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No ha de pensarse que la utilidad del corcho como material empleado para sellar bebidas es un hecho asociado a la Edad Contemporánea. Lo que es nuevo, es su desarrollo y su fabricación de modo industrial. Sin embargo, el uso del corcho como tapón se recoge incluso en las Odas de Horacio cuando se afirma, de modo textual, «hará saltar el corcho pegado con pez de un ánfora» (Horacio, 2005). Sin embargo, no era el único destino dado a este material. Varrón y Columela estimaban que el corcho era la mejor materia prima para fabricar colmenas (Espadalé, http://www.retecork.org).

Fotografías 58 y 59. Fuente.: Archivo propio.

En estas dos imágenes se ejemplifica el aprovechamiento del corcho. En la primera se puede ver los alcornoques del Parque Nacional de Monfragüe. En la otra se puede observar el transporte de la saca del corcho.

Se puede afirmar acerca de la explotación forestal del corcho que lo sucedido a los bosques de alcornoques es el epítome de lo que les ha ocurrido al resto de especies El bosque español y su industria de primera transformación

arbóreas situadas en el solar hispano. La utilidad forestal del alcornoque es doble. Por un lado, el aprovechamiento de su fruto, la bellota y, por otro lado, se utilizará la corteza del árbol, el corcho, para diversos usos. Su supervivencia, en la actualidad, está amenazada, entre otras razones, por la sobreexplotación, los pastos y por la mala gestión forestal que hacen que se sustituyan estos árboles por especies de crecimiento rápido (Hernández, 2009).

La aplicación del corcho a la industria vitivinícola se debe al monje benedictino Dom Perignon. Posteriormente puede citarse como relevante las innovaciones empleadas por Veuve Cliquot en el desarrollo del corcho como tapón de las bebidas espirituosas fabricadas a partir de su método champenois. Aunque el paso de la artesanía a la incipiente industria tuvo lugar cuando, en 1750, se aplicó el corcho como tapón para las botellas de vino de cristal (Marañón y Ojeda, 1998). Fue en Llagostera (Gerona) donde se comenzó la manufactura industrial española de los tapones de corcho (Artigas, 1888). Desde ese momento los bosques de alcornoques de España se vieron en gran medida afectados. Se tienen noticias de que, en el siglo XVIII, salían diariamente 25 barcos cargados de este material con destino a los países nórdicos y, también se exportaba a París. La manufactura ascendía hasta una cantidad de cuatro mil tapones de corcho diarios (Barón de Bourgoing, 1999).

Los viajeros que transitaron por España en tiempos pasados dejaron constancia, tanto del aprovechamiento forestal al que se sometía esta especie como de los turnos entre un descortezado y otro, así como, de donde era mejor el corte del corcho o, también, cómo actuar para quitar los posibles pliegues que tuviera el corcho. E, inclusive se describen dos usos nuevos derivados de la utilidad del corcho como la actuación como colorante, lo que se denominaba negro de España, que consistía en corcho calcinado y, también, tuvo su aplicación en el ámbito de la medicina. (Labat, 1999), (Townsed, 1999) y (Peyron, 1999). Aún a pesar de ser una industria que daba empleo a muchas personas hubo un tiempo, en el siglo XVIII, en que su explotación fue vedada. El argumento para imponer tal prohibición fue que los hombres lo podían trabajar en sus casas (Townsed, 1999). Inexplicable, pero parece que cierto.

