2.2 Condition Based Maintenance Framework
2.2.3 Fault Classification (Diagnostics)
Las descripciones del estado en que quedaron los cuerpos muestran el enorme impac- to de bombas incendiarias. Según varios de los entrevistados, incluyendo aquellos que tenían experiencia en la atención de enfermos o eran personal de salud, se dieron dos tipos de heridas que corresponden a bombardeos. Por una parte, heridas de metralla y por efecto de la onda expansiva (como las heridas de las dos enfermeras que se encontraban 97 El artículo 54 del Protocolo I de 1977 señala: “Queda prohibido, como método de combate, hacer padecer hambre a las personas civiles. En consecuencia, se prohíbe atacar, destruir, sustraer o inutilizar con ese fin
los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil, tales como los artículos alimenticios y las zonas agrícolas que los producen, las cosechas, el ganado, las instalaciones y reservas de agua potable y
las obras de riego”. El artículo 14 del Protocolo II de 1977 tiene el mismo tenor. Igual prohibición la esta-
blece el derecho internacional humanitario consuetudinario, norma 54, HENKAERTS, J.M. y DOSWALD- BECK, L. (2007), op. cit., pp. 211 a 215.
98 El numeral 2º del artículo 51 del Protocolo I de 1977 señala que “quedan prohibidos los actos o amenazas de violencia cuya finalidad sea aterrorizar a la población civil”. El artículo 33 del IV Convenio de Ginebra prohíbe todo acto de intimidación o terrorismo”.
en el dispensario) y, por otra parte, la existencia de numerosos cuerpos carbonizados. Las descripciones de los sobrevivientes y del personal de salud entrevistados señalan el componente incendiario de las bombas y un tipo de heridas anfractuosas y de quemadura que produjeron las mismas, compatibles ambas con bombas de Napalm y fosforo blanco. También otras investigaciones previas señalan la utilización de Napalm y fósforo blanco en los bombardeos a población saharaui100.
Ese día nos cogieron de sorpresa, sobre las 10h de la mañana, algunas muje-
res que íbamos caminando de repente vimos aviones encima, como tres aviones. El primero soltaba un humo, algunas dijeron “Estos aviones no hacían nada” y otras dijeron que son de cabeza aguda y que probablemente sí hacían, sin haber terminado la frase vimos como llovía y comenzó el fuego. Bombardearon la jaima de salud donde había unos niños y la enfermera Chaia Ahmed Zein que estaba embarazada y Embarca Ahmed Zein. Se prendió fuego en todo el campamento y comenzó la gente a huir de manera alocada. Entonces ya había heridos y muertos, los heridos son muchos. En ese momento, algunos perdieron el brazo, otros el pie, otros se prendieron fuego. Fatimetu Salma Mohamed.
Las armas incendiarias no pueden ser utilizadas contra la población civil puesto que cau- san lo que se considera en términos del DIH “males superfluos” y “sufrimientos inne- cesarios”. La limitación de los medios y métodos de combate es otro de los principios cardinales del DIH y por esta razón se prohíbe el empleo de armas incendiarias contra la población civil por sus efectos indiscriminados101.
