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5.2.4 Fidget Widget Discussion

narración que se apoya en textos»? El texto tal como es y no tal como se supone que debe ser, esta es su ley. Sin llegar a la predilección que Gottfried Arnold había mostrado por los heréticos, al menos manifiesta por ellos un interés constante. Escribe también su historia: bosquejo de una historia de los partidos religiosos o de las sociedades al servicio de Dios, de sus litigios y sus divisiones, fuera y en el interior de la cristiandad: Abriss einer Geschichte der Religions Partheyen, oder Gottesdienstlichen Gesellchaften, und der selben Streitigkeiten so wohl als Spaltungen, ausser und in der Christenheit (1755). Los estudia en dos revistas que publica: Nachrichten von einer Hallischen Bibliothek (1748- 1751), Nachrichten von merkwürdigen Büchern (1752-1758): veinte volúmenes en total; y ¿qué son esos libros que exhuma sino, en su mayoría, libros de impiedad? Ciertamente lo refuta, ciertamente indica los buenos autores que se deben oponer a los enemigos de la religión; no por ello vive menos en la compañía intelectual de los que quieren destruirla, como si se complaciera en resistir peligrosamente la tentación.

Finjamos entrar en el aula en que profesa su colega Christian Beneditc Michaelis; éste explica al profeta Jeremías (Ch, B, Mi- chaelis S. Theologiae ac Ph. Prof. Halensis prolegomena in Jere- miam, Halae Magdeburgicae, 4.a ed.,

1733).

Dice que para comprenderlo bien, lo primero que hay que hacer es volver a situarlo en su tiempo; las circunstancias temporales son la luz que ilumina las profecías; de ahí a considerar las profecías como un simple hecho histórico que se ha producido sin intervención providencial, no hay mucha distancia: «etenim historia, uti temporum, sic vaticiniorum lux est, qua demta, tene- bris et caligine plena sunt omnia.» O bien explica el Nuevo Testamento, como si se tratara de Herodoto o de Polibio (D. Ch. B. Michaelis... Tractatio critica De Variis lectionibus Novi Testamen- ti caute colligendis et dijudicandis, Halae Magdeburgicae, 1749). El Nuevo Testamento presenta lecciones diferentes, lo cual es muy natural sí se piensa que sus autores estaban sin duda inspirados, pero que los que han copiado su texto no lo estaban; de ahí muchas faltas, involuntarias o intencionadas, y que pueden llegar hasta el engaño. Para elegir entre esas lecciones hace falta un método: las lecciones de los Padres de la Iglesia tienen menos valor que las de los traductores; las lecciones de los traductores, menos valor que la de los manuscritos. Las mismas leyes de la ciencia que valen para los autores profanos valen para los autores sagrados.

V. Contra la religión revelada 69 el ilustre latinista, Germanorum Cicero, y. apenas menos ilustre exégeta. Expresamente: un texto presenta un solo sentido y no varios. No hay sentido alegórico; hay un sentido preciso, que depende del uso; pues, en definitiva, la relación entre el signo y el sentido es de institución humana, está sometida a los usos humanos, no a otros. Es un asunto de gramática: nullus alius sensus est nisi graminaticus, eumque grammatici tradunt. Libros humanos, libros divinos, deben ser tratados del mismo modo: la Escritura no puede ser comprendida teológicamente, si no ha sido comprendida primero gramaticalmente; la crítica es filológica o no es. (Io. Augusti Ernesti Institutio Interpretis Novi Testamenti ad usus lectionum, 1761.)

Curiosa psicología la de estos sabios: preparan mayores audacias sin confesárselo; sus sucesores son los que verán más claramente los resultados de su trabajo; ellos mismos se apegan aún a la tradición. La curiosidad, la labor histórica y científica de S. J. Baumgarten no lo llevan a romper con la religión revelada; es conservador por hábito, por temperamento, por voluntad, e innovador sólo por la punta extrema de su espíritu. J. A. Ernesti, mientras preconiza, como acabamos de verlo, el empleo del más riguroso método filológico, estima, no sin contradecirse, que éste no debe hacer olvidar ni la inspiración divina, ni la inerrancia, que es consecuencia de ésta. Nos ha definido al teólogo perfecto: es un hombre que representa dos papeles a la vez: uno es común con los gramáticos; el otro le es particular y sólo le pertenece a él. Nada traduce mejor que esta frase, una voluntad de equilibrio que otros ya consideraban como imposible de mantener.

Pues la crítica, desencadenada de nuevo, sigue su pendiente. Johann David Michaelis fue el hijo de Christian Benedict, y fue profesor de Göttingen, como su padre lo había sido de Halle; pero profesor de filosofía, no de teología; profesor de teología, hubiera tenido que suscribir la confesión de Augsburgo, y esto es lo que no quería hacer. Concienzudo hasta el escrúpulo, independíente hasta querer reconstruir todas las disciplinas por sí mismo, gramático,, lingüista, historiador, exégeta, dio a los estudios orientales un nuevo impulso, al mismo tiempo que señaló de una manera decisiva lo que su escuela reivindicaba para la ciencia. En 1750 hace imprimir una introducción a la lectura de los libros del Nuevo Testamento, Einleitung in die göttlichen Schriften des Neuen Bundes; vuelve a ella, la refunde, la aumenta y la conduce, en 1787- 1788, hasta una cuarta edición. Dice que la inspiración de los libros del Nuevo Testamento importa menos que su autenticidad; que aun cuando la divinidad no hubiese inspirado uno solo de esos

70 Primera parte. El proceso del cristianismo