¿Cómo anclar la atención de los lectores al texto narrativo? El juego participativo en la complejidad de la trama permite generar un imaginario, para quien lee, de que experimenta los sucesos junto con los personajes.
Un bosque es, para usar una met{fora de Borges *<+ un jardín cuyas sendas se bifurcan. Incluso cuando en un bosque no hay sendas abiertas, todos podemos trazar nuestro propio recorrido decidiendo ir a la izquierda o a la derecha de un cierto árbol y proceder de este modo, haciendo una elección ante cada árbol que encontremos. En un texto narrativo, el lector se ve obligado a efectuar una elección en todo momento.
Eco, 1996, p.14
Contursi y Ferro plantean la dinámica complicación y resolución como partes fundamentales para suscitar el interés del lector:
Esta complicación puede ser un suceso en el que no intervienen personas, como un terremoto, pero debe involucrarlas *<+ sus acciones (incluidas sus reacciones) frente al suceso son el núcleo de toda narración. Esta acción podría ostentar el carácter de una dilución de la complicación. La categoría de la narratología tradicional que caracteriza esa dilución es la resolución, que puede ser tanto negativa como positiva.
La complicación y la resolución constituyen, entonces, el centro del texto narrativo.
En términos teóricos, van Dijk designa como suceso a la integración: complicación y resolución (Contursi y Ferro, 2000, p.31). Además, todo suceso se inscribe en un marco (tiempo y circunstancia), y un marco puede contener varios sucesos; en una escala mayor, un episodio está conformado del suceso y el marco.
La complicación del contexto narrativo es caldo vital para la postmodernidad. De Toro (2008, pp.36-38) señala como características de esta epistemología postmoderna:
no hay autoridad ni origen absoluto.
Se sustituye el pensamiento binario por: fragmentación, diferencia, rizoma, diseminación, entre otros rasgos.
Los conceptos de verdad y realidad están abiertos, son plurales. Se cuestiona todo tipo de normas.
Hay un acercamiento al discurso de las periferias y minorías.
El individuo se reconstruye; su discurso se funda sobre un infinito rizoma. Las series discursivas son ajerárquicas, se entrecruzan; una no es más
dominante que la otra.
El caos es dominante, aunque esto no implica vivir en una total arbitrariedad e irracionalidad.
En esto resulta imperioso registrar desde dónde parte el hecho narrativo, y para responderlo, Contursi y Ferro (2000) se referirán a la focalización y el narrador. La articulación entre fábula y trama presenta el discurso narrativo (Contursi y Ferro, 2000,
p.35), y en esto vale rescatar que en la narración efluye la polifonía cuando hay mayor tensión.
Es necesario distinguir la fábula respecto de la trama, pues en la primera el movimiento opera de forma lineal: un inicio a un final; la trama juega con redes de conexión, y esto se puede dar a través de estrategias como saltos en el tiempo, que da vitalidad a la trama: prolepsis como adelantamiento (anticipación) y analepsis como retroceso (Contursi y Ferro, 2000, p.35). Adicional a esto, vale rescatar lo siguiente:
Las estrategias narrativas que afectan la relación de duración pueden ser agrupadas bajo cuatro grandes grupos: las elipsis, las pausas descriptivas, las escenas dialogadas y el relato sumario (o resumen).
El término elipsis se usa para dar cuenta de los casos en los que ningún segmento de relato corresponde a una duración cualquiera de la historia *<+ Pausa descriptiva se refiere al caso en el que a un segmento cualquiera del relato no le corresponde ninguna duración en la historia *<+ escena dialogada *<+ es sólo un efecto de sentido, puesto que de ningún modo la escritura del diálogo puede restituir, por ejemplo, las velocidades de emisión que se utilizaron en el diálogo ni la extensión de los silencios. Por último, el relato sumario o resumen es una estrategia variable según la cual se acelera el tiempo del relato (en relación con el de la historia).
Contursi y Ferro, 2000, pp.43-44
De este modo, ya se evidencia que la noción del tiempo es otro de los referentes por considerar en los juegos de la complicación textual.
Con respecto a la fluctuación del tiempo, la hipotiposis es una figura retórica (Contursi y Ferro, 2000, p.37) que precisamente sirve para dilatar el tiempo del discurso y el de la lectura con respecto al de la fábula, lo cual genera la percepción de que se mira lo descrito. Este funcionamiento remite al concepto de ficción, en tanto el tiempo se construye en estas licencias retóricas, y: “todo relato es ficcional, y ficción, en su sentido etimológico, significa construcción” (Contursi y Ferro, 2000, p.38).
