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3.3 Machine-learning operation

3.3.1 Feature extraction

Como se acaba de comentar, una de las alternativas para entender la gestación de los TP par- te de considerarlos como conjuntos de rasgos básicos de personalidad que, por diversas cir- cunstancias, configuran modos de ser disfuncionales. Por tanto, el TP se define o describe tomando como referencia los mismos rasgos de personalidad que se encuentran en personas sin TP, lo que entre otras cosas implica desarrollar un acercamiento a la comprensión de estos trastornos que no tiene en cuenta, o no se origina en, las nomenclaturas diagnósticas psiquiá- tricas al uso. Los defensores de este modo de enfocar el problema argumentan tres grandes motivos, interrelacionados, que justifican esta perspectiva (Trull y Durrett, 2005): primero, adoptar un modelo de normalidad (i.e., los rasgos de personalidad en este caso) permite com- prender mejor el desarrollo de la anormalidad y las diferencias cualitativas y cuantitativas entre lo normal y lo patológico; segundo, dado que hay un gran volumen de investigación empíri- ca sobre la génesis de los rasgos de personalidad procedente de la investigación psicológica sobre la normalidad, adoptar esta perspectiva permitiría plantear hipótesis contrastables sobre la génesis de los trastornos de personalidad; y tercero, adoptar una perspectiva que transita des- de lo normal hasta lo patológico sin saltos (continuidad dimensional) permitirá identificar variedades de personalidades disfuncionales que no se incluyen en los sistemas de diagnóstico categorial (por ej., las personalidades Tipo A, o vulnerables a padecer enfermedades cardio- vasculares, o las Tipo B que se encuentran en personas aquejadas de procesos neoplásicos).

Otras razones que justifican adoptar un enfoque dimensional normalidad-patología para el TP se pueden encontrar en los avances que ha producido, y sigue produciendo, en la inmensa mayoría de los trastornos mentales a los que se viene aplicando desde hace déca- das: por mencionar sólo algunos, es evidente que el conocimiento que hoy tenemos sobre las diversas manifestaciones de los trastornos de ansiedad, del estado de ánimo, del com- portamiento alimentario o de las psicosis serían impensables de no haberse abordado utili- zando enfoques dimensionales. En consecuencia, no hay razones teóricas, metodológicas, ni empíricas, que impidan pensar en estos mismos términos a la hora de abordar los TP. Hay tres grandes modelos actualmente vigentes que, partiendo del estudio de la personalidad normal, están liderando las propuestas para un cambio de enfoque en la comprensión de los TP: el de los Cinco Grandes Factores, el psicobiológico de Cloninger y el modelo de bipolaridades de Millon. Dado que el enfoque de Millon se ha ido comentando en los capí- tulos precedentes al describir los diversos TP, nos centraremos a continuación en los otros dos. Se pueden consultar excelentes presentaciones y revisiones en castellano por ejemplo, en Millon y Davis (1996/1998), o en el capítulo de estos autores en el manual de V. Caba- llo (2004). Es importante señalar que todos ellos guardan estrechas conexiones, y son deu- dores en muchos sentidos del modelo tripartito sobre la personalidad de H. J. Eysenck (i.e.,

neuroticismo, extraversión, psicoticismo). En muchas de las investigaciones, además, este modelo se toma como punto de referencia para validar el que se propone. La razón por la cual no se contemple aquí no es otra que la de centrar nuestro enfoque en las aportaciones actuales más directamente vinculadas con el análisis de la patología de la personalidad.

