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Chapter 5 – Conclusion and Recommendations 96

5.1   General Conclusion and Recommendations 96

En La vorágine (1928), José Eustasio Rivera juega con la función del narrador para darnos a entender que se trata de un texto que se compone en gran parte por los manuscritos que un personaje escribe, lo que da a la novela un tinte enigmático por el cual el lector puede pensar que se trata de las vivencias y escritos de un hombre de carne y hueso, y como consecuencia el límite entre lo ficticio y lo real se vuelve difuso. A lo largo de los manuscritos, que sabemos son obra de Arturo Cova, él no es el único que toma palabra. En ciertos momentos, Cova articula la voz de otros personajes —Helí Mesa, Clemente Silva y Ramiro Estévanez— en su escritura. A pesar de que son manuscritos, es decir, de que asumimos que es lengua escrita, Cova cambia su voz narrativa e imita a modo de narración aquella de personajes que compartieron con él algunas de sus vivencias. Si bien la voz de narrador de Cova ya es variable y poco estática, a esto debemos añadir aquellos momentos en los que, así sea por medio de la escritura de Cova, otros personajes asumen este rol. En este apartado veremos cómo se aborda la traducción de las voces de estos narradores. Empezaremos por observar qué sucede con el cambio que atraviesa la narración de Arturo Cova, para luego observar cómo se aborda el contraste con las demás voces de narradores que forman parte de la novela. A continuación, se pueden encontrar diferentes tablas que contienen algunos fragmentos que corresponden a diferentes momentos de la narración de Arturo Cova en La vorágine (1928) de José Eustasio Rivera, así como las versiones en inglés; primero la que corresponde a E. K. James y luego la de J. C. Chasteen.

Tabla 1 – Estilo lírico de Cova

J. E. R (1928) E. K. James (1935) J. C. Chasteen (2018)

1 Creí haber sido miope ante la distinción de mi compañera. En verdad no es linda, mas por donde pasa los hombres sonríen. Placíame sobre todo otro encanto, el de su mirada tristona, casi despectiva, porque la desgracia le

I was even idealizing her. I felt I had been blind to her charms. True, she was not beautiful, yet she undoubtedly was attractive. Her eyes were the color of dark

Somehow, I’d been blind to her superiority before now. It’s true that she isn’t beautiful, but when she passes by, men smile. Another of her charms, one that I adored, was her limpid gaze, her hauteur alloyed

había contagiado el espíritu de una reserva dolorosa. En sus labios discretos apaciguábase la voz con un dejo de arrullo, con acentuación elocuente, a tiempo que sus grandes pestañas se tendían sobre los ojos de almendra oscura, con un guiño confirmador (…). (p. 33 )

almonds, wistful, heavily lashed; she had a soft, well-modulated voice. (p. 80)

with melancholy. She had been burned, it proclaimed, by bad luck. Her voice had become a soft, expressive whisper; her eyelashes closed over her dark, almond- shaped eyes to reply in the affirmative… (p. 32)

2 Nadie me aseguraba que había nacido para casado, y aunque así fuera, ¿quién podría darme una esposa distinta de la señalada por mi suerte? Y Alicia, ¿en qué desmerecía? ¿No era inteligente, bien educada, sencilla y de origen honesto? ¿En qué código, en qué escritura, en qué ciencia había aprendido yo que los prejuicios priman sobre las realidades? (p. 17)

(...). Anyway, nobody could assure me I was temperamentally fitted for married life, and even though I were the kind that liked to possess a home, who could give me a wife different from the one that fate prescribed? And after all, Don Rafo concluded, what were Alicia’s shortcomings? Wasn’t she intelligent, well educated, of simple tastes and honest stock? Where had I learned that prejudices, not realities, should govern us? (...) (p. 47)

(...). Maybe marriage was just not my fate, or if it were, why should my wife be anyone different from the woman fate gave me? What was wrong with Alicia? Wasn’t she intelligent and well-bred, simple and respectable? Just where, by what rule, calculus, or statute, had I learned that prejudices must prevail over realities? (...) (p. 14)

* Se encuentran subrayados algunos fragmentos que detallan cambios frente al texto de partida que serán analizados posteriormente.

