• No results found

Explaining reasoning

4.2 EXPLAINABLE TASKS

4.2.2 Explaining reasoning

Los dos chicos habían estado sentados en tranquila consulta, con la cabeza inclinada sobre un pequeño trozo de papel, ya que Sanne les había pedido que proporcionaran sus detalles y una explicación de lo que habían estado haciendo en su viaje de campamento, pero se pusieron de pie cuando escucharon el repiqueteo distante de un helicóptero. La miraron al unísono, como buscando su permiso, y ella les devolvió la sonrisa, habiendo reconocido la brillante carrocería de color amarillo del Helimed. Ellos comenzaron a gritar y a correr alrededor de la bolsa de supervivencia, liberando su tensión reprimida agitando sus chaquetas con una sola mano, al igual que los aficionados en una grada de fútbol.

Ella sabía exactamente cómo se sentían. Su propio pulso se aceleró cuando el helicóptero giró en círculos por encima. No había esperado que la mujer lo lograra hasta este punto. Hace quince minutos, la respiración de la mujer había flaqueado, convirtiéndose en un severo entrecortado intermitente cuando la sangre le espumeó en sus labios, y con una sensación de profunda desesperanza Sanne le había inclinado la barbilla, preparándose para hacer la RCP (Reanimación cardiopulmonar). De alguna manera ese ligero ajuste había aliviado la crisis, sin embargo, y Sanne había estado congelada en la misma posición desde entonces, sosteniendo la cabeza de la mujer en su lugar, aterrorizada de moverse en caso de que hiciera algo peor.

Bajo sus manos, la mandíbula de la mujer se agitó mientras continuaba esforzándose y jadeando por aire, pero no había mostrado más signos de deterioro.

“Los médicos están aquí, y vamos a llevarte al hospital en pocos minutos,” Sanne dijo, muy consciente de los calambres en sus dedos y brazos y de cuanto le dolía la espalda. Se inclinó hacia delante, protegiendo a la mujer de la corriente de aire descendente del helicóptero. Cuando levantó la vista de nuevo, dos hombres cargados con el equipo estaban corriendo hacia ella. Por la forma en que redujeron la velocidad y se acercaron en una sola fila, era evidente que habían sido informados acerca de su paciente y la condición en la que había sido encontrada.

“Detective Jensen?” “Sí.” Ella no se movió.

Los parches en la ropa del hablante lo identificaron como un médico. Con mucho cuidado él apretó sus manos libres. “Ya puedes soltarlo,” dijo. “La tenemos.”

Ella se hizo a un lado pero se mantuvo cerca. Sin ninguna formación médica, no habría sido capaz de hacer mucho por la mujer, pero se sentía incómoda por entregarla a los desconocidos.

“Creo que cayó de las rocas,” dijo, mirando al médico y al paramédico desenredar el equipo de monitoreo y colocar un tanque de oxígeno. “Pero antes de eso ...” Ella sacudió la cabeza. “Antes de eso, no sé. Puedes ver que ya estaba herida. Alguien la había herido.“

Sus palabras eran tan simplistas como las de cualquier persona común, pero sabía que todos los detalles más finos vendrían tan pronto como consiguiera un lapicero y un papel delante de ella. Los médicos apenas la escuchaban de todos modos. El paramédico había descubierto a la mujer y estaba maldiciendo en voz baja en el daño que reveló. Él inclinó la cabeza por un segundo para recobrar la compostura y luego comenzó a pasar sus manos sobre y debajo de su cuerpo, revisando sus guantes a intervalos para lo que Sanne supuso que era sangre fresca. Su informe al médico fue conciso.

“Su fémur izquierdo es un desastre, pero no puedo ver nada más importante.” Manteniendo un ojo en los monitores, el médico estaba tendiendo un paquete de material estéril.

“Sus vías respiratorias están mal,” dijo. “Sats (Saturación de oxigeno en la sangre) son solamente de ochenta y ocho. Necesitará entubación antes de moverla. La pondremos inmovilizada, dame un acceso intravenoso, férula de Kendrick en su pierna, y correr con ella. Su momento crítico se fue hace mucho.“ El paramédico, ya ocupado con una vía intravenosa, murmuró su acuerdo. No por primera vez, Sanne deseaba que Meg estuviera allí para proporcionar una traducción, para explicar qué demonios el médico estaba inyectando en la vía y por qué se había detenido la respiración de la mujer.

“Mierda,” Sanne siseó. Cuando nadie más parecía reaccionar, ella se lanzó hacia adelante para intervenir, pero el paramédico la detuvo.

