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4.5 Variable Definition and Statistical Methodology

4.5.4 Explanatory Variables

derechos, demandas, sentimientos y proyecciones reales que debe tener nuestra cultura en la vida de nuestro país”. Esto significaba que no bastaba con que la organización es- tuviera conformada por mayas sino era necesario incluirse en las luchas de los pueblos indígenas. Más allá de la simple participación168 se buscaba modificar la perspectiva 168 CUC; comunicado público, 1990.

Simona V. Yagenova Erick García de la lucha al vincular las luchas de clase con la cuestión étnica. Esta variación en la concepción organizativa del CUC, le permitió actualizarse ante el contexto de lucha de los pueblos indígenas de Latinoamérica.

Otro aspecto de singular importancia durante este periodo fue la construc- ción de alianzas con otras organizaciones campesinas, dando pautas a la conformación, en el año 1992, de la CNOC:

Para mediados de los años ochenta, junto a otras organizaciones volvimos a abrir el cami- no de la organización popular, reactivando la organización campesina en fincas, caseríos y aldeas, lo que más adelante nos permitió coordinarnos con otras organizaciones campesi- nas y constituir la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas –CNOC–. Con el inicio del diálogo entre el gobierno y la URNG hicimos nuestro aporte planteando la democratización de la propiedad, uso y tenencia de la tierra. Dentro de CNOC desarrolla- mos diversas propuestas y dimos nuestro aporte en el tema de Desarrollo Rural, Reforma Agraria y Soberanía Alimentaria, entre otros.169

La siguiente etapa que podría situarse entre 1996 al 2005, está profunda- mente marcado por el contexto del proceso de paz y los esfuerzos para que el Estado cumpliera con los compromisos adquiridos en materia de la problemática agraria, res- peto a los derechos humanos, derechos de los pueblos indígenas, entre otros. El CUC participó en el II Congreso Nacional de la CNOC,170 que tuvo lugar en julio de 1998,

congreso que según Byron Garoz:171

La organización de dicho Congreso inició prácticamente después de la firma de los Acuer- dos de Paz. El movimiento campesino guatemalteco había sido uno de los más golpeados por las fuerzas represivas del Estado y además salió fragmentado de dicho enfrentamiento. Se buscaba unificar al movimiento y para esto se trazaron tres objetivos a impulsar en el Congreso: Colocar el tema agrario como prioridad uno en la agenda nacional; fortalecer la unidad del movimiento campesino; actualizar la plataforma de trabajo y recoger insumos para la elaboración de una estrategia de lucha campesina, focalizando en el tema de la tierra y del desarrollo rural.172 Los cuatro temas centrales trabajados fueron: La situación de la tierra en Guatemala; Acuerdos de Paz y desarrollo rural; espacios de negociación en los Acuerdos de Paz y modelo de organización campesina en el nuevo contexto nacional.

169 CUC, Historia del CUC, www.cuc.org.gt

170 El II Congreso Nacional Campesino fue organizado por la CNOC en julio de 1998. Para ese momento la CNOC estaba conformada por: CUC, CONIC, CONAMPRO, Consejo Campesino Kabawil (CCK), Consejo Nacional de Desplazados de Guatemala (CONDEG), Pastoral Campesina de Solidaridad y Servicios (PCSS), Coordina- dora de Comunidades Indígenas para la Educación por la Paz (COICAPEP), Asociación de Comités de Desarro- llo Campesino (CODECA) y Sociedad Civil para el Desarrollo de Colomba (SCIDECO).

171 Yagenova, Simona Violeta (coord.), B. Garoz, Jeannette Ascensio, Máximo Bal. Los movimientos sociales frente al Estado, la democracia y los partidos políticos, Área de movimientos sociales, FLACSO-Guatemala, 2009. 172 CNOC; II Congreso Nacional Campesino, Memoria, versión impresa, abril de 1999.

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El mismo autor plantea que fue a partir de este Congreso que las orga- nizaciones campesinas construyeron una importante unidad de acción y movilización que permitió visibilizar y colocar sus demandas en la agenda nacional.

