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Generic Construction

II 0-RTT Session Resumption Protocols

6.3 Constructing Secure Session Resumption Protocols

6.3.2 Generic Construction

En este trabajo nos vamos a centrar en las estima- ciones demográficas de las necrópolis vettonas y celtibé- ricas y su contraste con la superficie conocida de al- gunos asentamientos, como procedimiento arqueológico para explorar las dimensiones de las comunidades mese- teñas de la Edad del Hierro. Los cementerios más cualificados para este tipo de análisis se han organi- zado en tres grandes áreas:

(1) El área vettona, con las cuencas del Amblés, Yeltes/Huebra y Tajo.

(2) El área celtibérica, centrada en el Alto Tajo- Alto Jalón.

(3) El área celtibérica del Alto Duero.

(1) Valles de Amblés, Yeltes/Huebra y Tajo.—Una primera aproximación a la demografía de los cemen- terios vettones y su comparación con los castros y

oppida correspondientes ha sido realizada recientemente

por uno de nosotros (Álvarez-Sanchís 1999: 306-308), asumiendo que las excavaciones de algunas necrópo- lis fueron bastante exhaustivas y que, razonablemen-

te, por tanto, contamos con una cifra de tumbas muy aproximada a los enterramientos reales de la Edad del Hierro. Los contextos funerarios más relevantes son los cementerios abulenses de Las Cogotas y La Osera. • Las Cogotas (Cardeñosa): esta necrópolis, excavada por Cabré (1932), ha sido reestudiada por Kurtz (1987) y nosotros hemos avanzado una estimación de su de- mografía (Ruiz Zapatero y Alvarez-Sanchís 1995; véase también Alvarez-Sanchís 1999). Si partimos del total de tumbas excavadas (1.613) y asumimos un valor de 30 años como esperanza de vida media de la época (vid. Hernández y Galán 1996: 97-100) y diferentes valores al tiempo de uso del cementerio —300, 250 y 200 años— pues no resulta fácil de precisar (Kurtz 1987: 278), la aplicación de la fórmula de Acsádi y Neméskeri, concediendo a K un valor de un 10% de pérdidas de enterramientos, proporciona 177, 212 y 265 habitantes según los tres valores de tiempo de utili- zación del área funeraria. La figura podría acercarse a los 300 habitantes si empleamos un factor corrector del 20%. A la vista de lo cual, parece razonable con- cluir que el cementerio debe reflejar una comunidad que debió oscilar entre los 200 y 300 habitantes, con un valor medio de poco más de 250 individuos (Fig. 1).

FIGURA 1.—Estimaciones demográficas de la comunidad de Las Cogotas

Arriba, la necrópolis (figuras en negro cifra mínima de habitantes con 300 años de duración del cementerio, figuras rayadas cifra con 250 años y figuras en blanco con 200 años) y abajo, el oppidum (figuras en negro cifra mínima considerando 40 casas y 4 hab./vivienda y figuras en

blanco cifra considerando 50 casas con 5 hab./vivienda).

Si, empleando las figuras de la necrópolis, acep- tamos que las casas de Las Cogotas eran unifamiliares y asumimos una familia nuclear de 4 ó 5 miembros (Fig. 2), ello implicaría un número aproximado de 40 ó 50 casas; esto es entre 160 y 250 habitantes. Es cierto que del poblado, con un recinto amurallado de unas 15 Ha., no conocemos su organización interna, pero si podemos hacer algunos cálculos. Por una lado, las

18 viviendas excavadas por Cabré (1930: 20) en la acrópolis, por otro la superficie no edificable (fuertes desniveles y afloramientos de granito), en tercer lu- gar la distribución aislada de algunas casas en la par- te alta, y, finalmente, la escasa densidad de estructu- ras en los sondeos modernos que realizamos en el segundo recinto. De esta manera, la cifra de alrede- dor de medio centenar de casas o poco más resulta

bastante plausible y resulta difícil pensar en un número superior. Es cierto, no obstante, que las estimaciones no pueden controlar toda la superficie habitada y que el propio Cabré alude a algunas viviendas excavadas fuera de las murallas lo que hace criticable las figu- ras propuestas (Fernández-Posse 1998: 188 ss.). Con todo, queremos insistir en que la información dispo- nible permite, en Las Cogotas, aceptar que el tamaño de la comunidad deducido a partir del cementerio se corresponde bien con los indicios de ocupación del poblado. Se trataría así de utilizar la estimación de- mográfica de la necrópolis para contrastarla con la posible en el asentamiento.

