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El extenso debate que Lacan sostiene con(tra) Descartes, prácticamente atraviesa su enseñanza, y cobra especial relevancia a partir del momento –en el seminario 11– en que formula la hipótesis según la cual el desarrollo de la ciencia moderna es una condición de posibilidad fundamental para el surgimiento del psicoanálisis. De hecho, Lacan “toma prestado” el cogito y lo asimila al sujeto del inconsciente, divido entre saber y verdad. Por lo tanto, el sujeto con el que opera el psicoanálisis no es sino el sujeto de la ciencia, que se introdujo en Occidente con el cogito cartesiano, según la tesis presentada en “La ciencia y la verdad”82. Pero, si el sujeto de Freud es una reanudación del cogito, implica, al mismo tiempo, una revisión de

82 Este artículo está contenidos en Escritos, op. cit, y se corresponde con la primera clase del seminario El objeto del psicoanálisis (1965-1966), inédito.

su certeza: es un sujeto representado por un significante para otro significante83 que sólo irrumpe entre los significantes de la cadena, ya que no hay significante que sirva de fundamento, o como decía Lacan, no hay Otro del Otro. En consecuencia, es un sujeto que sólo accede a la verdad en el après coup de las formaciones del inconsciente (sueños, lapsus, fallidos, síntomas), definiendo al inconsciente como saber no sabido. Por supuesto, no cabe aquí exponer exhaustivamente lo que Lacan dijo al respecto, sobre todo teniendo en cuenta que el comentario del cogito lo ocupa reiteradas veces en su seminario. Por lo demás, el tema excede la problemática aquí formulada, por lo que procuraré ceñirme a los aspectos relevantes en lo que hace a la cuestión del cuerpo.

De modo esquemático, cabe resumir su posición como sigue: por un lado, Lacan cuestiona a Descartes no haber advertido que el objeto de la relación de conocimiento está modelado según la imagen corporal especular. Pero, al mismo tiempo –al menos en un primer momento de su teorización– toma apoyo en la “morfé” aristotélica, subvirtiendo lo formulado al respecto por Descartes, con su teoría del estadio del espejo. Por otro lado –como ya ha sido mencionado en el punto 1.4.2– Lacan considera la división cartesiana del cuerpo como “sin remedio”. Y el primer modo en que ello se pone de manifiesto en su teoría es con la imago del cuerpo fragmentado, reverso de la unificación especular del cuerpo. A continuación presentaré estos conceptos.

La crítica a la posición cartesiana fue en cierto sentido el punto de partida de Lacan, del mismo modo que una primera noción de cuerpo que le es propia. La teoría del estadio del espejo, con la cual ingresa al campo analítico, pretende en primer lugar explicar el papel fundamental de la imago o imagen corporal en la constitución del yo (moi)84. Mediante esta formulación Lacan articula lo que Freud

83 La definición canónica, según la cual “un significante es lo que representa a un sujeto para otro significante”, es introducida por Lacan al inicio del noveno seminario, titulado La

identificación (1961-1962) y antes en el escrito titulado “Subversión del sujeto y dialéctica

del deseo en el inconsciente freudiano”, presentado en un Congreso en Royaumont en 1960, y publicado luego en Escritos, op. cit.

84 La distinción entre moi (el yo fruto de la identificación especular, homologable al yo ideal freudiano) y el je (el “shifter” que ubica al sujeto de la enunciación) no está presente en las primeras formulaciones del estadio el espejo, sino que cobra relevancia a partir de los primeros seminarios, cuando Lacan ya ha emprendido el retorno a Freud.

