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4.3 Networking data structures for parallelization

4.3.1 Write mostly

la encuesta marroquí sobre población y Salud Familiar realizada en 2003-2004 (ministére de la Santé, OrC macro et ligue des Etats Arabes, 2005) muestra, de hecho, que el matrimonio cambia la situación en cuanto a la fecundidad. la mitad de las mujeres de la encuesta (15-49 años) están casadas y, el 40% de las casadas de entre 15-19 años ya tienen un hijo por lo menos, frente a un 4% del total de las mujeres de esta edad (casadas y no casadas). El 85% de las mujeres casadas de entre 25 y 29 años tienen al menos un hijo frente al 52% del conjunto de mujeres de esta edad. la fecundidad precoz (total -casadas y solteras- de adolecentes de entre 15 y 19 años) es considerada escasa; el 6,5% han empezado su vida reproductiva: el 4,3% eran madres y el 2,2% estaban embarazadas en el momento de la encuesta.

tener un trabajo remunerado, estar casada, tener varios hijos53 y más edad son elementos de estatus que

facilitan la participación de las mujeres en la toma de decisiones. Sin embargo, la toma de decisiones está claramente dividida por sexos: las comidas, las visitas a los familiares y la salud podrán ser comentadas por ellas (estiman poder decidir solas o con alguien en los siguientes porcentajes 67,8%; 48,4%; 42,1%, respectivamente). Su poder es menor para decidir sobre las compras cotidianas y las grandes compras. la dominación masculina en su forma más brutal sigue siendo poco cuestionada: menos de 4/10 dicen oponerse a que un marido pegue a su mujer, sea cual sea la razón. y, las dos terceras partes siguen consi- derando el hecho justificado por, al menos, una de las razones expuestas en la encuesta. la proporción es todavía más alta en el entorno rural, para las mujeres más mayores, las que no tienen instrucción y tienen un trabajo externo no remunerado. En la mitad de los casos, discutir las opiniones de su marido, salir sin

51.- Se pueden reforzar la interiorización de las normas del país de origen y la imposición de una dominación masculina fuerte, cuando la pareja impone su deseo sexual usando argumentos impactantes como la perspectiva del matrimonio y la promesa de tener hijos. Estos hechos intervienen en momentos de la vida de la mujer caracterizados por una vulnerabilidad social, económica y afectiva, el sufrimiento de la soledad y la búsqueda de apoyo incluso sentimental.

52.- Otras formas de dominación masculina se revelan a través de la vigilancia de los hombres de la familia – padre, hermanos-, el matrimonio forzado, o la vida con una pareja violenta. Es decir, diferentes formas de violencia -física o psíquica- que dificultan enormemente la realización personal y la toma de decisiones.

53.- la mala consideración de la condición de soltera impide conseguir el estatus completo de mujer. Este sólo lo logrará cuando tenga hijos, más concretamente, hijos varones.

decírselo y desatender a los niños aparecen como razones que justifican el castigo físico del marido. El 42% de las mujeres piensan que rechazarle sexualmente también lo justifica.

Al contrario, menos de un tercio del conjunto de las mujeres consideran justificado el hecho de que una mujer se niegue a tener relaciones sexuales con su marido, (porcentaje un poco mayor entre las que tie- nen educación secundaria y las que trabajan). la razón mas legitima para negarse (90% de los casos) seria la de saber que él tiene una EtS, y saber que tiene relaciones sexuales con otras mujeres. Estar cansada o sin deseo ya parece menos legitimo (59% de los casos) y haber parido recientemente todavía menos (39% de los casos). Es importante subrayar aquí que la dominación masculina está en el centro del sistema de relaciones de género con una sumisión exigida, y, como estamos viendo, consentida y alimentada por

las propias dominadas54. la superioridad masculina está inscrita en el Corán, y la ley islámica incluye la

jerarquía de los sexos en el derecho civil y penal. por lo tanto “las relaciones sociales entre los sexos en los países del magreb se caracterizan por una desigualdad de derecho y de hecho consensual” (turki, Ferrand, Bajos, 2003).