A partir del II Congreso las organizaciones campesinas logran colocar la problemática del desarrollo rural como un punto prioritario en la agenda nacional. La estrategia de movili- zación y presión a nivel nacional e internacional fue sostenida. El 10 de octubre de 2000 se lleva a cabo la Gran Movilización Campesina, debido “al incumplimiento casi absoluto de los Acuerdos de Paz, el mal funcionamiento de la institucionalidad agraria –MAGA, FONTIERRAS y CONTIERRA– y la corrupción gubernamental”. Más de 40 mil campe- sinos y campesinas bloquearon las principales carreteras del país y los accesos a la ciudad de Guatemala. Las movilizaciones y acciones de presión se mantuvieron durante los años 2001 y 2002, incluyendo bloqueos, marchas y recuperación de fincas en las Verapaces, Quiché y Escuintla.173

La paulatina pérdida de confianza en que se fueran a cumplir los Acuerdos de Paz, dado su escaso cumplimiento combinado con la ratificación del RD-CAFTA (2005), la creciente presencia de las empresas transnacionales en el país interesadas en la explotación de los recursos naturales y el resurgir de una política de represión selec- tiva, ahora nombrada “criminalización de la protesta”, contribuyeron en su conjunto a que desde el CUC se reconociera un cambio de época –una nueva ofensiva del capital en contra de las comunidades indígenas y campesinas– que le llevaría a plantear la necesidad de una readecuación estratégica a partir del año 2005.

Ahora, a partir del año 2005, hemos venido planteando que se ha dado un cambio funda- mental en el contexto nacional, a partir de que los nuevos y viejos ricos sólo han usado los Acuerdos de Paz como discurso, mientras impulsan una agenda de tratados comerciales y entrega de las riquezas de la Madre Naturaleza a las empresas nacionales y extranjeras; eso nos obliga a que las organizaciones populares y sociales revisemos nuestra estrategia y la adecuemos a las nuevas condiciones. Ahora hemos planteado y seguiremos plantean- do que nuestras comunidades y territorios se ven amenazadas con la explotación minera y petrolera, la construcción de megaproyectos y proyectos turísticos, la expansión de los monocultivos como la caña de azúcar o la palma africana y la apropiación de las rique- zas naturales, que por generaciones hemos cuidado. Estas empresas están desarrollando un nuevo despojo organizado y ejecutado por terratenientes y empresarios nacionales y transnacionales, con la complicidad de funcionarios gubernamentales.174

En el plan estratégico del CUC que cubre el periodo de 2005 a 2009, se reafirma la consigna histórica de esta organización campesina, reivindicando su lucha “por arrancar de raíz la injusticia y el sistema opresor y excluyente, y se plantea, ya frente a este nuevo contexto socio-económico, la lucha frontal contra la sobreexplota- ción impulsada y generada por los países desarrollados a través de los tratados de libre comercio, áreas de libre comercio Plan Puebla Panamá.”

173 Comité de Unidad Campesina, CUC, Historia del CUC, www.cuc.org.gt 174 Comité de Unidad Campesina, CUC, Historia del CUC, www.cuc.org.gt

Simona V. Yagenova Erick García El CUC visualiza nuevas líneas de acción, como impulsar un modelo alternativo en la producción, intercambio, distribución y consumo con principios de soberanía alimentaria, equilibrio ecológico, equidad de género; lo anterior aunado a servicios básicos e infraestructura para el desarrollo comunitario, que logre condicio- nes de vida digna de las comunidades y que confronte el actual modelo de agroexpor- tación de materia prima agrícola. Cobra relevancia a su vez, el objetivo de contribuir a la construcción y reconocimiento de una nación multiétnica, multilingüe y pluricul- tural a través de la incorporación de la cosmovisión de los pueblos indígenas en el ejercicio de los derechos económicos, políticos y sociales; propiciar y generar solida- ridad hacia quienes luchan en contra de la globalización neoliberal, especialmente los campesinos(as) del mundo.

