Pasemos al nuevo territorio de Los Lagos. Con placer voy a ocuparme de esta región tan familiar durante los 2/3 de mi vida y cuyo porvenir hoy ase- gurado tuve el placer de ser el primero en señalar. Empecemos por el norte. La línea que he señalado sobre la divisoria de aguas, al NE del Mencué en la altiplanicie central del Oriente, y los cerros que terminan en el paso de Añihueraqui, en la frontera argentino-chilena, no ofrece vecindades de impor- tante provenir que pueden dar lugar a cuestiones jurisdiccionales. O son muy altas sus tierras, o sus valles próximos no admiten población crecida, o lo pedregoso y sequedad de las mesetas rechaza todo cultivo o pastoreo; en cambio a medida que des- de esa línea se desciende al sud los campos mejo- ran, son más abruptos, más accesibles en su región oriental, es decir, en la zona del Limay y en la An- dina. Anchos valles, pastosos y boscosos admiten industrias prósperas, no faltan pastos, ni agua, ni madera y los valles de sus arroyos y las faldas de sus montañas permiten el trazado fácil de vías de co- municación hacia el punto indicado para formar el núcleo, la fortaleza, la capital del nuevo territorio: la planicie de la boca del Limay. Allí soñé en enero de 1876 con la ciudad industrial que irremisible- mente sería levantada en ese punto y que hoy va a fundar el poderío de la nación y donde todas las actividades del nuevo territorio deberían confluir aun cuando la vía férrea, que necesariamente ten-
drá que desprenderse desde las nacientes del arro- yo Cumallo para llegar, por este u otro valle vecino al río Limay, a Junín de los Andes y comunicará directamente la región chilena de Valdivia y Villa Rica con el Atlántico, será mucho más económica y provechosa para nuestros intereses que la proyec- tada por el ingeniero Sr. Bailey Willis a través del paso de Cajón Negro.
Con el límite norte indicado al ocuparme del límite sur del territorio del Neuquén y del oeste del territorio del Río Negro, el territorio de Los Lagos comprenderá la cuenca fértil del río Malleo, afluente del Collón-Cura por cuyo valle ha de cru- zar algún día el ferrocarril entre Valdivia, por Villa Rica y Junín de los Andes y la línea tronco de San Antonio-Nahuel Huapi y la hermosa región de los veinte lagos, que se extiende al norte del lago Na- huel Huapi, mitad montañosa y boscosa, mitad de valles y mesetas, abundante en pastos, maderas y ríos, es decir, la zona de regularización del caudal del río Limay.
El límite sur, dadas la singulares condiciones topo e hidrográficas de la región al sur del gran lago, y la indiscutible conveniencia de dar al nuevo territorio los recursos naturales que requiere su fu- turo y situación geográfica, sería bastante irregular, formándolo una línea sobre la alta meseta volcá- nica, casi infranqueable en invierno que, despren- diéndose del faldeo sur del volcán Anecón Grande suba hacia el ONO hasta la cumbre del cordón ge- neral del Serrucho en la divisoria de las aguas que corren al río Limay y al río Chubut, dejando al este la parte superior de la cuenca de este, y bajaría al sur sobre la cresta divisoria de las aguas del arroyo Maiten de los que caen a Valle Nuevo. Cortando el río Epuyen en su angostura, seguirían los acciden- tes del terreno más aparentes para límite entre el cerro marcado con 1685 m y Pirque (1800 m) en el mapa XVIII de la Comisión Argentina de Límites con Chile, pase entre los lagos Epuyen y Puelo, y continúe al SSO por la mayor altura hasta el lími- te con Chile por Tres Picos, Pico Alto y Cerro sin nombre (2450 m). Esta sección sur del nuevo terri- torio tendrá igualmente una extensa red de lagos y ríos cuyos valles son todos aprovechables para la agricultura mientras que en las faldas de las mon-
tañas existen bosques extensos, a pesar de los in- cendios que han devastado una parte de la región, tierras todas que dependen natural y económica- mente de Nahuel Huapi, aun cuando en su extremo sur estén más próximos del territorio vecino al sud.
