Antes de delimitar la especificidad del abordaje metodológico, considero relevante considerar brevemente la relación del psicoanálisis con otras disciplinas desde ambos de esa relación, configurando una suerte de “diagnóstico general”. Del lado de la teoría y el pensamiento contemporáneo, la posición asumida frente al psicoanálisis puede ser calificada como ambivalente: por un lado, como plantea P- filosofía política, los destacados trabajos de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, cf.
L. Assoun, la teoría analítica “apesta”23 todas las disciplinas, y basta una mirada superficial para observar el uso extendido y muchas veces inadvertido del vocabulario freudiano, que parece confirmar la idea de J. Copjec según la cual el psicoanálisis es la lengua materna de la modernidad24. Al mismo tiempo, como ya señalaba Lacan, continúa ocupando un lugar extraterritorial cuando no marginal respecto del ámbito académico25. Dicho en otros términos: el psicoanálisis, en la mesa del pensamiento contemporáneo, es una especie de invitado incómodo al que con frecuencia se trata con respetuosa indiferencia. Y más específicamente en el terreno filosófico, Lacan podría encarnar el huésped familiar pero inquietante, Unheimlich en términos freudianos, puesto que sus elaboraciones toman apoyo en la filosofía, pero dándole un giro extraño cada vez, y haciendo gala de un estilo de ribetes gongorianos desalentador para el lector. Injusto como toda apreciación general, este diagnóstico admite por supuesto varias excepciones. Pero además, en muchos casos se observa otra tendencia: el recurso a la teoría psicoanalítica vale como término al cual oponerse, es decir como argumento frente al cual desarrollar la propia teoría a modo de contra-argumento respecto de tal o cual concepto, aún cuando en algunos casos ello implique mutilarlo y vaciarlo de buena parte de su potencial heurístico. Si bien en estos desarrollos el recurso al psicoanálisis resulta totalmente imprescindible para sostener el aparato argumental, es necesario anticipar que las referencias son a veces imprecisas, descontextualizadas, exentas de la mínima periodización, lo cual permite anticipar la necesidad de someter a lectura crítica ciertas “importaciones” conceptuales, al mismo tiempo que extraer las preguntas en torno a las cuales se articulan los debates.
Del otro lado, en lo que respecta al psicoanálisis y su relación con otras disciplinas, la “lógica pluridisciplinaria”, tal como denominan Assoun y Zafiropoulos (2006),
23 Cf. “Saber freudiano y pulsión transdisciplianria”, en Assoun, P.-L- & Zafiropoulos, M. (dir.): Lógica del síntoma, lógica pluridisciplinaria. (Buenos Aires, Nueva Visión, 2006) 24 Cf. Imaginemos que la mujer no existe. Ética y sublimación. (Buenos Aires, Fondo de cultura económica, 2006) En la introducción Copjec afirma “Mis argumentos se basan en la premisa de que el psicoanálisis es la lengua materna de nuestra modernidad y de que los temas importantes de nuestra época son difíciles de articular fuera de los conceptos que éste ha forjado” (Copjec, 2006: 24)
25 A excepción de Argentina, donde tiene estatuto de paradigma, y Francia, donde funcionan grupos especializados de investigación en el ámbito universitario. Cabría quizás sumar el grupo esloveno antes referido.
sustenta la obra freudiana26 y la enseñanza de Lacan. El fundamento epistemológico y metodológico de tal abordaje “pluridisciplinar”, es lo que estos autores denominan “lógica del síntoma”. La “pulsión transdisciplinar”, al decir de Assoun, habita al psicoanálisis desde su invención y alude a un movimiento inmanente que es efecto del carácter subversivo de su hipótesis fundacional, el inconsciente, que le lleva a adentrarse en otros dominios del conocimiento a fin de “darle caza”. Habiendo nombrado su disciplina con una palabra compuesta que hace alusión a dos disciplinas diferentes27, la importancia que tuvieron para el pensamiento de Freud la mitología, la literatura, así como algunas nociones físicas y termodinámicas resulta evidente, y la lista es mucho más extensa28. Lo mismo vale para Lacan respecto de la antropología estructural29, la lingüística, la filosofía, el arte, la topología, etc. Esta extensa multiplicidad de registros es movilizada en ambos casos con el fin de acoger “la cosa inconsciente” y dar cuenta de la experiencia analítica.
