• No results found

2.5. The Social Construction of Personal Relationships

2.5.4. Gendered Relationship Discourses

En palabras de Berger y Luckmann “el individuo no nace miembro de una sociedad: nace con una predisposición hacia la socialización, y luego llega a ser miembro de una sociedad. En la vida de todo individuo, por lo tanto, existe verdaderamente una secuencia temporal, en cuyo curso el individuo es inducido a participar en la dialéctica de la sociedad.” (2006: 162) El inicio del proceso de socialización es la internalización, que “constituye la base para la comprensión de los propios semejantes y para la aprehensión del mundo en cuanto realidad significativa y social." (2006: 163) Como parte de este proceso, se adquiere el lenguaje así como la noción de los otros y sus roles.

Bourdieu también se enfoca sobre la socialización, que conceptualiza como el proceso en el que se estructura el habitus en el agente socializado que es influido o animado por las relaciones sociales de las que es fruto (2004: 14). Identificamos que es en los procesos de socialización donde comienzan a construirse a través del habitus aquellas estrategias de reproducción social desplegadas por quienes componen las familias.

En cuanto a la socialización de los individuos o agentes que forman parte de las familias tamberas estudiadas en el Capítulo anterior, ya nos hemos referido a cómo los niños son criados en el hogar y en el tambo como ámbito de trabajo que conforma el espacio doméstico. Es allí donde transcurre fundamentalmente su socialización primaria. En base a los relatos, se distinguen algunos cambios en cuanto a las primeras infancias de la generación mayor, la media y la menor.

Uno de los más relevantes constituye el reemplazo del dialecto alemán por el castellano como lengua materna a través de la cual quienes componen las unidades adquirieron lenguaje y aprendieron a comunicarse. Mientras que en la generación mayor y, en menor medida en los actuales adultos, primó el alemán de dialecto volguense, los jóvenes y niños fueron socializados bajo el lenguaje castellano pudiendo mantener algunas frases, dichos o vocabulario en alemán reducidas a ciertas ocasiones particulares o bien, como aleccionamiento por parte de los abuelos.

Según recuerda una de las mayores, de niña era todo en alemán, podés creer vos. Cuando entramos a la escuela no sabíamos naaaada en castellano. Y era tan triste eso. Porque los

padres no nos enseñaban. (Tambera retirada, 69 años) Así, actualmente, las personas de la

generación mayor, ya sean locales o mujeres venidas de otras colonias o aldeas, adquirieron ésta como lengua materna antes o junto al castellano aprendido durante la escolarización primaria. Muchos de los representantes de generación media leen alemán gracias a haber asistido la escuela alemana, mientras que algunos otros solo lo hablan, pero todos entienden

el sentido general de los decires cotidianos84. Ya entre los jóvenes, según sus padres, algunos entienden pero ya no hablan ni leen pese a los esfuerzos de algunos abuelos por inculcar la lengua tradicional de sus ancestros.

En cuanto a otro aspecto que hace a la socialización primaria, el número de miembros del hogar tendió a disminuir volcándose a la estructura nuclear con lo que bebés y niños pasaron a relacionarse con menos personas en el ámbito doméstico y cotidiano. Esto es de particular importancia, tanto en la organización del trabajo productivo y reproductivo así como en la transmisión intergeneracional de prácticas y representaciones. Los abuelos de la actual generación menor ya no compartieron el hogar con sus nietos. En éstos, en cambio, jugó cierta importancia en su socialización la incorporación del televisor, como ventana al mundo no familiar, de habla castellana, secular y propia de la sociedad de mercado.

Además, en algunos miembros de esta misma generación la escolarización se inició más tempranamente desde la incorporación del jardín de infantes85 a una de las escuelas primarias locales.

