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5.3 Exploration of the State Space

Se conoce como bosque mediterráneo a aquellas formaciones vegetales dominadas por árboles de hojas pequeñas, duras y perennes (también llamadas formaciones esclerófilas). Los rasgos anatómicos de las hojas de estos vegetales indican una clara adaptación para evitar una perdida excesiva de agua siendo ésta una de las bases de su gran adaptación al clima mediterráneo, cuyo rasgo más característico es una acusada sequía estival. Estos mismos rasgos de las hojas aparecen en todas las formaciones vegetales que se dan en todas las regiones de clima Mediterráneo mundiales como California, centro de Chile, región del Cabo en África o suroeste de Australia, cuyas floras, aunque muy diferentes entre sí, poseen todas las mismas características esclerófilas. En el caso de España la formación mediterránea dominante es el encinar. Bajo la denominación común de encina hay dos árboles muy semejantes entre sí, pero de ecología y significación paisajística muy diferente. La posición taxonómica de las dos clases de encina que se encuentran en nuestro país ha sido y sigue siendo todavía objeto de discusión entre los especialistas. Para la mayoría de los autores existe una única especie (Quercus ilex) y dos subespecies (Quercus ilex ilex y Quercus ilex ballota), pero, para otros, existen dos especies diferentes (Quercus ilex y Quercus rotundifolia).

La primera se conoce también como encina litoral, tiene las hojas más estrechas, es más exigente en humedad y más amiga de la influencia marina que la segunda, conocida como, simplemente, encina de hoja ancha o “carrasca”, que resiste más la sequía y los contrastes térmicos. Esta última se extiende ampliamente por todo el interior, este y sur del país, mientras que la encina litoral se halla únicamente en la costa de Cataluña, en la costa cantábrica, en Baleares y en puntos aislados de la Comunidad Valenciana. En la Fig. C.3. 1 se muestran los diferentes tipos de bosque mediterráneo existentes en nuestro país.

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Según la figura se deduce que la encina es el árbol cuyo dominio potencial en la península Ibérica es el más extenso, pues se extiende mayoritariamente en las provincias y regiones peninsulares.

Este gran dominio territorial se debe a su extraordinaria amplitud ecológica, pues no solo puede colonizar suelos desarrollados de cualquier naturaleza y sustrato (con tal de que no sean encharcables o salinos), sino que es un árbol extraordinariamente resistente a la sequía, al calor y al frío. Puede adaptarse a precipitaciones muy escasas, del orden de los 350 mm anuales, y acepta también precipitaciones elevadas si los suelos no se encharcan. Resiste bien las altas temperaturas (más de 40ºC), pero también resiste bien el frío invernal, hasta el punto de que en sus hojas no aparecen lesiones si no se alcanzan temperaturas más bajas de – 15ºC. Esto la convierte en una especie especialmente adaptada a los climas secos y térmicamente contrastados del interior peninsular y a las tierras meridionales que han de soportar una muy prolongada sequía estival, subsistiendo con modestas precipitaciones de otoño y primavera.

Dada la gran extensión del territorio en que aparecen estos encinares y las muy diversas condiciones del sustrato, suelos y clima, es lógico pensar en una gran diversidad de formaciones. La diferencia entre ellas viene determinada, fundamentalmente, por su acompañamiento florístico y por las formaciones de matorral y pastizal asociadas al encinar. Actualmente sólo en enclaves muy reducidos pueden observarse formaciones poco alteradas de la estructura original de un bosque de encinas. Durante siglos la actividad humana ha incidido de manera notable sobre este tipo de formación boscosa, principalmente en forma de talas y aclareos de la arboleda, eliminación de especies arbustivas, quemas reiterativas y sobrepastoreo de especies ramoneadoras, que ha favorecido la expansión de una vegetación que constituyen diferentes etapas de sustitución de los encinares. La tala selectiva y poda de encinas para la construcción, la obtención de leña para uso directo y la elaboración de carbón han sido actividades muy usuales a lo largo de la historia.

Los aclareos de la arboleda engendran un hábitat de árboles dispersos, constituido por pequeñas encinas achaparradas y otros matorrales que configuran un monte bajo más o menos cerrado e irregular. El aclareo selectivo, principalmente con fines ganaderos, dejando pies de encina dispersos de escasa densidad, unido a la eliminación del matorral, permite la aparición, en amplios espacios abiertos, de especies herbáceas. Estas formaciones en terrenos fértiles y llanos constituyen la dehesa, explotación forestal y ganadera que, junto a los praderíos, forman un sistema tradicional de aprovechamiento de enorme importancia como medio de vida de un numeroso sector de la población. Estas dehesas constituyen ecosistemas complejos y de gran valor ecológico, ya que, en ellas, se alcanza un perfecto equilibrio entre la explotación racional de los recursos naturales y la conservación de la naturaleza.

Otra formación boscosa típicamente mediterránea y presente en la Península Ibérica, aunque menos extendido que el encinar, es el alcornocal. El alcornoque (Quercus suber) es un árbol muy parecido a la encina por su aspecto y porte, pero es muy fácil de diferenciar por su corteza, que le hace inconfundible. Su área de distribución coincide en buena parte con la encina de las que le separa una amplitud ecológica menor. Es poco resistente al frío, por lo que se limita a áreas cálidas y templadas de inviernos suaves. En condiciones de humedad sus exigencias son muy superiores a las de la encina, requiriendo precipitaciones anuales del orden de los 600 mm o superiores.

117 Otro rasgo importante de las exigencias ecológicas del alcornoque es su carácter estrictamente silicícola, es decir para su desarrollo requiere terrenos ácidos. Estas características ecológicas del alcornoque influyen notablemente en su distribución, pero, en aquellos lugares donde se reúnen las condiciones adecuadas de temperatura y humedad y sustratos silíceos, el alcornoque se impone a las encinas de un modo más o menos completo y en lugar de encinares se tienen los alcornocales.