Lacan usaba la expresión “a beneficio de inventario” para referirse a la importación conceptual. Afirma al respecto, no sin cierta provocación: “ [t]omo lo mío donde lo encuentro, le moleste a quien le moleste” (Lacan, S10: 20). Esta actitud ha sido blanco de críticas acerca de la falta de precisión y contextualización de los conceptos importados. Se trata en rigor de un criterio pragmático: la
26 Cabe mencionar dos trabajos de Freud que tratan explícitamente sobre la relación del psicoanálisis con otras disciplinas: “El interés por el psicoanálisis” (1913); “Dos artículos de enciclopedia, ‘Psicoanálisis’ y ‘Teoría de la libido’” (1923). Además, es posible extraer la lógica sintomática y pluridisciplinar del modo en que Freud procede en sus trabajos dedicados a la “clínica de la cultura”, mencionemos los más destacados: “Totém y Tabú” (1912), “El porvenir de una ilusión” (1927), “El malestar en la cultura” (1930); “Moisés y la religión monoteísta” (1938). Todos estos artículos están contenidos en Freud, S. Obras
completas op. cit.
27 El prefijo “psico” va seguido de “análisis”, que debe ser entendido en el sentido que tiene en química, a saber, como descomposición en elementos.
28 Assoun comenta en estos términos lo efectuado por Freud con el material de otras disciplinas: “El intenso trabajo de metáfora en el texto freudiano es algo completamente diferente de un efecto literario: hace trabajar un espectro impresionante de registros epistémicos que recorre la clasificación de las ciencias: mineralogía, botánica, biología, físico-química, sin contar ‘las técnicas’: quirúrgica, ginecológica, arqueológica, pictórica…” (Assoun & Zafiropoulos, 2006: 49).
29 En cuanto a Lacan, la importancia de la sociología francesa, en particular la de É. Durkheim en sus primeros textos, y el vuelco fundamental que significó su encuentro con el trabajo de Claude Levi-Strauss y el estructuralismo, han sido analizados por M. Zafiropoulos en Lacan y las ciencias sociales. La declinación del padre (1938-1951) (Ediciones Nueva Visión, 2002) y Lacan y Levi Strauss o el retorno a Freud (1951-1957) (Editorial Manantial, 2005).
apropiación se justifica si permite avanzar a la teoría, es decir si posibilita formular preguntas pertinentes y respuestas interesantes para dar cuenta de lo que interesa a Lacan, a saber, la experiencia analítica. Esto implica que el concepto o noción tomada a préstamo pueda dar lugar a una invención innovadora en el campo de acogida, lo cual necesariamente lo transforma en otro concepto.
En cuanto a la “lógica del síntoma”, ésta implica que en su recorrido conceptual el psicoanálisis se ve llevado a recoger aquello que otras disciplinas descuidan, reprimen o excluyen –y que por lo tanto hace síntoma– para hacer de ello su objeto propio. De allí el efecto inquietante que el psicoanálisis podría ejercer para las demás disciplinas, al designar un punto ciego en cada uno de estos dominios, es decir la relación con su propia falta. Esta tendencia del psicoanálisis a inmiscuirse en otros terrenos disciplinares le ha valido la exhortación a mantenerse en su sitio, cosa que ni Freud ni Lacan jamás aceptaron30. Por el contrario, son harto conocidos e influyentes los “trabajos culturales” de Freud, así como sus incursiones en la estética31, la literatura, la sociología, etc. Lacan por su parte hizo suya la apuesta de extender la incidencia del psicoanálisis más allá del ámbito estrictamente clínico, elaborando su propia teoría del sujeto, de la verdad, del lazo social, apuntando incluso al alcance político que supone asumir las consecuencias del descubrimiento freudiano. En sus palabras: “(…) el psicoanálisis no tiene el privilegio de un sujeto más consistente, sino que más bien debe permitir iluminarlo igualmente en las avenidas de otras disciplinas” (Lacan, EE: 220). En lo que respecta específicamente a la filosofía, dejando de lado el papel que juega para Freud32 para centrarnos en el lugar que tiene para Lacan, la relación que éste mantiene con los filósofos es tan estrecha como compleja, de modo que un análisis
30 Al respecto, A. Zupančič señala que Lacan denunció lo que se esconde en esta demanda: el imperativo de convertir al psicoanálisis en un garante del sueño liberal y burgués, que adapte más y mejor a cada quien, bajo la fachada de defender la “preciosa singularidad”. Cf
Why Psychoanalysis? Three Interventions (Uppsala, NSU Press, 2008).
