5.3 State of the art
5.3.1 I/O Frameworks and virtualization
A pesar de la fuerte carga social y emocional que culpabiliza el acto, las mujeres abortan. Hemos visto que una manera de superar/resolver la contradicción que supone para la mujer, consiste en definir las condi- ciones en las cuales la practica parece más legítima. En el discurso de mujeres bolivianas o ecuatorianas: una enfermedad grave o la imposibilidad material de educar al niño hacen que sea más aceptable, sin embargo, hay otras soluciones como confiar el niño a otras personas (mencionado sólo por Amparo): no se puede condenar a un “ser humano” por tener una aventura.
“Yo creo que es mejor decir, a que lo adopté o que lo di a esos centros de acogida, a que lo aborté... tal vez tenga, un futuro mejor ese hijo. No que te embaraces por una aventura y que la única solución es el aborto, ahí no. Es un ser humano como tú, si por ahí tus papás pensaron en abortarte... y... no...” (Amparo, 30 años, Boliviana).
Abortar es sin dudas más fácil, en el sentido de correr menos riesgos para la salud, en España que en sus países de origen. viviendo aquí, dos mujeres tomaron esta decisión frente a un embarazo inesperado y no deseado. queremos subrayar a través del testimonio de vilma, como a veces, los profesionales sanitarios en lugar de suponer un apoyo positivo se convierten, como consecuencia de sus prejuicios, en una carga más que soportar para estas mujeres. Algunos profesionales estigmatizan todavía más que la propia refe- rencia religiosa.
7.5.1 Las prácticas poco profesionales de algunos sanitarios
Escuchando a las mujeres, a veces, nos preguntamos si estamos ante profesionales de la salud o guardia- nes oficiales de la moral. vilma vive con su marido en Andalucía, pero han dejado a su niña en Bolivia. Cuando se entera de que está embarazada, se va al centro de salud y, la doctora dio por supuesto que quería abortar: se equivocó y consiguió que la mujer no volviera a pisar el centro de salud durante todo su embarazo:
“Y bueno ya fui aquí al médico lo primero que me dijo mi doctora fue que si quería abortar, ni siquiera me escuchó ni me dijo nada. No me dijo nada sólo ¿quieres abortarlo? Y yo me sentí rara... salí y le dije a mi esposo... “mira lo que me dijo la doctora”... y me dijo... uhm no... no... y yo tampoco estaba de acuerdo. Me asusté y no volvimos jamás ni a hacerme un control ni nada... hasta que me fui a mi país... ya no me hice control hasta los siete meses de embarazada de aquí de España. No me hice control ninguno aquí... en el... ambulatorio... ni en ningún médico. Ahí en mi país ya me hicieron los análisis y ya me dijeron como estaba mi niña y todo... me hice hacer ecografías y me dijeron que todo que estaba muy bien” (Vilma, 36 años, Bolivia).
la niña nació con una enfermedad grave del riñón, hubo muchas dificultades y casi la perdieron, se quedaron en Bolivia mucho tiempo para salvarla. volvieron después a España y ella se quedó otra vez embarazada.
“A ver estábamos en el dos mil cinco, dos mil seis... que ya no queríamos tener más hijos... y ni mi marido ni yo quisimos hacerlo pero estábamos ilegales en un país, teniendo una niña allá y otra acá y que yo no podía trabajar... imagínese la situación y por aquél entonces la niña tenía un año y medio cuando vino y no podía dejarla con nadie... la dejaba y me sentía mal... y ahí si dijimos otra niña más u otro bebé y ahí sí que aborté” (Vilma, 36 años, Bolivia).
vilma conocía la píldora Anticonceptiva de urgencia, pero varios hechos contribuyeron a que no la usase: no estaba integrada en su rutina, no se acordó de ella, después pensó que era demasiado tarde, no se evalúa el riesgo asumido al tener la relación…:
“-La píldora del día después.. pues yo qué sé... yo no le he tomado interés o se me olvidó […] No me di cuen- ta... yo pensé como ocho años me he cuidado y no me ha pasado esto, a mi no me va a pasar... (risas)... yo miraba el calendario...
E:. Claro, tú controlabas el calendario...
V- Y dices... no me va a pasar a mí y me pasa […] también era tarde... era lunes... y ya no podía tomármela... E. O sea, ¿que abortaste de pocas semanas?
V- Sí, casi de cuatro... poquitas semanas... E ¿Cómo te trataron?
V- Muy bien, muy bien... muy amables. Primero pasé con un psicólogo que me habló de porqué estaba tomando esa decisión... trató de hacerme cambiar de idea pero... Casi lo logra, para qué voy a decir que no... Casi lo logra, pero... Es que era... más el dolor que sentía yo por mis hijas y traer otro niño más para sufrir y la verdad es que todo era muy difícil y no era... pues, así que no... la tuve que tomar... y nada muy bien... me llamaron a los pocos meses para hacerme un control y estuve bien...
E. Y bien... ¿ya estás bien...?
V- Tranquila. Por eso que tomé la decisión cuando me dijeron que podía ligarme... sin pensarlo lo dije. Por- que yo ya no quería volver a abortar... tampoco tomar ninguna pastilla por si no resultaba y otra vez tener que abortar y así ya no tengo ningún crío más... (risas)... (Vilma, 36 años, Bolivia).
En una tercera ocasión esta mujer tuvo que soportar los juicios de los profesionales. Esta vez a través de un recurso retórico muy común en las ideologías racistas: la sinécdoque es un tipo de metonimia que consiste en tomar una parte por el todo:
“Y entonces el médico me preguntó que cómo yo había sabido de eso y se lo expliqué que yo estaba espe- rando un hijo que lo aborté y que así me enteré. Y dijo sí... y dijo como que... también me dijo como que nosotros venimos aquí y que intentamos abortar. Sí hay inmigrantes que abortan aquí, lo sé... pero... Yo cuando dijo esto me sentí mal... Cuando me trató de esa manera... no lo dijo directamente pero lo dijo indirectamente... y le dije sí mira... no... no sé...” (Vilma, 36 años, Bolivia).
Consideramos que sobran los comentarios sobre el fuerte desequilibrio de la relación médico-usuaria, la falta de ética del médico, de la psicóloga (añadiendo dificultades y cargas sobre la mujer en vez de aliviar- la)..., la situación de vulnerabilidad vivida por la mujer. Estas prácticas además de no ayudar en nada a nadie, contribuyen a ahuyentar a las mujeres de los servicios públicos de salud. Con el agravante de que estos ‘seudo-profesionales’ saben que no serán ellas quienes protesten, se quejen o tramiten las corres- pondientes denuncias, saben que están frente a gente en situaciones difíciles que no se van a quejar. Es notable como vilma califica el trato recibido de la psicóloga como muy bueno, en ningún momento de su relato usa términos que muestren cólera, rabia o intención de denunciar, tan sólo manifiesta haberse sentido dolida...