En lo que hace a los colonos, en las memorias de la zona tanto como en nuestros registros de campo encontramos que la iglesia tiene gran influencia en este sentido86. Aún hoy en la Colonia es una práctica habitual la participación en las actividades de la iglesia. Según el grupo familiar se da la pertenencia de la amplia mayoría87 a la congregación de la Iglesia Luterana (perteneciente a la Iglesia Evangélica Luterana Argentina, IELA) o de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP), ambas protestantes, de similar teología y con un origen institucional común. La Iglesia Luterana es la de mayor feligresía y realiza, además de los cultos domingos de por medio, otras actividades comunitarias tales como los ensayos del coro, estudios bíblicos, y algunas orientadas a los niños como la preparación para la comunión y la confirmación.

Hasta 1990 las celebraciones eran presididas en forma alternada en idioma alemán y en castellano, así también los himnos y lecturas bíblicas. Según recuerda el último pastor que vivió en la Colonia, inicialmente, hacia los años 60 asistían un mayor número de colonos al culto en alemán pero después al final iba más gente al culto en castellano. Entendían mejor el culto en castellano. Y yo hacía fuerza porque sea en castellano. (Pastor retirado, 89 años) Más que un estilo institucional de la IELA, los cultos en alemán se trataban de una demanda por parte de la congregación que, según el pastor y en base a comparación con otras comunidades, se caracterizaba por ser muy conservadora y aferrarse a antiguas tradiciones resultando dificultosa la introducción de cambios por él sugeridos88 (Dorsch, 2007). También los recuerda como gente con la fe bastante fundamentada. No digo que hayan sido fanáticos, nada de eso. A mí me dio la impresión siempre de que era gente muy religiosa, más que en otros lugares, como en La Pampa por ejemplo, no le daban mucha importancia. (Pastor retirado, 89 años)

84 Se ha identificado en los descendientes de alemanes del Volga una de las excepciones más notorias del acelerado proceso de asimilación lingüística. Es explicada por su aislamiento rural, sus antecedentes como grupo migratorio y las diferencias culturales respecto a la población local. (Hipperdinger, 1990 en López, 2008)

85 Durante un tiempo la sala de infantes funcionó de lunes a viernes pero actualmente está disponible solo dos

días a la semana.

86 Desde las historizaciones locales se identificó en las aldeas volguenses “la jerarquía tradicional que primero, estaba la autoridad del pater familias, en segundo lugar, la del consejo de ancianos, y luego la del pastor o sacerdote, indicando, en cada caso, las pautas internas y externas de conducta a seguir”. (López, 2008: 60) 87 Una de las familias adscribe a la Iglesia Bautista y asisten a las celebraciones en su templo en Crespo. Esta denominación del protestantismo es representada marcadamente como otra religión, lo que no ocurre entre luteranos y evangélicos del Río de la Plata. Esto puede darse porque, al margen de las diferencias teológicas, los bautistas cuentan entre sus prácticas con ciertas prescripciones, por ejemplo, en cuanto al baile y al consumo de bebidas alcohólicas. No obstante, una otredad mayor y tajante es tenida por parte de los volguenses protestantes hacia los católicos, ya sean criollos o mismamente alemanes.

88 Previamente, este mismo pastor estuvo asignado a congregaciones luteranas compuestas por alemanes del

Si bien encontramos algunos indicios de pérdida de aquella relevancia central de la religión, más aún en las generaciones menores (las actividades de la iglesia luterana en la Colonia parecen haberse reducido y esto es atribuido a las numerosas ocupaciones de los productores contemporáneos que desarrollan diversas actividades) las prácticas y representaciones distan de haber transitado hacia una total secularización. El actual pastor cuenta que lo que hago generalmente son visitas a la gente, ellos no son mucho de hacer muchas actividades más allá de los cultos que tenemos dos veces por mes. Si bien yo he tratado de hacer reuniones de familias o estudios bíblicos, después eso se fue diluyendo por el tema del tiempo de ellos más que nada. (Actual pastor IELA, 34 años) Realiza estas visitas a los hogares de la Colonia una vez a la semana, administrando su tiempo entre las cuatro congregaciones que tiene asignadas. Visita principalmente a aquellos que tengan problemas de salud o problemas de familia que explica debido a que los alemanes somos medio cascarrabias y testarudos. Los problemas son más bien que tienen que ver con falta de comunicación entre los miembros de la familia. (Actual pastor IELA, 34 años)