31 En la nota 27 he enumerado los principales “trabajos culturales” de Freud. En lo que respecta a la estética algunos títulos destacados son: “Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci” (1910),“El Moisés de Miguel Ángel” (1914) “Lo ominoso” (1919), “El humor” (1927). En torno a la literatura, algunos títulos son: “El creador literario y el fantaseo”, “Un recuerdo de infancia en Poesía y Verdad” (1917); “Dostoievski y el parricidio” (1928). En cuanto a la sociología hay que mencionar “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921) 32 Cf. Paul-Laurent Assoun: Freud, la philosophie et les philosophes, op.cit.
exhaustivo excede ampliamente las coordenadas de esta investigación, aunque merecen mencionarse algunas referencias relevantes. Apasionado por Spinoza y Nietzsche en la pubertad, asistente asiduo a los cursos de Alexandre Kojève y Alexandre Koyré sobre Hegel que marcaron a los intelectuales de su generación, traductor de un texto de Heidegger33 –sólo por mencionar algunos ejemplos comentados extensamente en la biografía de E. Roudinesco (1994)– Lacan fue un asiduo lector de filosofía y ello dejó una impronta notable a lo largo de su enseñanza34. Sin embargo, y paralelamente, Lacan se encargó siempre de tomar distancia de toda tentativa de sistema filosófico, a la vez que sometía a lectura crítica muchas de las propuestas de los filósofos cuyos trabajos comenta, transformando sus conceptos “a beneficio de inventario”. Por lo cual vale decir que Lacan hace un uso no filosófico de la filosofía, en una doble relación según la cual se apoya en ella, como catalizador, a la vez que la interpela radicalmente. Al decir de F. Balmès35:
Comprobamos simplemente que la filosofía, sumada a otros saberes, sirve a Lacan al modo de una caja de herramientas de la que exhuma sin vergüenza los instrumentos más heterogéneos e incompatibles, con tal de que puedan ayudarlo, en un momento dado a fabricar los conceptos analíticos que tiene en obra (Balmès, 2011: 154).
En cuanto a los que fueron sus contemporáneos, de entrada mantuvo relaciones de influencia (aunque habría que distinguir con precisión en cada caso) sobre el pensamiento de Derrida, Foucault y Deleuze, aunque luego la relación tomara carácter de lucha teórica e incluso ideológica en el seno de la Universidad de
33 El texto en cuestión es Logos, el trabajo de Heidegger sobre el fragmento 50 de Heráclito. Sobre la relación de Lacan con los presocráticos, cf. Badiou, A: “Lacan and the Pre-Socratics” en Žižek, S.(ed.) Lacan. The Silent Partners (London, Verso, 2006. Existe traducción al castellano: Lacan. Los interlocutores mudos. Madrid, Akal, 2010).
34 Entre los más citados, según François Regnault (cf. Conferences d’esthétique lacanienne, Paris, Agalma, 1997): Platón, Aristóteles, Descartes, Kant y Hegel, seguidos de cerca por San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Spinoza, Kierkegaard y Heidegger. Regnault ofrece una lista de referencias ordenadas por temáticas que puede resultar de utilidad. Habría que agregar la importancia de los pre-socráticos, en particular Demócrito Heráclito y Empédocles, según el artículo de Badiou referido en la nota inmediatamente anterior. 35 La tesis que este autor sostiene en su libro titulado Lo que Lacan dijo del ser (Buenos Aires, Amorrortu, 2002) es que la “antifilosofía” de Lacan tiene lugar tras un período previo de alianza con la ontología, a cuyo análisis detallado Balmès dedica su trabajo.
