4.A LOCAL AND GLOBAL MODELLING IMPROVEMENTS
4) Explanatory insightfulness
Ya se han comentado arriba los factores religiosos que intervienen en la política de los Reyes Católicos. Pues bien, para Isabel I ese brazo de la fe debía ir acompañado de otro, el del saber, para conseguir el mejor gobierno posible. La conjunción de fe y saber se convierte en el cauce idóneo para obtener la perfección en la práctica del poder44. Lógicamente, no hay razón
43
Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, ed. de Miguel Ángel Granada [1981], Madrid, Alianza, 1986, cap. XXI, p. 108.
44 M. Á. Ladero Quesada,
que lleve a imaginar que Fernando de Aragón pensase de forma diferente, sobre todo teniendo en cuenta el bagaje cultural que tendría acumulado por las especiales relaciones históricas entre la Corona de Aragón e Italia. Además, existe otra circunstancia que no hace sino apoyar esta idea:
Estamos en el Renacimiento y por toda Europa se extiende el afán de conocer. Importa saber qué hacen los otros e intervenir activamente en los centros en los que se toman decisiones de carácter general45.
Ese intercambio cultural, aunque bastante temprano, se concreta de una forma fehaciente en el reinado de Juan I (1387-1396) y tiene dos puntos de origen: por un lado, la influencia de autores italianos gracias a traducciones de Boccaccio (siglos XIV y XV) y de Dante
(traducido al catalán en 1425) y, por otra parte, el contacto con los intelectuales bizantinos, sobre todo por su presencia en Aviñón, Roma o Rodas, en donde el maestre de la orden, Juan Fernández de Heredia traduce a Plutarco y a Tucídides ya hacia 137046. Este marco de relaciones sirve de apoyo y punto de arranque a varias generaciones de humanistas del ámbito de la Corona de Aragón. Algunos autores destacados son Francesc Vidal de Noia, el cual realizó las funciones de preceptor del rey Fernando en su juventud47; Pere Miquel Carbonell (1434-1517), con obras como De viris illustribus catalanis o Chroniques de Hespanya; Joan
Roiç de Corella o Francesc Alegre. Se generalizan las traducciones, tanto de humanistas italianos como de autores de la Antigüedad clásica: Dante, Petrarca, Boccaccio, Alberti, Bruni, Ovidio, Virgilio, Lucano, Cicerón, Séneca, Valerio Máximo, Flavio Josefo, Quinto Curcio, Salustio, Tito Livio, Palladio48…
En Castilla, los contactos con Italia son algo más tardíos y a través de la Corona de Aragón, si bien hay que resaltar la fundación en 1367 del Colegio de San Clemente de los españoles por el cardenal Juan Gil de Albornoz en la Universidad de Bolonia, en donde se estudiaba Derecho y Letras Clásicas. Pero antes hay que tener en cuenta algunos
45 Ángel Rodríguez Sánchez, José Luis Martín,
Historia de España: la España de los Reyes Católicos, vol. 5,
Madrid, Espasa-Calpe, 2004, p. 683. En este sentido, «a Fernando el Católico ha de reconocérsele el ser uno de los primeros príncipes que estableció legaciones diplomáticas permanentes en las principales cortes europeas» (p. 683): Papado (1485), Inglaterra (1487), Portugal (1490), Imperio (1493), Francia (1499).
46 «La lengua origen por excelencia durante todo el siglo
XIV fue el latín, del que en toda la Península se tradujo
abundantísimamente, y mucho más aún al catalán y al valenciano que al castellano. Es más que evidente que la ‘oleada’ prehumanística que llagaba de tierras ultrapirenaicas encontró una primera y calurosa acogida en lengua catalana/valenciana», Julio-César Santoyo, La traducción medieval en la Península Ibérica (siglos III-XV), León, Universidad, 2009, p. 254. Véanse además pp. 254-261; 418 y 448.
47
Á. Rodríguez Sánchez, J. L. Martín, ob. cit., p. 600.
48
M. Á. Ladero Quesada, ob. cit., pp. 346-347. Véase también A. D. Deyermond, Historia de la literatura española 1: La Edad Media [1971], Barcelona, Ariel, 1994, pp. 264-265 y J. C. Santoyo, ob. cit., pp. 421-431.
acontecimientos que determinan el devenir político –y también cultural– de la Corona de Castilla en el siglo XIV:
El establecimiento de la curia pontificia en Aviñón (1309); el cambio dinástico, con el advenimiento de la Casa de Trastámara (1369); y, como telón de fondo, la Guerra de los Cien Años (1336-1453), que condiciona las relaciones con Francia, Inglaterra y Portugal49.