Los cultos son una importante instancia de socialización entre las familias. En palabras del pastor, cuando está lindo el clima, después del culto generalmente se quedan charlando…

ahí fuera no más. Y es cierto antes también… pero más en verano primavera. Si bien unas

120 personas componen la congregación, asiste un promedio de 60, todos provenientes de la misma Colonia y entre los que se destacan los matrimonios de la generación media: Lo que pasa generalmente es que los mayores se vienen a vivir a la ciudad ya entonces sí hay muchos matrimonios jóvenes, hay niños… más o menos 25 niños son. Lo que sí en los últimos años a la gente le está costando más llevar a los niños al culto. Pero así en general es un

promedio de juventud bastante grande, y de matrimonios jóvenes. (Actual pastor IELA, 34

años)

Sábado de por medio los niños de familias luteranas asisten a un tipo de escuela bíblica preparatoria de la comunión, y coordinada por mujeres de la Colonia. Los numerosos encuentros juveniles o Jugendverein que reunían a los jóvenes protestantes de ambas congregaciones quedaron en el recuerdo de los abuelos y en la excepcionalidad de algunos campamentos organizados por las instituciones religiosas a escala nacional.

Otra de las instituciones de fuerte influencia en la socialización de los niños es la escuela. En tiempos de la generación mayor, funcionaba en la Colonia una pequeña escuela que incluía hasta el 4º grado del nivel primario. Frecuentemente los padres continuaban enviando a sus hijos una vez finalizado el cuarto año para evitar que se olviden lo aprendido en esos pocos años: leer y escribir así como realizar cálculos básicos. Algunas familias decidían que sus niños continuaran su escolarización en escuelas de localidades vecinas lo que presentaba diversas dificultades relativas a los traslados y a su inserción entre los criollos y católicos. Una de las mayores recuerda el impacto de la abrupta adaptación al ámbito escolar y al habla castellana: Íbamos a la escuela y hacemos fila. Había que hacer fila, se cantaba el himno y todo. Tomar distancia y ¡nosotros no sabíamos lo que era eso! Las maestras eran muy…

viste… estaban muy en contra del alemán. (Tambera, 69 años)

Así, la escolarización de algunas de las personas de la generación mayor transcurrió hasta el 4º grado mientras que otros tantos completaron el nivel primario. Esta generación recuerda el carácter excepcional de los estudios secundarios, que era tenido como elemento de honra para la familia del joven. Quien fuera pastor de la congregación, también de ascendencia volguense pero criado en otra de las localidades de la zona, fue el único en su familia que completó el nivel secundario. Recuerda que éramos 8 hermanos y 2 hermanas. (...) Bueno, era una especie de honor… una distinción. Había pocos que estudiaban secundario en aquel tiempo… yo te hablo de los años 30, ¿no? En este caso, completó la secundaria en el colegio Concordia, de Crespo, donde había maestros alemanes que estudiaban ahí en este colegio, estudiaban y se recibían de maestros. (Pastor retirado, 89 años)

generación media completó sus estudios hasta el nivel primario. Ninguna de las mujeres de las familias entrevistadas completó el secundario. Solo dos de los adultos entrevistados continuaron sus estudios al ser enviados por sus padres a escuelas secundarias agrotécnicas como pupilos o escuelas de alternancia en localidades cercanas. En una de las familias, tal suerte tocó a todos los hijos varones mientras que en la otra hubo una decisión explícita diferencial frente a sus hermanos. En ambos casos, resaltan la importancia de tal experiencia en sus trayectorias de vida, así como la formación recibida aplicada en la organización de la producción.