100 BALTA, P. (1990), Le Gran Maghreb, des indépendances à l’an 2000, Ed. La Décourverte, París. GÓMEZ LÓPEZ, de (1992), op.cit. Disponible: http://letras-uruguay.espaciolatino.com/gomez_emiliano/los_dias_fi- nales_en_la_historia.htm, y publicaciones comoThe armed conflict between Morocco, Mauritania and the POLISARIO intensified from the end of 1975 onwards, with a mass exodus of Sahrawi firstly being displaced
to other- parts of the territory (especially to Um Draiga, Tifariti and Guelta Zemmur), and later, following the
bombardment of these first encampments with napalm and phosphate bombs (Mercer 1979; Lippert 1987;
Andrade 2003), to the nascent Algerian-based refugee camps near the territory’s border with that count. 101 El artículo 2.1 del Protocolo III sobre prohibiciones o restricciones del empleo de armas incendiarias de la
Convención de 1980 sobre prohibiciones o restricciones del empleo de ciertas armas convencionales que pue-
den considerarse excesivamente nocivas o de efectos indiscriminados, estipula que “queda prohibido en todas
las circunstancias atacar con armas incendiarias a la población civil como tal, a personas civiles o a bienes
de carácter civil”. La norma 84 de derecho internacional humanitario consuetudinario dice: “si se emplean
armas incendiarias, se pondrá especial cuidado en evitar que causen incidentalmente muertos o heridos entre la población civil, así como daños a bienes de carácter civil, o en reducir en todo caso a un mínimo estos efec-
tos”. La norma 85 prohíbe el utilizo de armas incendiarias incluso contra combatientes. HENKAERTS, J.M. y DOSWALD-BECK, L. (2007), op. cit., pp. 327 a 331. El artículo 8.2.xx) del Estatuto de Roma califica de crimen de guerra “Emplear armas, proyectiles, materiales y métodos de guerra que, por su propia naturaleza, causen daños superfluos o sufrimientos innecesarios o surtan efectos indiscriminados en violación del derecho humanitario internacional de los conflictos armados”. Véanse también la Convención sobre la prohibición
del desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y toxínicas y sobre
su destrucción (1972, firmada por Marruecos el 2 de mayo de 1972 y ratificada el 21 de marzo de 2002) y
la Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción, el almacenamiento, y el empleo de armas
La otra imagen que me impresionó mucho fue la de una mujer que se llamaba creo recordar Fula Mohamed Abdalahi que estaba recostada de lado dándole el pecho a una criatura y tanto ella como la criatura quedaron carbonizados. Carboni- zados. Cuando intentabas tocar parte de su cuerpo, se deshacía bajo tus manos. Sid-Ahmed Baba Chej.
Con los cadáveres que estaban quemados, lo que hacíamos era no tocarlos porque se deshacían al tocar, así que los tapábamos con las alfombras, los enrollábamos así para poderlos llevar. Había mucha gente quemada, y la envolvíamos siempre con alfombras, esos cuerpos se deshacían al tocar. Brahim Barbero.
Después de ayudar al traslado y atención de los heridos más graves la tarea se centró en recoger los restos de personas que habían quedado esparcidos por el campamento. Los cadáveres mutilados estaban en los lugares donde la gente se encontraba trabajando cuan- do llegó el bombardeo.
Me fui porque tenía mucha sed. Llegué a una tienda que era un dispensario de salud que estaba destrozado. Mientras buscaba una lata de leche, me saltó una serpiente venenosa que por poco me mata. Ahí entre las latas encontré un trozo de hueso redondeado, lo cogí y lo metí en el bolsillo. No sabía que ahí había estado trabajando la mujer del jefe de nuestra unidad Ali Ahmed Zein, que era enfer- mera. Estuve ahí con Hassena. Allí estaba la cabeza seccionada del cuerpo. Allí mismo la enterramos. Brahim Barbero.
Había una mujer que perdió su hijo, esta mujer volvía de buscar a su hermano en la colina. Cuando volvió había sangre por todos lados y había partes de cuerpos que estaban por todos los sitios, eso era terrible, horroroso. Había otra mujer con un hijo que trataba de entrar donde había fuego, cada vez que se acercaba era imposi- ble, lo intentaba de nuevo, es una imagen de la que no me olvido. Faudi Mohamed. Las primeras atenciones a los heridos se dieron por sus propios familiares o compañeros. El personal de salud que sobrevivió al bombardeo y que pudo ser entrevistado (las en- fermeras Hurria, Gurutze Irizar –Fatimetu–, el médico Brahim Barbero y el ayudante de enfermería Dahdi Sid-Ahmed Baba) señala en sus testimonios datos coherentes entre sí sobre la situación, el tipo de heridos e incluso sobre el tipo de lesiones y muertes que se dieron como consecuencia del bombardeo.
Yo creo que fue la misma noche, no me acuerdo muy bien, teníamos esa situación de estar medio atontados… que luego nos dijeron que podía ser no sé si el Napalm o el fósforo blanco, el que producía esa especie de… que vamos a mi me lo ha dicho gente, me lo ha dicho Javier Perote: que eso es fósforo blanco, que atonta que no sé qué. No sé, no tengo ni idea de eso yo. Gurutze Irizar (Fatimetu). Recoger y curar a los heridos es uno de los deberes exigidos por el DIH a las partes en un conflicto armado. El principio de humanidad exige dar un trato digno a la persona herida
o enferma y brindarle los cuidados médicos que requieran. Además de ser asistidos, de- ben ser protegidos contra los efectos de las operaciones militares102.