• La Osera (Chamartín de la Sierra): la necrópolis del castro de La Mesa de Miranda (Cabré et al. 1950) entregó 2.230 tumbas y aplicando la fórmula con los mismos baremos que en Las Cogotas los valores de la población serían de 225, 247 y 269 habitantes, se- gún los distintos usos del cementerio y sin factor co- rrector. Las cifras serían de 270, 297 y 324 hab. asu- miendo unas pérdidas del 10% de los enterramientos, y de 335, 368 y 401 hab. si asumimos un valor co- rrector del 20%. Así, la necrópolis de La Osera po- dría estar reflejando una comunidad de entre algo menos de 300 y 400 hab., con un valor medio de 325/335 hab. (Fig. 3).

Como apenas tenemos indicios de estructuras de habitación en el poblado, lo único que podemos hacer es suponer que la relación comunidad enterrada / co- munidad viva es también asumible. Si hacemos eso y tenemos en cuenta que únicamente los dos primeros recintos del oppidum —19 de las 30 Ha. que abarca el asentamiento— estaban en uso cuando se utilizó la necrópolis, pues es bien conocido que el tercero inva- de esta última, entonces cabría esperar alrededor de unas 65-75 casas para albergar la población del asentamiento. Si calculamos sobre las estimaciones demográficas de Las Cogotas y La Mesa de Miranda la densidad de población por unidad de superficie, obtenemos al- rededor de 15 hab./Ha. en el primer caso, y cerca de 20 hab./Ha. en el segundo (Fig. 4). El hecho de que

FIGURA 2.—Estimación de 4/5 habitantes por hogar

en las casas de la Edad del Hierro meseteño

(parece plausible teniendo en cuenta la superficie y organización interna de las mismas).

FIGURA 3.—Estimaciones demográficas

del cementerio de La Osera.

a) sin factor corrector, figuras negras con 300 años de duración, figuras rayadas con 250 años y figuras blancas con 200 años; b) con factor

FIGURA 4.—Densidad de habitantes/Hectárea en los oppida

vettones de Las Cogotas y La Mesa de Miranda.

sobre la base de los enterramientos tengamos los ta- maños de población de cada comunidad y que resul- ten comparables los valores de densidad de población por Ha. ocupada, sugiere la existencia de una posible relación constante entre el espacio intramuros y el censo total de población.

En otros casos contamos sólo con la superficie y una aproximación sobre las estructuras de habitación, como en el oppidum de Ulaca, o con una pequeña parte excavada de la necrópolis, como sucede en los poblados de El Raso de Candeleda y Villasviejas del Tamuja. Ulaca (Alvarez-Sanchís 1999: 139 ss.; Ruiz Zapatero y Alvarez-Sanchís 1999) tiene una superficie de más de 70 Ha., lo que equivale a decir entre cuatro y cin- co veces más grande que Las Cogotas y el doble de La Mesa de Miranda. Aplicando los valores de densi- dad de habitantes por Ha. anteriores resultarían unas figuras de entre 1.050 y 1.400 habitantes. Estas cifras se ajustan bastante bien a las 250 estructuras documen- tadas en la superficie del poblado tras una intensa prospección (Ruiz Zapatero y Alvarez-Sanchís 1999). La posibilidad de que algunas estructuras no sean vi- viendas se podría compensar con la desaparición o la no identificación de todos los restos arquitectónicos. Todo ello no impide admitir un mayor volumen de población eventual, por razones defensivas en los mo- mentos de inestabilidad social o conflictos bélicos, hasta

casi doblar la población residente (2.000-2.500 hab.), especialmente si tenemos en cuenta los amplios espa- cios interiores del poblado sin evidencias de ocupa- ción. ¿Acaso esta eventualidad pudo ser contemplada a la hora de elegir el emplazamiento y delimitar el espacio protegido? El poblado de El Raso, al otro lado del Sistema Central, se extiende sobre una superficie de unas 20 Ha. (Fernández Gómez 1986: 10) y po- dría interpretarse de manera análoga que su población estuviera entre los 400 y 500 habitantes. Aunque tam- bién hay que reconocer que al tratarse de un poblado ocupado en las postrimerías de la conquista podría encubrir una población mayor. En cualquier caso la estimación de Fernández Gómez (1986: 949-50) en torno a unos tres millares de personas, teniendo en cuenta las viviendas excavadas y considerando que la mitad del poblado estuviese dedicado a construccio- nes privadas, resulta excesiva en nuestra opinión. En la necrópolis se llevan exhumadas algo más de un centenar de tumbas (Fernández Gómez 1997), que sólo deben corresponder a una parte de la población ente- rrada.