El tiempo como operador de construcciones discursivas es distinguido por Ricoeur (2001, p.385): “comenzar in media res, como Homero en la Odisea, y luego volver hacia atrás, para explicar la situación presente: todo esto con el fin de distinguir claramente la narración literaria de la histórica”. Existe una configuración temporal, y esto implica un orden lógico de organización, por lo cual, la complejidad también se puede registrar, leer con la finalidad de resolver el hoyo de su trama, o al menos decir algo acerca de esta, y por esto no es lejano pensar que: “la verdad tiene una relación esencial con el tiempo” (Ricoeur, 2001, p.385).
Estas nociones permiten aludir a un texto en la complejidad: “Como señala Bajtín, cada texto participa de forma consustancial de un contexto dialógico con los demás textos de la vida social con respecto a los cuales establece réplicas, proposiciones, acuerdos, repeticiones, variaciones, etc.” (Leyva, contenido en Mackenbach, 2008, p.69). Este desplazamiento dinámico precisamente conduce al orden de la no linealidad, sino a la posible intervención de saltos con interconexiones que se integran en distintos puntos, sin un preciso estamento de sucesión de cosas; esto sigue la lógica de un sistema abierto, cuyas interacciones continuas generan variaciones posicionales entre objetos que luchan por asumir un lugar. Tal dinámica es la que ocurre en la Biblioteca de Babel, que
así se constituye en pleno laberinto de saber. En una biblioteca habrá pérdidas de libros, pero también reproducciones de originales, así como ediciones con fe de erratas.
Es distinto cuando se trata de un sistema “cerrado”, como por ejemplo, si se piensa el interior de una célula, cuya organización interna será regular. En un estudio acerca de organización del núcleo celular, realizado por Maria Vartiainen (2013), Universidad de Helsinki, se pudo registrar cómo existen posiciones específicas entre los núcleos de proteínas que guardan ADN, y que incluso, cuando se alteran las posiciones, es un indicador de algún virus presente en la estructura. Por lo tanto, para efectos del estudio literario que nos compete, la alteración de un sistema organizacional puede constituirse en
un indicio de muerte por venir.
A modo comparativo, respecto de la no linealidad, el mundo cibernético está construido de hipertextos que enlazan informaciones, las cuales no son leídas linealmente, sino por brincos predeterminados por el sistema operativo. Este orden de
cosas es lo que podría llamarse pulsares de interconectividad.
El encadenamiento de significantes estructura un lenguaje dinámico (grafemas → morfemas → palabras → frases → oraciones → discurso); leerlo requiere tiempo y ópticas interdisciplinarias (multi-, trans-)19, además su lectura no necesariamente sigue el curso lineal, opera cada vez más a modo de hipertexto: saltos dimensionales, sin límites.
19Payne (2002, p.206) interroga la operatoria de estudios culturales: “<<¿son necesariamente transdisciplinarios, interdisciplinarios o (Clarke) “indisciplinados”, o son parte de un giro hacia un periodo “posdisciplinarios” en la producción académica, tal vez vinculados a otros desarrollos posmodernos?>>.
En esta compleja estructura de variables dinámicas, el acercamiento interdisciplinario (multi-, trans-), se establece como una posibilidad de anclar distintos puntos de lectura desde los marcos ópticos; en tal integración de estudios, podrían trazarse aproximaciones sobre un objeto que se aleja velozmente de la vista, pero del cual, al menos se obtendrá el registro de su manifestación: “cada ser tiene una multiplicidad en sí mismo, un mundo de fantasmas y de sueños que acompañan su vida” (Morin, 2007, p.87).
Las complejas interacciones caracterizan a los sistemas abiertos y complejos que, para leerlos, por ejemplo, desde la teoría crítica, requerirán de una integración de operaciones de lectura en lo lingüístico, antropológico, psicológico, teológico, económico, criminalístico, matemático, etc. La integración disciplinaria perseguiría la aspiración de Poincaré (1963, p.146): “la superposición de un gran número de fenómenos elementales muy parecidos entre sí”. En un texto no son las unidades de grafemas lo que hacen complejo el sistema, sino la dinámica propia que asumen en el sistema abierto de la escritura; una metáfora útil es el origami, que al iniciar en un plano,
sus pliegues revelan el volumen escondido.