La extensión entre esta línea sud y Nahuel Hua- pi comprende solo la mitad aproximadamente de la que necesita el (...) territorio de Los Lagos. Pro- pongo esta reducción porque creo que para el de- sarrollo de esas futuras provincias se requiere me- nos área. En un territorio extenso, poco poblado la explotación desperdiciadora es mucho más fácil y desgraciadamente será difícil desarraigar pronto esa clase de explotación. En cambio, un territorio reducido, que cuenta con recursos naturales pro- pios, puede ser desarrollado con mayor economía y rapidez, que es lo que necesita hacer la república en esas regiones tan distantes y en las que la clase de población que va instalándose necesita una pre- ocupación constante para evitar muy posibles con- flictos. Creo que dentro del límite propuesto para el territorio de Los Lagos tienen en sus caracteres físi- cos y en sus recursos naturales lo necesario para su subsistencia económica y para contribuir a la sana política nacional.
Es necesario crear el territorio de Esquel o Ri- vadavia, nombre que lleva una de sus cadenas de montañas y con el que, me parece, empezaríamos a pagar una deuda pendiente. Las condiciones físi- cas y situación geográfica de la región comprendida dentro de los límites que propondré lo justifican. Esquel y Limay deben ser capitales de territorio y baluartes económico-políticos, fortaleciendo zonas diferentes y casi diría antagónicas. Esquel mirará siempre al este, hacia la del río Chubut o a Puer- to Madryn, pues es la vía natural de comunicación seguida desde largos años, y el día en que las aguas del río sean empleadas en irrigar las tierras vecinas, el aislamiento actual del oeste y el tráfico aproxi- mará los Andes al mar, como lo está haciendo el ferrocarril de San Antonio con el territorio de Los Lagos.
La situación de Esquel (nombre que se le ha dado erróneamente al valle 16 de Octubre, cuando es el que los indígenas dieron a la hermosa llanu- ra del NE) está perfectamente indicada para ser el
centro de actividades del nuevo territorio. Su co- municación con el norte y sud es cómoda por la ex- tensa depresión longitudinal preandina, y su tráfico se continúa con el norte hasta el Atlántico, mientras que del lado de Chile se hacen esfuerzos para abrir caminos carreteros que aproximen los fértiles va- lles argentinos al Pacífico. Los límites que propon- go para este territorio serán con el de Los Lagos el ya indicado; con el territorio del Chubut una línea que partiendo de la serranía que corre al SEE de Anecón Grande para formar la Sierra Nevada, si- guiendo las mayores alturas que corresponden al cordón que más al sud recibe el nombre de Sierra de Olte, al sur del río Chubut, y cortando este río se prolongue al sur, siempre sobre las alturas de la Sierra hasta un punto al sur de Portezuelo Grande que ofrezca un buen extremo para dirigirse al oes- te por la parte más árida entre la estancia Nueva Lubeca y Choiquenilahué en forma que no divida actuales propiedades. Llegaría por la meseta pedre- gosa al cerro Terquerquer y por el cordón este al límite con Chile. Así el nuevo territorio incluiría la colonia San Martín.
Territorio del Chubut. El memorándum dice que
la gran distancia de su capital Rawson a la Cordi- llera hace poco menos que imposible el gobierno de este; calcula en días el tiempo para llegar hasta Tecka y en vista de otras consideraciones que agre- ga propone su división, fundando en la parte de la Cordillera una provincia próspera. Esa provincia es la que una vez he propuesto dividir en dos redu- ciendo el territorio proyectado de Los Lagos y ex- tendiendo hacia algo más al sud el de Esquel o Ri- vadavia. A pesar de la mayor reducción del área que importa esta nueva división quedaría al territorio del Chubut la vasta zona de riego de los ríos Chu- but y Chico, además de excelentes campos entre las sierras y llanos del norte del río y los campos ya utilizados de Camarones y vecindades, y creo que limitando aún más el territorio por el sur, habría aún mayores conveniencias para la nación, desde que la colonia Sarmiento debe ser cabeza de un nuevo territorio dados sus recursos y situación casi intermedia entre la cordillera y el mar. Si se acepta- ra esta reducción del territorio del Chubut su límite sud sería una línea que partiera desde el vértice sud
este del límite del Chubut y Rivadavia hacia el ESE y siguiendo las alturas más desamparadas hacia el mar, terminará en pico Salamanca.