5.2.1. Los Cinco Grandes Factores de la personalidad normal (5GF)

En la década de los sesenta del pasado siglo, un grupo de autores (Norman, Tupes, Christal y Goldberg, entre otros) iniciaron una serie de investigaciones dirigidas a analizar los términos que la gente utilizaba habitualmente para describirse a sí mismos y a los demás. Retomaban con ello una línea de trabajo que habían iniciado autores como Klages, Baumgarten, o Allport y Odbert en los años treinta, tanto en Europa como en los EE UU. Lo que se buscaba con este tipo de trabajos era descubrir los “universales léxicos” del lenguaje sobre la personalidad humana. La hipótesis que subyacía a esa búsqueda era muy sencilla, a la vez que plausible: las diferencias entre las personas están codificadas o registradas en el lenguaje cotidiano y, cuan- to más importante y significativa sea una característica que sirva para diferenciar a unas per- sonas de otras, mayor número de términos lingüísticos, y por tanto de matices, poseerá en cual- quiera de los lenguajes humanos, por encima de las influencias y diferencias culturales, educativas, étnicas, sociales, de género, etc. Se asumía pues que cuanto más importante o significativo fue- ra un ámbito o dominio de funcionamiento personal, es decir, cuanto más potente en términos de fuente de diferencias individuales, mayor número de “palabras” habría para describir sus atributos, manifestaciones, matices, facetas y características específicas. Una vez recogido el mayor número posible de palabras del lenguaje cotidiano descriptivas de características per- sonales, se examinó la frecuencia con la que eran utilizadas en distintos contextos, descartan- do aquellas que no fueran representativas, o que tuvieran significados o interpretaciones diver- sas, o que no se utilizaran de forma habitual. El paso siguiente era encontrar los dominios (conjuntos de palabras-atributo) subyacentes a las palabras recogidas, a los que acabó deno- minándose “factores” en alusión a las técnicas estadísticas utilizadas para establecerlos (John, Goldberg y Angleitner, 1984). Los primeros trabajos de R. B. Cattell en los años cuarenta apli- cando técnicas cluster y factoriales para reducir la ingente cantidad de términos encontrados a conjuntos manejables que, además, resumieran las características esenciales de las descrip- ciones que proporcionaba cada uno de ellos fueron el punto de partida de muchos otros que se desarrollarían después. La finalidad pues de esta línea de investigación sobre la personali- dad era descubrir cuál era la estructura básica y universal de la personalidad humana, inde- pendientemente del contexto, la cultura, los valores, la etnia, etc. y, por supuesto, del “obser- vador”, ya fuera éste un lego o un psicólogo experto (se puede consultar una excelente revisión sobre el desarrollo de estos planteamientos en Pelechano, 1996).

El actual modelo de los “cinco grandes factores” de personalidad (5GF) de Costa y McCrae es el resultado actual más conocido de esta amplia tradición (Costa y McCrae, 1990; McCrae y Costa 1999, 2003). A pesar de las valoraciones críticas que este planteamiento suscita entre los expertos (véase, por ej., Eysenck, 1991; Pelechano, 1996; Pelechano et al., 2009; Zuc-

kerman, 1991), lo cierto es que se ha ido imponiendo paulatinamente como “el modelo” de la personalidad normal más aceptado universalmente, y la estructura penta-factorial que propone se ha reproducido con pocas variantes en la mayoría de los lenguajes y contextos en los que se ha estudiado. Los 5GF que, según este modelo, explican la mayor parte de las diferencias individuales en la personalidad normal son los siguientes (se incluyen las diver- sas denominaciones que se pueden encontrar en castellano para los factores 3, 4 y 5):

1. Neuroticismo (o inestabilidad emocional) versus Estabilidad emocional; 2. Extraversión versus Introversión;

3. Apertura a la experiencia versus Aislamiento o Cerrazón; 4. Cordialidad, Afabilidad o Amabilidad versus Hostilidad o Ira;

5. Minuciosidad, Tesón, Responsabilidad, Meticulosidad o Escrupulosidad versus Negli- gencia, Dejadez o Falta de perseverancia.

Según sus proponentes, las personas que obtienen puntuaciones altas en Neuroticismo son proclives al malestar psicológico o emocional. Conlleva además ideas poco realistas, necesidades excesivas, o dificultades para tolerar la frustración causada por la no satisfacción de esas necesidades, así como respuestas de afrontamiento desadaptativas ante el estrés. Quie- nes obtienen puntuaciones elevadas en Extroversión se caracterizan por ser sociables, activos, habladores, optimistas, amantes de la diversión, y no tienen dificultades para demostrar sus afectos. La dimensión de Apertura hace referencia a personas curiosas o con capacidad para interesarse por las cosas, imaginativas y dispuestas a considerar nuevas ideas y valores poco convencionales. Tienden a experimentar las emociones de forma más vívida o intensa que otras personas. Los que puntúan mucho en Afabilidad tienden a ser bondadosos, compasi- vos, amables, confiados, serviciales o dispuestos a ayudar, atentos a las demandas y necesi- dades de los demás, compasivos y altruistas. Son sensibles y empáticos, y suelen pensar que los demás son como ellos. Finalmente, el factor de Minuciosidad o Responsabilidad refleja el grado de organización, persistencia, control y motivación en el comportamiento finalista o dirigido a metas. Quienes obtienen altas puntuaciones son organizados, trabajadores, auto- controlados, puntuales, escrupulosos o cuidadosos, ambiciosos y perseverantes.