En medio del horror, el personal de salud se dedicó a la atención más directa como poner torniquetes, suturar heridas o simplemente poner compresas y vendajes en extremidades afectadas por heridas o mutilaciones.
A pesar de todo, cuando ya esa situación estaba más o menos controlada, alguien dijo que había mucha gente herida entre la gente que había salido del campa- mento, que habían salido a refugiarse donde se pudo, árboles, piedras…donde se pudo. Y entonces Dah me dijo: “coge una mochila”, me puso unas vendas y unas cosas… y me dijo: “vete por allí buscando a ver si es verdad que hay gente herida, porque si es verdad, esos no van a venir aquí y la gente se nos va a morir por allí”. Yo cuando vi todo aquello allí… creo que me bloqueé. Un montón de gente sangrando, llorando… Ahí hicimos lo que buenamente pudimos con lo poco que tenía Dah, suturar heridas que sangraban y hacer un vendaje así duro, porque claro allí no podías empezar a mirar ni nada. Gurutze Irizar (Fatimetu).
Mohamed Embarek (Dah), el encargado de la salud del campamento junto con el resto del personal de salud empezó a salir después del bombardeo a recoger los heridos, y a tratarlos en el hospital de base que estaba bien resguardado y que no fue afectado por el bombardeo porque se encontraba arriba en la montaña. La atención a otros heridos que habían podido huir a las montañas cercanas se hizo en medio de condiciones de precarie- dad extrema y peligro.
Uno de los casos emblemáticos de ese bombardeo, y cuya imagen fue difundida por algu- nos medios de la prensa internacional en las semanas posteriores a los hechos, fue la de Zuenana, una niña que habría sido herida y su brazo seccionado por las bombas. Según describe el médico que la atendió, el tipo de heridas producido por la metralla también tenía signos de quemadura, con arterias sin sangrado, lo cual parece mostrar un tapona- miento por hemostasia producido por las mismas bombas empleadas.
Yo seguí andando a ver si encontraba heridos u otra gente. Allí estaba Gurutze. Le dije: “Coge a los niños y llévatelos”. El fuego estaba por todos lados, las tien- das quemadas. Allí me encontré a una niña con el cúbito y el radio seccionados al descubierto, y las arterias allí arrancadas, pero había hecho hemostasia y no sangraba, creo que eso se debió a la quemadura del Napalm. En otras circunstan- cias, con otro tipo de herida por metralla hubiera muerto desangrada. Le pusimos
un torniquete. Ahora que lo miro hacia atrás, un torniquete no era suficiente. En
102 El artículo 3 común de los Convenios de Ginebra de 1949 señala que los heridos y los enfermos serán recogidos y asistidos y el artículo 10.1 del Protocolo I de 1977 agrega que estos serán respetados y prote- gidos. Los mismos principios se encuentran protegidos por los artículos 7 a 12 del Protocolo II de 1997. Las normas 109 a 111 del DIH consuetudinario hacen referencia a la protección y asistencia de los heridos,
otras circunstancias hubiera sangrado sin parar, habría que ligarle las arterias cubital y radial, pero no fue posible. Brahim Barbero.
Zuenana sobrevivió al bombardeo pero sus padres Bouh Ahmed y Fatma Hamdi murieron en el mismo. No tiene recuerdos sobre ese momentos debido a que tenía cuatro años, solo la información proporcionada por su abuela cuando creció.
Cuando pasó todo, me había quedado el brazo como colgando, del codo para abajo. En el momento fue mi abuelo el que me lo quitó, estaba prácticamente col- gando por lo que me contaron. El primero que me atendió fue el médico Brahim Barbero. Zuenana Bouh Ahmed.
La descripción de las heridas no deja lugar a dudas de la enorme gravedad de la situación, el impacto brutal del bombardeo, y el terrible sufrimiento de la población afectada.