habría propuesto acerca del narcisismo y el yo como superficie corporal (atendiendo al esquema de P. L. Assoun referido antes), y da lugar a la noción de cuerpo imaginario. Como es sabido, esta teorización parte del “test del espejo” descrito por Henri Wallon en 193185, que Lacan toma “a beneficio de inventario”, para reelaborarlo de modo tal que lo transforma completamente, en un proceso de conceptualización que atraviesa su enseñanza86. “Estadio del espejo” es, por tanto, el nombre (quizás poco feliz, ya que desliza un matiz evolutivo que es contrario a lo que sostiene) de una propuesta teórica que pone en relación la imagen corporal con una serie de conceptos freudianos (yo, narcisismo, identificación) así como con ciertos fenómenos psíquicos (anticipación, alienación, transitivismo, agresividad, rivalidad) y que fundamenta esa noción de cuerpo que Lacan, en el inicio de su recorrido, nombra cuerpo imaginario, y que está en la base del primer registro –en orden cronológico– del ternario lacaniano. Se trata del cuerpo unificado por la ortopedia de la imagen especular, aquella que el infans contempla con júbilo y fascinación identificándose a ella, según la experiencia observada por Wallon. De allí que, muchos años más tarde, Lacan señale que “(…) adoración es la única relación que el parlêtre tiene con su cuerpo” (Lacan, S23: 64). Como señala P. Julien87, en el inicio de su recorrido Lacan recoge la Morfé aristotélica: se trata de la incidencia de una forma exterior que sirve de apoyo para la constitución del yo y la unificación del cuerpo, brindándole al primero una representación de sí mismo, y situándolo en el espacio. Esta idea de una imagen externa de carácter alienante y constitutiva del “adentro”, cuestiona el narcisimo primario de Freud (un adentro

85 Wallon, H. (1943): Les origines du caractère chez l’enfant. Paris: Ed. Boivin.

86 La formulación inicial sobre el tema está desarrollada en un artíuclo publicado en Otros

escritos, “Los complejos familiares en la formación del individuo” (1938), y en una serie de

artículos contenidos en Escritos: “Acerca de la causalidad psíquica” (1946) y “La agresividad en psicoanálisis” (1948), y el más citado de los cuales se titula “El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos reela en la experiencia analítica”, de 1949. No obstante, con posteroridad a estos textos, sobre el estadio del espejo es posible contabilizar (por medios electrónicos) aproximadamente 204 menciones en los seminarios y escritos de Lacan, y por lo menos diez veces hizo “un comentario apasionado” de él, según afirma Elizabeth Roudinesco en su biografía de Lacan. Fruto de la reelaboración constante y la complejidad creciente, resulta evidente que este “estadio” no remite, al menos no exclusivamente, a un dato evolutivo.

87 Julien recoge una cita de una nota titulada “Some reflections on the Ego”, publicada en el International Journal Psychoanalysis nº 34, donde Lacan afirma “Nosotros psicoanalistas reintroducimos una idea abandona por la ciencia experimental, la idea de Aristóteles de

cerrado sobre sí mismo) pero también produce un primer descentramiento del sujeto cartesiano: la forma del cuerpo no viene dada por el alma, considerada como razón y esencia del hombre, sino por la imagen externa a la que el sujeto se aliena para constituir su yo y unificar su cuerpo. A esta idea de morfogénsis, Lacan le suma la catectización libidinal que pone en juego el narcisismo. Entonces, el moi se corresponde con la forma total del cuerpo captado como Gestalt gracias a la cual el sujeto se adelanta en un espejismo a la maduración corporal que aún no ha alcanzado. De allí que “(...) el estadio del espejo es un drama cuyo empuje interno se precipita de la insuficiencia a la anticipación (...)” (Lacan, EE: 90), y que la anticipación sea la temporalidad propia del registro imaginario. Entonces, Lacan distingue –en esta primera formulación del estadio del espejo– entre el organismo prematuro del infans, del que sólo tiene sensaciones propioceptivas e imágenes parciales, y el cuerpo unificado por la imagen que le permite anticipar un dominio que aún no tiene sobre su cuerpo.

