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2 CHAPTER TWO: MATERIALS AND METHODS

2.2 METHODS

2.2.5 Flow cytometry assays

En el capítulo IV se concluyó que el esquema de evolución histórica presentado por Kuhn resulta aceptable para explicar la evolución del concepto de “uso” en la lingüística norteamericana. En el capítulo I, se rechazaron dos hipótesis inspiradas también en el modelo de Kuhn:

(1) Las teorías generativista y sistémico-funcional no son ejemplos de una preciencia que no ha llegado elaborar un paradigma.

(2) Tampoco son “inconmensurables”.

A propósito de las ideas de Kuhn, al final del capítulo IV se estableció que el rechazo de algún supuesto de un modelo epistemológico no implica el rechazo de otros. Por ejemplo, aquí se abandona la idea misma de inconmensurabilidad, pero se acepta la

tesis de que la ciencia avanza a través de modelos cada vez más precisos. Este punto tal vez indique una contradicción que el mismo Kuhn no percibió: su idea de inconmensurabilidad impide evaluar el posible contenido de verdad y de realismo de las teorías científicas en permanente progreso. Justamente, al final de este capítulo se presenta un balance general sobre los aspectos positivos y negativos del modelo de kuhnenano. Entre los primeros se destaca la concepción de la ciencia como un proceso histórico-social que va mejorando nuestro conocimiento del mundo. Entre los últimos, la posible caída en una postura relativista de la que el mismo Kuhn reniega.

Los méritos fundamentales de la conocida obra de Thomas Kuhn son la concepción de las teorías científicas como estructuras complejas y la atención prestada a la historia de la ciencia. El aspecto más saliente de su modelo epistemológico es la importancia que se le atribuye al carácter revolucionario del progreso científico, donde “una revolución supone el abandono de una estructura teórica y su reemplazo por otra, incompatible con la anterior” (Chalmers 1982: 127). Otra cuestión por la que se lo ha felicitado es la puesta en foco de los condicionamientos sociológicos que actúan sobre la práctica científica. La valoración de la obra de Kuhn se hace compleja. En este capítulo (y, especialmente, en el XVI) voy a sostener que, por un lado, la denuncia de Kuhn es valiosa porque nos obliga a estar atentos a las manipulaciones que se hacen en nombre de la ciencia pero que, por otro, los factores sociológicos que menciona Kuhn no definen el conocimiento científico mismo. En síntesis, considero que Kuhn abandona la racionalidad y se ubica en una posición no-racionalista o relativista que es incompatible con la que quiero defender para hablar del progreso las teorías lingüísticas.

La idea del progreso científico en Kuhn puede esquematizarse por medio de una serie de etapas claramente identificables: 1) pre-ciencia, 2) ciencia normal, 3) crisis, 4) revolución, 5) (nueva) ciencia normal.

La etapa precientífica está constituida por un conjunto de investigaciones desorganizadas y contradictorias. Por ejemplo, antes de Newton, no había una

concepción unánime sobre de la naturaleza de la luz (cfr. I); pululaban escuelas competidoras que aceptaban diversas variantes de la teoría epicúrea, de la aristotélica o de la platónica. Una de las escuelas consideraba que la luz estaba compuesta de partículas que emanan de cuerpos materiales. Otra, que era una modificación del medio

existente entre el objeto y el ojo. Una más, que se trataba de una interacción entre el medio y una emanación del ojo (Kuhn 1962: 36ss).

Como vimos en el Capítulo I, esta rivalidad de teorías que manejan supuestos contrarios tal vez permitiría apoyar la hipótesis de que la lingüística aún se encuentra en el estado anterior al paradigma. Esto es, una respuesta inicial sería afirmar que la lingüística está, en los albores del siglo XXI, como la óptica a comienzos del siglo XVII. En ese caso deberíamos admitir que la que la lingüística generativa y la lingüística funcional comparten un mismo objeto de estudio, el lenguaje. Cabría esperar entonces, si aceptáramos esta propuesta, que una teoría se impondría y que la otra desaparecería, o bien que surgiría una tercera que desplazara a las dos.