A continuación, se expondrá cuál fue el papel que tuvo la industria corchera, a mediados del siglo XIX, en el panorama industrial español. «En el decenio de 1860 al 70 existían 90 poblaciones corcho-taponeras, con 650 fábricas, que elaboraron 6.500 millones de tapones valuados en 79 millones de pesetas, proporcionando ocupación permanente a unos diez mil obreros, con jornal diario de cinco pesetas, o sea, triple que el entonces corriente para braceros del campo. En el año 1900 había ya cincuenta mil obreros en 1.250 fábricas, que sólo durante aquellos doce meses elaboraron 3.338 millones de tapones, valuados en 50 millones de pesetas, y exportaron 2.000 toneladas de cuadradillos, 1.200 de corcho y 8.000 de corcho preparado, valuándose el conjunto, con inclusión de las virutas y serrín en cien millones de pesetas» (Senador, 1933). Se debe

manifestar la perplejidad acerca de estas cifras expuestas después de conocer cómo los bosques de alcornoques fueron desamortizados en el siglo XIX. En el macizo del Aljibe sólo en los veinte años posteriores a la promulgación de la norma desamortizadora se cortaron a mata rasa más de un millón de alcornoques (García, 2009 a). Sin embargo, los alcornoques lograron dar las cifras expuestas a la industria corchera a finales del siglo XIX.

La devastación de este ecosistema comenzó con la promulgación del catálogo de montes públicos de 1859 el cual debido a su escasa vigencia y su ansia de preservar los bosques españoles hizo que la siguiente norma desamortizadora fuera en el sentido opuesto a este texto legal. En el año 1862, se elaboró una nueva disposición normativa por la cual se protegerían los montes. Sin embargo, el propio ministro afirmó que él se proponía «llevar a cabo la venta de todos aquellos montes que no tengan las condiciones que a juicio de la ciencia deben conservarse» (DSC. Congreso de los Diputados. 16 de enero de 1862). Respecto a qué montes se refería el Ministro, él mismo afirmó posteriormente que tal cuestión quedaría resuelta en la Gaceta en los siguientes días. La solución que se publicó en la Gaceta fue la norma de las tres especies: pino, roble y haya (no se incluía, por supuesto, el alcornoque) y la extensión mínima de 100 hectáreas para conservar el monte su titularidad pública. A esta medida de capacidad se le introdujo un factor corrector muy importante: la distancia. De este modo, para realizar el cálculo que diese esta magnitud se sumaron las cabidas de todos los montes que distaran entre sí menos de un kilómetro. De esta manera se intentaba evitar el aislamiento de determinados ejemplares que formaban parte de una única masa arbórea (Calvo, 2001). Como ejemplo del sinsentido de la norma se puede citar el alcornocal situado en Bozoo (Burgos) que, con una extensión de 194 hectáreas, se protegió en un primer momento y, posteriormente, las noticias existentes acerca de la presencia de dicho monte fueron únicamente a través del testimonio oral (Díaz-Fernández et al., 1996).

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EVOLUCIÓN DE LA PRODUCCIÓN Y DEL VALOR DEL CORCHO (1996- 2016).

Años Producción (toneladas) Valor (miles de euros) Precio por tonelada

1996 90.025 55.876,10 62,60 1997 71.930 61.778,03 858,80 1998 122.257 132.709,48 1.085,50 1999 62.361 73.723,84 1.182,20 2000 59.158 103.576,77 1.750,80 2001 57.581 156.860,87 2.724,20 2002 58.099 146.160,45 2.515,70 2003 67.486 208.476,54 3.089,20 2004 N.D. N.D. N.D. 2005 20.973 66.690,69* N.D. 2006 61.504 110.828,02* N.D. 2007 60.728** 99.853,06* N.D. 2008 62.393*** 89.596* N.D. 2009 50.164*** 42.955* N.D. 2010 60.736*** 43.797* N.D. 2011 55.905 51.242,39* N.D. 2012 49.133 46.421,24* N.D. 2013 69.866 81.931,67* N.D. 2014 54.828 65.004,28* N.D. 2015 55.033 64.917,35* N.D. 2016 60.432 58.382,88* N.D. Tabla 9.

Fuente: España. Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Anuario de Estadística Forestal, 2016.

