3.3. Methodological and Procedural Limitations
3.4.2. A Need For Action
En términos de Woortman, el casamiento tiene por razón práctica la estrategia de reproducción material vinculada al patrimonio y, en lo cultural, se orienta a la producir una descendencia (1994). Conformadas las parejas matrimoniales, el desarrollo de los nuevos núcleos familiares continúa a través del nacimiento de los hijos. Ya vimos algunos aspectos vinculados a la crianza e incorporación de los hijos en el trabajo como parte de su socialización. Las familias rurales numerosas eran valoradas en el contexto en el que se privilegiaba la idea de prole como riqueza, un recurso o indicio de prosperidad. Pero actualmente, según Seyferth, éstas nociones serían anacrónicas ya que debido a la escasez de superficie disponible, no hay tierra para todos por lo que las altas tasas de natalidad rurales pasaron a ser un problema a resolver por las familias (1985). Como retomaremos luego, la presión sobre la tierra es un factor relevante en cuanto a las estrategias de reproducción
102 Este panorama contrasta con el de otras aldeas cercanas donde permanecen apenas un par de familias.
103 En estos casos cursan carreras no directamente relacionadas a la producción agroalimentaria. Otros dos jóvenes de la Colonia, que no forman parte de la muestra, estudian actualmente Veterinaria. Las hijas de uno de los 2 tamberos locales de mayor escala cumplimentaron sus estudios graduándose una de ellas como Ingeniera Agrónoma y la otra como Psicóloga.
social.
Además, encontramos entre la generación mayor y la media una reducción de la natalidad, siendo que el número de hijos se redujo pasando de hogares de 5 hasta 10 hermanos a un promedio de 3 hijos por núcleo familiar en nuestra muestra. En estas familias, los intervalos de edad entre los hermanos rondan entre los 2 y 5 años aunque en dos casos un tercer hijo nació unos 10 años después forzando la reorganización del equipo de trabajo. Sumada a la escasez de tierras, se puede interpretar la influencia en este cambio del modelo urbano de familia moderna en tanto familia tipo con 2 hijos como número deseable (Jelin, 2005). En este cambio, la expansión de los medios de comunicación de masas, así como la escuela y otras instituciones pudieron haber influido. Otro factor de importancia en el análisis de esta reducción de la natalidad es el aumento en la participación laboral femenina en la fuerza de trabajo productivo que se da también entre estas familias. Esta transición hacia hogares nucleares donde tanto el padre como la madre son proveedores implica cambios en su organización, que mantiene aún en las mujeres la responsabilidad por los trabajos domésticos y hogareños (Jelin, 2005).
Los padres tienen sus expectativas respecto a sus hijos más pequeños. En forma generalizada éstas son diferentes para los varones respecto a las mujeres. Así, por ejemplo, uno de los matrimonios más jóvenes, con todos sus hijos en edad escolar e incluso preescolar, señalan que imaginan en el futuro a sus hijos varones desempeñándose en el campo familiar porque habría trabajo seguro. En palabras de la madre, esto [su explotación] ES para ellos. El sacrificio que hemos hecho nosotros todos estos años, les digo, no es para que venga otro y… (...) Que lo que estamos haciendo ES para ellos. Además de este sentido de legado, el padre desea para sus hijos la autonomía con la que los colonos siguen identificando a su trabajo: Que no se vayan… que trabajen, que lo hagan independiente, que no trabajen para otro. (Tamberos y productores avícolas, 42 y 47 años, 3 hijos) No obstante, para su pequeña hija, las ideas de sacrificio, continuidad y autonomía se esfuman. En voz de su madre, ella ya es toda mujer, tiene que seguir al futuro marido que irá a tener, qué se yo y ya cambia. (Tambera y productora avícola, 42)
Subyace aquí la idea asociada a tradiciones de vida rural de colonos alemanes de que “el hijo es para la tierra” (Micolis, 1973 en Schiavoni, 2001: 453) o, desde el punto de vista patrimonial, “la tierra no pasa a manos extrañas” (Micolis, 1973 en Schiavoni, 2001: 453). Asimismo, remite a la interpretación de Galeski de la tierra en su doble sentido, como factor productivo y como patrimonio cuyo trabajo –o incluso propiedad– se reserva a los varones. En la Colonia, en cuanto a la relación entre generaciones, surgen referencias al ejercicio de un dominio vertical hacia los hijos por parte de los padres, cuyas voces deben ser respetadas. Así, el actual pastor encuentra que la dinámica intrafamiliar se da según lo que llamael estilo alemán, categoría que explica como bastante autoritario el padre; en algunos casos la madre más autoritaria, depende a veces el carácter de cada uno. (...) Lo que yo veo, no hay un diá- lo-go como quizás debería haber. La importancia del peso de la autoridad paterna y su condicionamiento en decisiones personales o grupales aparecen con recurrencia en las entrevistas. En palabras del mismo pastor, que relativiza las transformaciones dadas en este sentido, el otro día en un grupo de jóvenes con unos muchachos hablaba de que si él le respondía al padre directamente era un cachetazo, no se le podía responder. Hoy… se le permit… hay un cachito más de libertad pero no está… ¿por qué? Porque no lo han aprendido de la generación anterior, entonces es muy difícil que vos des algo que no recibiste. (Pastor luterano, 34 años)
En la familia campesina, siguiendo a Seyferth (1985), la autoridad del padre es indiscutible. En particular, en lo que hace al control de la economía doméstica y en relación a la herencia de la tierra. Él es el propietario legal, junto a su esposa, de la explotación que el grupo familiar trabaja y de la que sus miembros usufructúan bajo su dirección. Así, los hijos son al mismo tiempo trabajadores y herederos de su progenitor, quien en tanto padre, propietario y
empresario toma las decisiones.
Observamos, al igual que Seyferth, que los hijos varones no sucesores de la unidad se vuelven independientes a través de su casamiento. Las hijas mujeres, mediante el matrimonio, pasan al dominio de su familia política. Quienes permanecen en la casa parental luego de su boda continuarán, de alguna manera, bajo la órbita de sus padres hasta su muerte o su invalidez laboral(Seyferth, 1985). En la Colonia también la migración de los padres al pueblo habilita cierta independencia a los hijos.Es entonces cuando se da la transmisión del poder simbólico del padre al hijo.
Las trayectorias de los hermanos no sucesores de la unidad parental variaron en las diferentes generaciones, en parte, al compás de las condiciones objetivas socioeconómicas. Así, en la generación mayor los hermanos varones podían acceder a la compra de tierras para continuar en actividades agroganaderas a través de la inversión de su herencia –y dado el caso sumada a la de su esposa– o recibiendo una donación de sus padres. Otros migraron tempranamente a ámbitos urbanos buscando emplearse en el sector industrial o de servicios. Ya para la generación media, que detenta actualmente la dirección de las unidades, las posibilidades de acceder al mercado de tierras menguaron y se dieron con mayor frecuencia las migraciones a la ciudad, la asalarización o el trabajo rural intensivo a través, por ejemplo, del tambo y de la cría de pollos. En los jóvenes actuales, se agregó la posibilidad de formación universitaria a través de la que la familia proyecta al hijo estudiante en la esfera laboral profesional o de servicios y concibe, de alguna manera, su manutención durante su formación como una herencia en vida.
Como veremos, uno de los campos en el que este sistema de estrategias de reproducción social condiciona más fuertemente aspectos estructurales de las familias tamberas es el relativo al traspaso y herencia de las unidades productivas.