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La Ley 26.618, mejor conocida como Ley de Matrimonio Igualitario, aprobada el 15 de julio de 2010, implicó una modificación al Código Civil de la República Argentina que habilita que las parejas del mismo sexo también puedan contraer matrimonio civil.

Los múltiples cambios que significa la aprobación de esta ley podrían aglutinarse en dos áreas totalmente vinculadas: la jurídica, relativa a cómo la ley afecta positivamente la vida de las parejas homosexuales y las familias homoparentales en tanto ahora cuentan con el reconocimiento y la protección del Estado; y la cultural, que sitúa a estas parejas y familias en el imaginario de la sociedad, constituyéndose en parte de su organización social.

Este trabajo de investigación se va a centrar en el área cultural, dado que pretende explorar cómo las organizaciones de la diversidad sexual penetraron en la discursividad heteronormativa para situar al matrimonio entre personas del mismo sexo como una lucha que afectaba a toda la sociedad, sumando así sujetos individuales y colectivos en defensa del proyecto de ley.

En términos de la maestría PLANGESCO, vamos a acercarnos a este hecho caracterizándolo como cambio social, buscando identificar qué procesos comunicacionales fueron abordados por las organizaciones de la diversidad sexual para reconducir prácticas sociales hacia un respaldo visible al proyecto de ley de Matrimonio Igualitario para que fuese aprobado por el Congreso de la Nación.

1.2.1. Democracia como defensa de los derechos humanos

Sobre la transformación que significa la aprobación de esta ley, Mónica Pinto (en Aldao y Clérico, 2011) señala que su principal impacto es sobre el sistema democrático al haberse priorizado los derechos humanos por encima de los patrones morales heredados del Estado Católico.

En su mirada, el triunfo no es solo de la comunidad homosexual, sino también lo es de la Argentina, que hace apenas 29 años comenzó su retorno a la democracia luego de

períodos dictatoriales que implicaron muertes, desapariciones, y el miedo como elemento relacional entre el Estado y la población. Con este pasado, para Argentina la democracia en la actualidad significa, principalmente, la defensa de los derechos humanos, del respeto a la vida, y la generación de condiciones para su máximo goce. Por esta razón, afirma:

La democracia nos compromete con los derechos humanos de todos, con la justicia transicional de los crímenes de terrorismo de Estado, con el hambre de los excluidos, con la salud de los que viven en las calles, con la estigmatización de quienes simplemente ejercen su derecho a ser personas plenas (Pinto en Aldao y Clérico, 2011: 09).

Para la autora, se trata de derechos humanos, porque siendo la diversidad una característica propia de nuestra especie, la humanidad es en sí el factor homogeneizante. Todas y todos somos humanos, y siendo humanos tenemos derecho a las mismas cosas, porque el mundo en el que vivimos es creación nuestra y si nos desconoce no tiene sentido enunciativo. Toda batalla ganada desde la defensa de los derechos humanos es un paso más hacia el proyecto de sociedad que los países occidentales nos hemos planteado construir según reposa en la Declaración Universal de los Derechos Humanos5 y en el Pacto de San José6. No se puede ser ciudadano si no

se es considerado y respetado como humano.

1.2.2. Un paso más en la ruta hacia la secularización del Estado

Otra consecuencia de la discusión y aprobación del Matrimonio igualitario es la relativa a la continuidad de un proceso de secularización del Estado. Argentina, como el resto de los países de la región, posee una fuerte impronta católica. En los pueblos que hoy hacen vida en estos Estados, la religión fue la forma de dominación cultural que utilizaron los imperios ibéricos sobre nuestros pueblos originarios, forzando a esclavos indígenas y africanos fueron forzados a aceptar el catolicismo y con él la filosofía eurocéntrica caracterizada por ser racista, capitalista, positivista y patriarcal7.

En Historia de la homosexualidad en la Argentina, Bazán (2010) relata como, vía sujeción religiosa y por las armas, los invasores fueron implantando su machismo en

5 París, 1948 6 San José, 1968

tanto empezaron a hacerle entender al indígena que lo que ellos identificaban como femenino en un hombre era digno de la muerte, y cuando menos de tortura, porque era asociable a hombre débil, a traición de la herencia de fuerza bruta, de poder supremo. Entonces, ser homofóbico se transformó en una manera de sobrevivir, porque se asumió la identidad del macho no solo cumpliendo con los rasgos de hombría europeos, sino haciéndolo en relación con los hombres que no los cumplían, lo que implicaba e incitaba a la denuncia de ese otro débil, raro, de pelo largo, de ropas femeninas.

