Retomando lo comentado al inicio de este capítulo sobre la participación de los MMD en la dinámica democrática y en la OP, Bovero (1993) comenta que en la misma configuración del Estado liberal se le otorgó a los medios informativos un rol central, ya que a través de ellos la gente gobernada estaría actualizada sobre las discusiones y decisiones de sus gobernantes y podría fiscalizar su desempeño. Pero en la medida en que las poblaciones fueron creciendo y los medios fueron masificando su alcance, se incrementó su poder, que ya no estaba solo a disposición de los gobernados para controlar a sus gobernantes, sino que principalmente pasaba a estar del lado de los gobernantes y de los propios MMD para que de la inmensa información circulante fuera seleccionada y difundida la de su interés, adjudicándose para sí la consolidación de la OP (Abreu, 2006). Este análisis llevó a muchos teóricos a reconocer a los MMD como un cuarto poder respecto de los tres ya consagrados del sistema democrático. Abreu (2006) lo define de la siguiente manera:
(…) los medios, especialmente la televisión, influyen directamente en la audiencia, pueden reflejar y transformar la realidad e influir en el clima de opinión, y como mediadores en el espacio público hacer creer a la población que la imagen que difunden es un reflejo fiel de la realidad. Por consiguiente, los medios de comunicación social producen un efecto importante sobre el clima de opinión y si llegan a captar la atención del público a través de los temas que conforman el espacio público, contribuyen de una manera sutil indirecta y a largo plazo a la formación de la opinión pública (Abreu, 2006: 106).
El debate público sobre reformar el Código Civil para habilitar el matrimonio a parejas homosexuales fue un claro ejemplo de la democracia liberal, favorable al proyecto de ley por la lectura del liberalismo como OP matriz y de la defensa de los derechos humanos como OP consolidada para el momento de esta discusión. En este sentido, la debilidad que la diversidad sexual organizada posee sobre una identidad masiva que agrupe a todas y todos los que de alguna manera están por fuera de la
heteronormatividad, fue compensada por un uso de la plataforma mediática para polarizar a la OP desde la antinomia civilización-barbarie.
La presencia planificada de MMD en la solicitud de turnos de parejas homosexuales; el documento público sobre las reivindicaciones de la FALGBT firmado por periodistas, artistas y dirigentes políticos de diferentes corrientes; las encuestas realizadas a los candidatos en las elecciones de 2007 y 2009; los premios al orgullo ciudadano incorporados a la Marcha del Orgullo; las denuncias cuando fue suspendido el casamiento Freyre-Di Bello o cuando no hubo quórum para dictaminar en la Comisión Conjunta de Diputados ni tampoco el día en que estaba pautada la discusión en el plenario; son todas manifestaciones de esta relación que le permitió a la diversidad sexual organizada presionar a los gobernantes desde el poder que le otorgaran los MMD al reconocerla como referente. Una herramienta para tener cabida dentro de la disputa para posicionarse en la agenda setting teniendo agrupaciones más sólidas y con mayor trayectoria con intensiones de introducir sus reclamos.
Para llegar a aquí, la relación con los periodistas, artistas y productores fue especialmente cuidada por la FALGBT. Según lo relatado por Bimbi (2010), parte del apoyo de este sector fue espontáneo. Varios de los periodistas que cubrían las pautas eran homosexuales, o tenían familiares homosexuales. Esta relación también fue alimentada en la búsqueda de personalidades que desde su homosexualidad sensibilizaran a las audiencias. Sin nadie que se atreviera hacerlo, pero en conocimiento de que en el medio artístico es bastante visible la homosexualidad, especialmente entre quienes están tras las cámaras o el telón, acudieron a éstos para sensibilizar en primera instancia a la gente del medio artístico. Tal fue el caso de Alejandro Vanelli, representante de muchos de los actores y actrices famosos de la Argentina, y quien aceptó hacer el segundo amparo para contraer matrimonio por vía judicial. Luego vino el matrimonio no legal del diseñador Roberto Piazza, con asistencia de gente vinculada a los MMD.
Que en los MMD como medio social-laboral existiese por solidaridad y visibilización interna una OP favorable al matrimonio gay-lésbico, con seguridad se tradujo en que desde la producción y reproducción de contenidos se le diera un tratamiento positivo al tema. Al respecto, Noelle Neumman, citada por Abreu (2006) sostiene que en los MMD hay una tendencia a unificar rápidamente opiniones, dada por: a) suposiciones y experiencias coincidentes de los periodistas sobre qué es exitoso con la audiencia; b)
unanimidad de la tendencia a la autoafirmación de los periodistas; c) dependencia común de determinadas fuentes; d) reciprocidad prensa-televisión; y e) búsqueda de aprobación de jefes y colegas.
Esto se traduce en una homogeinización de opiniones, consecuencia de lo que Noelle Neumman denomina espiral del silencio, y que consiste en que la persona con una opinión no definida sobre una cuestión va a evaluar en el entorno donde se discute el conjunto de las opiniones, y si lo que piensa en el momento ha sido expresado por la mayoría, probablemente también lo manifieste, mientras que si difiere y es minoría, lo más probable es que calle. Por eso la OP no emerge de la opinión real mayoritaria, como en el caso del sufragio, sino de la opinión mayoritaria manifestada. En este sentido, se da del grupo al sujeto un reconocimiento positivo si su opinión coincide con la de la mayoría, o un asilamiento en caso que sea lo contrario.
Tener a los MMD cubriendo cada denuncia hecha por la diversidad sexual organizada y desmitificando al gay o lesbiana como un enfermo o delincuente, no solo posicionó el asunto en la agenda setting, sino que también generó un clima favorable que empezó a configurar una OP también favorable en los círculos de discusión, y silenció las oposiciones.