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Flow Classification

5.6 Prototype implementation

5.6.1 Flow Classification

A la vista de las tasas recientes sobre uso de anticonceptivos en los países de origen, no es de extrañar el discurso de algunas mujeres sobre el rechazo del preservativo por parte de algunos hombres marroquíes, ecuatorianos o bolivianos; el preservativo sigue siendo poco utilizado en el marco de las parejas casadas o

en unión en los países de origen, sólo en rumanía su uso es un poco mas frecuente89.

El compromiso anticonceptivo masculino puede manifestarse a varios niveles, desde la decisión en cuanto al momento de iniciar su uso hasta la elección del método y su uso sistemático. Sin embargo, de los dis- cursos producidos en el contexto de esta investigación, se deduce que las mujeres están, en general, poco « acompañadas » a la hora de decidir qué método utilizar; ellos delegan fácilmente, mientras la elección no les moleste demasiado en su relación sexual y la satisfacción de su deseo. la necesidad sexual mascu- lina es poco cuestionada, quizás aun menos, en el marco del matrimonio:

“-Como estaba en tratamiento de tres meses y para que mi marido no diga, que no quiero estar con él, por eso vino a la consulta y el médico le explicó la razón por la que yo no podía tener sexo. Y un día se le ocurrió a él, porque ya me faltaban días para que se me terminara el tratamiento, tuvimos relación y adónde me embaracé.” (Amparo, 30 años, Bolivia).

“E:¿Y con su marido no utilizaron otros métodos como la marcha atrás u otros para no tener otros hijos? -Nada. Nimika.

Trad: Dice que los médicos decían que tampoco los abortos son tan buenos. Peeero queeee… así pasaba. Y que él, su marido, quería normal (se ríe mucho). …Y ella también” (Graciela, 36 años, Rumanía).

Entre la adaptación/adhesión a la sexualidad mascuiina y la falta de acompañamiento, superar los temo- res de irse sola al médico y solicitar lo que necesitan requiere cierta autonomía, a veces difícil de alcanzar. Era el caso de Sara en Ecuador, que esperó en vano el compromiso de su novio

“Y la verdad es que yo no me cuidaba! No, y los tíos son muy machistas! Y ellos no se ponen el condón, y yo tampoco… ¿sabes? Yo le decía, yo recuerdo que al colombiano este, le decía, porque yo tengo un carácter fuerte y le decía “bueno pero, vamos al médico ¿no? Vamos a…yo que sé, al centro de salud, al centro de planificación, para que me den algo! Para que me den unas pastillas o algo, porque es que si no me puedo quedar embarazada y tal”, y el tío pues no quería, no quería, no sé, siempre ponía pretextos y a mí me daba miedo ir sola (silencio) Y no sé, es como… jugar un poco con el peligro, no estaba buscando eso, pero…sabía que podía pasar, pero tampoco me lo creía del todo ¿sabes? Era como, no creo que me pase ¿no?, y…no sé” (Sara, 28 años, Ecuador).

Esta distancia masculina la encontramos también en el discurso de Fadela:

“Yo... conociendo a mi marido él no va a ir conmigo para que le informen sobre la reproducción (risas) porque le da mucha vergüenza y no va a querer. No le queda más remedio de que yo vaya, pero ¿él venir a escuchar? Es muy difícil. Todos los maridos no son tan comprensibles cómo para acompañarte a los sitios a informarse. Sobre todo en Marruecos, en Marruecos los maridos van contigo al médico te dejan en la puerta y se van a la calle luego cuando termines con la consulta te vienen a recoger. Ellos no ponen interés en ir contigo a informarse, en escuchar, les da corte, les da vergüenza... y no lo hacen. Y mi marido... (risas) ese sí que no iría conmigo a ningún sitio... porque le da mucha vergüenza...” (Fadela, 37 años, Marruecos). Sin embargo, en este caso, ella no tuvo ningún problema para decidir que tomaría la píldora a pesar de las reticencias de su esposo. En su situación de pareja, los papeles están casi totalmente invertidos. El marido se queda sin trabajo en el pueblo, en la casa de sus padres, mientras ella vive y trabaja aquí, en España, volviendo al pueblo de vez en cuando. una inversión total de las posiciones tradicionales de género en

el marco migratorio “clásico” sería que el padre cuide de los niños allí. no es el caso, se trata para ella de sumar el papel de trabajadora al de madre. Este desplazamiento-transferencia de poderes y responsabili- dades que provoca la migración y, sin embargo, la carga parental asumida sola sin el apoyo de toda la fa-

milia que se puede encontrar en el pueblo90 constituye la base de la decisión de tener solamente dos hijos.