El estadio del espejo es, entonces, una operación psíquica –incluso ontológica, llega a decir– de consecuencias duraderas, que no sólo explica la génesis del yo sino que da respuesta a diversas cuestiones referidas al cuerpo, a saber: cómo se constituye y/o cómo adviene el cuerpo unificado; qué clase de relación manteniene el sujeto con su cuerpo – que es una relación del orden del “tener” y no del “ser”– y con el espacio; qué consecuencias tiene esta relación (o sus fallas) a nivel de la estructura psíquica y la relación con el semejante88, y last but not least en la relación de conocimiento. Es aquí donde se inserta su réplica explícita a Descartes.

Lacan denuncia que el principio de toda unidad percibida en los objetos es la imagen del propio cuerpo, es decir la completud ilusoria que éste adquiere mediante la identificación del estadio del espejo. Dicho de otro modo, el humano “corpo-reifica” su mundo89, al cual organiza como una esfera, estructurando el

88 Lacan señala que la alienación especular permite explicar la relación agresiva con el semejante, puesto que el yo (moi) es, desde el inicio, otro, ese otro especular (“ese soy yo”) que le confiere su unidad virtual. A consecuencia de esta enajenación estructural, “(…) toda relación imaginaria se produce en una especie de tú o yo entre el sujeto y el objeto. Es decir: Sí eres tú, yo no soy. Si soy yo, eres tú el que no es.” (Lacan, S2: 256, las cursivas son del original) Este rasgo estructural marca el estilo agresivo y rivalizante propio de la relación dual.

89 Cf. “Conferencia de Ginebra sobre el síntoma”, en Intervenciones y textos II (Buenos Aires, Manantial, 2006). p. 118.

espacio según la geometría euclidiana, situándose como centro y medida de todas las cosas, y usando para ello su cuerpo (incluso midiendo el mundo con su pulgar, sus pies). Lacan llega a afirmar que “Descartes no ha desconfiado suficientemente del dios engañador” (Lacan, S13: clase 5)90, porque el carácter alienante de la imagen especular hace del yo “función de desconocimiento”91 y por tanto pobre garante de la razón que corrompe la pureza del cogito, y aliado traicionero de cualquier “alianza terapéutica”92. El carácter ilusorio de la experiencia del espejo se extiende a la ilusión de la consciencia e impregna todo acto de conocimiento, puesto que el objeto está construido y modelado según la imagen especular. A consecuencia de la operación del estadio del espejo, el pensamiento –en el sentido cartesiano del término– no está separado del cuerpo, sino que, por el contrario, “ [l]o que se cogita es de alguna manera retenido por lo imaginario como enraizado en el cuerpo”(Lacan, S22: clase 993). Incluso, “[l]a mayoría –pero no todo– de lo que piensa el hombre se arraiga allí” (Lacan, IT2: 118). Y por lo tanto, reducir o arrojar el cuerpo a la extensión es justamente “el acto del cogito”, sostiene Lacan –en el seminario dedicado al acto psicoanalítico– y concluye: “[e]l rechazo del cuerpo fuera del pensamiento es la gran Verwerfung de Descartes” (Lacan, S15: clase 594). Y agrega que justamente por eso, está destinado a “(…) reaparecer en lo real, en lo imposible. Es imposible que una máquina sea cuerpo, es

90 Se trata del seminario 13, titulado El objeto del psicoanálisis (1965-1966), inédito. La versión traducida al castellano es de Jorge Tarella para la Escuela Freudiana de la Argentina. Siempre que cite este seminario se tratará de la misma versión.

91 Así lo ubica en el artículo de 1949 –contenido en Escritos y referido en la nota 86– donde resume su primera teoría del estadio del espejo, previa al “retorno a Freud”. 92 Lacan sostenía que el estadio del espejo era la “escobilla” con la que había ingresado al campo analítico, verdadera punta de lanza contra las derivas post-freudianas que él crítica y combate encarnizadamente, en la línea de la siguiente cita: “No volveremos aquí a la función de nuestro ‘estadio del espejo’, punto estratégico primero alcanzado por nosotros como objeción al favor concedido en la teoría al pretendido yo autónomo, cuya restauración académica justificaba el contrasentido propuesto de su reforzamiento en una cura desviada ya hacia un éxito adptativo: fenómeno de abdicación mental conectado con el envejecimiento del grupo en la diáspora de la guerra, y reducción de una práctica eminente a una etiqueta adecuada para la explotación del American way of life” (Lacan, EE: 788, las cursivas son del autor).