Cada uno de estos 5GF representa por tanto una suerte de epítome o síntesis de un ele- vado número de palabras-atributo que las personas utilizamos habitualmente para describir cómo somos y cómo nos parece que son los demás. Tras sucesivas depuraciones estadísticas, Costa y McCrae sintetizaron en 6 el número de palabras-atributo que mejor describían y resumían el significado del Factor. A esas palabras las denominaron “facetas” (matices o caras) del Factor, y son análogas a lo que clásicamente se entiende por rasgo primario de persona- lidad. Tanto los 5GF como sus facetas correspondientes son dimensionales, es decir, fluc- túan a lo largo de continuos de intensidad o pertenencia que modifican, en parte, su signi- ficado y sus consecuencias. Por ejemplo, la ansiedad (una de las facetas del Factor Neuroticismo) representa el final de un continuo en cuyo extremo opuesto estaría la des- preocupación. En el Cuadro 5.1 se ofrece un resumen del modelo, con las 6 facetas que se adscriben a cada uno de los 5GF.

Cuadro 5.1. Los cinco grandes factores de la personalidad humana

y sus rasgos primarios (facetas)

FACTORES DE ORDEN SUPERIOR FACETAS NEUROTICISMO versus ESTABILIDAD EMOCIONAL

Ansiedad versus Despreocupación

Hostilidad, ira versus Imparcialidad

Depresión versus Optimismo

Ansiedad social versus Descaro, desvergüenza

Impulsividad versus Control, constricción

Vulnerabilidad versus Valentía, fortaleza

EXTRAVERSIÓN

versus

INTROVERSIÓN

Calidez/cordialidad versus Frialdad

Gregarismo versus Retirada, aislamiento

Asertividad versus Sumisión

Actividad versus Pasividad

Busca excitación versus Sosez, inactividad

Emociones positivas versus Anhedonia

APERTURA

versus

AISLAMIENTO, CERRAZÓN

Fantasía versus Pensamiento concreto

Estética versus Desinterés

Sentimientos versus Alexitimia

Acciones, conductas versus Rutina

Ideas, opiniones versus Intolerancia, ideas fijas

Valores, creencias versus Dogmatismo

CORDIALIDAD, AFABILIDAD, AMABILIDAD

versus

HOSTILIDAD

Confianza versus Desconfianza

Honradez, franqueza versus Mentira, engaño

Altruismo versus Explotación

Conformismo versus Oposicionismo

Modestia versus Arrogancia

Sensibilidad/ternura versus Dureza

RESPONSABILIDAD, MINUCIOSIDAD

versus

NEGLIGENCIA, DEJADEZ

Competencia versus Ineptitud

Orden versus Desorden

Sentido del deber versus Irresponsabilidad

Orientación al logro versus Pereza, vagancia

Autodisciplina versus Negligencia

Deliberación, reflexividad versus Imprudencia, precipitación

Es importante recalcar que, en este modelo, el concepto de rasgo es ubicuo: se aplica tanto a los factores de orden superior (los 5GF) como a cada uno de sus componentes o facetas. La diferencia entre unos y otros radica en su grado de complejidad, es decir, en la cantidad de atributos o características que lo definen. En términos de la nomenclatura uti-

