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Chapter 7 Conclusions and Future Work

7.2 Future Work

La evaluación es uno de los procesos claves del proceso de enseñanza- aprendizaje, su función es regular el proceso de enseñanza-aprendizaje en su totalidad, no es una simple actividad técnica, es un elemento clave en la calidad y que debe permitir permanentemente la retroalimentación oportuna de los aprendizajes.

La evaluación debe adquirir una nueva dimensión, con la necesidad de personalizar y diferenciar la labor docente, recordando que cada estudiante es un ser único, es una realidad en desarrollo y cambiante en razón de sus circunstancias personales y sociales. (Ramos, 1995). Recordemos como docentes que la evaluación tradicional se caracteriza porque:

• Los parámetros tienden a ser establecidos por el docente sin tener en cuenta criterios académicos y profesionales.

• Se brindan notas cuantitativas sin criterios claros que las justifiquen; generalmente se hace con el fin de determinar quiénes aprueban o reprueban una asignatura.

• Tiende a centrarse más en las debilidades y errores que en los logros y como es establecida por el docente, no toma en cuenta la propia valoración y participación de los estudiantes.

• Tiende a castigar los errores y no se asumen estos como motores esenciales del aprendizaje.

• Son escasas las oportunidades para el auto mejoramiento, pues los resultados de las pruebas de evaluación son definitivos, sin posibilidades de corrección o mejora.

• Se asume como un instrumento de control y de selección externo.

• Se considera como un fin en sí misma y limitada a la constatación de resultados.

Resumiendo diremos que el rendimiento académico es un indicador del nivel de aprendizaje alcanzado por el estudiante, es una medida de las capacidades alcanzadas por los estudiantes, que expresa lo que éstos han aprendido a lo largo del año escolar lectivo, en el rendimiento académico involucra a la capacidad del estudiante para responder a los estímulos diversos propuestos por el sistema educativo. En el rendimiento académico intervienen muchas variables externas al estudiante como la calidad del docente, el clima escolar, la familia, el programa educativo, el contexto, además de las variables internas del estudiante (psicológicas) como la actitud hacia la asignatura, la inteligencia, la personalidad, el auto concepto del estudiante, la motivación, la resilencia, etc.

El enfoque planteado por el Currículo Nacional de la Educación Básica es el enfoque de la evaluación formativa, en este se precisa que la evaluación es un proceso sistemático y permanente

en el que se recoge y valora información relevante acerca del nivel de desarrollo de las competencias en cada estudiante, con el fin de contribuir oportunamente a mejorar su aprendizaje. Desde el enfoque formativo, se evalúan las competencias, es decir, los niveles cada vez más complejos de uso pertinente y combinado de las capacidades, tomando como referente los estándares de aprendizaje porque describen el desarrollo de una competencia y definen qué se espera logren todos los estudiantes al finalizar un ciclo en la Educación Básica (pág. 178 del Currículo nacional MINEDU).

La evaluación formativa tiene dos propósitos fundamentales dependiendo de la persona directamente involucrada en el proceso:

A. Para el estudiante, lograr su autonomía en sus aprendizajes, identificando fortalezas y debilidades; y aumentar la confianza de los estudiantes para asumir desafíos, errores y que sepan comunicar apropiada y oportunamente que saben, lo que no saben y que como lo hacen.

B. Para el docente, atender la diversidad de aprendizaje de los estudiantes, teniendo en cuenta necesidades, estilos, inteligencias y expectativas; y al mismo tiempo permite que el docente retroalimente permanentemente la enseñanza, modificar y adaptar las prácticas de enseñanza para hacerlas más atractivas, efectivas y eficientes, usando una amplia variedad de estrategias, recursos educativos y formas de enseñar con miras al desarrollo y logro de las competencias.

Para Condemarín M. y Medina A. (2000), la evaluación formativa es un proceso que realimenta el aprendizaje, posibilitando su regulación por parte del estudiante. Por ello, el docente y el estudiante deben de adaptar las actividades de aprendizaje de acuerdo con las necesidades y expectativas de los estudiantes; porque permite que el docente brinde información del aprendizaje

logrado por los estudiantes, al mismo estudiante y a la familia, para que se tomen decisiones pertinentes y eficaces para la realimentación necesaria.

Hoy en día es necesario que el docente se dé cuenta la necesidad de dejar de lado la evaluación sumativa y certificadora tradicional, que actualmente se encuentra enraizada en la práctica pedagógica de muchos docentes, que está ligada directamente a la enseñanza y centrada en la transmisión y reproducción de conocimientos, en donde se pone énfasis en la enseñanza y el docente es el protagonista del proceso; por una evaluación formativa, que tiene un carácter más integral, holístico y permanente, que comprende todo el proceso educativo, no sólo toma en cuenta los resultados del aprendizaje, para este tipo de avaluación, es muy importante lo que el estudiante hace para lograr su aprendizaje, considera todo el proceso y que permite el reforzamiento y/o reorientación del proceso educativo e forma continua y permanente (retroalimentación).

El CNEB plantea hoy el enfoque formativo para la evaluación, y este tiene como elemento vertebral a la retroalimentación; que es una actividad que el docente debe de realizar en forma permanente y que le permitirá darse cuenta de donde parte el estudiante (fortalezas y dificultades); a donde debe de llegar el estudiante (la meta) y el camino que este estudiante va a realizar con apoyo y orientación del docente y de otros pares para llegar a la meta planteada y que debe de ser compartida con el estudiante. Esta retroalimentación debe de dar en el momento oportuno para generar actitudes positivas en el estudiante y poco a poco logre su autonomía.

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