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La especificidad del abordaje metodológico de este trabajo de investigación se funda en dos ejes: 1) recortar de la teoría psicoanalítica unos presupuestos conceptuales que permitan abordar las preguntas de partida, tarea que requiere dar con un hilo conceptual específico, que desarrollaré en el siguiente apartado; 2) analizar las teorías contemporáneas acerca del cuerpo desde la lógica transdisciplinar y propiamente psicoanalítica del síntoma. Dicho de otro modo, se trata de una “clínica” del texto filosófico. Esto supone una perspectiva crítica que apunta a extraer, en una teoría, el obstáculo que representa la imposibilidad radical en torno a la cual dicha teoría se estructura como tal. Ese resto inasimilable de toda producción discursiva, es uno de los modos en que Lacan sitúa lo real. Al respecto afirma:

38 Cf. Gárate I. & Marinas J. M.: Lacan en español. Breviario de lectura. (Madrid, Gerber, 2003) p.177-187

El sentido del síntoma no es aquel con el que se lo nutre para su proliferación o su extinción, el sentido del síntoma es lo real, lo real en tanto se pone en cruz para impedir que las cosas anden, que anden en el sentido de dar cuenta de sí mismas de manera satisfactoria (…) (Lacan, IT2: 84).

La metodología así planteada es apta para abordar cualquier fenómeno, objeto cultural o teoría susceptible de ser considerada analíticamente, es decir, siempre que el problema admita ser formulado y analizado mediante las categorías conceptuales específicas. Aquí es necesario subrayar que tal formulación analítica de un problema no pretende erigirse en respuesta última ni en reduccionismo de ninguna índole. También, por estar centrada en el análisis del discurso, o del fenómeno en cuestión, toma distancia de la degradación psicobiográfica.

Es importante además señalar que esta lógica no sólo abre el psicoanálisis a otras disciplinas, sino que también organiza el propio desarrollo conceptual. Así se verifica en la teoría de Freud, cuyo rigor y honestidad intelectual le llevaron a reformular su teoría –primero con la introducción del narcisismo en 1914 y de modo más radical a partir de los años ’20– con el propósito de acoger determinados fenómenos que se presentaban como obstáculos en la práctica analítica. En cuanto a Lacan, como ya se ha señalado, su enseñanza está íntegramente orientada por un punto evasivo y discordante, que le lleva a montar sucesivos aparatos teóricos sumamente complejos, retornando en bucle sobre algunos temas transversales, pero también efectuando cortes y cambios de paradigma, procurando dar con nuevos medios para atrapar la punta de real que él persigue.

Teniendo en cuenta todo lo antedicho, se puede postular que el cuerpo hace síntoma en la teoría contemporánea y que ello se manifiesta por dos rasgos comunes a los estudios del cuerpo: el término nunca accede a ser situado en una definición positiva ni mucho menos unívoca, es decir que no se constituye como concepto; al mismo tiempo es objeto de una inflación semántica que lo disemina y entromete en todos los ámbitos, dando lugar tanto a deslizamientos como a coagulaciones de sentido. Ambos aspectos confluyen para conformar la madeja de teorías y discursos que de entrada me interroga.

La problemática admite ser formulada tomando apoyo en los tres registros lacanianos: simbólico, imaginario, real. De modo extremadamente sintético y simple, definamos cada uno de ellos: lo imaginario es la dimensión de las imágenes ilusorias y fascinantes, con las que el yo se identifica y que dotan de consistencia al cuerpo; lo simbólico es la estructura diferencial del lenguaje, que mediante la cadena significante organiza la producción de la significación; lo real es el punto traumático que resiste a la simbolización y a la captura en la imagen.

Entonces, en lo simbólico, “cuerpo” puede ser tomado como un significante que fue extraído por Nietszche, quien supo escuchar allí el punto ciego de la metafísica. Si “cuerpo” se toma como significante, ello implica que requiere de otro(s) significante(s) para articular una significación, dando lugar a una remisión metonímica que apenas logra situarlo provisoriamente, y que requeriría por tanto un punto de capitón. P.-L. Assoun llama la atención sobre este aspecto escurridizo de la significación del término “cuerpo” cuando realiza la revisión del registro semántico de “lo corporal”, mostrando que en él se superponen lo “somático”, lo “orgánico” y lo “físico”. Lo corporal se encuentra provisto de una triple fuente de recursos del griego: physis (natura), soma 39 (cuerpo), organikos (órgano/instrumento). En consecuencia, “(…)el deslizamiento de sentido amenaza permanentemente a todo discurso sobre el cuerpo” (Assoun, 1997, tomo I: 10)40. Justamente a causa de este deslizamiento perpetuo, se vuelve apto como noción “bisagra” dentro y entre teorías y disciplinas, de modo tal que sólo admite ser localizado, cada vez, en unas coordenadas provisorias, entre el concepto y la experiencia, en relación con otros términos, constituyéndose como objeto transdisciplinario41.