93 Seminario R.S.I (1974-1975), inédito. La traducción es de R. Rodríguez Ponte para la E.F.B.A. Siempre que cite este seminario se tratará de esta traducción.

94 Seminario 15, El acto psicoanalítico (1967-1968), inédito. La traducción es de R.. Rodríguez Ponte, para la Escuela Freudiana de la Argentina. Siempre que cite este seminario se tratará de la misma versión.

por esto que el saber lo prueba cada vez más poniéndolo en piezas sueltas” (Ibídem).

Aún cuando el estadio del espejo describe la operación por la que se adquiere la experiencia y la noción de un cuerpo unificado, con todas las consecuencias subjetivas e incluso ontológicas que ello conlleva, Lacan insiste desde el principio en señalar “(…) la ilusión de autonomía en que se confía” (Lacan, EE: 92), es decir, el carácter ilusorio, fascinante y engañoso de esta unidad. Según P. Julien (Cf. Julien, 1992), tres aspectos confluyen en la formuación inicial del registro imaginario de Lacan: acorde con la tradición filosófica y teológica de Platón a Spinoza, lo imaginario es lo ilusorio, es decir todo lo que conduce al engaño; desde la perspectiva romántica, por el contrario, lo imaginario tiene una función poiética, con el arte como ejemplo privilegiado –y podríamos agregar el juego–, razón por la cual ubica la representación en este registro; según la historia y la sociología, el imaginario social es el conjunto de representaciones colectivas que dan cohesión al “cuerpo social”. Lacan subsume todas estas acepciones y las remonta a una fuente común que ubica en la identificación con la imagen corporal. Al respecto dice Julien:

En todos los niveles: objetos materiales, límites del territorio (cuarto, apartamento, coche), teoría del pensamiento, organización de la acción política y religiosa – reina un imaginario corporal según la ‘geometría’ del yo y su imagen especular (Julien, 1992: 184).

Esto implica que el cuerpo imaginario tiene incidencia en todos los dominios, y atañe no sólo al sujeto sino a la vida cultural. De allí su función poiética, toda vez que la imagen antropomorfa prolifera y se apodera de la metáfora como matriz de todos los simbolismos. Según la primera formulación del estadio del espejo, el cuerpo es inseparable del yo narcisista, adherido a él y sostenido por la imagen de completud ilusoria. El yo y el cuerpo conforman una esfera que es matriz de todos los binarismos y su tensión agresiva, comenzando por la distinción yo/no yo, dentro/fuera. Según esta geometría, el cuerpo es una “bolsa” y el espacio

coextensivo una esfera en cuyo centro está el yo/cuerpo, unidad y medida de todas las cosas. Tenemos aquí una primera noción de cuerpo elaborada por Lacan95. A consecuencia de la ilusión especular, el humano, prendado de la imagen, nada sabe de su cuerpo “real”. En una segunda96 formulación del estadio del espejo, Lacan recurre a un modelo tomado de la óptica97 (que él remodela y denomina esquema del florero invertido) para mostrar cómo se produce la ilusión del cuerpo unificado, alienado a la imagen del semejante98 y cómo se “pierde” el cuerpo real. Entonces, por efecto de la ilusión especular que lo captura en la imagen, el humano sólo sabe de su cuerpo real cuando algo anda mal, es decir cuando lo real insiste (tanto en el cuerpo de cada quien como en los impasses de las teorías que lo tienen por objeto, podríamos agregar). Al mismo tiempo, este esquema tiene por fin introducir la primacía de lo simbólico, destacando que es imprescindible un elemento de ese orden para que el ojo se ubique en el ángulo correcto y la ilusión del espejo tenga lugar. La consideración de lo simbólico modifica el estatuto de la imagen como Gestalt al introducir una negatividad, como muestra con el esquema

95 Es necesario al menos mencionar que, con el desarrollo del nudo borromeo, que hemos marcado aquí como límite del recorte, Lacan teoriza un imaginario ya no narcisista sino topológico, e imputa el sentido a lo imaginario, en tanto confiere consistencia. Cf. Seminario 22, R.S.I.