Notas: *Los valores económicos de los últimos años se han estimado a nivel nacional al no obtener información de valor económico en todas las provincias productoras. **Se ha modificado la producción de corcho de 2007 incluyendo la producción estimada de montes privados en Andalucía. *** Al no disponer de las cifras de Extremadura de 2008, 2009 ni 2010, se ha considerado un valor medio de producción en esta comunidad para ofrecer una cifra de producción total más acorde con la serie histórica.

* En la serie histórica 1996-2016, mostrada sobre estas líneas se refleja una gran variación tanto en la producción de la industria del corcho como en el valor de su producción.

* Analizando los datos reales 1996-2003 y no los estimados, se observa una evolución creciente en la producción del corcho, con un incremento del 35,8% en 1998 con respecto a 1996. Para a continuación producirse un brusco decrecimiento en 199 que representó el 51% de la producción del año anterior.

* Como el valor por tonelada tuvo una evolución creciente desde 1996, 620,60€/tonelada, hasta 1.085,50 €/tonelada en 1998, la única explicación posible ante la caída de la producción en 1999, pudiera encontrarse en la decreciente demanda de corcho para la fabricación de tapones, sustituidos por los tapones de plástico.

* A partir del año 2000, la producción se mantiene en el entorno de los 50.000/60.000 toneladas, tendencia que se mantiene hasta 2016, con la excepción de 2005 que solo fue de 20.973 toneladas.

* Sin embargo la evolución de los valores por tonelada siguen creciendo durante el periodo 2000-2003, último año que el Anuario de Estadística Forestal presenta datos que no son estimaciones, pasan de 1.750,80€ /tonelada, hasta 3.089,20€/

contracción de la demanda produjo, también, una contracción de la producción. Por tanto, estos hechos supusieron un encarecimiento de la producción existente.

* La estimación de los datos recogida en la estadística del Anuario de Estadística Forestal se debe a la dificultad en «obtener las cifras de extracción en propiedad privada». (Anuario de Estadística Forestal, 2016).

* Dado que los datos del valor total en miles de euros, a partir de 2005 son estimados no se ha podido llevar a cabo un análisis real del valor por tonelada, y por tanto deducir su impacto en la evolución de la producción.

* La bajada de la producción, puede achacarse a la aparición del tapón de plástico, ya comentada, en los vinos surafricanos, australianos y californianos, así como el empleo de sustitutivos del corcho en la insonorización como el corcho sintético y otros usos.

* La resistencia y vitalidad de esta industria es observable si se toman los últimos tres años para analizar su progreso. Teniendo en cuenta este período puede deducirse que la producción se mantiene con pequeñas oscilaciones, a pesar de la fuerte competencia de Portugal, primer productor mundial de corcho.

* «España es el segundo país a nivel mundial en producción de corcho, por detrás de Portugal. Gran parte de esta producción se exporta a otros países europeos principalmente y también a varios países americanos (Anuario de Estadística Forestal, 2016).

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ANÁLISIS GRÁFICO DE LA PRODUCCIÓN DEL CORCHO Y DE SU VALOR (1996- 2016).

Gráfico 4.

Fuente.: España. Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Anuario de Estadística Forestal, 2016.

Notas: *Los valores económicos de los últimos años se han estimado a nivel nacional al no obtener información de valor económico en todas las provincias productoras. **Se ha modificado la producción de corcho de 2007 incluyendo la producción estimada de montes privados en Andalucía. *** Al no disponer de las cifras de Extremadura de 2008, 2009 ni 2010, se ha considerado un valor medio de producción en esta comunidad para ofrecer una cifra de producción total más acorde con la serie histórica.

Observando la tabla número 9 y el gráfico número 4 puede afirmarse que «La evolución de la producción de corcho en los últimos 20 años se refleja en el siguiente gráfico. Tal y como se observa, la producción suele oscilar entre las 50.000 y las 65.000 toneladas. La producción de 2016 supera las 60.000 toneladas y es más elevada que la de los dos años anteriores» (Anuario de Estadística Forestal, 2016).