De esta manera, la segunda mitad del siglo presenta un marco de referencias modificado respecto del propio de la primera mitad:
Enrique II había conseguido imponerse a la fuerza y dorrocar al rey legítimo tras la victoria de Montiel (1369) gracias a la ayuda francesa y más en concreto de las tropas encabezadas por Du Guesclin. La relación con Francia se reforzará aún más en todos los sentidos, mientras que crece el distanciamiento con Portugal.
Por otra parte, las alianzas matrimoniales de los Trastámara tuvieron como consecuencia unas estrechas relaciones –no siempre amistosas– con Portugal y con Aragón, cuyos resultados más evidentes se apreciarán en el siglo XV, a partir del reinado de Juan II50.
Aun así, los intercambios culturales son posibles:
En este ambiente de agitación y violencia las ocasiones de contacto con intelectuales de otros reinos son frecuentes a través de las embajadas: Aviñón, Borgoña, Gante, Francia… Y a pesar de que hay poco lugar para la Literatura […] no faltan escritores y, naturalmente, traductores: en algunos ambas actividades van unidas, como es el caso de […] Don Juan Manuel o del Canciller Don Pero López de Ayala, mientras que en otras ocasiones las noticias sobre los responsables del trasvase lingüístico escasean51.
Sin embargo, no es hasta el reinado de Juan II (1406-1454) cuando empieza a asentarse, de una manera tal vez superficial, el ideal humanista, proceso que no podrá completarse por razones esencialmente políticas52. Tres autores destacan en esta época. El primero de ellos es
49
Carlos Alvar, Traducciones y traductores. Materiales para una historia de la traducción en Castilla durante la Edad Media, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 2010, p. 179.
50
Ibídem, p. 181.
51
Ibídem.
52
M. Á. Ladero Quesada, ob. cit., p. 347. M.ª Rosa Lida de Malkiel sitúa en la mitad del siglo XV el inicio de la aparición de las estructuras renacentistas: «En Castilla es Juan de Mena el poeta más representativo del tránsito de Edad Media a Renacimiento», en La tradición clásica en España, Barcelona, Ariel, 1975, p. 132. Como bien
indica F. Gómez Redondo (cfr. nota 272 en § 3.1), el reinado de Juan II impide cualquier desarrollo del Humanismo, no por razones culturales –el abono era perfecto–, sino por motivos políticos –el enfrentamiento con los infantes de Aragón–. Sin embargo, indica también, existen autores –aristócratas, prelados– que sí poseen cierta conciencia humanística, entre los que destaca Íñigo López de Mendoza (véase Fernando Gómez Redondo,
Historia de la prosa medieval castellana, III: Los orígenes del humanismo. El marco cultural de Enrique III y Juan II, Madrid, Cátedra, 2002, pp. 2516-2547). Por estas razones el proceso de asentamiento y estabilización del Humanismo en España será largo y complicado, de modo que se extenderá, al menos, hasta finales de la centuria.
Íñigo López de Mendoza, no por su conocimiento del latín, que era escaso53, sino por su sumo interés en la incorporación de las nuevas ideas italianas que le llevan a componer unos sonetos «fechos al itálico modo»54. Sus obras y su copiosa biblioteca55, con títulos en latín y traducciones son buena prueba de ello y fomentan el interés por las letras latinas56. Puede decirse que el Marqués de Santillana es el primer gran puente entre Italia y Castilla, sobre todo si se tiene en cuenta que pasó parte de su juventud en la corte aragonesa de Alfonso V el Magnánimo y que mantuvo correspondencia epistolar con humanistas italianos como Angelo y Pier Candido Decembrio o Tommaso Morroni da Rieti57. De Juan de Mena no se conocen demasiados datos biográficos, pero destaca el hecho de que pasó algunos años en Italia en la corte del papa Eugenio IV (en la Curia vaticana y en Florencia, durante el Concilio iniciado en Basilea en 1431)58. Esta estancia italiana debió de reportarle un acercamiento a las ideas humanistas que, posteriormente, pondría en juego en sus obras, de tal forma que sus composiciones se convertirían en transmisores de ese nuevo universo cultural. Tan solo con unos brevísimos apuntes sobre el Laberinto de Fortuna puede apreciarse un lenguaje lleno de
cultismos y con numerosas referencias a la mitología clásica (invocación a las musas y a Apolo; cada círculo está dedicado a una divinidad…)59; además, parecen haber influido obras tanto
Aubrey F. G. Bell opina: «Después del preparatorio siglo XV, durante el cual la influencia italiana se dejó sentir de lleno en España, vino la época del desenvolvimiento y ansias de saber, de imitación, formas externas, arte puro, desde el descubrimiento de América en 1492 al retorno de la “Victoria” a Sevilla en 1522; fue la edad de La Celestina, de Lebrija, de Garcilaso…», Aubrey F. G. Bell, El Renacimiento español, Málaga, Universidad de Málaga, 2004, pp. 24-25.