39 “Soma” es el término griego que se opone a “psyché” –traducido por alma– y por lo tanto es el registro que ha sido determinante en el abordaje metafísico. Lo somático hace referencia a una cosa tangible, determinable y cerrada, que da cuenta, según Assoun, del calambur de Platón: soma=sema, es decir el cuerpo como tumba, lugar de captura del alma según su destino metafísico.

40 “(…) le glissement de sens menace en permanence tout discourse sur le corps”. La traducción de la cita es mía.

41 Un texto de Jacques Rancière, El inconsciente estético (Editorial del Estante, 2005), propone que mientras en nombre de la interdisciplinariedad uno va donde el vecino o lo recibe, pero la mayoría de la veces para demarcar el terreno considerado propio y reafirmar la identidad, la perspectiva transdisciplinaria se interroga acerca de eso “propio” en cuyo nombre se realizan los intercambios, considerando a las disciplinas como formaciones históricas constituidas en torno a objetos construidos y en litigio, ya que no

El deslizamiento se detiene allí donde la significación coagula como imagen. Que el cuerpo es de la estofa de lo imaginario, es decir, que se constituye adhiriéndose a una imagen que lo unifica y le otorga consistencia, es lo que Lacan demostró con su teoría del estadio del espejo. Así, la vertiente imaginaria del cuerpo determina que nuestra aproximación a él tenga lugar privilegiadamente por la vía de la segregación de imágenes. En base a esta puntuación de Lacan, tres imágenes que infiltran la producción teórica del cuerpo, y extraídas en base a su recurrencia, han sido utilizadas como hilos de los cuales tirar para organizar el índice de esta tesis. Se trata en rigor de tres modos de “hacer cuerpo”, en la escena del pensamiento y la cultura contemporánea, tres nociones a mitad de camino entre la imagen y el constructo teórico: lo abyecto, el texto y la frontera. Dedicaré el punto 1.4.4 a presentar los itinerarios teóricos que organizan, por lo tanto aquí me limito a enumerarlas.

Finalmente, más allá del aspecto etimológico, el deslizamiento de la significación , y la consistencia de las imágenes, la dificultad de capturar el cuerpo en una definición positiva persiste, como “lo que vuelve siempre al mismo lugar”, que es uno de los modos en que Lacan define lo real. Es posible postular que la pregunta ontológica “¿qué es el/un cuerpo?” se topa con algo imposible, es decir que el cuerpo toca una punta de real, que escapa en el mismo momento en que lo pronunciamos. En pos de ese real, los discursos del cuerpo se multiplican indefinidamente, en un gesto de doble direccionalidad: de un lado, la inflación semántica opera taponando el agujero en el saber que el cuerpo supone, haciendo reverberar las imágenes para darle consistencia; del otro, por esa misma insistencia, y porque fracasan cada vez, todas las teorías en torno al cuerpo apuntan a ese real como punto de fuga.

Lacan se refiere a la opacidad del cuerpo en diversos pasajes: “No se sabe lo que es un cuerpo viviente. Es un asunto para el cual nos remitimos a Dios. (Lacan, S24,

es fácil asignarles un dueño. Como resulta evidente, es la tensión entre lo inter y transdiscplinar lo que sostiene esos puntos de litigio, y esta es la perspectiva que sostiene este trabajo de investigación. Así, lo que Rancière dice de la filosofía, “La casa del filósofo siempre está en el cruce de las casas de los demás” (Rancière, 2005:7) también podría decirse del psicoanálisis.

clase 9)42. “Pero, ¿quién sabe qué hacer con un cuerpo de parlêtre? Salvo apretarlo más” (Lacan, S27, clase 7). “El cuerpo es algo que debería causar pasmo” (Lacan, S20: 133).

Pero sin duda la frase decisiva en lo que respecta a lo real del cuerpo, y aquello de lo que se ocupa específicamente el psicoanálisis, es la que sigue: “[l]o real, diré, es el misterio del cuerpo que habla, es el misterio del inconsciente” (Lacan, S20 :158). Esta afirmación es especialmente relevante porque permite establecer de entrada que lo real del cuerpo no alude a un cuerpo natural o mítico, sino al cuerpo en tanto constituido en relación con el lenguaje, uno de cuyos efectos es el goce. En función de ello cabe aquí formular, a modo de hipótesis directriz, que la localización y conceptualización del goce como “dichomansión del cuerpo” (Lacan, S20: 139) constituye el shibboleth43 de la posición psicoanalítica, demarcándola nítidamente de las teorías contemporáneas del cuerpo.

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