96 He seguido la periodización ofrecida por P. Julien, que distingue tres fases de la teoría del estadio del espejo: 1) de 1936 a 1952, con antecedentes en su tesis doctoral, y anterior al “retorno a Freud”. Teoriza lo imaginario afirmando el primado de lo visual, tomando apoyo en la etología, la teoría de la Guestalt y la fenomenología. El correlato de la identificación especular es la relación de agresividad y rivalidad con el semejante a cuya imagen el sujeto se aliena 2) a partir del ’53 y hasta 1960, etapa marcada por la primacía de simbólico, introduce una segunda alienación cuando afirma que el inconsciente es el discurso el Otro. Para demostrarlo recurre a la óptica, situando el Ideal del yo freudiano como los atributos simbólicos que permiten que el ojo vea la imagen desde el ángulo adecuado y así la ilusión tenga lugar. Más tarde, para situar el rasgo simbólico, primera marca a la que se aliena constitutivamente el sujeto, teorizará el rasgo unario. 3) De 1961 a 1980, recompone la estructura topológica del espejo al concebir la mirada como objeto a. En este momento lo que importa ya no es el infans como vidente, sino que entra en juego la mirada del Otro, de donde proviene la eficacia identificatoria.

97 El esquema original es el del ramillete invertido, tomado por Lacan de Optique et

photométrie dites géométriques, de Henri Bouasse (Paris, Delagrave, 1934).

98 Afirma Lacan: “El otro tiene para el hombre un efecto cautivador, dada la anticipación que representa la imagen unitaria tal como ella es percibida en el espejo o bien en la realidad toda del semajante”(Lacan S1: 193). Así lo muestra el fenómeno del transitivismo: dada la precariedad infantil en cuanto al límite entre el yo y el semejante, para el niño pequeño su acción equivale a la del otro (dice “él me pegó” cuando es él quien pega, o llora cuando lo hace el otro). Esto también explica la tensión agresiva y rivalizante inherente a la relación dual, imaginaria.

de los dos espejos donde ubica el par imagen real (a la izquierda)/imagen virtual (a al derecha). Lacan demuestra que la segunda abre un campo de negatividad al presentificar una ausencia, y allí la función del velo.

Por otra parte, la primacía que Lacan confiere a lo simbólico en este momento, y teniendo en cuenta lo elaborado en el seminario 3 acerca de Las psicosis (1955- 1956) y el papel del significante Nombre-del-Padre en la estructura subjetiva, debe hacernos advertir que la operación especular, y por ende, la conformación del cuerpo dependen –en esta fase de la enseñanza de Lacan– de la inscripción de dicho significante, que hace de “carretera principal” (Cf. Lacan,1984), es decir, que provee un ordenamiento. En las psicosis, al estar forcluído99 dicho significante, el

99 “Forclusión” o “preclusión” es un término que Lacan importa del ámbito jurídico en el seminario 3, para traducir la Verwerfung de Freud. La forclusión describe el mecanismo que tiene lugar en las psicosis, en las que el significante Nombre -del -Padre es rechazado o no es admitido en lo simbólico, por lo cual retorna en lo real, lo cual se registra por sus efectos, es decir, los fenómenos elementales de las psicosis (que se manifiestan fenomenológicamente como alucinaciones, frases interrumpidas, delirio, fenómenos corporales extraños, etc.) Vale citar a Lacan (en “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis): “La Verwerfung será pues considerada por nosotros como preclusión del significante. En el punto donde, ya veremos cómo, es llamado el Nombre-del-Padre, puede responder en el Otro, un puro y simple agujero, el cual por la

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