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Multi-Stage Key Exchange

II 0-RTT Session Resumption Protocols

7.3 Multi-Stage Key Exchange

5. ¿CUÁNTOSE NECESITA PARA POBLAR?

El desarrollo de patrones de comportamiento de- mográfico, de estrategias consolidadas por relaciones y reglas estables en el tiempo, ha conducido a la de- finición de sistemas demográficos, y de patrones de comportamiento, relativamente bien comprobados y documentados entre las poblaciones humanas.

Entre dichos sistemas, el llamado Régimen Natu- ral refleja la posición más cercana a las estrategias de supervivencia y crecimiento biológico ya aludidas y refiere, con un cierto grado de utopía, un sistema defi- nido por una escasa limitación voluntaria de la nata- lidad, por una lucha ineficaz contra la mortalidad, y por el aumento de la población en función de su efi- cacia en asegurar la subsistencia.

Todo ello viene resaltado, en primera instancia, por la relación de reproductividad; por el número relativo de descendientes por generación y, en concreto, de hi- jas por generación de madres; y por su relación con el grado de crecimiento de esa población (Livi-Bacci, 1999, 96 ss.). En suma, poblaciones con un fuerte Indice de Potencialidad demográfica, que, para la Hispania célti- ca, podría establecerse entre las mujeres de 15 a 30 años [Ip = (Pf15-19 / Pf20-25) × 100]59, según una esperan- za de vida a los 15, de 24 años, deducida de las escasas necrópolis prerromana analizadas (Hernández y Galán, 1996, 98-99).

57 La Confederación iroquesa, «los pueblos de la casa común», como

ellos mismos se denominaban, se regía por tres principos básicos: el valor del derecho del individuo que, con el consenso de la Comuni- dad, justificaba toda acción individual y propia; la importancia de la distribución equitativa de los recursos; y la Naturaleza como entidad máxima donde se integra el hombre y a la que no se puede explotar ni poseer. Creada por el profeta Deganawida, bajo el símbolo de un gran pícea cuyas ramas eran las cinco tribus principales, «La Casa común» se fundó en el año de 1570 a causa del estado de guerra constante, para establecer la paz interna y fortalecerse frente a los intrusos, redundando en su éxito el mantenimiento, como eje central, de la estructura clánica tradicional, que le confirió un alto grado de estabilidad y de unidad (Tooker, 1978, 426-428).

58Los autores, no obstante, consideran las posibilidades que se dedu-

cen de una cierta mayor facilidad técnica para la identificación de restos femeninos: p. 96.

59El concepto es denostado actualmente por los demógrafos, sin duda

Sauvy (1984) destacó la importancia de las mejo- ras técnicas que, en dicho estado «natural», serían un exponente principal para facilitar un importante aumento de población, sostenido hacia una Tasa de población máxima que, en realidad, no se alcanza nunca (Ley de

Rendimientos Decrecientes: poblaciones maltusianas).

Cercano a tal concepto, pero con mayor credibili- dad histórica, el Régimen Tradicional ofrece los siguien- tes indicadores:

Tasas de Natalidad entre 45‰ y 55‰. Tasas de Mortalidad entre 30‰ y 40‰. Tasas de Incremento entre 20‰ y 30‰.

Tasas de mortalidad infantil (-1 año) entre 350/450‰. Tasas de mortalidad en guerra o desplazamiento+40‰. En estas circunstancias, la «velocidad de renova- ción anual» se establece cercana al 35‰, lo que su- pone la duplicación del grupo cada 25 años, aunque los ejemplos demográficos comprobados en este sis- tema oscilan entre 24 y 35 años.

En la Europa del Antiguo Régimen, la tasa de cre- cimiento era mucho más lenta, del orden del 3‰, lo que conllevaba una duplicación de la población cada 300 años en condiciones favorables y desfavorables equivalentes. En tal sentido, J. Vallin (1995, 65ss.) con- sidera que, aunque los medios de subsistencia crecie- ron mucho, tanto más lo hizo el incremento poblacional, de forma que siempre, éste, quedó supeditado a los primeros y que, tal dependencia, implicó un régimen débil e inestable, con fases de crecimiento y fases de estancamiento claramente diferenciadas. Tal inestabi- lidad, vista a largo plazo (+ 1000/2000 d.C.), ofrece un período de duplicación largo (+ 300 años), que impide considerarlo como parámetro comparativo para escalas menores en tiempo y espacio.

La comparación es, por ello mismo, insostenible, como lo es negar la existencia de fases favorables del

Régimen Tradicional que, con tasas del 25‰, se han

comprobado en algunas poblaciones «primitivas» y en otras europeas modernas, en tales condiciones de cre- cimiento60.

Un caso bien conocido es el referido a los colo- nos franceses del San Lorenzo, Canadá, de quienes descienden directamente la gran mayoría de los más de 6 millones de francófonos canadienses actuales, siendo no más de 15.000 los asentados a mediados del siglo XVIII (de los que poco más de 5.000 fundaron

familias estables: Charbonneau et alii, 1987). Este es-

pectacular caso se interpreta porque los «colonizado- res suelen engendrar colonizadores, ya que es un he- cho común en todo el Mundo que los nuevos colonos funden grandes familias» (Aubin, 1966). En tal senti- do, Livi-Bacci supone un régimen inicial para estos colonos que le permitiría duplicar su población en el plazo de 30 años aproximados (1999, 97).