El fragmento nº 1 cumple con las características mencionadas previamente de un Cova narrador muy lírico y con un lenguaje muy formal y rimbombante. Es interesante detallar si este estilo se conserva en las dos traducciones. En la versión de James, el fragmento se acorta en una medida considerable e incluso se podría afirmar que la “mirada tristona, casi despectiva, porque la desgracia le había contagiado el espíritu de una reserva dolorosa” se pierde. La imagen termina resumida en inglés con el adjetivo wistful, que significa un estado melancólico. Si bien se respeta el sentido, el estilo de la narración sí cambia, ya que se condensa en un adjetivo lo que deliberadamente se explica a través una descripción más grande. Aquello que caracteriza en la primera parte a Cova narrador en español se empieza a ver desdibujado en la versión de James. De igual forma, este fragmento en la versión de Chasteen es traducido como: “I adored, was her limpid gaze, her hauteur alloyed with melancholy. She had been burned, it proclaimed, by bad luck”. En este caso, sí se identifica una variación, ya que es evidente que el traductor utiliza términos más formales que cumplen con el registro de un poeta que intenta elevar su discurso. De acuerdo con las variaciones mencionadas anteriormente, difásicamente, existiría una diferencia entre las traducciones, teniendo en cuenta que en la versión de James se percibe como menos formal que la de Chasteen.

En el fragmento nº 2, podemos seguir observando cómo se enfrentan los traductores al lirismo del Cova poeta, ya que podemos ver un ejemplo cargado de musicalidad y cadencia debido al uso de estrategias literarias. En las traducciones, tanto James como Chasteen mantienen las preguntas que aparecen en el texto de partida, intentando conservar el mismo efecto para la narración. En las tres versiones se conserva la forma a través de la cual Cova está reflexionando y cuestionándose. En este caso, no varía el registro que podemos encontrar en la narración de los manuscritos. No obstante, es interesante que en la traducción de James hay una adición en medio de la reflexión y se incluye haciendo referencia a que es Don Rafo quien está haciéndole a Cova todas las preguntas. Este detalle es interesante, dado que en el texto de partida, no es claro para el lector en qué momento leemos las reflexiones interiores de Cova y en qué momento estamos leyendo los consejos que Don Rafo le da. En el texto de partida, hay una mezcla de voces que se combinan entre sí y se confunden en la voz de Cova como narrador, lo que se intenta esclarecer en la versión de James al agregar y explicitar que Don Rafo es quien está hablando.

Tabla 2 – Estilo narrativo de Cova

J. E. R. (1928) E. K. James (1935) J. C. Chasteen (2018)

3 ***

¡Umarituba! ¡Umarituba! Joao Castanheira Fontes, no contento con regalarnos ropa, mosquiteros y provisiones, está equipándonos una canoa para el viaje a Yaguanarí. El martes seguiremos por el Río Negro, radiantes de esperanza, trémulos de ansiedad. El beriberi me dejó la pierna dormida, insensible, como de caucho. Pero el alma rebrilla en mis ojos, poderosa como una llama. ¡Yo no sé lo que va a pasar! ¡Hoy, agua abajo! Aquí está el solemne cerro cuya base lame el río Curi-curiarí, el río que buscaron Clemente Silva y los siringueros cuando andaban perdidos en la floresta. (p. 199)

* (...)

Umarituba! Umarituba! Joao Castanheira Fontes, not content with giving us clothes, mosquito netting, and provisions, is equipping a canoe for the trip to Yaguanarí. Tuesday we’ll continue along the Río Negro, radiant with hope, trembling with anxiety. The attack of beri-beri has left my leg insensible, as if of rubber. But my soul sparkles in my eyes, strong as a flame. I don’t know what’s going to happen!

Today downstream! Here’s the solemn hill whose base is lapped by the Curi-curiarí, the river that was sought by Don Clemente Silva and the rubber workers when they were lost. (p. 367)

……….

Umarituba was wonderful! Our contact João Castanheira Fontes proved himself a fine fellow. Not contect to supply us with clothes, mosquito nets, and provisions, he also gave us a canoe for the trip to Jaguanari. We’ve continued down the Río Negro, radiant with hope, trembling with eagerness. The beriberi has left my leg asleep numb, as if it were made of rubber. But my spirit is as bright as a flame. I really don’t know what’s going to happen. Today we are passing the mouth of the Río Curí-curiarí, the river that don Clemente and those tappers from the Yurubaxí were trying to find when they got lost in the jungle that time, and only he survived. (p. 24)

4 Viejo Silva: Nos situaremos a media hora de esta barraca, buscando la dirección del caño Marié, por la trocha antigua. Caso de encontrar imprevistas dificultades, le

Old man Silva: We’ll camp about half-an- hour’s trek from this shack, in the direction of the Marié River, by the old trail. In case we meet unexpected difficulties we’ll leave

Don Clemente: You will find us half an hour’s walk from this structure, along the old path, in the direction of the Marié. If we encounter unexpected difficulties and need to

dejaremos en nuestro rumbo grandes fogones. No se tarde! Sólo tenemos víveres para seis días! Acuérdese de Coutinho y de Souza Machado!