53 Véase Marqués de Santillana,
Comedieta de Ponça / Sonetos, ed. de Maxim P. A. M. Kerkhof, Madrid, Cátedra,
1986, p. 15.
54
De hecho parece que el italiano, y también el francés, sí eran dominados por don Íñigo (ibídem, p. 16).
55
Véase, A. D. Deyermond, ob. cit., pp. 323-330.
56 Para profundizar en el tema de los promotores y los destinatarios véase C. Alvar,
ob. cit., pp. 279-280 y 284- 289.
57
Á. Gómez Moreno, ob. cit., 1994, pp. 67-80.
58 Juan de Mena,
Obras completas, ed. de Miguel Ángel Pérez Priego, Barcelona, Planeta, 1989, p. X. «Documentos de los archivos publicados por el padre Beltrán de Heredia testimonian que antes de febrero de 1442 se hallaba en Florencia, donde, bajo la protección del cardenal Juan de Torquemada, que participa en el Concilio que se celebra allí por aquellas fechas, solicita beneficios eclesiásticos ante la corte papal […]. En agosto de 1443 Mena regresa a España», Maxim P. A. M. Kerkhof (ed.), en Juan de Mena, Laberinto de Fortuna, Madrid, Castalia, 1997.
59 Estos datos no deben tomarse sin consideraciones más profundas. Si Juan de Mena llega a ser un poeta
renacentista o prerrenacentista no es debido a la utilización de estos elementos, sino al modo en que son integrados en sus obras. Así lo afirma M.ª Rosa Lida de Malkiel: «Lo cierto es que no puede darse como novedad renacentista la constante referencia a los personajes mitológicos e históricos de la Antigüedad (Laberinto, 64 Penélope, 142 Dédalo, 191 Esceva, 194 Curión, 197 Palante, 222 Augusto, 227 Amiclas, 233 Néstor, 260 Labieno; Coronación, 6 a 9 personajes mitológicos). El concebir la Antigüedad como una galería de ejemplos para imitar o para evitar no es típicamente renacentista: al contrario, en esa concepción el Renacimiento es el que introduce perspectiva histórica y desinteresada apreciación estética. La enumeración ejemplar […] es hija de la retórica medieval, no de la poesía antigua, cuyas enumeraciones (las nereidas de la Ilíada, de las Geórgicas y de la Eneida, la jauría de Acteón en las Metamorfosis) ostentan una clara intención decorativa y musical. Lo peculiar de Mena, prerrenacentista, es que junto a la alusión y enumeración ejemplares, típicas del didactismo medieval, introduce sistemáticamente la alusión mitológica con sentido ornamental que antes se halla sólo esporádicamente.
clásicas (Eneida, Metamorfosis, Ars amatoria…) como de autores considerados precursores del
humanismo (Divina comedia)60. También es digno de reseñar Pedro Díaz de Toledo, sobre
todo, por sus traducciones de Platón y de Séneca61. Evidentemente, todavía quedaba mucho camino para que el humanismo quedase insertado de una manera definitiva en la vida cultural de los reinos españoles, pero solo era cuestión de tiempo62.