La declaración final de la Asamblea General del CUC realizada en mayo del 2007,175 permite identificar nuevas valoraciones sobre el contexto nacional, mar-

cado por un lectura crítica frente al modelo de dominación capitalista, el impacto que se deriva para las comunidades campesinas-indígenas así como los retos que éstas enfrentan para su luchas. Ratificando lo constatado de que se asiste a un nuevo ciclo de despojo similar al ocurrido durante la Reforma Liberal del 1871 con la introducción del café en el país, se identifican la explotación minera, petrolera, las hidroeléctricas, la ampliación de la siembra de caña y palma africana y lo que consideran como un “grave el peligro hacia nuestro sagrado maíz, ante la intención de Estados Unidos de producir combustible del etanol, a partir del maíz y la caña de azúcar priorizando los vehículos, por encima de los seres humanos.” Este nuevo despojo, afirman, está dirigi- do hacia territorios de los pueblos indígenas y amenaza “los cerros sagrados, la riqueza de nuestros bosques y agua, y demás elementos de la naturaleza de nuestros pueblos.”

Dentro de este contexto, el CUC constata cambios en la institucionali- dad estatal encaminados a favorecer al capital nacional/transnacional y advierte de un nuevo ciclo de violencia, remilitarización y criminalización de las fuerzas sociales, encaminados a reproducir un modelo que se sustenta en la explotación de la mano de obra de las comunidades campesinas e indígenas y para el cual la economía campesina tradicional se ha convertido en un obstáculo para el modelo de acumulación actual.

Aún en este marco, se valoran avances en las luchas de las comunidades indígenas-campesinas reajustados para enfrentar este nuevo despojo:

Sin embargo, también vemos que ante estas amenazas, las comunidades indígenas y cam- pesinas se levantan y recuperan o desarrollan formas de lucha para resistir y enfrentar las amenazas. Las consultas populares que los tribunales de los ricos, los tribunales na- cionales, no quieren reconocer, las ocupaciones de tierras o la defensa del territorio por medio del enfrentamiento directo con las fuerzas represivas, para evitar la imposición de

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las empresas mineras y petroleras, son parte de las formas de lucha que nuestros pueblos están desarrollando.

Dentro de este nuevo marco, el CUC plantea que es necesario recuperar los saberes de los abuelos y abuelas para defender el territorio, la cosmovisión y los derechos de los pueblos indígenas y avanzar en la construcción de los cambios y las transformaciones que el país necesita.

Un año después, con ocasión del 30 aniversario del CUC, (15 de abril de 2008) se realizó una caminata de tres días desde Sololá hacia la ciudad capital, que tenía como fin visibilizar las demandas campesinas e indígenas, denunciar las nuevas amenazas, la creciente criminalización y sensibilizar a la población de sus luchas. Se plantea desde el principio que esta movilización no aspira a concluir con la entrega de un pliego de peticiones ni una reunión con instancias estatales, rompiendo con lo que en el ámbito de los movimientos sociales se había constituido en una práctica común:

No nos dirigimos a los gobernantes, diputados, jueces, politiqueros o empresarios que nunca tienen oídos para escuchar nuestra voz y se voltean a vernos sólo cuando quieren conseguir algo de nosotras y nosotros. Desde la invasión española hasta nuestros días, la historia ha estado llena de la intervención de gobiernos y empresas extranjeras. Los saqueadores de ahora son los mismos del pasado pero ahora se llaman Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional o empresas mineras, petroleras y otras que hoy buscan apropiarse de la Madre Naturaleza.176