Antes de la apertura del secundario local, se dieron experiencias en las que los adolescentes de 13 o 14 años se trasladaban a Crespo para completar la secundaria viviendo junto a algún familiar o en alguna pensión. Según analiza uno de los padres entrevistados este lanzamiento prematuro al mundo urbano propendía la deserción escolar ya que pasar a la ciudad a un chico de 13 años en un internado o alquilar por ahí es una edad muy inmadura para adaptarse (...) Eran chicos muy tontos para el ambiente que los mandaban y los otros se aprovechaban y capaz que tenían una capacidad bárbara para estudiar y por eso no querían saber más nada y largaron todos, viste. Y bueno, entonces se luchó mucho para que esa escuela [local] quede con ese sistema y mejore. No son escuelas buenas, pero es el sistema educativo general que se ha ido degradando en los últimos 30-40 años. (Tambero, 2 hijos) Por otro lado, el actual director de la escuela secundaria explica su apreciación respecto a que antes de su apertura, y frente a la coyuntura productiva adversa la ausencia de la institución propiciaba la migración de los jóvenes. En sus palabras, la gente no proyectó a los hijos esas ganas de seguir con el trabajo, sino que trató de “andate al pueblo a estudiar”. El campo no producía, no valía nada nada. Entonces el estilo de vida de las personas iba decayendo y al ir decayendo los mayores empezaron a ver en sus hijos que no era productivo dejarlos acá. Entonces agarraban y trataban de conseguir, hacerse una casa en la ciudad e irse a la ciudad como para que los chicos pudieran estar allá. (Director Escuela Secundaria, 38 años) Recién en 2007 entró en funcionamiento el nivel secundario en la escuela local89, lo que es tenido por un gran adelanto y un importante logro atribuido a las gestiones de la Junta de Gobierno de la Colonia junto a la directora de la escuela. Esto permitió la permanencia de los adolescentes en sus hogares con las implicancias en la organización del trabajo que se trataron en el Capítulo anterior90. También permitió que jóvenes que ya habían egresado culminaran sus estudios secundarios abriendo horizontes a futuros estudios o salidas laborales.

Además de sus actividades ordinarias, la Escuela organiza a través de su comisión directiva – y ocasionalmente en articulación con la Iglesia o la Junta de Gobierno– diversas actividades como el festejo del día de la Madre o algunos talleres orientados a la comunidad en general, instancias gestionadas a través del trabajo colaborativo de los estudiantes y sus familias, así como del esfuerzo del equipo docente.

Sumada a esta escolaridad regular, casi todos los entrevistados de las generaciones mayor y media oriundos de ésta y otras colonias y aldeas volguenses asistieron y fueron socializados también en el contexto de la llamada escuela alemana.

89 Esta institución provincial siguió las reformas y contrarreformas de la educación nacional y entrerriana. Después de la obligatoriedad hasta el 7º grado, se implantó la Escuela General Básica prolongándola hasta 9º para recientemente extenderla a 12 años totales que incluyen la Escuela Primaria y la Secundaria.

90 No es menor la influencia del acceso local al nivel secundario a los fines del trabajo familiar tambero. Esta se pone en claro al observar las situaciones dadas entre familias tamberas en otras zonas del país. Así, por ejemplo, según encuentra Vértiz en la cuenca lechera de Abasto Sur de la provincia de Buenos Aires, “las transformaciones acontecidas en el agro en las últimas décadas, han ocasionado que cada vez sea menos frecuente encontrar al grupo familiar completo con residencia en la explotación, de este modo con la partida de los/as hijos/as “al pueblo” para acceder a sus estudios (centralmente al nivel secundario), el equipo de trabajo familiar comienza a desmembrarse. Esta situación se torna mucho más delicada cuando también implica la salida del predio de la jefa de hogar, que en algunas ocasiones acompaña a sus hijos/as a la ciudad.” (2013: 22)

