparación y superación que lo ayude a mejorar el desempeño de su rol de orientador ya que de él depende la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje y la formación integral del adolescente.
Resultados de la Etapa 2
3.3 Diseño del sistema de talleres de superación dirigidos a los docentes para el