Otras vías por las que el humanismo fue incorporándose al universo cultural hispánico fueron los contactos en diferentes concilios eclesiásticos (Constanza, Basilea, Ferrara- Florencia) a cargo del cardenal Juan de Torquemada, Juan de Segovia, Alfonso Fernández de Madrigal y, por encima de todos, Alfonso de Cartagena. Este latinista fue obispo de Burgos y llegó a convertirse en el principal introductor del humanismo en Castilla con obras como
Anacephaleosis Hispaniae, el Doctrinal de caballeros o la traducción de las Vidas paralelas de
Dos de sus aspectos más frecuentes son la invocación a las deidades (Laberinto, 2 h, 6 b Apolo, 3 a Calíope, 6 f las musas, 141 a Marte, 141 e Palas) y la hora mitológica (Laberinto, 286, Claro escuro, 1, “El hijo muy claro de Hyperión…”, “La lumbre se recogía…”, Coronación, 1, 2, 25). […] para Alfonso el Sabio los poetas latinos
constituyen un texto informativo, ni más ni menos que el Canon chronicus de Eusebio y Jerónimo, la Historia de
Orosio y las Etimologías de San Isidoro. Solo con el Renacimiento (y no de golpe, por cierto) se irá deslindando el valor que accidentalmente pueda tener Ovidio para el historiador, del que esencialmente tiene para el poeta. Pues bien: las dos actitudes –la didáctica, utilitaria, propia de la Edad Media, y la desinteresada, estética, propia de la Edad Moderna– están atestiguadas en los escritos de Mena, bien que la moderna predomina sobre la medieval», M. ª Rosa Lida de Malkiel, Juan de Mena, poeta del prerrenacimiento español, México, Fondo de Cultura Económica, 1950, pp. 529-532. Véanse también las páginas 533 y 534.
60 M. Á. Pérez Priego,
ed. cit., pp. XXI-XXII.
61 Véase, F. Gómez Redondo,
ob. cit., 2002, pp. 2548-2581. Así pues, dentro de ese ambiente protohumanístico,
las traducciones del latín son muy abundantes, pero también «en el siglo XV son frecuentes las traducciones directas de otras lenguas románicas al castellano, incluso tratándose de lenguas muy cercanas, lo que viene a probar que solo unos pocos podían comprender las obras escritas en otras lenguas vulgares», C. Alvar, ob. cit., p.
243. El problema de las traducciones es un reflejo de que el sistema humanista no acaba de asentarse del todo: «Mucho más frecuentes que las traducciones directas son las que utilizan una lengua –al menos– intermedia entre el original y el texto de llegada» (ibídem, p. 245); así, para traducir del griego se acude al latín o al italiano; para el inglés y el francés, el portugués; incluso el latín en ocasiones pasa por el filtro del francés, del italiano, del catalán o del aragonés (ibídem, pp. 245-248).
62
Al respecto de estos autores hay que tener en cuenta la opinión de Domingo Ynduráin: «Los saberes y construcciones de un Mena, lo mismo que otras exhibiciones latinizantes, no son prerrenacentistas ni pararrenacentistas: por ese camino nunca se hubiera desembocado en el Renacimiento tal y como se produjo; hay que tomar la dirección opuesta para llegar. Es la ruptura, no la continuación del pasado lo que caracteriza la nueva actitud intelectual que se desembaraza de servidumbres formales. Se plantean entonces dos actitudes paralelas: una, la recuperación directa de los clásicos, inevitablemente teñida de nostalgia; otra, la creación de obras modernas equiparables a las antiguas, imitatio cargada de orgullo y reverencia», Domingo Ynduráin, Estudios sobre Renacimiento y Barroco, Madrid, Cátedra, 2006, pp. 82-83. A pesar de que, al menos en parte, esto sea
cierto, no puede negarse de una manera tan estricta la aportación de los autores citados al cambio de mentalidad. Es verdad que su pensamiento está modelado aún por una mentalidad medieval en su mayor parte; sin embargo, no es menos cierto que su actividad sirve de mantillo para que surjan posteriormente las nuevas mentalidades. Al fin y al cabo, su formación y sus preocupaciones intelectuales se apartan en buena medida de ese paradigma eminentemente medieval. Así lo afirma M. ª Rosa Lida de Malkiel: «Mena se nos aparece más moderno que sus discípulos, ya que la figuración mitológica, heredada ininterrumpidamente de la Antigüedad, es por su valor decorativo un ornamento favorito del hombre moderno, en tanto que el cúmulo de noticias incrustadas en una composición artística es reflejo típico del didactismo medieval», ob. cit., 1975, p. 138. Por su parte Santillana
prefiere «la acumulación de alusiones eruditas a las imágenes mitológicas mismas» (M. ª R. Lida de Malkiel, ob. cit., 1975, p. 134), lo que le hace estar, todavía, más cerca del modo de composición medieval; sin embargo, la aportación de don Íñigo al fortalecimiento de las nuevas corrientes no es nada desdeñable.
