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La Revolución Gloriosa.

Para que triunfase el pronunciamiento militar fue primordial el apoyo ciudadano en Juntas. El 17 de septiembre de 1868, Prim, Sagasta, Manuel Ruiz Zorrilla y Angulo llegaban a Cádiz, donde estaba fondeada la Armada al mando de Juan Bautista Topete, que pretendía colocar en el trono a la infanta Luisa Fernanda, hermana de la reina, y que solo reconocía como jefe del pronunciamiento al general Serrano, duque de la Torre, y desterrado en Canarias. Pero la madrugada del 18, Sagasta y Zorrilla decidieron iniciar el pronunciamiento con un manifiesto que anunciaba el destronamiento de la reina y prometía unas cortes constituyentes basadas en los derechos de los ciudadanos. Prim arenga a todos los españoles para que tomen las armas en defensa de la revolución, al tiempo que llegan de Canarias Serrano y otros generales unionistas, con quienes se hace público otro manifiesto redactado por Pérez de Ayala, donde se denuncia la corrupción de la soberanía nacional y la censura en la prensa. Se dejaba claro que no se trataba de rebeldes, sino que pretendían devolver a las leyes el respeto debido. El 19 de octubre, el gobierno provisional exponía a los estados de Europa un texto de justificación a la revolución, justificando el destronamiento de la reina por la oposición de ésta a la modernización del país. Se trataba, en suma, de implantar los principios del liberalismo más avanzado, y por eso se pretendía erradicar la dinastía completa de los Borbones. Cuando Prim llega a Málaga, ya hay muchas ciudades que se han solidarizado con el inicial pronunciamiento; como Granada, Almería, Cartagena, Alicante o Valencia. En Sevilla se ha organizado también una Junta donde incluso se amplían las proclamas de Cádiz, porque se pide

libertad de cultos, de tráfico y de industria, y reforma de los aranceles para la libertad de comercio. Las tropas del general Novaliches cruzan Despeñaperros y Serano sale a su encuentro, teniendo lugar en Alcolea el 29 de septiembre la derrota de Novaliches, la unión de las tropas de ambos y el rumbo hacia Madrid. Se declara la caída de los Borbones mientras la reina sigue de veraneo en San Sebastián, y a Isabel II no le queda más remedio que partir desde allí hacia Pau. La Junta de Madrid tiene a Madoz al frente y asume las riendas del poder. En la mayoría de las ciudades se sigue el ejemplo y se constituyen juntas formadas por una coalición de progresistas y demócratas que exigen toda una serie de derechos, entre los cuales destacan:

1. libertad de cultos 2. sufragio universal

3. libertad de enseñanza, de reunión y de asociación 4. libertad de imprenta

5. inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia 6. abolición de la pena de muerte y del juicio por jurados

Siempre hubo en las Juntas los suficientes elementos republicanos para pedir abolición de las quintas y supresión de algunos impuestos al consumo que resultaban especialmente gravosos. En el caso de las Juntas catalanas hubo una especial colaboración entre las clases medias y los obreros, y en la Junta de Barcelona, Tutau, hombre de negocios, fue su principal artífice. Se funda el Fomento de la Producción Nacional y más tarde la Liga Proteccionista, de la que paradójicamente luego saldrá un grupo de industriales que abogan por la restauración borbónica. El movimiento juntero era la auténtica expresión de un federalismo contenido, y fue la Junta de Madrid la que en un gesto de centralismo, actuó en el nombre de toda España, asumiendo las reivindicaciones de todas las demás juntas y se arrogó la facultad de encomendar la formación de gobierno al

general Serrano. Pero no se podía formar gobierno sin Prim, y éste se encontraba en Cataluña. En las Juntas se había perfilado el núcleo de las aspiraciones políticas de la revolución y se puede deducir que básicamente se deseaba implantar las libertades de reunión, asociación, enseñanza y prensa, además de la libertad religiosa.

Serrano estaba dispuesto a formar gobierno de acuerdo a la Junta de Madrid, y se pone a las órdenes del general Espartero, aunque éste declina ninguna representación. Por fin llega Prim a Madrid, y las personas más importantes serán él mismo en el Ministerio de Guerra; Sagasta en Gobernación, Figuerola en Hacienda, Ruiz Zorrilla en Fomento y Romero en Gracia y Justicia. Nicolás María Rivero se coloca como alcalde de Madrid y acelera la escisión del partido demócrata a consecuencia de problemas con Castelar y Pi y Margall, convencidos republicanos. Había en realidad, dos proyectos distintos:

• el de Prim, que abogaba por una monarquía democrática y la constitución de 1869, representado por unionistas y progresistas, liberales acomodados, ricos hacendados y profesionales.

• El proyecto liderado por Pi y Margall, que reunía a las capas medias, pequeños comerciantes y trabajadores, que pretendían una república federal, con un sólido programa de reformas sociales y económicas.

Los primeros pretendían compatibilizar la libertad con el orden, para justificar ante Europa la revolución. Como medidas generales propugnaban purificar la administración pública, reforzar el crédito y el sistema bancario y hacer uso del sufragio universal y la soberanía del pueblo como algo normal. La razón de preferir una monarquía constitucional era, sobre todo, para que Europa no desconfiase. Por eso pretenden dar por terminada la misión de las Juntas, porque entendían que había pasado el momento de las quejas y había llegado el de la Razón. Sagasta