El interés de correlacionar el registro de las necró- polis con el de los asentamientos también podría te- ner un valor aproximativo a nivel regional. Así, si estimamos poblaciones de entre 200 y 800 habitantes para los otros tres núcleos de cierta entidad en el Valle de Amblés —castros de Ojos Albos, Sanchorreja y la propia Ávila— y suponemos una población extramu- ros, en granjas y alquerías, no muy diferente de la que habitaba los poblados fortificados, tendríamos en to- tal para el valle (ca. 900 km2) una población absoluta de unos 5.000 ó 6.000 habitantes. Eso supondría una densidad de 5-6 hab./Km2 para la región a finales de la Edad del Hierro, dejando claro que se trataría de una comarca fuertemente poblada, que en absoluto refleja el valor medio del poblamiento de la época a escala supraregional. Al lado existirían áreas muy débil- mente pobladas cuando no prácticamente deshabitadas. La diversidad de densidad de poblamiento en la Edad del Hierro deberá ser muy tenida en cuenta en futu- ros estudios demográficos.

Otro poblado con cementerio asociado es Villas- viejas del Tamuja (Botija). El castro tiene una superficie de 6,7 Ha. En la necrópolis «céltica», El Romazal I, se han excavado hasta ahora 272 tumbas (Hernández y Galán 1996) y lógicamente los datos hay que con- siderarlos parciales. De las 272 tumbas, 80 tienen ajuar (ca. 30%) y considerando sólo estas últimas aproxi- madamente la mitad son de guerrero. El cementerio se ha fechado entre el siglo II a.C. y mediados del I

a.C. Considerando una duración del cementerio entre 100 y 150 años, con un factor corrector del 10%, la población estaría entre 60 y 90 habitantes, que serían 65-100 si aplicamos un factor del 20%. Consideran- do los valores de los poblados abulenses —entre 15 y 20 hab. por Ha.— Villasviejas tendría entre 100 y 140 habitantes. En cualquier caso, las estimaciones

sobre la necrópolis deben considerarse parciales pues, como se ha indicado, no está excavada en su totali- dad. La estimación de Martín Hernández (en Hernández

et al. 1989: 156-158) para el poblado en torno a unas

500 casas y unos 2.500 habitantes resulta a todas lu- ces excesiva, si consideramos las viviendas excavadas conocidas, la superficie del poblado, e incluso si su- ponemos que toda la superficie estuvo dedicada a vi- viendas.

Por último, puede pensarse conjeturalmente que los castros salmantinos concentrados en torno a los ríos Yeltes-Huebra (Yecla la Vieja, Picón de la Mora, Cas- tillo de Saldeana, Saldañuela, Los Castillos, Las Mer- chanas), así como el territorio inmediato, arrojaran una población absoluta en torno a los 2.000-4.000 habi- tantes. Apoyarían esta suposición las dimensiones más pequeñas de estos poblados y la escasa —en algunas ocasiones— superficie útil para el caserío: Las Mercha- nas y Yecla se aproximan a las 5 Ha., mientras la muralla del Picón de la Mora cerraba algo más de 1 Ha. (Maluquer 1968: 102; Martín Valls 1971: 130 y 1982: fig. 1), cifras pequeñas si las comparamos con otros centros de la provincia a fines de la Edad del Hierro, como Salamanca con cerca de 20 Ha. (Martín Valls

et al. 1991: 155; Almagro-Gorbea y Dávila 1995: 213)

o los propios abulenses. De todas maneras, la extraor- dinaria magnitud de las fortificaciones, la existencia de barrios extramuros en alguno de ellos (Martín Valls 1971: 131) y la especificidad del modelo de ocupa- ción, al socaire de la riqueza minera de la zona, plantea difíciles problemas de cálculo.

(2) Celtiberia: Alto Tajo-Alto Jalón.—El número de enterramientos en las necrópolis celtibéricas es muy variable. Algunos cementerios como Aguilar de Anguita alcanzaron las 5.000 tumbas y otros como La Merca- dera, excavado en su totalidad, no superaban el cen- tenar. En algunas necrópolis del Alto Duero no pare- ce que se enterrase a toda la población, según se desprende de las características de los ajuares de Atienza o La Mercadera, donde el porcentaje de sepulturas con armas es muy elevado y no parangonable con los ce- menterios «normales». Aunque estamos lejos de com- prender la significación demográfica profunda de los dos tipos de cementerios: los «normales» con un pe- queño porcentaje de tumbas con armas y los que in- cluyen numerosos equipos armamentísticos.