En el comunicado elaborado para la ocasión, denominado Manifiesto por

la soberanía de nuestros pueblos y la defensa de la Madre Tierra, se brinda un análi-

sis sobre la naturaleza del Estado guatemalteco y las fuerzas reproductoras del poder hegemónico desde una perspectiva histórica de la larga duración. De él se desprende una lectura clasista y racista del Estado guatemalteco, cuya arquitectura institucional responde a los intereses de las élites económicas y políticas: “Todo el Estado guatemal- teco está construido para dominar y garantizar el nuevo despojo que está en marcha. De este Estado que nos oprime y exprime, las comunidades indígenas y campesinas no podemos ni debemos esperar nada, porque defiende la riqueza que en Guatemala se ha construido sobre los hombres de indígenas y campesinas a lo largo de quinientos años de injusticias, despojos de tierras y trabajo mal pagado.”177

En este contexto, marcado por una creciente desconfianza de que se pue- dan solucionar las demandas del movimiento campesino-indígena por parte de este Estado, el CUC hace un llamado a “recorrer un camino distinto (…) desde los pobres, los marginados, oprimidos y explotados que somos la mayoría del país pero que hoy estamos dispersos. Es necesario refundar el movimiento popular; retomando y desa- 176 CUC, Manifiesto por la soberanía de nuestros pueblos y la defensa de la Madre Tierra, 30 aniversario del CUC,

15 abril de 2008.

Simona V. Yagenova Erick García rrollando nuestras ideas a partir de una visión común de la realidad, que sea critica y complementaria, superando la sectorización y construyendo una fuerza basados en que una es nuestra raíz y una es nuestra lucha.”

EL CUC aporta una propuesta desde donde y quienes deberían construir un proyecto de transformación, reivindicando el rol que allí le corresponde jugar a los pueblos indígenas, quienes desde una perspectiva de larga duración han sido fuente de

rebelión y resistencia; según el cual debe partirse desde una perspectiva de izquierda

crítica frente al sistema explotador y desde una estrategia de construcción de poder po- pular desde los excluidos, que permita construir un modelo de Estado-Nación distinto. En el año 2009 el CUC realiza su III Congreso con ocasión de su 31 aniversario, de la cual emana una declaración final, llamada Manifiesto Nabe Pixb

Nobal (abril 2009), que profundiza en torno de los nuevos retos estratégicos de su

organización y que comienza con un llamado a Generalizar y profundizar la resistencia

y construir una ofensiva por la vida y la dignidad. Este llamamiento convoca a avanzar

en la construcción de un sistema político alternativo, sustentado en los valores, principios de colectividad y cosmovisión de los pueblos.

Después de tres días de reflexión y análisis de la realidad se arribó a una serie de conclusiones, que tenían la finalidad de contribuir a visibilizar los retos que enfrentan las fuerzas sociales en su lucha por lograr la transformación del país. Dentro de este marco, se enfatiza en los nuevos desafíos del movimiento campesino e indígena que fueron identificados de la siguiente manera:

a) Desarrollar la economía indígena y campesina que nos permita producir e intercambiar nuestros productos;

b) Luchar por la reforma agraria acompañada de asistencia técnica, créditos, capacitación que apoyen la producción y la comercialización de los y las campesinas y debe respetar y fortalecer la existencia de tierra de comunidades indígenas y el cuidado y relación armó- nica con la Madre Naturaleza;

c) Desarrollar una producción orientada al consumo familiar y comunitario, promover el intercambio entre comunidades, impulsar la comercialización directa sin intermediarios, para lo cual necesitamos una forma de organizar la comercialización entre nuestras comu- nidades, así como recuperar prácticas productivas tradicionales y agroecológicas; d) Comprometernos a construir nuestra propia autonomía para liberarnos de la domina-

ción del sistema de los ricos, su gobierno y sus leyes; para desarrollar nuestra propia for- ma de organización y de vivir, revalorando nuestra historia, nuestra identidad y nuestros valores de convivencia comunitaria; controlar nuestros medios de vida y producción. Para ello debemos fortalecer nuestra conciencia e identidad y valorar a nuestras autoridades indígenas, recuperar y aplicar las normas de convivencia de nuestros pueblos y las norma- tivas internas de las comunidades;

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e) Comprometernos a construir un nuevo poder local comunitario y popular que se ali- mente de la experiencia y cosmovisión de los Pueblos Indígenas y de la lucha e ideas de las mujeres.