Territorio Deseado o Sarmiento. Me es grato re-
cordar que fui yo quien pidió al ministro Bermejo reservara (entre otras) tierras que forman hoy la Colonia Sarmiento (como los hice con las de Puer- to San Antonio). Siempre miré esta región como asiento futuro de una población importante, nece- saria para el armazón nacional. Hoy llega allí el fe- rrocarril, cuya construcción que indiqué entonces (...) y el nombre que se le ha dado bien podría ser el del nuevo territorio. No dudo del porvenir (...) de la región de los Lagos Musters y Coluehuapi, nombre que le di en 1876. Este territorio tendrá por el norte los límites indicados con el del Chubut y el de Riva- davia, al oeste el límite con Chile y al sud una línea que partiendo de la costa Atlántica al sur de 48° 32’ tome el cauce del Río Seco (...) y siguiendo por ese cauce busque la divisoria de las aguas que perte- necen a la cuenca del lago Buenos Aires y de las que bajan a la cuenca del lago Pueyrredón. Dentro de estas líneas cabe una provincia de prosperidad asegurada por las condiciones del suelo, que admite variadas industrias, desde la minera hasta la fores- tal debo agregar que también a través de este terri- torio, podrán comunicarse con el Atlántico las po- blaciones chilenas de la cuenca del río Aisén, y que el desarrollo de la actual colonia Sarmiento conver- tida en capital favorecerá la población de la región oeste Argentina que comprende también una parte de la cuenca citada. El límite sud en la zona andina, inclemente y áspera, será una excelente separación de dos jurisdicciones.
Territorio de Santa Cruz. La Dirección de terri-
torios proyecta separar de este territorio una parte de su extensión norte bajando su actual límite hasta el paralelo 48 para constituir el territorio del De- seado o Sarmiento: No veo inconveniente en que se reduzca esa área, pero no aconsejo el paralelo 48. Mucho más conveniente es la línea divisoria que he indicado sobre el cauce del río Seco. El Paralelo 48 cortaría el río Chico, que es afluente del río Santa Cruz, y dejaría en el territorio del Deseado la mitad del lago Nansen y los lagos Burmeister, Azara, Bel- grano y Pueyrredón, regiones fértiles cuya salida
natural es el río Chico y los puertos de San Julián y Santa Cruz y las que quedarían separadas y distan- ciadas del centro poblado del territorio del Desea- do si se aceptara como límite el paralelo.
No me extenderé más sobre la consulta con que me ha honrado usted y que creo dejar contestada y pongo punto final al quedar siempre a sus órdenes”. Moreno, F. P., 1913: 1-36.
A.90. El abandono de la Patagonia. Visio-
nes de 1876 y 1916. Fragmentos.
“... y (...) pensaba ante aquellas tierras, aún des- conocidas para la civilización y (...) creía ver próxi- mo al aprovechamiento de esos campos por los esfuerzos de los pioneros nacionales o nacionaliza- dos (...) ya hay en la región florecientes pueblos y la cruza en parte el riel, estorban su progreso conce- siones de tierras otorgadas, a granel, a potentados de la Bolsa, una vez que la frontera avanzó, lo que hace que decenas de leguas estén en poder de un solo afortunado, el que espera que las valorice el vecino...”.
Moreno, E. V., 1942: 30-31.
A.91. Crítica a la pobreza del material car-
tográfico de la Dirección de Tierras y Colo-
nias. Fragmento de nota al Interventor de
la Dirección Dr. I. Maza, 1917.
“Estos son algunos mapas cuyo grabado se per- dió por no quererse gastar una cincuentena de li- bras esterlinas en adquirir sus piedras. Compárelas usted con los de las mensuras de la Dirección de Tierras y Colonias de algunas de las partes de las regiones que representan, busque el costo de estos y de aquellos, compruebe la exactitud de ambos, y me dará usted razón sobre lo que le he dicho ver- balmente respecto a lo que hay que hacer para que de una vez cesen las mistificaciones de los agrimen- sores privilegiados que muchas veces amparan con sus nombres consagrados por la familia, la posición o la camaradería, la obra de pobres operadores que dan trabajo en relación a lo que se les paga. Con
ello mucho ganaría la nación. El Sr. Bailey Willis se refiere a su escasez, los que dispuso, le fueron facilitados por mí y una prueba de esta escasez y también de la ignorancia de su existencia es que para la construcción de los mapas en que trabaja la sección cartográfica de la Dirección de Territorios Nacionales se han estado usando desde años atrás en el dibujo de los mapas de los territorios del Sur, los publicados por la Comisión de Límites chilena que en gran parte no son sino copia mala e incom- pleta de los contenidos en la ‘Evidencia Argentina’, con el agravante de que a todos los nombres dados por nosotros a caracteres geográficos nuevos, con el derecho del primer descubridor, fueron cambia- dos por otros de acuerdo con las simpatías chile- nas, hasta insinuar cierta sombra sobre el General San Martín, al dar a una península en el lago que bauticé con su nombre en 1877, el de Península Cancha Rayada. Hace algunos meses que propor- cioné a esa Dirección algunas de mis copias, pues era de lamentarse que usaran documentos de se- gunda mano, extranjeros, habiéndolos de prime- ra, nacionales mucho más exactos y detallados. No puedo olvidar que cuando partí para Londres con motivo del arbitraje británico (...) se criticaron risueñamente (...) mis grandes cajones de mapas y mis miles de fotografías, crítica inspirada o por nuestra cancillería que no veía con buenos ojos lo que no fueran papeles viejos o difusas opiniones de abogados que conocían de geografía andina lo que podría conocerse en el Atlas de Martín Moussey”. Fiori y De Vera, 121-122.