La ficción es compleja porque juega con dobles, espejos, laberintos, etc., y de ese modo causa una multiplicidad de sentidos y transformaciones. En esto puede ser útil la noción de simulacros, derivado del significante latinosimulacrum: imagen, copia, sombra de los muertos, representación, fantasma.
Los simulacros están en las bases míticas del imaginario colectivo. El decálogo yahvista
facies tibi sculptile neque omnem similitudinem quae est in caelo desuper<” (Ex, 20,4)20. Al trabajar con el significante latino similitudinem, resulta más evidente el salto hacia el simulacro de la multiplicidad, pero precisamente este rasgo tiende a desestabilizar al sistema operante, por lo cual no se promueve la diversidad, en tanto es peligrosa: el ideal de control es la unidad.
En Éxodo 20,4, Yahvé establece el mandato de no crear imágenes del cielo; pero en Deuteronomio es m{s intensa su sentencia: “Maldito el hombre que haga un ídolo esculpido<” (Dt 27,15). Al crear el simulacro, si el promotor no mantiene un control estrecho sobre lo creado, rápidamente se difumina la idea inicial, surgen variaciones que degeneran la simiente original.
Baudrillard (2005) resalta un orden todopoderoso en los simulacros, incluso ubica el simulacro como aquello inmediato con lo que se aprende a ser: “Dios no ha sido nunca, que sólo ha existido su simulacro” (p.15). Y tal como se ha venido exponiendo, estos simulacros son un intento de alejar una “potencial” amenaza; se invierte con el fin de que una ley sea referida como ley divina, en tanto protectora, lo cual la constituye en reguladora de relaciones sociales.
Joseph Campbell (1972) reflexiona sobre la figura del héroe mitológico, de quien se reconoce la posibilidad de transfigurar el mundo: “Cuando esta hazaña se realiza, la vida ya no sufre desesperadamente bajo las terribles mutilaciones del desastre ubicuo” (p.34). Así, la alteración del entorno, que posibilita un héroe cultural, se constituye en
20 “No te har{s escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos<” (Trad. Biblia de Jerusalén, 1998)
un simulacro por una nueva organización; pero para instituir ese ordenamiento, es necesario, de cierto modo, mutilar lo establecido.
El simulacro puede conducir a la pérdida de memoria, lo cual se vincula asimismo con una desorientación respecto del espacio y el tiempo: esto es principio del caos. Por ejemplo, el mito de la búsqueda de Aztlan, que relata fray Diego Durán, muestra que los 60 sabios aztecas dejaron sus cuerpos naturales y ropas, para transformarse en diversos animales; al final, regresaron unos cuantos sacerdotes, muchos fallecieron en la travesía, pero para volver a estar con su gente, los sacerdotes tuvieron que pasar por otra metamorfosis, así recuperaron nuevamente sus cuerpos humanos y se cubrieron con la ropa y el resto del registro simbólico cultural. Esta aventura reveló que cuando los sacerdotes recobraron su antigua condición social, ya no podían indicarle al rey Motecuhzoma el camino originario a Aztlan, pues el saber del otro lugar se quedó con las formas que eran propias de aquel espacio-tiempo, y concluye Duverger (1987, p.107): “Depositarios de una visión privilegiada, sólo les es posible ofrecer una descripción de una imagen”. De este modo se ejemplifica que portar ropas o adornos implica un saber en el sujeto cultural, desposeer estos signos es un estado de desconocimiento.
José Antonio Marina resalta la función de la memoria como constructora: “vemos, interpretamos y comprendemos desde la memoria *<+ buscamos, descubrimos, inventamos, construimos desde la memoria” (contenido en Duch, 2002, p.144). Esta búsqueda es, como diría Platón (1999, p.302), una reminiscencia, el encuentro del alma con su ser inmortal, en tanto que eso buscado ha estado ahí desde antes del propio
nacimiento corporal. El recurso de la memoria, aplicado al texto de la complejidad, posibilita el acceso a un orden de dis-curso sobre aquello extraño, anómalo.
Finalmente, el pasaje por la complicación textual involucra la intervención de simulacros; quizá no casualmente Borges emplea el gólem como uno de estos ejemplos, lo cual también dirige la atención hacia la muerte. En un texto complejo, una posibilidad de resolución es morir; esto se podrá detallar en los juegos de laberintos de Borges. Habría que registrar si el desenlace mayoritario en los laberintos sea la muerte o la locura, como posibilidades de resolución.