¡Nos vamos, pues! *** ¡En nombre de Dios! (p. 201)

bonfires along our path. Don’t delay! We have food for six days only! Remember Coutinho

and Souza Machado!

In the name of God! (p. 371) *

leave that place, I’ll light large fires periodically to let you know our whereabouts. Please come as quickly as you are able. We have provisions for only six days. Remember Coutinho and Souza Machado! We need you even more than they did.

We’re off, then. ……….

God help us! (p. 217-218) * Se encuentran subrayados algunos fragmentos que detallan cambios frente al texto de partida que serán analizados posteriormente.

Respecto al manejo que se le da en las traducciones a esa otra voz de Cova narrador, caracterizada por ser más prosaica y centrarse en relatar acciones, encontramos algunos cambios significativos. En la traducción del fragmento nº 3, en el que el personaje plasma su paso por Umarituba, vemos dos formas distintas de traspasar la voz al inglés. La primera, producto de James, se esfuerza por mantener la sintaxis del original, pues incluso las comas coinciden con las del texto de partida. También se mantienen intactas las referencias a lugares y tiempos que referencia Cova. Sin embargo, hay una diferencia: en esta versión, el fragmento está ligado a lo que en La vorágine (1928) corresponde a dos momentos diferentes. Es decir, lo que en el texto en español parecen ser dos fragmentos escritos en dos momentos diferentes por Cova, en la versión de James conforman un solo momento. Lo anterior no genera cambios en el relato, pues los hechos son los mismos, pero sí genera un cambio en cuanto al momento en el que el narrador escribe. Esta modificación puede ser un indicio de que al traducir, por centrar la atención en la historia, pueden no tenerse en cuenta elementos de la narración.

En la traducción de Chasteen, apreciamos cambios más evidentes respecto al texto de José Eustasio Rivera. En un primer lugar, puede verse cómo la escritura de Cova en español, que está compuesta por múltiples oraciones cortas que sirven para enmarcar varias ideas puntuales, toma una forma diferente. No se puede decir que no aparecen las ideas que expone el texto en español, pero sí vemos una supresión de las exclamaciones y una reelaboración de ciertas ideas de forma que suenen más fluidas: “I really don’t know what’s going to happen. Today we are passing the mouth of the Río Curí-curiarí (...)”. Adicional a esto, y lo que es más curioso, es que en esta versión la primera parte del fragmento está narrada en pasado y la segunda en presente. En el texto de partida, ambos momentos están escritos en presente,

lo que indica que el escritor relata los hechos conforme los experimenta y, aunque puede ser confuso, que el hoy al que se refiere en la segunda parte cuando van río abajo corresponde a otro momento de escritura diferente al del comienzo en Umarituba. En esta versión de Chasteen en inglés se entiende que el encuentro con Castanheira en Umarituba es relatado en un solo momento: el día que se dirigen río abajo.

El fragmento nº 4, que corresponde a un mensaje dejado para Clemente Silva y a una última entrada de los manuscritos en los que Cova se encomienda a su dios, también fue abordado de formas diferentes en las versiones en inglés. De manera consistente con lo realizado en el fragmento nº 3, James sigue una sintaxis y puntuación casi idénticas a las del texto de partida. Es de nuevo en la estructura en donde observamos el cambio. El final de la entrada dirigida a Silva es distinta a la última, que es la despedida y último registro de Cova; sin embargo, en la versión de 1935 de The Vortex, estas dos entradas del escritor corresponden a una sola. Lo que se asume de esta traducción de los momentos que se acercan al final del relato de Cova narrador es que se mantiene el uso de oraciones cortas y sencillas, así como de la puntuación expresiva. Sin embargo, el texto en español produce la sensación de que quién narra esta parte del relato lo hace en diferentes entradas, como si pudiera encontrar pequeños momentos entre los días para actualizar los manuscritos. No se sabe cuándo volverá a escribir, si ese mismo día, si en una semana o si luego de un mes. Esta característica se desvanece un poco al unir diferentes entradas en una sola, pues se genera el efecto de que el narrador tiene momentos más amplios para redactar.