Acusar a los indígenas de homosexuales y bárbaros fue una de las muchas maneras de legitimar ante la historia la invasión y colonización. Aun cuando la sexualidad y su variedad de expresiones eran valoradas entre las múltiples tribus americanas desde otro lugar, con visibles experiencias de tolerancia y otras de aceptación de lo que el eurocentrismo calificaba como actos y expresiones sodomitas.

La mirada extranjera no se interesó ni un poco en comprender los modos de relación de las sociedades originarias. Lo interpretó todo desde el interés por descalificar la cultura local y ajustar sus planes imperiales y sangrientos a una moral que los condenara.

Fue así como civilizar a la barbarie justificó asesinatos, genocidios, esclavitud y torturas, y la institución eclesiástica, matriz del eurocentrismo8, lo validó como la

liberación del pecado original que se veía forzada a asumir para con los pueblos atrasados. De esta manera nuestros países modernos9 nacieron bajo la tutela

patriarcal10, lo que hace de ellos sociedades clasistas, racistas, machistas y

homofóbicas.

En trescientos años desde su invasión hasta su independencia, permaneció estática la relación entre el Estado y la Iglesia Católica, y no fue sino hasta mediados del siglo XIX que empieza su cuestionamiento, avanzando en el siglo XX hacia la secularización del Estado, es decir, el abandono del dogma religioso por parte de éste.

En este sentido, Hiller, en Aldao y Clérico (2011), señala que uno de los mayores triunfos de la promulgación de la Ley 26.618 fue profundizar la separación entre

8 La comprensión del mundo desde la cultura de la Europa-occidental y la superioridad de sus saberes por

encimas de los de otras sociedades (Lander, 2009).

9 Expansores del pensamiento Moderno. Los más avanzados respecto del resto (Dussel, en Lander, 2009). 10 El patriarcado es la identificación del hombre como centro del poder en la organización social, política

Estado e institución religiosa , lo que da continuidad a hacer de la sexualidad un tema de la cuestión pública, sacándolo del orden privado y otorgándole la importancia que tiene en la estructuración social. La sexualidad como asunto público, no para su control sino para la garantía de su libre ejercicio como conjunto de derechos, es una puerta que no abre matrimonio igualitario pero en la sin duda tiene una responsabilidad importante. Legitimar a los sodomitas al ser reconocidos como sujetos plenos, habilitados socialmente para constituir familia, es una estocada que la misma iglesia no esperaba, y que levanta el ánimo de luchas hermanas como la Ley de Identidad de Género (aprobada en mayo 2012) y la legalización del aborto.

1.2.3. La institucionalidad democrática más allá del voto: la participación

Otro elemento que describe Hiller (en Aldao y Clérico, 2011) sobre los modos en que se generó este debate, y que se enmarca en lo que señalábamos recientemente sobre un Estado atento a los reclamos de sus ciudadanos organizados bajo la causa común y la solidaridad, fue la demostración del impacto que tiene la sociedad civil organizada sobre los poderes constitucionales (e instituidos), principalmente el legislativo.

La aprobación del Matrimonio Igualitario como el resultado de un proceso de alianzas entre organizaciones sociales de distinto quehacer pero solidarias entre sí, es confirmación de la Nueva Teoría Estratégica propuesta por Pérez (2012) donde la comunicación fue la disciplina matriz que fue armando la red que acorralase a los legisladores hasta que se viesen forzados a discutir el tema y posteriormente a respaldar el proyecto de ley.

Para Hiller, este proceso es una muestra que el poder no está concentrado en esferas impenetrables sino que circunda entre las calles y campos esperando de la cohesión social para penetrar los espacios de toma de decisiones. Es claramente un incentivo para otras luchas sociales, y para el trabajo en macro y micro equipos.

Por ello, podemos afirmar que el Matrimonio Igualitario afectó visible y positivamente el imaginario de democracia, a la vez que fortalecía su institucionalidad. La defensa de los derechos humanos, la secularización del Estado, el creciente alcance de la organización social, y la muestra de una institucionalidad abierta al debate son

los elementos que nos hacen considerar este hecho como un cambio social del que se pretende explorar los procesos que sumaron sujetos en su defensa.