Debo rechazar esta hipótesis para explicar la “rivalidad” entre la teoría generativa y la sistémico-funcional. En el capítulo VI he defendido la tesis de que ambas teorías proveen explicaciones nomológico-deductivas y probabilísticas. De un modo similar, en el próximo capítulo, dedicado a los programas estructurados de Lakatos, voy a sostener que estas teorías constituyen programas progresivos, capaces de promover investigaciones futuras y de hacer predicciones nuevas. La diferencia entre el generativismo y el funcionalismo, entonces, no puede explicarse como la mera diversidad que existe entre las escuelas del período de preciencia. En síntesis, rechazo que la lingüística sea una caso de “pre-ciencia” en términos de Kuhn. La preciencia inmadura y desarticulada se caracteriza por la falta de acuerdo en lo fundamental, que se debate de manera constante haciendo imposible abordar un trabajo detallado y esotérico. (Esa es la situación de gran parte de las ciencias sociales en la actualidad según Nagel (VI, 2)).

La etapa que le sigue a la pre-ciencia es la ciencia normal: una investigación basada firmemente en una o más realizaciones científicas pasadas, realizaciones que alguna comunidad científica particular reconoce durante cierto tiempo, como fundamento para su práctica posterior. En efecto, los científicos que trabajan dentro de un paradigma como la mecánica newtoniana, la óptica ondulatoria o la óptica geométrica desarrollan “ciencia normal”. El paradigma es, justamente, el apoyo indispensable de la ciencia normal: se trata de un conjunto de conocimientos que atrae a un grupo duradero de partidarios y que es lo bastante incompleto como para dejar muchos problemas por resolver (Kuhn 1962: 33). Durante las investigaciones, los

científicos se van a encontrar con aparentes falsaciones. Si estas dificultades se agravan hasta un punto en que la teoría parece atascarse, se desarrolla un estado de crisis, que recién se resolverá cuando surja un paradigma nuevo y, con él, una nueva ciencia normal. En el capítulo IV se analizó una interpretación particular de este proceso, junto con otros temas adicionales, a propósito de la crisis que sufre la lingüística de base conductista cuando se trató de explicar la adquisición del lenguaje. Esa transformación que le sucede a la crisis es una revolución científica. Digamos que, en términos de Kuhn, el surgimiento de la astronomía copernicana (VI, n.3) o la aparición de la gramática transformacional de Chomsky constituyen ejemplos de revoluciones científicas.

El paradigma1 funciona como un criterio de demarcación. Efectivamente, en la no- ciencia coexisten paradigmas diversos: tal es el caso de la óptica prenewtoniana y, tal vez, de la teoría literaria y de la economía2. Una ciencia madura, una ciencia normal, o una ciencia a secas, se rige por un solo paradigma. Como dice Chalmers: “La mecánica newtoniana, la óptica ondulatoria y el electromagnetismo clásico constituyeron y quizá constituyen aún paradigmas y se califican de ciencias. Gran parte de la sociología moderna carece de un paradigma y en consecuencia no se califica de ciencia” (1982: 129). Considerar que la mecánica newtoniana o la óptica ondulatoria todavía son paradigmas es tan complejo como interesante. En primer lugar, parece un cuestionamiento a la misma definición de paradigma: la física moderna responde, al mismo tiempo, a la mecánica clásica y a la relatividad, a la óptica geométrica y a la óptica ondulatoria. Eso significa que las disciplinas científicas constituyen estructuras más complejas que lo que el mismo Kuhn cree. Ni siquiera en la física parece haber un paradigma absoluto que cubra todos los campos. Que luego se hable de ‘teorías’, ‘ejemplares’ o ‘matrices disciplinares’ es un mero problema terminológico. Lo importante es que si decimos que la física newtoniana es todavía un paradigma –cosa que me parece correcta– debemos admitir la posibilidad de que en las ciencias maduras también haya más de un paradigma, incluso uno falso. De este modo, el criterio de demarcación de Kuhn parece derrumbarse o, por lo menos, necesita algún refinamiento, que tal vez se logre con la idea de ‘programa’ de Lakatos.

Los rasgos más o menos característicos de un paradigma son los siguientes: 1) leyes o supuestos generales fundamentales, 2) maneras normales de aplicar las leyes o

supuestos fundamentales a diversas situaciones, 3) instrumental o técnicas para que las leyes del paradigma se refieran al mundo real, 4) principios metafísicos generales. Veamos cómo funcionan estas características llevadas a varios candidatos potables.