Veamos los cementerios celtibéricos más represen- tativos que permiten algunos cálculos teóricos a par- tir del número de sepulturas (para la distribución de la riqueza y la cronología en general, véase Lorrio 1997: 134 ss. y 261 ss.).

• Aguilar de Anguita: se exhumaron alrededor de

5.000 tumbas, que en realidad corresponden a dos ne- crópolis separadas por poco más de un kilómetro (Agui- lera 1911: tomo III): la de La Carretera, excavada en su totalidad habiendo proporcionado 422 tumbas, y la de del Altillo que entregó unos 4.550 enterramientos.

Las dos necrópolis excavadas por Cerralbo ocupaban una superficie de 11.821 m2 (Aguilera 1916: 10), es decir 0,42 tumbas por m2. De las 3.446 tumbas excava- das hasta el año 1912, 34 poseían ajuares ricos (0,98%), unas 200 eran de riqueza media (5,8%) y el resto pobres o sin ajuar (93,2%). La cronología de la necrópolis, sin gran precisión, debe colocarse entre los siglos V

al II a.C. La mayor parte de los ajuares ricos de la

necrópolis se relacionan con la fase de esplendor del cementerio (s. V-IV a.C.) y una parte considerable de

las tumbas con ajuares escasos y pobres pertenecerían a la fase final (s. III-II a.C.). Hay restos de un posible

poblado en uno de los cerros de alrededor y bajo el pueblo actual, en la vega, aunque se desconocen los materiales (Lorrio 1997: 284).

La demografía de Aguilar de Anguita, consideran- do valores fijos el número de tumbas (5.000), una esperanza de vida al nacer de 30 años, una duración para la necrópolis estimada entre un máximo de 400 años (inicios del siglo V a.C. hasta finales del siglo II

a.C.) y un mínimo de 300 años y un factor corrector del 20%, se puede estimar de 450 a 600 individuos. Si utilizamos un factor corrector del 10%, la pobla- ción resultante estaría entre los 410 y 550 habitantes. Si analizamos los datos por separado, consideran- do dos necrópolis independientes, la de La Carretera (422 tumbas) y la del Altillo (aprox. 4.550 tumbas), la estimación media de población queda como sigue: para La Carretera, de 40 a 50 habitantes con un fac- tor corrector del 20%, y de 35 a 45 con un factor corrector del 10%. La necrópolis del Altillo sugiere una población media de 400 a 535 habitantes, con un factor del 20%, y de 370 a 490 con un factor correc- tor del 10%.

• Luzaga: en este cementerio se localizaron aproxi- madamente unas 2.000 tumbas (Aguilera 1911: tomo IV y 1916). Se asocia al poblado de El Castejón, iden- tificado con la ciudad de Lutia, de 5,5 Ha. La crono- logía de la necrópolis: fines del siglo IV o inicios del III hasta el I a.C.

La demografía de Luzaga, considerando valores fijos el número de tumbas (2.000), una esperanza de vida al nacer de 30 años, una duración para la necrópolis estimada entre un máximo de 350 años (segunda mi- tad del siglo IV a.C. hasta finales del siglo I a.C.) y

un mínimo de 250 años y un factor corrector del 20%, estaría entre 205 y 290 individuos. Si utilizamos un factor corrector del 10%, la población resultante es- taría entonces entre los 190 y 265 habitantes.

• Riba de Saelices: aquí se exhumaron 103 enterra- mientos (0,4 tumbas por m2), de los que sólo dos poseían cinco o más objetos entre sus ajuares (1,9%). La mayor parte de las tumbas (83,5%) tienen uno o dos elementos. Se excavaron un total de 257 m2, aunque los diferentes sectores de la necrópolis abarcaban 80 × 28 m., es decir 2.240 m2, no habiéndose delimi- tado la necrópolis en ninguno de sus lados. Según Cua- drado (1968: 9), la necrópolis ocuparía aproximada-

mente 5.000 m2 de extensión. Cronología aproxima- da: entre inicios del siglo III y siglos II-I a.C.