A.92. Desarrollo de Río Negro. Visión de
1917-1918. Fragmentos.
“… este río [Negro] tan comentado, motivo de tantos proyectos y de tantos fracasos, tan bien dis- puesto para convertirse en una de las arterias más potentes del organismo argentino, como para cau- sar la ruina por la despreocupación de las autorida- des y por el egoísmo de los propietarios costaneros. Motivo de asombro resulta para los viajeros pen- santes la incoherencia de las resoluciones oficiales para hacer del río Negro, con su próxima Bahía de
San Blas y la facilidad de su riego, abundando tanto el agua, un verdadero emporio de riqueza austral, al mismo tiempo que una concentración de recursos de todo orden para el desarrollo y la defensa de los territorios del sur. A pesar de los proyectos fantásti- cos, los millones inútilmente gastados y los muchos kilos de tinta empleada en discusiones y alabanzas, solo se ven hoy, de trecho en trecho, un canal de re- ducida extensión, un llano verde, algunas hectáreas de frutales. ¡Esto es lo que hay de saliente en aque- llas tierras similares a las colosalmente productivas de California y otras del oeste de Estados Unidos! Indudablemente, los pioneers escoceses e ingleses que ahora cincuenta años poblaron con ganados las tierras del hermoso río en las proximidades del Carmen, han tenido muchos continuadores, pero pueden contarse con los dedos los perseverantes en su fe. Gran resultado se hubiera obtenido median- te un previo estudio de esa zona, tarea de tan fácil realización por parte de los que disponen de los re- cursos públicos. Dicho estudio hubiera permitido a las autoridades nacionales crear, en el vértice del triángulo del Neuquén y del Limay, una de las más ricas provincias argentinas, dándole la unidad geo- gráfica y económica que le correspondiese y fácil de delimitar”.
Moreno, E. V., 1942: 98-99.
“Pensando en el pasado y en el futuro, en las ra- zas extintas de que esos lugares fueron cementerio y en las que le sucederán con otros destinos, discu- rría sobre el medio de inyectar patriotismo prácti- co a los anémicos estadistas, generalmente apáticos con todo cuanto no tiende al provecho político in- mediato, entreviendo lo que esos pretendidos diri- gentes no quieren ver: la fuerza del arado que abre la tierra sedienta. Esta era la única arma necesaria para conquistar el valle capaz de dar bienestar a millones de hombres, una vez estudiadas esas tie- rras, como lo proyectaba Sarmiento. En cambio, se habían vendido por una bicoca a los favoritos y a los potentados holgazanes, retardando la lógica ex- pansión nacional: ¡cuán difícil era entonces hacer a un lado aspiraciones políticas, para mirar recto el porvenir de la patria!”.
Moreno, E. V., 1942: 101.
A.93. Sobre los verdaderos pobladores del
norte de la Patagonia. Visión de 1917-1918.
“… Apareció el pioneer, el ocupante más atre- vido y confiado entre nosotros, que el squatter norteamericano o australiano. Este, al lanzarse a la vanguardia, tiene alguna seguridad de que la ley le facilita el medio de hacerse dueño de las tierras que cultive, pero entre nosotros el usurpador, que no pocas veces dio su sangre y la de los suyos, que vio incendiado su rancho y robado su ganado, puede luego considerarse feliz si logra quedar en el sitio como ‘poblador’ por cuenta de un adquirente afor- tunado a quien le ha sido fácil violar la ley para ad- quirir el campo con la obligación de poblarlo y lo puebla de esa manera”.
Moreno, E. V., 1942: 102.
F. P. Moreno. Óleo, sin fecha, de autor anónimo. 78 x 61 cm. Dirección del Museo de La Plata.