“Está bien, detective. La hemos anestesiado para que podamos respirar por ella.“ “Oh.” Sanne puso una mano en su pecho, dándose cuenta de que no estaba haciendo mucho respirando ella misma. “Podrías haberme advertido.”

“Sí, lo siento por eso.” Él sonrió irónicamente mientras aseguraba el tubo que el médico acababa de introducir en la garganta de la mujer. “Sus niveles de oxígeno están subiendo ahora. ¿Ves?"

En el monitor, la figura que él señaló gradualmente aumentó del ochenta y ocho al noventa y siete, y el pecho de la mujer subía y bajaba mientras el médico trabajaba la bolsa de respiración. Era extrañamente pacífico, pero misterioso al mismo tiempo. Sanne se había sentado con su madre y vio una máquina similar respirar por su papá una vez. Era lo más callado que alguna vez lo había visto. No podía gritarles con un tubo que salía de su boca. No había durado, sin embargo. Se había mejorado, el tubo había sido retirado, y lo habían dejado volver a casa. El día antes de que debía ser dado de alta, Sanne recordó, ella se

había escondido debajo de la cama y lloró hasta quedarse ronca—

“Detective, necesito que se ocupe por mí, aquí.”

Ella parpadeó ante la instrucción del médico, sacudiendo la cabeza cuando dedujo lo que le estaba pidiendo.

“No creo—”

Él levantó una mano para rechazar su protesta. “Apriete, suelte. Pausa. Luego repita. Ningún misterio. Venga."

Él no podía haberlo sabido, pero Sanne siempre había respondido bien a la autoridad. Tomó la bolsa de él, permitiéndole envolver sus manos alrededor de las suyas y demostrar el proceso.

"Bien. Sigue así.“

La dejó entonces, dándole la espalda para ayudar al paramédico con una férula de aspecto complicado. Con el golpeteo de sus latidos en sus oídos, Sanne hizo lo que le habían indicado, tratando de no sentirse abrumada por la responsabilidad tan casualmente asignada a ella. Podía sentir el oxígeno corriendo a través del tubo, y la lectura en el monitor permanecía tranquilizadoramente estable. La cara de la mujer ya no estaba tan lívida, un rosa pálido reemplazó el tinte azul de sus labios. Sanne contó silenciosamente, manteniéndose a un ritmo exacto. Todavía estaba contando cuando un destello de figuras vestidas de rojo apareció en el horizonte: un equipo de Mountain Rescue se acercaba a pie.

“Gracias por eso” dijo, incorporándolos en una ecuación que había estado luchando por resolver.

“Perfecto maldito momento oportuno.”

***

El Teléfono Privado sonó justo cuando Meg estaba mordiendo un bocado de pan tostado. Ella gimió, lavó el pan con un trago del primer té que había logrado tomar en horas, y sacó los pies de mesa de café de la sala de personal. A veces escuchaba ese teléfono en sus sueños. Tenía un tono inequívocamente estridente, que lo diferenciaba de la miríada de otros teléfonos en el departamento, y su trabajo consistía en enlazar A&E con el personal de ambulancias entrantes y Helimed. Rojo en espera (paros cardiacos, traumatismos importantes, las vías respiratorias inmanejables, o hemorragia catastrófica) y Ámbar en espera (pacientes que estaban mal pero que todavía no estaban al borde de la muerte) eran todos llamados a través, para preadvertir al personal del hospital. A menudo los equipos estaban a pocos minutos, y sus pacientes invariablemente iban directamente a Resus (*).

Probando su suerte, Meg se quedó donde estaba, inclinada hacia adelante con su taza apretada en su mano. Cuando no pasó nada, arriesgo otro sorbo de té, preguntándose si alguien había decidido que la llamada era el resultado de un protocolo de ambulancia excesivamente cautelosa, y que el paciente podría eludir Resus y ser visto en Majors.

“No pases a Ir.” Ella lamió la falsa mantequilla derretida de sus dedos. “No tomes una de mis camas.” Sus tenis acababan de golpear la mesa de nuevo cuando oyó el sonido de pasos que se aproximaban rápidamente. “Ah, mierda.”

La puerta de la sala de personal se abrió una grieta, y apareció una mano alrededor de ella, agitando una hoja de papel como una bandera de tregua. “No dispares al mensajero,” una voz dijo desde la seguridad del pasillo. Meg reconoció el fuerte acento West Riding de Liz, la enfermera del personal que actualmente trabaja con ella en Resus.

“ETA?,” Preguntó.