Si asumimos una densidad de tumbas similar al global recuperado en 2.240 m2, podríamos estimar en- tonces en unas 230 el cómputo total de sepulturas para una superficie de 5.000 m2. Con estos datos, la de- mografía de la necrópolis de Riba de Saelices queda- ría, considerando valores fijos el número teórico de tumbas (230), una esperanza de vida al nacer de 30 años, una duración para la necrópolis estimada entre un máximo de 275 años y un mínimo de 200 años y un factor corrector del 20%, con una población me- dia de 30 a 40 individuos. Si utilizamos un factor corrector del 10%, la población resultante estaría en- tonces entre los 25 y 35 habitantes.

• La Yunta: se localizaron 206 tumbas aunque sólo se han publicado 83 conjuntos cerrados (ver Lorrio 1997: 133, nota 10 y 136; García Huerta y Antona 1992 y 1995). De los conjuntos publicados, sólo 7 (8,4%) ofrecen más de cinco objetos en sus ajuares (Lorrio 1997: 316-318). Sobre la necrópolis se eleva un cas- tro muy pequeño pero que no se ha excavado. Su cronología debe situarse entre finales del s. IV y s. II

a.C. (Garcia Huerta y Antona 1995: 66). No es segu- ro que se haya excavado en su totalidad.

La población media de la necrópolis de La Yunta, considerando valores fijos el número de tumbas (206), una esperanza de vida al nacer de 30 años, una dura- ción para la necrópolis estimada entre un máximo de 225 años y un mínimo de 150 años y un factor co- rrector del 20%, sería de 35 a 50 individuos. Si utili- zamos un factor corrector del 10%, la población re- sultante estaría entonces entre los 30 y 45 habitantes. • Almaluez: se hallaron 322 tumbas. Según señala Taracena (1941: 33) el cementerio fue excavado de manera exhaustiva. Los diarios inéditos (1933-34) han permitido reconstruir la composición de 82 enterra- mientos, de los cuales 78 (95%) tenían menos de cinco elementos por tumba. El hallazgo de sepulturas con armas se reduce a 11 conjuntos, dos de ellos de gran riqueza. Cronología aproximada: siglos VI y V a.C.

La población de la necrópolis de Almaluez, consi- derando valores fijos el número de tumbas (322), una esperanza de vida al nacer de 30 años, una duración para la necrópolis estimada entre un máximo de 225 años y un mínimo de 150 años y un factor corrector del 20%, estaría entre 50 y 80 individuos. Si utiliza- mos un factor corrector del 10%, la población resul- tante estaría entonces entre los 45 y 70 habitantes.

• Arcóbriga (Monreal de Ariza): se hallaron unos 300 enterramientos (Aguilera 1911: tomos IV y V). El

cementerio se encuentra junto al oppidum de Arcobriga, 7,75 Ha. (ciudad romana). Cronología: segunda mitad del s. IV-II a.C.

La demografía de la necrópolis, considerando va- lores fijos el número de tumbas (300), una esperanza de vida al nacer de 30 años, una duración para el cementerio estimado entre un máximo de 250 años y

un mínimo de 175 años y un factor corrector del 20%, se situaría entre 45 y 65 individuos. Si utilizamos un factor corrector del 10%, la población media resultante estaría entonces entre los 40 y 60 habitantes.

• Alpanseque: se documentaron unos 300 enterra- mientos (Cabré 1917; Cabré y Morán 1975). La cro- nología aproximada del cementerio debe situarse en- tre los siglos VI y V a.C.

La población de Alpanseque, considerando valores fijos el número de tumbas (300), una esperanza de vida al nacer de 30 años, una duración para la necrópolis estimada entre un máximo de 225 años y un mínimo de 150 años y un factor corrector del 20%, se situa- ría entre 50 y 75 individuos. Si utilizamos un factor corrector del 10%, la población resultante estaría en- tonces entre los 45 y 65 habitantes.

(3) Alto Duero.

• La Mercadera: el espacio funerario tiene alrede- dor de 1.500 m2 de extensión (Lorrio 1990: 39). Fue excavada en su totalidad por Taracena (1932), habién- dose documentado 100 tumbas (0,07 tumbas por m2). Desde el punto de vista de los ajuares, éstos se dis- tribuían de la siguiente manera: 44 tumbas de guerre- ro (con armas), 31 tumbas con adorno y 25 tumbas con ajuar poco significativo. El análisis de riqueza de la necrópolis ofrece un pequeño número de tumbas con más de cinco elementos (10% de las tumbas), que además se corresponde a sepulturas con armas. Taracena prospectó la zona y no encontró ningún asentamiento asociado al cementerio.