Tabla 8.1. Comparación elemental de candidatos a paradigmas de la física y de la lingüística

Para digmas Rasgos del

paradigma

Mecánica clásica Relatividad Lingüística generativa Lingüística sistémico-funcional 1. Leyes o supuestos fundamentales

Las tres leyes del movimiento y la ley de gravedad.

Los dos principios de la relatividad: ‘la velocidad de la luz es constante’ y ‘las leyes físicas son independientes del sistema de referencia’

El lenguaje es una facultad de la mente que adquiere independientemente del uso. El lenguaje es una forma de conducta que se desarrolla a partir de las funciones que necesitamos desplegar. 2. (Ejemplos de) aplicación normal de las leyes Explicación del movimiento planetario. Explicación del movimiento de las galaxias. Explicación de la adquisición del lenguaje. Explicación del vínculo entre la estructura lingüística y el uso. 3. (Ejemplos de)

técnicas Telescopios. Técnicas de recolección de datos. Aparatos para experiencias como las de Michelson. Tests de juicios de

gramaticalidad Lingüística de corpus 4. (Ejemplos de)

principios metafísicos

El mundo físico es un sistema

mecánico que actúa según las tres leyes del movimiento

No existe el tiempo

absoluto de Newton. Todo individuo es profundamente creativo (por su capacidad de producir oraciones ‘nuevas’) Todo individuo es profundamente creativo (por su capacidad de producir textos ‘nuevos’)

La tabla anterior pone de manifiesto el problema que se está tratando de resolver a lo largo de esta tesis, al menos en lo que concierne a la lingüística. Hay dos planteos que se excluyen:

(1) Una ciencia permite que haya más de un ‘paradigma’.

(2) La existencia de más de un ‘paradigma’ en una disciplina indica que esa disciplina no es una ciencia.

Insisto en que el planteo del mismo Kuhn es problemático, aun para la física, si se entiende que, en la actualidad, la física de Newton es un paradigma. Si no lo es, ¿por qué se la sigue enseñando y aplicando?3 Tal vez se pueda decir que la teoría newtoniana fue sustituida por la de Einstein pero que aún sirve como una descripción del mundo en los términos macroscópicos de nuestra dimensión humana. En ese caso, no se cumpliría

totalmente con una obligación fundamental del paradigma: para Kuhn, la ciencia normal, por medio de la articulación de un paradigma unánimemente aceptado, tiene que ser una descripción lo más adecuada de la parte del mundo real que le toque ver. (Por esto Davidson afirma que Kuhn trabaja con esquemas conceptuales que se ajustan al mundo)4. La cuestión remanente es ésta: ¿cómo se puede entender que la teoría de Newton es un paradigma si se sabe que es una descripción que no se ajusta en un todo al objeto que intenta describir?

La noción de ‘paradigma’ es ciertamente compleja y se enfrenta con el conocido problema de la definición de Wittgenstein.

¿Cómo le explicamos a alguien qué es un juego? Creo que le describiríamos juegos y podríamos añadir a la descripción: “esto, y cosas similares, se llaman ‘juegos’”. ¿Y acaso sabemos nosotros mismos más? ¿Es acaso sólo a los demás a quienes no podemos decir exactamente qué es un juego?- Pero esto no es ignorancia. No conocemos los límites porque no hay ninguno trazado. Como hemos dicho, podemos –para una finalidad especial- trazar un límite (Wittgenstein 1953: 91).

Así como no parece posible consignar las condiciones necesarias y suficientes para que una actividad sea un juego, si se trata de efectuar una descripción explícita y precisa de algún paradigma científico siempre ocurre que algún ejemplo va en contra de la descripción. De todas maneras, el científico se forma en un determinado paradigma. Tal vez no sea capaz de explicitar los métodos, las técnicas y los supuestos metafísicos, porque gran parte del conocimiento que maneja el científico normal es un conocimiento tácito. En efecto, a partir de la influencia de Michael Polanyi (1973)5, Kuhn cree que el conocimiento teórico explícito se da sobre un fondo inarticulado e implícito, tácito pero imprescindible.

La concepción del conocimiento de Kuhn pretende ser una concepción progresista y dinámica, como puede advertirse por la idea de ascenso de la preciencia a la ciencia normal. Ese dinamismo se advierte también en su idea sobre las revoluciones científicas.

2. Estructura revolucionaria de la ciencia: el epistemólogo como historiador y

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