lizada por Eysenck, los 5GF se corresponderían con tipos de personalidad, y las facetas con los rasgos que configuran los tipos. Y obviamente, como en el modelo de Eysenck, tanto unos como otros tienen una naturaleza dimensional continua, que se expresa en términos cuantitativos (i.e., mayor o menor posesión del rasgo en cuestión). En definitiva, en el mode- lo de los 5GF, el rasgo es la unidad básica que: a) describe y sintetiza el modo de ser de una persona; b) sirve como unidad de medida para diferenciar unas personas de otras; c) tiene una elevada estabilidad y consistencia, por lo que es relativamente “inmune” a las influen- cias ambientales y/o situacionales; y d) tiene un sustrato biológico y. por tanto, referentes genotípicos (Yamagata et al., 2006). Con estos planteamientos en torno al concepto de ras- go, el modelo de los 5GF confluye con los planteamientos más clásicamente dimensiona- listas de la personalidad, como el que representa Eysenck, a pesar de que los puntos de par- tida de unos y otros sean diferentes: mientras que el modelo de los 5GF surge de la búsqueda empírica de universales léxicos, la propuesta de Eysenck era conceptual, es decir, primero formuló una teoría sobre la personalidad humana a partir de los planteamientos tipológi- cos clásicos (i.e., Sheldon, Kretschmer), y después examinó su viabilidad empírica. En par- te por esto, Eysenck (1991) opinaba que lo que en realidad indicaban los resultados sobre los 5GF era la existencia de los tres “superfactores” que él mismo había formulado: neuro- ticismo, extroversión y psicoticismo. En el tercero se integrarían, según él, los de amabili- dad y responsabilidad, mientras que el de apertura pertenecería más propiamente al ámbi- to de las aptitudes que al de la personalidad. Por su parte, Zuckerman (1991) argumentaba, coincidiendo en gran medida con Eysenck, que los factores de amabilidad y responsabili- dad formaban parte de un único factor (búsqueda de sensaciones) en el que se incluían la impulsividad y el psicoticismo. A pesar de estas y otras muchas valoraciones críticas sobre el modelo de los 5GF lo cierto es que, como antes se dijo, se ha impuesto como el modelo de referencia en el estudio de la personalidad normal y, de manera muy especial, en relación con las nuevas propuestas que se realizan desde ese ámbito de estudio para el capítulo dedi- cado a los TP en el futuro DSM V.

Por lo que se refiere a la evaluación de los 5GF, el cuestionario NEO PI-R (NEO Perso-

nality Inventory-Revised; Costa y McCrae, 1989, 1990) es el instrumento habitual. Consis-

te en una versión abreviada del cuestionario NEO diseñado por los mismos autores para evaluar los 5GF, y contiene 240 ítems que deben ser respondidos en una escala tipo Likert de 5 pasos (desde 1= en total desacuerdo, hasta 5=totalmente de acuerdo, con un punto intermedio neutral). Las puntuaciones directas se transforman en puntuaciones típicas, que se agrupan en 5 rangos: ≤ 35= muy bajo; entre 36 y 45= bajo; entre 46 y 55= medio; entre 56 y 65 = alto; ≥ 66 = muy alto. Hay una versión oficial en castellano publicada por la edi- torial TEA en 2002 (adaptación realizada por la doctora Avia). Además, Trull y Widiger (1997) desarrollaron una entrevista semi-estructurada (Structured Interview for the Five-Fac-

tor Model of Personality, SIFFM) de 120 preguntas que se puntúan como 0 (ausente), 1 (pre-

sente, pero no sugiere disfunción), o 2 (presente y puede ser significativa de disfunción). Por ejemplo, para evaluar la hostilidad (faceta del neuroticismo) se utilizan estas preguntas:

“¿En general, se enfada con facilidad?”. Si la respuesta es “Sí”, se pregunta: “¿Y esto le ha cau- sado problemas en sus relaciones con otras personas, como por ejemplo, discusiones o peleas? Deme

algunos ejemplos”. Si la persona responde positivamente a la primera pregunta, pero no da

ejemplos de la segunda, o no son relevantes, se puntúa 1. Si se dan ejemplos concretos y relevantes, se puntúa con un 2.

Widiger es uno de los máximos defensores de la aplicación del enfoque dimensional para los TP desde la perspectiva del modelo de los 5GF y ha llevado a cabo diversas inves- tigaciones para examinar su utilidad clínica. Una de las formas de analizar este importante aspecto pasa por examinar en qué medida la descripción de la personalidad normal que se deriva de los 5GF permite describir los TP tal y como se plantean en las 10 categorías diag- nósticas del DSM-IV-TR. En una de sus últimas publicaciones (Widiger y Mullins-Sweatt, 2009), se ofrece un resumen de trabajos previos sobre este planteamiento (véase el Cuadro 5.2). Como se observa en el Cuadro son las puntuaciones extremas en algunos de los rasgos las que se relacionan con los diversos TP, diagnosticados mediante entrevistas estandariza- das o con cuestionarios como el PDQ-4+ que se describió en el Capítulo 1. Si bien ese Cua- dro resume las aportaciones publicadas en diversos trabajos, se ha querido resaltar uno en especial (Trull, Widiger y Burr, 2001), ya que en éste se utilizó no sólo el PDQ-4+ como instrumento de comparación, sino además la valoración de la personalidad mediante la Entre-

vista SIFFM que se ha comentado antes, en lugar de un cuestionario de auto-informe. Según

los datos de este estudio, aunque hubo asociaciones significativas entre muchos de los ras- gos y los TP, sólo algunos de esos rasgos predijeron en realidad la presencia de un TP espe- cífico en los análisis de regresión jerárquicos: se trata de los rasgos o facetas que en el cua- dro 5.2 se encuentran señalados con un asterisco (*).