Por la noche fui con Mohamed Embarek a ver a los heridos y estuvimos en una tienda de campaña atendiendo a una mujer que estaba embarazada. El viejo estaba intentando calmarle el dolor, poniéndole la mano en el vientre pero le había estallado el vientre y el feto. Estaba con esta mujer que era familia de la niña a la que le seccionó el brazo. Trajimos el camión y lo preparamos para el traslado de los heridos. Traía agua, leche y dátiles. Hurria, la enfermera catalana, estaba herida, subida al camión. Se llevaron a la niña mutilada. Brahim Barbero.
Esa atención inicial se dio ya en el hospital de campaña en la montaña. Dicha mujer a la que se refiere el médico Brahim Barbero en el testimonio anterior era familia de Zuenana Bouh, la niña con el brazo amputado por la bomba. Tanto el hombre como la mujer murieron en la jaima-hospital que se encontraba en la montaña, sin que se pudiera hacer nada por salvar su vida. Fueron enterrados en el mismo lugar donde se encontraba el hospital.
Los niños y las mujeres gozan de protección especial a la luz del DIH y del DIDH, as- pecto totalmente desconocido por la conducta de las autoridades marroquíes como se desprende de los anteriores testimonios. El respeto y medidas de salud y asistencia se imponen a este tipo de población de una manera reforzada debido a su mayor vulnerabili- dad103. Numerosas víctimas que sobrevivieron al bombardeo relataron en sus testimonios cómo fueron testigos de la muerte de otras personas.
La gente se dispersó en todas partes. Yo no podía volver al campamento, yo corrí en dirección al campamento de Auserd, vi un señor que trasportaba a su mamá y a otro que estaba debajo de un árbol y vi como una bomba los alcanzó y cómo perecieron. Los ni- 103 El artículo 77 del Protocolo I de 1977 establece una serie de medidas de protección con los niños y -las
normas 134 y 135 del DIH consuetudinario establecen la protección especial a las mujeres y niños respec- tivamente. Ídem. pp. 537 a 545.
ños estaban jugando en todos los sitios, lo que ayudó es que los aviones no se atrevieron a bajar más y la primera bomba sirvió de alerta a la población para escapar. Nanha Sid. Recuerdo la imagen de Ahmed Hatem o Hammadha que llevaba en brazos a su madre corriendo para refugiarse debajo de un árbol y fueron bombardeados... Sid-Ahmed Baba Chej.
También se dieron numerosos síntomas respiratorios y de afecciones de vías respiratorias altas e irritación de mucosas, así como síntomas de embotamiento. Dichos síntomas, que podrían ser debidos de forma selectiva al humo o el impacto emocional individual, fueron generalizados en muchos sobrevivientes, más allá de su exposición directa al humo.
Había heridas hechas como por trozos de metralla. Lo que sí nos dimos cuenta en seguida, porque los bombardeos duraron toda la mañana, es que a mí me picaba la garganta un montón, la nariz, tenía un picor ahí dentro… y nos empezó a entrar sue- ño, un sueño que estás así como lerda, que no te enteras. Gurutze Irizar (Fatimetu). Algunas víctimas de esos hechos todavía sufren en la actualidad por las esquirlas de me- tralla en sus cuerpos, las amputaciones, o cicatrices retráctiles que tienen como secuelas. Yo llevaba siempre como un amuleto un trozo de metralla con toda la ropa mía incrustada. Se me perdió. Sé que lo que producía era un agujero muy grande. A mí lo que me dio fue un trozo así grande de metralla; que entró por aquí y se fue a incrustar justo a la columna. No me quedé paralítica de milagro. Hoy en día sigo teniendo en el cuerpo trocitos pequeños de metralla. A veces me duele la espalda a causa de la cadera y tengo que ir a rehabilitación. Una vez aquí, en rehabilitación me dieron onda corta. El médico que me llevaba, ya sabía esto de los restos de me- tralla en el cuerpo, pero su sustituto no. Yo no caí en la cuenta y la metralla que había se calentó, se quemaron y se infectaron. Me operaron y me sacaron mucho pus de ahí. Montse Escorbe (Hurria).