Este contexto marcado por desigualdades sociales y de género, tanto entre hombres y mujeres como den- tro del propio grupo de mujeres, no impide sin embargo un conocimiento extendido de la existencia de la anticoncepción. más del 90% de las mujeres conocen un método o más, y, de las que conocen, el 99% conocen un método moderno: ‘la píldora’. El 90% de las mujeres casadas han utilizado un método en su vida; un método moderno en la mayoría de los casos.

En realidad, el uso de anticonceptivos parece avanzar, con el aumento de su uso por parte de las nulíparas, para retrasar el primer embarazo, y, en menor proporción, de las primiparas para retrasar la llegada del segundo hijo. Sin embargo, la información de las mujeres sobre los métodos anticonceptivos y sus efectos secundarios parece poco precisa. Así, por ejemplo, el 13% de las mujeres esterilizadas declaran descono- cer que era una práctica definitiva, y, sólo el 19% de las mujeres que eligieron su método en los 5 años anteriores a la encuesta fueron informadas de sus efectos e inconvenientes – todavía menos en el caso de la píldora (14%), pero más por el diu (42%) y el inyectable (56%). las mujeres del medio rural y con menor nivel educativo sufren todavía más estos importantes fallos informativos sistemáticos. Finalmente, el 84% de las mujeres declaran no saber qué hacer en caso de problemas con su método anticonceptivo. Sólo el 28% de las mujeres afirman haber sido informadas sobre otros métodos diferentes al que utilizan. Esta falta de: conocimiento, seguimiento, apoyo y acompañamiento, favorece los abandonos y la discon- tinuidad en el empleo de anticonceptivos. de hecho, casi un tercio de las mujeres renunciaron al método usado durante el primer año porque: el método fracasó, querían tener un hijo o porque querían cambiar a otro método. En general, la mayor causa de discontinuidad es el deseo de tener hijos (28,5%) mientras que: el fracaso, los problemas de salud, el deseo de un método más eficaz y la ausencia del marido repre- sentan, juntos, las causas de más de la mitad de los abandonos.

la previsión de rechazo de la anticoncepción que declaran una parte de las mujeres de la encuesta, res- ponde al hecho de querer tener el mayor número de descendientes posible, de oponerse a su uso, y, el miedo a ser poco fecunda o estéril, son factores importantes para las más jóvenes (15-29 años). la sub- fecundidad es una razón todavía más importante para las mujeres de entre 30 y 49 años. por último, subra- yar que tanto para unas como para otras, la referencia a una prohibición religiosa es casi inexistente (1%).

5.1.4 La interrupción voluntaria del embarazo

la investigación de turki et al, con mujeres magrebíes en Francia, aborda el tema de los embazaros ines- perados, y, nos muestra las dificultades que estas mujeres encuentran y la variedad de situaciones vividas que conducen a tomar la decisión de abortar, a veces, de manera reiterada. la especificidad del grupo -mujeres procedentes, en su mayoría, de medios populares, algunas en situaciones de fuerte precarie-

dad- no permite la generalización de las reflexiones ya que no capta la diversidad de situaciones existente. pero sí ilustra cierta realidad de la situación de la población inmigrante y de la confrontación a sistemas de referencia diferentes, con todos sus matices. Como subrayan las autoras, “si se pueden definir como pertenecientes, en términos de referencia cultural, al mundo musulmán del magreb, la proximidad con la cultura de la familia de origen declina según varias modalidades. pertenecer a la primera o la segunda generación de migrantes, el tiempo de estancia en el país de acogida, los motivos y circunstancias de la migración, son factores distintivos. A eso se debe añadir el propio posicionamiento en cuanto a los valores y normas de la cultura de origen. también, y esta no es la menor diferencia, los recursos personales y el contexto singular que pueden autorizarlas a “resistir” a un modelo en el cual no se reconocen necesaria- mente. Esta adhesión o resistencia además no se declina de manera sistemática según las características “objetivas” de cada mujer” (turki et al, 2003:313-314).

Como subrayan estas autoras, tampoco es cuestión de caer en un determinismo cultural. por ejemplo, el uso iterativo del aborto por parte de las mujeres magrebíes, encuentra sus razones no tanto en el origen cultural o religioso como en las condiciones de vida, de acceso a los métodos anticonceptivos y la natura- leza de la relaciones de pareja.