Plutarco. La generación siguiente, en la que puede incluirse a Rodrigo Sánchez de Arévalo (autor del Speculum vitae humanae y del Vergel de príncipes, como ya se mencionó arriba), ya
conocerá el mundo de los humanistas florentinos de una forma directa; en ella destacan el historiador Alfonso de Palencia63 con su Vocabulista o Universal vocabulario (1490) y
Nebrija64. Además, todos estos autores mantenían relaciones, más o menos constantes, con importantes humanistas italianos. Así, Alfonso de Cartagena estaba en contacto con Leonardo Bruni, Poggio Bracciolini, Francesco Pizolpasso, Eneas Silvio Piccolomini (el Papa Pío II) o Pier Candido Decembrio; Rodrigo Sánchez de Arévalo, con los papas Pío II y Pablo II, Pomponio Leto, Bessarion o Nicolás de Cusa; o Alfonso de Palencia, con Jorge de Trebisonda o Bessarion65.
Otro hecho que contribuyó de manera decisiva al trasvase de ideas fue la conquista del reino de Granada. La entrada en el último bastión musulmán de la Península por parte de los Reyes Católicos significó la tan ansiada unidad religiosa, pero además supuso un acontecimiento que levantó una enorme expectación en la corte papal e hizo que los Reyes Católicos adquirieran gran prestigio en Italia. Esto contribuyó a que varios humanistas italianos se inspiraran en tal evento y en otros posteriores –como la recuperación del rey Fernando del atentado de Barcelona– para componer panegíricos y otro tipo de obras en torno a la figura de los Reyes. Destacan autores como Carlo Verardi y su sobrino Marcelino Verardi, Jacopo Sannazaro, Ugolino Verino, Juan Bautista Spagnoli el Mantuano y, en especial, por su relación con la Corona española, Antonio Geraldini, Lucio Marineo Sículo, Pedro Mártir de Anglería o Pedro Santerano66.
La importancia que los Reyes Católicos daban al saber aparece perfectamente expresada en el ámbito de la corte67. Ya se ha citado anteriormente de dónde procede la formación de Fernando; Isabel, por su parte, aprende latín con la conocida Beatriz Galindo, la Latina68; asimismo, ambos reyes acuden a humanistas italianos para la formación del príncipe y de las
63
John Monfasani, ob. cit., pp. XIII, 223-238.
64
M. Á. Ladero Quesada, ob. cit., p. 347-348; A. D. Deyermond, ob. cit., pp. 265-271. Para profundizar en el tema de las traducciones de autores clásicos y humanistas, véase también J. C. Santoyo, ob. cit., pp. 321-335; 342- 376; 377-398; 409-411; 416-417; 419-421; 482-485.
65
Á. Gómez Moreno, ob. cit., 1994, pp. 67-80.
66
Devid Paolini, «Los Reyes Católicos e Italia: los humanistas italianos y su relación con España», en Nicasio Salvador Miguel y Cristina Moya García (eds.), La literatura en la época de los Reyes Católicos, Madrid, Iberoamericana y Frankfurt am Main, Vervuert, 2008, pp. 189-205.
67
Y no solo en la corte. Ese entusiasmo por el saber se convirtió en un acontecimiento social de grandes proporciones; véase A. F. G. Bell, ob. cit., pp. 84-90.
68 Á. Rodríguez Sánchez y J. L. Martín,
infantas, como los hermanos Geraldino69 –al servicio de Fernando desde 1469–, Pedro Mártir de Anglería –pedagogo milanés traído por el Conde de Tendilla y que participó en la embajada al Soldán de Babilonia, a Egipto en 1500– o Lucio Marineo Sículo, siciliano al servicio del almirante Fadrique Enríquez70. Estas actuaciones permiten a los Reyes Católicos convertirse, junto al cardenal Cisneros71, en los grandes protectores del humanismo hispano:
Los humanistas tenían la firme convicción de que tanto el saber como la elocuencia, tanto el contenido como la forma de los textos, dependían del estudio e imitación de los autores griegos y latinos antiguos. Y a la inversa, la profunda aspiración al saber y a la elocuencia, junto con la convicción de que ambos pueden aprenderse con el máximo provecho de los antiguos, daba a los estudios clásicos una relevancia que probablemente no han tenido nunca más, ni antes ni después72.
En correspondencia con todo este interés, los Reyes Católicos auspiciaron el desarrollo de las ideas humanistas73, en Castilla y en Aragón, a través de dos vehículos esencialmente: la imprenta y la universidad74. La llegada de la imprenta a la Península Ibérica se produce hacia 1474 –justamente el año en el que Isabel es coronada como reina de Castilla– y, como dice Sola Castaño, «no es extraño que […] entrara en Valencia75», dado que, como se ha comentado más