The Vortex (2018) presenta una versión distinta. El fragmento se percibe mucho más formal que en el original y en la traducción de 1935, lo que se puede notar desde la primera palabra, pues allí el narrador se dirige al Viejo Silva como Don Clemente. Junto a esto, se evidencian algunas adiciones, ya sea que funcionen como subordinaciones a oraciones del original, o que no pertenezcan al texto de partida y sirvan para hacer más claro a lo que se refiere el narrador con lo expresado en las oraciones anteriores: “Umarituba was wonderful!”, “...proved himself a good fellow”, “...and need to leave that place”, “Please come as quickly as you are able”, “We need you even more than they did”. Si bien la historia se mantiene, el relato varía ampliamente en esta versión: es mucho más narrativizado y preconfigurado que el original, y la celeridad que se manifiesta en el texto de partida gracias a la puntuación y a la expresión de las ideas sin gran detalle parece no estar presente aquí.

Los manuscritos de Cova son el relato de sus anécdotas desde su partida de Bogotá hasta su adentramiento en la selva. No obstante, no es el único personaje cuya voz apreciamos como narrador en estos escritos. En la segunda parte de los manuscritos, la voz narrativa de Cova da la palabra a Helí Mesa y a Clemente Silva, y en la tercera parte también le abre un espacio de narración a Ramiro Estévanez. Es verdad que, como nos es informado en un punto de la historia, lo que se lee es producto de la escritura de Arturo Cova, y esto nos indica que fue él quien quiso introducir estas intervenciones imitando la manera en la que los demás personajes —Mesa, Silva y Estévanez— le compartieron sus anécdotas, puesto que no tenemos un indicio de que ellos se hayan sentado a redactar esta parte de los manuscritos en el barracón donde Cova se dedicó a escribirlos. Sin embargo, a pesar de que Cova pudo haber utilizado su voz para contar aquello que escuchó de sus compañeros, no lo hace y decide que, por medio de su escritura, sean ellos quienes narren.

Helí Mesa es introducido en la historia en la segunda parte, una vez Cova y Franco han dejado La Maporita, y los hechos que ocupa su narración ilustran por primera vez en la novela algunas de las experiencias de los caucheros, experiencias que el personaje conoce al ser testigo de los engaños de Barrera tras dejarse convencer de su propuesta:

Aprovechando la borrachera que nos vencía, nos filiaba el Palomo y nos amarraba de dos en dos. Desde ese día fuimos esclavos y en ninguna parte nos dejaban desembarcar. Tirábannos el mañoco en unas “coyabras,” y, arrodillados, lo comíamos por parejas, como perros en yunta, metiendo la cara en las vasijas, porque nuestras manos iban atadas. (...) El día que salimos al Orinoco, un niño de pechos lloraba de hambre. El Matacano, al verlo lleno de llagas por las picaduras de los zancudos, dijo que se trataba de la viruela, y, tomándolo de los pies, volteólo en el aire y lo echó a las ondas. Al punto, un caimán lo atravesó en la jeta, y poniéndose a flote, buscó la ribera para tragárselo. La enloquecida madre se lanzó al agua y tuvo igual suerte que la criaturilla. Mientras los centinelas aplaudían la diversión, logré zafarme las ligaduras, y, rapándole el grazt al que estaba cerca le hundí al Matacano la bayoneta entre los riñones, lo dejé clavado contra la borda, y, en presencia de todos, salté al río. (p. 94)

Clemente Silva aparece más adelante, también en la segunda parte. Es un viejo cauchero proveniente de Pasto, que cuenta la historia de cómo llegó a la selva en búsqueda de su hijo Luciano. Su historia atraviesa las memorias de su trabajo como cauchero y como rumbero por años, momentos en los que estuvo a la suerte de diferentes dueños y expuesto a los peores

tratos. Silva no habla de los caucheros en tercera persona, sino desde su experiencia, junto a la de sus compañeros y conocidos:

Quince días más tarde regresé al Encanto, a darme preso. Ocho meses antes había salido a la exploración. Aunque aseveré haber descubierto caños de mucha goma y ser inocente de la fuga de Juan Muñeiro y su grupo, me decretaron una novena de veinte azotes por día y sobre las heridas y desgarrones me rociaban sal. A la quinta flagelación no podía levantarme; pero me arrastraban en una estera sobre un hormiguero de “congas,” y tenía que salir corriendo. Esto divirtió de lo lindo a mis victimarios.

De nuevo volví a ser el cauchero Clemente Silva, decrépito y lamentable. (p. 121)

Ramiro Estévanez es un viejo amigo de Arturo Cova, a quien el personaje vuelve a encontrar hasta la tercera parte del relato, en las barracas del Guaracú. Estévanez se encarga de relatar los crímenes cometidos por el coronel Funes, en especial lo sucedido el 8 de mayo de 1913:

En el estanco de Capecci, gente indefensa jugaba a los naipes, acaballada en el