La industria del corcho está dedicando grandes cantidades en I+D, como es el caso del grupo Amorim en Portugal para solucionar el problema del TCA (tricloroanisole) producido por hongos en el corcho, y que dan origen al sabor acorchado del vino (Grupo Amorim). De la bondad de este producto para actuar como cierre de bebidas no sólo se puede poner el ejemplo del vino o del champan. También, puede ilustrarse esta relevancia señalando que el whiskey más caro (Dalmore Trinitas 64) y el más antiguo (Mortlach, de setenta años) están sellados con un tapón de corcho (Grupo Amorim). Sus propiedades naturales hacen que sus características se adecúen a este uso. Este problema –el del TCA- ha sido la causa de no pocos quebraderos de cabeza y pérdidas económicas. Un ejemplo que ilustra esta circunstancia es lo que sucedió con el vino Valbuena (segunda marca de la bodega Vega Sicilia) en el año 1994. La venta del vino (en algunos casos las botellas ya habían sido comercializadas y debieron ser retiradas del mercado) correspondiente a esta añada debió suspenderse debido a los problemas de TCA que presentaban el corcho de las botellas (Vida, 2000). 0 20.000 40.000 60.000 80.000 100.000 120.000 140.000 0 50.000 100.000 150.000 200.000 250.000

La inversión que se está haciendo en la investigación y el desarrollo de la industria española en este sector están acarreando, entre otras consecuencias, el tener una maquinaria puntera que supone la inversión de 42 millones de euros sólo en los tres últimos años. La producción de tapones de corcho se está incrementando debido a la exportación. Se estima que el valor de este bien representa 210 millones de euros y viene a suponer el 50% de toda la producción nacional (Interempresas, 2015).

Esta circunstancia está sucediendo en un momento en el que la industria del corcho está en peligro (Varela, 1999) y los motivos por los cuales se ha llegado a esta situación son diferentes pero se pueden citar, entre otros, los nuevos materiales empleados para los usos en los que estaba siendo empleado el corcho, y así evitar el problema del TCA para lo cual se empezó a utilizar otros sistemas de cierre de las botellas de vino, como sería el caso de los tapones de plástico o de rosca. Sin embargo, estos materiales empleados como cierres de las bebidas presentan problemas de oxidación y reducción (Grupo Amorim). Por tal motivo, en la actualidad las grandes bodegas se han decantado por volver a utilizar los tapones de corcho como mejor garantía del envejecimiento de sus vinos en la botella. Actualmente el 85% de la producción industrial mundial del corcho se destina a la fabricación de tapones para el sector vitivinícola (Daniel, 2016).

Hay que añadir que el hecho de mantener la producción de corcho, ha tenido y tiene repercusiones en la conservación de la riqueza genética de los montes españoles. El uso del corcho puede salvar al lince ibérico, habiéndose llegado a recomendar la conservación de los alcornocales para salvar a dicha especie (Costa, 2002). Sin embargo, los valores de la conservación de los alcornocales no concluyen en esta especie. También, alberga especies de un gran valor (algunas de ellas son especies relictas de España) como el águila imperial o la cigüeña negra (ADENA/WWF, 2013). Una manera de favorecer la recuperación de una especie amenazada o evitar su desaparición es promoviendo su consumo (Aguiar, 1996). Por esta razón, FAO/Silva Mediterránea tuvo la idea de crear un sello comercial que identificase aquellos bienes producidos con corcho (Varela 1999).

Corolario de lo anteriormente expuesto puede deducirse que realizar una gestión sostenible de este bien supone conservar para el presente y para el futuro la riqueza genética de un ecosistema de gran valor. Por ejemplo, el Parque Natural de los Aljibes es una muestra de cómo se ha de afrontar sosteniblemente la gestión de este bien (García, 2009 a). Así pues, la posibilidad de preservar esta riqueza genética ha de ser a través de la sostenibilidad de la administración forestal y una manera de lograr este objetivo es a través de los Programas de Certificación Forestal.

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