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“Nadie duda aquí de nuestra potencia produc- tora, ni de la feracidad prodigiosa de la extensa tie- rra argentina, tendida a través de todas las zonas, gozando de las más adecuadas condiciones para vi- vir y crecer fuerte y sana, pero necesitamos estudiar más lo que pasa en el resto de la tierra, apearnos del pedestal inconsistente que nos hemos forjado en nuestra imaginación infantil aún, reconcentrar- nos, aquilatar nuestro haber político, económico y social con respecto a los demás países del globo y, al mismo tiempo, estudiar sus condiciones políticas, económicas y sociales, y deducir de la suma de es- tas investigaciones, cuál es la marcha a seguir en la

lucha por el progreso, tarea tanto más ardua cuan- do se trata de una nación en formación. No nos envanezcamos de nuestro suelo y de sus produc- ciones, no cerremos los ojos deslumbradores por los números con frecuencia engañadores y obser- vemos si esa riqueza no tiene rivales, y sacudiendo la vieja inercia rompamos la rutina y procuremos encontrar los medios de aprovechar más y mejor las ventajas del momento, sin perder de vista el pro- venir de lucha que nos espera. Digamos en alta voz y sin disfraz lo que somos, lo que ofrecemos a la co- lectividad humana en la esfera de la labor pacífica y de los medios adecuados para defender nuestra integridad.

Mostremos de una vez que como nación las puertas están abiertas para todas las iniciativas que importen incorporarle fuerzas, y para ello empe- cemos decididamente a llenar los vacíos notorios en los centros de información, procurándoles con verdad, claridad y concisión a cada uno según la materia preferida.

(…)

País privilegiado como suelo, apenas es una na- ción en embrión por más que duela confesarlo y se diga lo contrario y, sin embargo, ¡qué fácil sería lle- gar a la cohesión de sus elementos para constituir la nación argentina, tal como debe ser, digna de su nombre, si usáramos provechosamente los podero- sos recursos con que nos ha favorecido la pródiga naturaleza! Nos dirán (lo mismo que repetimos los que no profesamos ser profetas en nuestra tierra) que debemos buscar el fundamento de nuestro pro- greso en el estudio y conocimiento y en su aprove- chamiento bien meditado, sin lo cual la riqueza que obtengamos de este, no será nunca estable, desde que tanto la ganadería como la agricultura, nues- tras principales fuentes de producción, encontra- ran como mayor enemigo en todas partes, la falta de ese conocimiento, sin el cual no pueden existir industrias permanentes y reproductivas en la escala y condiciones que los elementos modernos lo per- miten y requieren. Tampoco las comunicaciones de hoy son lo que debieran ser, por la misma razón, y los inútiles gastos que resultan de la ignorancia y de la desidia para anotar los innumerables facto- res que intervienen en la formación de la riqueza pública, aumentarán más y más nuestras dificul-

tades presentes. No conociendo científicamente los medios ambientes, la elección de los hombres que deben aprovecharlos será puramente casual, lo mismo que lo será el rendimiento de la ganadería y de la agricultura y de la mayor parte de las otras in- dustrias. La reglamentación de la inmigración debe estar íntimamente ligada con ese conocimiento.

Si descuidamos estos antecedentes que son hoy la preocupación de las naciones prósperas, conti- nuaremos edificando sobre arena, necesitando de continuo el puntal del capital extranjero que, si bien impulsa nuestro progreso material, demora el día de nuestra independencia definitiva. No debié- ramos olvidar que solamente son grandes naciones aquellos países que pueden vivir de sus propias fuerzas y que nosotros podríamos, si llegara el caso a ser necesario, no solo vivir por nosotros mismos, sino también ayudar a vivir a otros. Del intercam- bio resulta la grandeza de un pueblo, y su principal fuerza reside en que ese intercambio nos sea favo- rable por la mayor demanda de nuestros productos. Es necesario que nos preocupemos cuanto antes de hacer conocer bien nuestro país sin des- cuidar ninguno de sus resortes (…), organicemos una divulgación en forma práctica; busquemos mayor acceso a los círculos científicos, políticos, comerciales y sociales, y ofrezcamos en todos las manifestaciones de nuestros progresos y recursos, en un buen muestrario (…) expliquemos en qué consiste lo bueno y lo malo que se nos adjudique y los fundamentos en que se apoya la crítica, y al mismo tiempo que hagamos luz para los demás, hagámosla para nosotros mismos, obteniendo así preciosa enseñanza. Que no haya desfallecimientos ante esta gran tarea en la que todos debemos tomar una parte, y tengamos también bien presente que en estos países prácticos no hay celos ni malas vo- luntades; que todos tienen el mayor interés en que contribuyamos a la prosperidad universal y que a nuestra vez nos interesa retirar la mayor compen- sación para esa contribución. Observemos aquellas necesidades que podamos llenar y mostremos que estamos en aptitud de satisfacerlas, pero sin olvidar tampoco que la caridad bien entendida empieza por casa”.

Carta al ministro E. Civit. El porvenir de