En varios casos vemos que la configuración de la política migratoria de los últimos años en España ha favorecido a las mujeres que consiguieron la inserción laboral en el ámbito del servicio doméstico, más fácilmente que los hombres. Esta posición, y la tensión creciente del mercado laboral estos últimos años, las dificultades económicas encontradas por las familias que viven aquí, contribuyeron también a definir proyectos familiares reducidos. la mayoría de las mujeres vienen de familias numerosas y pocas son las que quieren más de dos o tres hijos. lo que supone tomar medidas anticonceptivas eficientes.

El cambio de posición de las mujeres en la economía familiar, tiene otras repercusiones sobre las relacio- nes de pareja. Salir del espacio doméstico permite enterarse de las actividades hasta ahora ‘secretas’ de

su pareja91. pero sobretodo, no aguantar tanto como la falta de autonomía económica exige :

“E: Al mismo tiempo me contabas tu, que la infidelidad, era algo muy, muy común

- si! Eso es muy común allí, si, si y de hecho aquí, no sé si habrás visto casos aquí de sudamericanos que vienen aquí a España y suelen tener muchos problemas con el tema este de infidelidad, suelen poner mu- cho los cuernos, pero se da tanto en los hombres como las mujeres, pero que más se estila en los hombres ¿sabes? más se estila en los hombres que en las mujeres

E: que no consideran una relación conyugal como algo…

- no, no, si…claro lo que pasa es que allí las mujeres también están acostumbradas a hacer caso al marido, como muchas de allí no trabajan, solamente dependen del marido, pues entonces tu estas sola en la casa y entonces te tienes que aguantar muchas cosas, el hombre es el que entra, el que sale, tu estas en la casa a lo mejor ni te enteras a lo mejor de lo que pasa, pero como también tienes que depender pues entonces dices mejor, te callas la boca y aguantas ¿sabes?, porque es lo que pasa allí, que aquí las mujeres están más individuales, aquí se trabaja, se entra se sale, pero allí es…menos ¿sabes? si, si allí es menos, pues entonces es lo que pasa” (Dolores, 30 años, Ecuador).

dolores casada con un español, dice que precisamente el engaño sería el rasgo que menos soportaría de un hombre. Cuidando a su niña de pocos meses, espera con mucha impaciencia su reincorporación al mercado laboral. Su nueva condición familiar y el traslado de su residencia a un pueblo la hacen depender de los horarios de trabajo y de la disponibilidad de su marido para poder moverse. Esta pérdida de autonomía le pesa mucho, no está acostumbrada a vivir así sin trabajar. dolores, aguanta pensando que es una situación temporal. isabel, que sigue soltera, tuvo tres relaciones sentimentales con españoles, de ellas dos fueron particular- mente importantes. Su percepción de la diferencia central entre los hombres españoles y sus compatrio- tas reside precisamente en relaciones de pareja caracterizadas por una autonomía mucho más importante de las mujeres.

“- los hombres son muy distintos, muy distintos E: ¿en qué sentido?

- en que los hombres de allí los veo muy machistas, machistas de que quieren que su mujer solamente esté cuidando a los hijos ¿no? Que el que trabaje es él y la mujer a cuidar a los hijos, sólo quieren que la mujer esté en casa, no lo ven bien que la mujer se supere, yo, yo por mi parte por lo que yo he pasado por el mío, porque tampoco tenemos que aguantar eso y entonces pues, no sé yo estoy aquí mejor!” (Isabel, 36 años, Ecuador).

90.- la hermana de Fadela vive al lado con su marido y sus propios hijos y las dos familias se reúnen los fines de semana. 91.- Aunque la infidelidad conyugal parezca una actitud muy extendida en Ecuador, según dolores.