Tras una larga historia de incidentes, Perú y Ecuador reconocieron en 1936 una frontera provisional, tomando como base los territorios que de facto poseía cada país. En la zona correspondiente al actual departamento peruano de Amazonas, se fijaba la Cordillera del Cóndor como frontera natural.
El clima que se vivía en la frontera, sin embargo, no ayudaba a un arreglo pacífico de las cuestiones, exaltando poco a poco los ánimos y predisponiéndoles a la lucha.2 Ya se pensaba en una posible y cercana reacción militar de Perú.
El gobierno de Quito buscó la ayuda de los países del continente para solucionar sus diferencias con Perú. La Cancillería argentina inició gestiones ante Brasil y Estados Unidos con el objetivo de proponer a los gobiernos ecuatoriano y peruano sus servicios para alcanzar una pronta solución del diferendo. Los dos países aceptaron aunque el gobierno de Perú aclaró que estaba dispuesto, pero no admitiría una controversia sobre la nacionalidad de las provincias que lo integraban desde hacía ciento veinte años.3
Las conversaciones en Washington de los representantes de las futuras potencias mediadoras y los de Perú y Ecuador fracasaron en junio de 1941. El gobierno de Perú, alegando que Ecuador había desconocido el límite provisional, amenazó con bombardear Guayaquil, invadió la provincia de El Oro, y ocupó todos los puestos ecuatorianos de la frontera. Ecuador carecía de preparación, material de guerra y apoyo civil.4
En esa época, la situación mundial era de guerra; se asistía al triunfo alemán en casi todos los frentes europeos y los países del continente no deseaban otro conflicto. El presidente peruano Manuel Prado aceptó que el diferendo fuese tratado en Río de
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Julio Tobar Donoso, La invasión peruana y el Protocolo de Río, antecedentes y explicación
histórica, Quito, Banco Central del Ecuador, 1982, p. 111.
3
Carlos Moreyra Paz Soldán, Manuel Prado, político y gobernante, Lima, 1974, p. 29.
4 Para el desarrollo de la guerra cfr. Daniel M. Masterson, Militarism and Politics in Latin
America. Perú from Sanchez Cerro to Sendero Luminoso, Westport, Greenwood Press, 1991, pp. 71-72.
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Janeiro. El canciller brasileño Oswaldo Aranha, en nombre de los mediadores presionó para que ambos contendientes firmaran un acuerdo.5
El Protocolo de Paz, Amistad y Límites fue firmado en Río de Janeiro el 29 de enero de 1942 por los cancilleres Alfredo Solf y Muro de Perú y Julio Tobar Donoso por Perú de Ecuador. Como Garantes, comprometiendo a sus países en el fiel cumplimiento y ejecución, lo suscribieron los cancilleres de la Argentina, Enrique Ruiz Guiñazu; de Brasil, Oswaldo Aranha; de Chile, Juan Bautista Rossetti, y el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Sumner Welles.
Los países Garantes serían observadores de la desocupación de los territorios ecuatorianos en un plazo de quince días (art. 2º), que debían quedar desmilitarizados hasta la demarcación definitiva de la línea fronteriza (art. 4º). Dichos países asumían el compromiso de continuar sus gestiones hasta la demarcación definitiva de la frontera, (art. 5º). En el artículo 6º se reconocía a Ecuador derechos de navegación en el Amazonas y sus afluentes septentrionales, de la misma manera que a Brasil y Colombia, más lo que fuese convenido posteriormente en un tratado específico de comercio y navegación. Cualquier duda que surgiese lo resolverían las partes con el concurso de los Garantes (art. 7º). El artículo 8º especificaba los puntos que trazaban la línea de frontera.6
El Protocolo en lo esencial restituía el statu quo de 1936, quedando cortado todo acceso territorial directo de Ecuador al río Marañón, fuente del Amazonas.7 El Protocolo fue aprobado por ambos Congresos el 26 de febrero de 1942 y cinco días más tarde se producía el canje de ratificaciones ante el presidente Getúlio Vargas y los representantes de los países Garantes.8
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La bibliografía ecuatoriana insiste en que el Protocolo se firmó bajo la presión de la situación de guerra; si no se aceptaba, los mediadores cesarían en sus funciones y Perú podía ocupar Guayaquil.
6 Texto del Protocolo en AMRE, Países varios, 1960, caja AH/0065; también Julio Tobar
Donoso y Alfredo Luna Tobar, Derecho territorial ecuatoriano, Quito, Universidad Católica
del Ecuador, 1961, 284 pp., pp. 220-223
7 El interés de Ecuador en esa zona del río Marañón habría residido en sus reservas petrolíferas.
Luego de firmado el Protocolo de Río, la Peruvian Petroleum Company obtuvo concesiones
otorgadas por el gobierno peruano en la faja que los ecuatorianos reclamaban. En territorio conquistado por Perú a Ecuador, otra compañía proveía 5.000 barriles diarios a Brasil destinados a la refinería de Manaos, cuya cancelación podría generar perjuicios para toda la Amazonia. El hecho de que Brasil comprara petróleo a una compañía que lo extraía de la zona disputada era percibido como que le restaba cierta autoridad en el litigio. Véase Espil al ministro Ceballos, Río de Janeiro, 17-III-1958, AMRE, América del Sur, 1958, Ecuador, Brasil, caja AH/0323.
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Félix Denegri Luna, Perú y Ecuador. Apuntes para la historia de una frontera, Lima, Instituto
Riva Agüero, 1996, 378 pp., p. 296. El Protocolo establecía que debía ser aprobado en el término de treinta días por los dos congresos; así fue y para ese entonces las tropas peruanas ya se habían retirado del territorio ecuatoriano.
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Para determinar en el terreno la línea de frontera señalada por el Protocolo se designó una Comision Mixta Demarcadora de Límites. Como en el proceso de demarcación se presentaron problemas que no pudieron ser resueltos por acuerdo directo entre las partes, el canciller brasileño, Aranha, en unidad de criterio con los demás representantes de los estados Garantes, sometió a consideración de los gobiernos de Perú y Ecuador, en mayo de 1944, un procedimiento de solución. La “fórmula Aranha” proponía que en lo relativo a los sectores del río Lagartococha y de la Cordillera del Cóndor, la divergencia fuera resuelta según solución que pronunciara el comandante Braz Días de Aguiar.
Los gobiernos de Ecuador y Perú aceptaron y acatado el fallo, en diciembre de 1945 se reinició en el terreno la demarcación.
En la frontera occidental pudo llegarse a un acuerdo, pero en la oriental los problemas no pudieron zanjarse. A raíz de las complicaciones en la demarcación del sector meridional de la zona de los ríos Zamora-Santiago, las partes solicitaron un relevamiento aerofotogramético a la fuerza aérea de Estados Unidos. Este constató la presencia de un tercer río, el Cenepa, entre los ríos Zamora y Santiago, lo que originó la suspensión de la demarcación. Ecuador indicó la inexistencia de un divortium aquarum
entre los dos últimos ríos, como contemplaba el Protocolo, y declaró que éste era inejecutable. Reiniciaba así su intento de obtener una salida al Marañón para no perder su calidad de país amazónico. Perú insistió en que la cuestión de límites había sido definitivamente resuelta por el Protocolo, éste era inamovible y sólo se trataba de ejecutarlo. Estas posiciones se repetirán a lo largo de todo el conflicto.