"Veinte. Está llegando vía Helimed.“ “¿Está muerto?”

Liz asomó la cabeza por la puerta. “No, pero suena desagradable.” Ella consultó el papel. “Mujer, de mediados a finales de los veinte años. Caída de rocas. GCS(*) tres. Posible base del cráneo. Fractura media del fémur.“

“Mierda.” Meg se levantó tan bruscamente que envió su pan tostado volando. “Aviso urgente a Neuro y Anestésicos, y consigue tantas manos como puedas cuando aterrice.”

Liz asintió. “Um, Meg?”

A medio camino hacia la puerta, Meg vaciló. "¿Qué?" “Tienes un poco de mantequilla en la barbilla.”

Meg se frotó la palma de la mano sobre su boca y sonrió, la perspectiva de un caso de tiempo crítico pateando su cansancio en el toque. Los genuinos traumas de vida o muerte eran una rareza, y cualquier doctor de A&E que afirmara no tener una emoción de ellos era un mentiroso.

"¿Como está eso?"

“Todavía un poco untado, pero lo harás.”

“Fabuloso. La Sra. Jones ha subido a Evaluación Quirúrgica?”

"Sí.La sala de trauma es toda tuya. Esa agradable F1 está ahí, arreglando las cosas.“

Se lanzaron alrededor de un anciano, que estaba fallando en dirigir una silla de ruedas que contenía a una mujer igualmente anciana a un cubículo del baño. “Es más fácil si sacas eso, amor,” Meg dijo. Él levantó la mano en reconocimiento y rodó la silla en la pared otra vez, lo que provocó una fuerte diatriba de su pasajera. Meg sólo captó el bombardeo inicial de ‘Eres un maldito inútil idiota,’ antes de doblar la esquina y la pelea se desvaneció.

“Oh, hola, Eds up,” dijo, viendo una figura familiar esperando fuera de la sala de trauma. Sólo conocía a Nelson Turay porque era compañero de Sanne, pero Sanne hablaba tanto de él que se sentía como un viejo amigo.

(*) Escala de Coma de Glasgow (Glasgow Coma Scale),facilita el diagnóstico en pacientes con lesiones cerebrales.

Al oír el apodo tradicional de su departamento, él se volvió y le dio un saludo

vigorizante."Dra.Fielding. Justo la persona con la que quería hablar.” A pesar de

la ligereza en su tono de voz, su expresión era seria. Un colega de él, un hombre al que no conocía, asintió cortésmente hacia ella.

Ella cerró la brecha entre ellos para evitar gritar al otro lado del pasillo. “Capturaste a alguien en el día libre de Sanne? Eso es mala suerte, amigo.“

“Uh, sí.” Nelson se recostó contra la pared. “San es la del tipo capturada por ello primero, sin embargo. Está en camino ahora con el helicóptero.“

Durante unos segundos, la lógica no se conectaría. Entonces Meg sintió que sus rodillas se debilitaban cuando su mente saltó a una conclusión. Su cara debió de haberla delatado, porque Nelson la agarró del brazo y la mantuvo erguida.

“Meg, no es Sanne,” dijo. “Ella está bien.”

“Ella está bien,” repitió, al darse cuenta poco a poco de que Sanne no era la ‘mujer, de mediados a finales de los veinte años, caída de rocas, GCS tres.’ Dio un paso fuera de su agarre. “¿Qué demonios está pasando, Nelson?”

“Dos chicos acampando debajo de Laddaw Ridge encontraron a una muchacha joven inconsciente en el fondo de las rocas. ¿Sabes a dónde me refiero?”

Ella asintió. Había estado allí de excursión con Sanne y sufriendo vértigo simplemente asomándose por el borde. “Sí, lo sé Laddaw. Jesús."

“Sanne estaba en la cresta y escuchó a los muchachos señalando por ayuda. Se las arregló para llamar y luego bajo hacia ellos.“

“Ella bajó? ¿Qué carajo estaba pensando? Voy a matarla cuando llegue aquí.“ Meg sólo recordó la necesidad de discreción cuando se dio cuenta de que estaba gritando. Dejó escapar un largo, tembloroso aliento. “¿Está realmente bien? ¿Has hablado con ella?”

Nelson le sonrió ante la transición sin problemas de la furia a la preocupación. “La jefa le habló brevemente, dijo que sonaba bien, pero ya conoces a Sanne.”

de sus ruedas. “Tengo que irme y estar lista para esta llamada entrando. Hazle a San un té cuando llegue, y vigilala, ¿quieres?”

"Por supuesto que lo haré."