No obstante, hay que tener en cuenta que el modelo pretende ser una auténtica alter- nativa al DSM de cara a la comprensión y el diagnóstico de los TP, y no sólo una forma de describir mejor los elementos o características que definen estos trastornos, tal y como se plantean desde el DSM. Por ello, puede resultar paradójico que parte de los esfuerzos de Widiger y su grupo se centren, precisamente, en “demostrar” la validez y utilidad clínica del modelo tomando como referencia externa, como “patrón oro”, las categorías del DSM. Resultaría ciertamente irónico que todos estos esfuerzos quedaran finalmente en una susti- tución de los criterios diagnósticos por los que actualmente se define cada uno de los TP en el DSM, por un listado de rasgos (evaluables, eso sí, con un cuestionario estandarizado). Para evitar este riesgo, se ha propuesto un procedimiento de 4 pasos para el diagnóstico de un TP (Widiger, Costa y McCrae, 2002).

El primer paso consiste en obtener una descripción jerárquica y multi-factorial de la estructura general de la personalidad de un individuo según los 5GF y sus 30 facetas corres- pondientes. Para ello, el NEO PI-R es el instrumento de elección y, en caso de que se detec- ten puntuaciones elevadas en varias facetas, se recomienda utilizar la entrevista estructura- da SIFFM completa, o sólo aquellas partes que hacen referencia a las facetas en que se detectaron puntuaciones elevadas a fin de confirmar su presencia. En caso de que la aplica- ción de la SIFFM no sea posible (por ej., por limitaciones de tiempo), podrían ser útiles otros procedimientos de valoración más tradicionales (escalas de valoración de gravedad, o una entrevista clínica típica). El segundo paso requiere identificar los problemas vitales que pueda tener el individuo en las diversas áreas de funcionamiento, y especialmente en los

Cuadro 5.2. Descripción de los Trastornos de la Personalidad (DSM-IV-TR) desde la

perspectiva del modelo de los 5 Grandes Factores de la personalidad normal

5 GRANDES FACTORES Y SUS RASGOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD (DSM) Para- noide Esqui- zoide Esqui- zotípico Anti- social Límite Narci- sista Histrió- nico Evita- dor Depen- diente O-C NEUROTICISMO

• Ansiedad Alto Bajo Alto* Alto Alto Alto

• Hostilidad Alto Alto Alto* Alto

• Depresión Alto Alto*

• Ansied. Social Alto* Bajo Alto Bajo Bajo Alto* Alto

• Impulsividad Alto* Alto Alto Bajo

• Vulnerabilidad Bajo* Alto Alto Alto*

EXTRAVERSIÓN

• Calidez Bajo Bajo* Bajo Bajo Alto* Alto*

• Gregarismo Bajo Bajo* Bajo Alto Alto* Bajo* Alto*

• Asertividad Alto Alto Bajo* Bajo

• Actividad Bajo Alto Alto

• Busca excitac. Bajo Alto* Alto Alto Bajo* Bajo

• Emociones + Bajo* Bajo Alto

APERTURA

• Fantasía Alto* Alto

• Estética Alto*

• Sentimientos Bajo Bajo* Alto Bajo Alto* Bajo

• Acciones Bajo Bajo Alto Alto Alto Alto Bajo Bajo

• Ideas Alto* Bajo

• Valores Bajo Bajo

CORDIALIDAD

• Confianza Bajo* Bajo Bajo Bajo Bajo Alto Alto*

• Honradez Bajo Bajo Bajo

• Altruismo Bajo Bajo Bajo*

• Conformismo Bajo Bajo Bajo Bajo Alto

• Modestia Bajo Bajo* Alto Alto

• Sensibilidad Bajo Bajo* Bajo Alto*

MINUCIOSIDAD

• Competencia Bajo Alto

• Orden Bajo Alto

• Sentido del deber Bajo Alto

• Logro Alto* Alto* Alto

• Disciplina Bajo Bajo Alto

• Reflexividad Bajo Bajo* Bajo Alto

Modificado de Trull, Widiger y Burr (2001) y Widiger y Mullins-Sweatt (2009).

ámbitos social y laboral asociadas con sus puntuaciones extremas en cada una de las 30 face- tas. Para ello, proponen utilizar las secciones de la SIFFM que preguntan por estos aspectos

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