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EL CUC ha construido una concepción de la historia que sitúa las luchas y resistencias de los pueblos en una perspectiva de larga duración, en un continuum del pasado hacia el presente, en que los pueblos oprimidos han librado importantes esfuerzos para enfrentar el sistema de dominación. Para el CUC, la historia está abierta, se construye de día a día, en que se actualiza la memoria, la identidad y los sueños por la construcción de una sociedad justa e igualitaria. Apela a la sabiduría de los “abuelos y abuelas, quienes con dignidad y valentía fueron resistiendo y heredándonos valores y principios en defensa de nuestra cultura, sabiduría y sobre todo la defensa a nuestra soberanía y territorio.”

Desde su surgimiento hasta la actualidad, el Comité de Unidad Campe- sina (CUC) se ha posicionado críticamente frente al modelo de dominación y los po- deres fácticos. Su accionar a lo largo de estas últimas tres décadas se ha ajustado al cambiante contexto político nacional, en el cual, sin embargo, nunca dejó de analizar los cambios en el modelo de acumulación y sus impactos sobre las comunidades indí- genas y campesinas. Para el CUC, el sujeto hegemónico reproductor de las relaciones y estructuras de poder en el país se sitúa tanto en el Estado, las elites económicas, los finqueros, el capital transnacional y las expresiones políticas de derecha. El racismo estructural, el patriarcado y la explotación de la fuerza de trabajo dentro del marco de las relaciones sociales capitalistas son identificados como los pilares de este modelo de dominación:

Todo el Estado guatemalteco está construido para dominar y garantizar el nuevo despojo que está en marcha, se ha construido sobre los hombres de indígenas y campesinas a lo largo de quinientos años de injusticias, despojos de tierras y trabajo mal pagado.178

Según el CUC, la falta de voluntad política de los gobiernos recientes para encontrar soluciones duraderas a la problemática agraria, los privilegios otorga- dos a los grandes capitales y la aplicación de una política de criminalización camaleó- nica, expresada en la persecución penal, asesinatos, desalojos forzosos, diálogos sin resultados satisfactorios, etcétera, han contribuido a generar una pérdida de confianza en que dentro del contexto político actual se puedan resolver las demandas de las co- munidades indígenas-campesinas.

La contracara del sujeto hegemónico del poder capital-elites, para el CUC, es el sujeto popular de cambio, que según esta organización campesina debe 178 CUC; Manifiesto del CUC con ocasión de su 30 aniversario, 2008.

Simona V. Yagenova Erick García fortalecerse como condición fundamental para acumular fuerza. Este sujeto popular está integrado por los pobres, los marginados, oprimidos y explotados, con papel pre- ponderante de los pueblos indígenas “fuente de rebelión y resistencia; desde abajo donde se encuentra el Pueblo; desde la izquierda que es donde estamos las y los que lu- chamos por arrancar de raíz la injusticia y el sistema explotador.”179 Desde allí se deben

construir los cambios lo que implica superar la fragmentación y dispersión, construir una visión común, que sea crítica y complementaria para acumular fuerza y construir poder popular desde los territorios.

EL CUC aporta elementos sumamente valiosos, producto de una reflexión crítica de su propia historia y lecciones aprendidas, en torno a cuál debería ser la base de fortalecimiento del sujeto popular. Parte de una premisa básica: que los pueblos son los que construyen la historia y tienen la posibilidad de cambiar las injustas y perversas estructuras de poder. Reivindica valores y principios como la solidaridad, el trabajo colectivo, la unidad, el traslado de las experiencias y saberes populares como punto de partida:

Creamos la confianza en nosotros mismos y en las capacidades del pueblo en la lucha por conseguir nuestras demandas. Aprendemos a trabajar en grupo, a ayudarnos, es decir ser solidarios, unitarios y fraternos; a compartir nuestras experiencias y vivencias (...)180

La construcción del poder popular desde su perspectiva, tiene que partir