Vincennes, llegando Lacan a reivindicar la “antifilosofía”36. Mientras el psicoanalista impulsaba el “retorno a Freud”, los filósofos recuperaban el pensamiento de Nietzsche y Spinoza, lo cual supone, en lo tocante al cuerpo, modos de aproximación diferenciados, que en última instancia remiten a los puntos en que convergen y difieren las psicología de Nietzsche y la metapsicología de Freud, según señala P.-L. Assoun (2008) 37.
La “antifilosofía” debe asimismo enmarcarse en su teoría de los discursos, desplegada en el seminario El reverso del psicoanálisis, donde Lacan sostiene que Sócrates encarna el discurso de la histeria y ubica la filosofía antigua como discurso del Amo. No obstante, nunca dejará de referirse a los filósofos en su argumentación, y a lo largo de su enseñanza toma elementos de diversos pensadores como puntos de apoyo para teorizar conceptos fundamentales del psicoanálisis: la transferencia leyendo El banquete; la repetición con Kierkegaard y Aristóteles; el sujeto de inconsciente con el cogito cartesiano, la sublimación con “La Cosa” de Heidegger, etc. Por lo tanto, la “antifilosofía” puede entenderse, propone F. Regnault (1997), no como contradicción –es decir, no en clave de oposición– sino como apoyo “contra” el cual construir, o como “ribera” frente a la cual situarse. Nótese que esta posición no difiere demasiado de lo antedicho respecto de la relación que sostiene la teoría filosófica con el psicoanálisis. Lo que marca la diferencia es la focalización sobre el punto ciego en tanto aquello que permite leer el reverso inconsciente. No en vano Lacan sostenía que “el gusto por el escollo” (Lacan, EE: 51) era condición de la formación del analista. J. M. Marinas e I. Gárate Martínez (2003) se refieren a aquello que lo mantiene fuera de la
36 Regnault sugiere que fue en respuesta a la publicación de El Antiedipo de Deleuze y Guattari que Lacan se autoproclamó “antifilósofo”. A. Badiou, empeñado en recuperar la enseñanza de Lacan, ofrece otra lectura al respecto, analizando su relación con la filosofía y mostrando las implicancias fundamentales de su “antifilosofía”, en un volumen publicado con Barbara Cassin bajo el título No hay relación sexual. Dos lecciones sobre
‘L’étourdit’ de Lacan (Buenos Aires, Amorrortu Editores, 2011). Comentaré los puntos
principales de este ensayo en el último capítulo de esta tesis. Además, un interesante debate entre Slavoj Žižek y Alain Badiou aborda también la pregunta sobre la “antifilosofía” de Lacan, disponible en youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=qnGMM5PUMn4&feature=youtu.be.
37 Assoun ha dedicado un estudio minucioso a esta relación, cf. Freud et Nietzsche (Paris, Quadrige/PUF, 2008)
filosofía pero en una relación de “rebeldía oblicua” y lo denominan “oquedad”38, definiéndolo como la imposibilidad de encontrar un sentido último tras el velo del lenguaje.
Recapitulando, se puede concluir que la modalidad que toma la relación entre psicoanálisis y filosofía puede calificarse como “ambivalente”, palabra acuñada por E. Bleuler pero importante para Freud y su teoría, que destaca la simultaneidad de dos estados o mociones psíquicas contrapuestas, echando por tierra la clave binaria de entendimiento. De este modo se apunta al centro de la cuestión: se trata de una modalidad de relación que sostiene la tensión entre ambos dominios, poniendo frente a frente dos regímenes discursivos diferenciados, que sólo de modo contingente logran puntos de encuentro, pero partiendo de su “no-relación” fundamental, es decir, a partir de la imposibilidad de asimilarse uno en el otro, o de fusionarse en síntesis alguna. Y es justamente esta radical heterogeneidad la que resulta productiva, porque enmarca los debates, llevando a producir apasionados y extensos desarrollos. En esta investigación veremos como se pone de manifiesto cuando se trata de la cuestión del cuerpo.