En éste, así como en los demás poblados de la región, los volguenses “iniciaron por cuenta propia la organización de la enseñanza elemental para sus aldeas, siguiendo el esquema ya conocido en el Volga; reapareció el lehrer, maestro, pagado por toda la comunidad o a veces por un grupo de familias, y los niños recibieron su primera instrucción en alemán. La tarea del Schulmeister en la parroquia, por su lado, reforzaba y completaba este tipo de educación que apuntaba (…) a la conservación del idioma.” (Weyne, 1986 en López, 2008: 59)

En palabras del pastor que durante 28 años ofició además como maestro, “la escuela alemana de religión en la que a diario se impartía su hora de clases, era parte esencial del programa educativo religioso desarrollado por la congregación.” (Dorsch, 2007: 67) Ésta funcionaba de martes a viernes en contraturno de la escuela nacional o castellana. Durante cuatro horas el pastor oficiaba como maestro a pedido de la comunidad que pagaba su sueldo. Allí los niños leían y memorizaban textos religiosos, en particular el Catecismo de Martín Lutero, y de enseñanza de idioma (Véase foto Nº 19 del Anexo). Con los años y el desgaste de las ediciones, las tipografías góticas fueron reemplazadas por las modernas. Según explica el propio pastor-maestro era la escuela de religión, le llamábamos escuela alemana. Eran 4-5 familias y tenían que mantener al maestro, pagarle. Era un sueldo de poca monta, ¿no? Empezábamos de mañana con el Catecismo, catecismo y escuela bíblica. Y ahí leíamos la Biblia con las ilustraciones… (...) Todo auf Deutsch. Para aquellos años, concurrían unos 30 estudiantes y hasta sus 13 años cuando celebraban su confirmación, una especie de ratificación del bautismo. (Pastor retirado, 89 años)

Los mayores relatan recuerdos sobre su dificultad para la inserción en la escuela castellana, la oposición de las maestras nacionales a la enseñanza del alemán, las largas jornadas en una y otra escuela, así como del estudio a la luz de las velas para memorizar fragmentos, en ocasiones alternándose entre los diferentes hermanos que debían compartir un único libro. En muchos de los casos, a esto se agregaba el trabajo en el ordeñe manual de las mañanas.

En palabras de una de las mayores: Nosotros íbamos a la escuela, la escuela y la iglesia están pegadas. Nosotros íbamos a la escuela, le decíamos “escuela castellano”, así le llamábamos y nos traíamos comida y pasábamos de una escuela a la otra… todos los días… teníamos “escuela alemán”, se llamaba esa viste. Cuando era de tarde la escuela se cambiaban los horarios. (...) Todos todos iban, desde mi padre. Mi papá también ya iba. Desde que se edificó la iglesia ya ellos comenzaron con eso ahí. (Tambera retirada, un hijo, 63 años) Desde la perspectiva de los adultos, la doble escolaridad parecía no afectar a la organización laboral de las unidades, por entonces dedicadas principalmente a la agricultura, prefiriendo los padres el aprendizaje del idioma alemán y la religión en sus hijos antes que tener disponible su fuerza de trabajo. Esta se habilitaba por completo, pasando a ser trabajadores plenos una vez terminado el primario y celebrada la confirmación, es decir, cerca de los 14 años. Desde la perspectiva de los menores, según recuerda uno de los tamberos en referencia a aquella rutina de doble escolaridad, eso era lindo porque vos tenías tus juegos, tus cosas… y el pastor que era soltero de toda la vida y jugaba al fútbol con nosotros… y después del almuerzo siempre algún chiste, alguna anécdota. Y capaz que éramos 14-15 chicos (...) capaz de 6 a 13-14 años… todos juntos… era… Y casi todos los años en febrero era la

confirmación de los más grandes, más o menos de 5-6, más no se juntaban. (Tambero, 49

años)

Recapitulando, encontramos que las principales transformaciones que hacen en cuanto a la