En suma, esta definición se aproxima a un desa- rrollo genérico que incluiría momentos de máximo cre- cimiento como los aludidos y otros de estancamien- to, o incluso retroceso (es tópico referirse a los efectos de pandemias como la peste sobre la sociedad euro- pea). Es, por lo tanto, un patrón demográfico factible en ciertos desarrollos de la Europa prerromana, un paradigma de sistema de elevada presión demográfi- ca, con una tasa de supervivencia baja, pero compen- sada, y superada, por una alta nupcialidad; una fuerte fecundidad; y, sobre todo, una organización social que favorezca la revalorización de la estructura familiar (como por ejemplo, una sociedad gentilicia o clánica). Si suponemos una disposición moderada dentro de dicho Régimen demográfico tradicional, con una du- plicación media de pequeños grupos humanos cada 33 años, es posible comprender la diferencia formal en- tre asentamientos como El Castañuelo, de menos de 1 ha. y con capacidad de albergar no más de un cen- tenar de personas, y castros como Capote, con 3 hec- táreas y capacidad para medio millar de habitantes. Es decir, un asentamiento esporádico como El Castañuelo, hacia el 400 a.C., podría generar población suficiente para crecer, interna y externamente, muy considera- blemente o, mejor, para permitir, hacia el 330 a.C., la fundación de nuevos poblados, cada uno con +500 habitantes y un desarrollo del espacio complejo intra- muros, como El Castrejón de Capote o Los Castillejos de Fuente de Cantos (según aproximaciones basadas en ensayos más completos: Casselberry, 1974).

Para ello, los índices demográficos deberían refle- jar unas poblaciones relativamente sanas, con una espe- ranza de vida al nacer similar a las registradas en el Régimen tradicional, y una relativamente alta tasa de nupcialidad y fertilidad. Así parece deducirse de la comparativa realizada por Hernández y Galán (1996, 96 ss.), con las numerosas reservas que hacen los Auto- res, en la que el término medio de esperanza de vida al nacer [e0] alcanza los 31 años, una cifra que equi- pararía las tablas de vida que la sustenta con la de- ducida en la Inglaterra del siglo XVII, con 32 años tanto

entre los pares como entre el resto de la población, o con la resultante del estudio de las familias reinantes europeas en el siglo XVI (34 años) y XVII (30,9), da-

tos ambos bien contrastados y que son escasamente superiores a los conocidos en poblaciones medievales anteriores a los estragos de la gran pese del siglo XIV.

En España, no se alcanzan los 31 años de e0 hasta la década iniciada en 1880 (Livi-Bacci, 1999, 62-63 y 139; Peller, 1965).

coherente con la Etnografía primitiva y con las regularidades que, en Demografía, se demuestran vigentes hasta la Europa del Medievo, se prefiere hablar de «Régimen Demografíco Tradicional».

60 Es decir, el Régimen Tradicional expansivo sólo puede entenderse dentro

de procesos concretos, cronológicamente y geográficamente muy de- limitados —dos o, a lo sumo, tres generaciones y en ámbitos geográ- ficos específicos—. El ejemplo de los colonos franceses del Canadá, analizado a continuación, debe entenderse referido a las primeras ge- neraciones, porque el desarrollo actual es, lógicamente, consecuencia de la Transición y del Régimen industrial contemporáneo.

De la misma manera, no es menos trascendente que estos grupos compartiesen normas y costumbres que favoreciesen unas tasas de nupcialidad y natalidad muy alta, un tema muy importante que a menudo es obviado o infravalorado. En tal sentido, los demógrafos son unánimes al considerar que sólo en un sistema de Régi-

men residencia bilocal, o ambilocal, fundamentalmente

de carácter matrilocal, y en menor medida en uno patrilocal, se consiguen respuestas eficaces en tales crecimientos61. Y, por lo mismo, se explican las di- ferencias de los módulos de viviendas fácilmente de- tectadas entre El Castañuelo del 400 a.C., con una es- tructura de estancias agrupadas y abiertas a pequeños patios comunes, y el Castrejón de Capote del 150 a.C., con módulos de viviendas adosados y dispuesto a lo largo de longuilícuas calles y plazas (Berrocal-Rangel, 1992, 180 y figs. 37.2-3 y 49). La comprobada compar- timentación del espacio en la fase posterior «Capote 2» nos inclina a suponer la adopción de un régimen neolocal derivado de la presencia de los primeros ro- manos en este poblado.

Y, con todo ello, de haberse producido un perío- do con tal crecimiento poblacional, no es factible su- poner que se mantuviese ni durante más de dos o tres generaciones, ni en territorios muy extensos, quizá lo justo para comprender que, la expansión del siglo IV

a.C., en ciertas comarcas del Suroeste (cuencas del Ardila, del Degebe, del Cobre, del Caia-Sorraia) fue un evento, demográfica y arqueológicamente, posible.

* * *

Queremos expresar nuestro agradecimiento a Dr. Rafael Caso Amador por sus útiles indicaciones so- bre Demografía Histórica.

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61 El costo de crear una nueva familia fue, desde siempre, uno de las

principales causas para el retraso en la edad del matrimonio y la dis- minución de la nupcialidad. La manera más fácil y extendida para rebajar dicho costo era adoptar un régimen residencial bilocal o ambilocal, de manera que la nueva familia se integraba en las de sus congéne- res, sin tener que afrontar la construcción de un nuevo hogar. Cuan- do la necesidad o las costumbres imponían tal caso, suele ser toda la comunidad la encargada de edificar la nueva vivienda (Harris, 1987, 291 ss; Livi-Bacci, 1999, 103 ss.).

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