"Gracias. Sin duda te estaré viendo por aquí, si estás en este caso.“

“No hay duda de eso.” Él la guió a una sección más apartada del pasillo y habló en un tono cauteloso. “Meg, esa chica — estaba atada y medio desnuda cuando esos chicos la encontraron. Nos enfrentamos a un secuestro, asalto, probablemente asesinato si no lo consigue.“

Ella lo miró fijamente. De la información en el modo de espera, había asumido que la persona lastimada fue víctima de una caída accidental o un intento de suicidio.

“Carajo,” dijo, el comportamiento de él repentinamente teniendo mucho más sentido. “Afuera en los páramos? ¿Pero quién? ¿Cómo?"

“Por el momento, no tenemos ni idea. Embolsa todo. Anota todo. Ella necesitará un kit de violación, y los agentes de Escena del Crimen estarán aquí para las fotografías en algún momento.“

Meg comprobó su reloj de bolsillo, su cuidadoso plan de acercamiento para su paciente entrante sumido en el caos. “Sabes el procedimiento, Nelson. Todo eso tiene que esperar hasta que ella esté lo suficientemente estable, y eso probablemente será desición de Neuro, no mía.“

“Simplemente no quiero que nada se pierda.”

Era un pie más alto que ella. Inclinó la cabeza y le sostuvo la mirada. “Te lo prometo, amigo, no perderemos absolutamente nada.”

***

Cuando el helicóptero ganó altura, Sanne agarró el brazo de su asiento. A través de la ventana, podía ver las manchas indistintas de rojo que marcaban las posiciones del equipo de Mountain Rescue. Si a sus miembros le había resultado extraño encontrarse con una detective sudorosa, cubierta de sangre, barro, en ropa deportiva, ninguno de ellos lo había mencionado, y habían escuchado atentamente sus instrucciones. A petición suya, se habían extendido, la mitad en

la cresta, la mitad en la parte inferior del páramo donde la mujer había sido encontrada.

Hasta que llegara la policía, impedirían que alguien se acercara al perímetro que ella había establecido. Había dejado a los dos muchachos comiendo sándwiches del líder del equipo, y él había prometido verlos entregados con seguridad al cuidado de sus colegas de EDSOP.

Sanne nunca había volado antes, pero el viaje improvisado en el helicóptero no fue la única causa de su nerviosismo. Dejar la escena y viajar con la mujer había sido su propia decisión, y aunque podría haberle pedido al piloto que la dejara hablar con EDSOP primero, había decidido no hacerlo. Eventualmente, ella tendría que explicar sus acciones a Eleanor Stanhope, no es algo que alguna vez disfrutó.

El helicóptero se ladeó a la izquierda, rompiendo su línea de pensamiento y haciéndola perder de vista Laddaw Ridge. A esta distancia, las colinas se desdibujaron en una masa amorfa de verde y marrón oscuro, roto por el sendero ocasional donde ovejas o excursionistas se habían aventurado, mientras que los destellos de luz solar marcaban los coches serpenteando a lo largo de Snake Pass hacia Sheffield. Sanne miró su reloj, calculando su propio ETA hacia Sheffield Royal: aproximadamente diecinueve minutos. Según el piloto, aterrizarían en el perímetro del hospital y cubrirían la corta distancia final en ambulancia.

Uno de los miembros del equipo de Mountain Rescue le había prestado a Sanne su chaqueta, y jaló de ella más cerca a su alrededor, contenta de su calidez y por el hecho de que podría ocultar su brazo herido de Meg. La piel rasgada ardía furiosamente mientras la tela se frotaba contra ella, pero podía hacer frente a eso. De los mensajes que habían intercambiado más temprano esa mañana, sabía que Meg estaba trabajando en Resus ese día y tendría suficiente con que lidiar sin tener que preocuparse por ella.

Sanne se apartó de la ventana para estudiar a la mujer que yacía inconsciente en la estrecha camilla. El respirador y el monitor quedaron ahogados por el ruido del helicóptero, por lo que Sanne tuvo que tomar sus señales del lenguaje corporal de los médicos. La tensión era evidente en ambas caras. Cuando ella tocó al médico en su hombro y simuló escribir, él le entregó un portapapeles de repuesto y un historial de observación antes de decirle algo a su colega, quien apresuradamente extrajo un medicamento claro en una jeringa y lo inyectó en una de las vías intravenosas. Ella asintió su agradecimiento, a pesar de que el

su lado en blanco. Deseosa de mantenerse ocupada, ella comenzó a señalar con viñetas la información que necesitaría para su informe preliminar.