decreta que los fusiles que han sido entregados al pueblo por las Juntas sean devueltos, previo pago de 30 reales y trabajo. Para sustituir a los impuestos al consumo de las Juntas, se crea ahora uno no menos impopular, el de la capitación, y se restablecen los de la sal y el tabaco. También se contienen los planes de demolición de murallas y ampliación urbanística de algunos ayuntamientos, aunque lo que se escondía era el interés por la especulación de algunos de estos terrenos. Cuando se disuelven las Juntas, unionistas y progresistas están integrados ya en el gobierno, y solo quedan los republicanos al margen. Aunque aceptan la disolución de las Juntas, mantienen comités de vigilancia. Sagasta convoca cortes constituyentes para el 11 de febrero de 1869, manteniendo todavía como fuerza a los Voluntarios de la Libertad, pero ya sin ventajas de salario o trabajo en el municipio. Prim y Sagasta eran las personas más importantes del gobierno, y sabían que se estaban quedando en el tintero algunas de las aspiraciones más importantes que se habían proclamado en las Juntas. Los republicanos estaban fuera de juego, y lo único que les quedaba eran los Voluntarios de la Libertad y un importante abanico de medios de comunicación en diversas provincias. No todos estaban de acuerdo, y a fines de 1869 se plantea una escisión, creándose el Partido Republicano Federal. Estaban por un lado los demócratas Rivera, Martos y Becerra, que se unen para las elecciones a los unionistas y progresistas, con un programa basado en la monarquía, y los federales, cuyo modelo de gobierno era la república, y que se reunieron el 22 de noviembre de 1869 en el Campo de la Lealtad, siendo Castelar la estrella de la manifestación. A la cabeza del partido estaban Orense, Castelar, Pi, Pierrad y otros. Su programa se replanteaba el modo en que se repartía la riqueza nacional, sobre todo la agraria, y por eso la Junta de Sevilla, embrión del andalucismo, intenta repartir los bienes de la aristocracia y apropiarse de los bienes comunales.

Cuando se establece el sufragio universal para los mayores de 25 años se empiezan a marcar las distancias entre los grandes bloques.

1. la coalición de los unionistas de Serrano, los progresistas de Prim y Sagasta y los democráticos de Rivero y Martos, que abogan por el sufragio universal, la monarquía y las libertades de un estado moderno

2. Los republicanos que bajo el nombre de La Federal resumen una organización del estado como una república federal, pero también reformas para la redistribución de la riqueza y la mejora de vida en las clases populares.

En todas las ciudades se manifiestan ambos bandos y en algunas de ellas hay incidentes, como cuando miles de trabajadores se negaron en Madrid a que se les bajase el jornal, o la revuelta de los trabajadores del Puerto de Santa María. También en Málaga hay revueltas parecidas. Las elecciones municipales ya se habían celebrado y hubo quien pensó que el propio Sagasta pudo haber influido en las rebeliones de los federales para obtener ventaja en los comicios. En ellas los republicanos obtienen mayoría en veinte capitales, lo cual es una clara derrota para el gobierno. Las elecciones a cortes constituyentes eran el 15 de enero de 1869 y se recurre al patriotismo para pedir el voto para los que gobiernan. Arremeten también contra las mujeres por pedir la abolición de las quintas. Los federales se proclamaban el partido de la juventud al pedir el voto a los 21 años; y las reacciones clericales no contribuían a calmar los ánimos. El gobernador civil de Burgos es asesinado dentro de la catedral en protesta por el decreto de la incautación de archivos y bibliotecas de catedrales, cabildos, monasterios y órdenes militares. La vigilancia del proceso electoral estuvo a cargo de los Voluntarios de la Libertad, armados y la mayoría con inclinaciones demócratas y republicanas. El triunfo fue para el gobierno, pero los federales obtuvieron ochenta escaños. La ex reina se atreve a declarar desde Paris nulo todo el proceso político y electoral, y la ilegalidad de las cortes, porque ella era la única que ostentaba la autoridad legítima, pero las cortes constituyentes se abren el 11 de febrero de 1869. Rivero es el presidente de la cámara, y a Serrano se le encarga formar

gobierno, que ya no sería provisional. Se aprueba la amnistía para los delitos de imprenta.

En las Antillas los cubanos y portorriqueños pensaron que la revolución también a ellos les traería la concesión de derechos, abolición de la esclavitud y la concesión de una administración autonómica. De hecho en ambos lugares había movimientos que abogaban por la independencia y desde Nueva York funcionaban comités que abogaban por una Cuba y un Puerto Rico libres. En Puerto Rico se lleva a cabo una rebelión el 23 de septiembre, se proclama la República y se forma un gobierno provisional, bajo la presidencia de Francisco Ramírez, mulato. El 9 de octubre en Cuba Carlos Manuel Céspedes reúne a unos cuantos fieles que se prometen vencer o morir por la patria cubana. Proclaman el Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la isla de Cuba, donde se describía la realidad de unas colonias gobernadas por la arbitrariedad de los capitanes generales que nombraba la corona. Se quejaban de la tiranía del gobierno español, que les imponía tributos pero les negaba derechos. Aunque en las cortes de Cádiz se definió España como el conjunto de españoles de ambos hemisferios, en la constitución de 1837 se aparcó el status de los habitantes de las colonias. Cuando en 1860 se abolió la esclavitud en Estados Unidos, los españoles siguieron embarcándose en aventuras coloniales, como la guerra del Pacífico o la expedición a la Conchinchina. Por eso no se vitorea a Prim ni a Sagasta y nace en Cuba el Partido de la Libertad y la Independencia. Las primeras revueltas son duramente reprimidas por el capitán general Lersundi, pero Céspedes no tarda en apoderarse de Camagüey. El nuevo ministro de Ultramar, Ayala, promete reformas, pero nadie le cree, y el propio Lersundi es sustituido por el general unionista Dulce, que promete que Cuba elegiría diputados a las cortes constituyentes. Pero nadie le cree, y aunque intenta negociar con Céspedes, fracasa. Se desencadena un furor destructor y el ejército independista acaba con la infraestructura de la isla. Céspedes proclama libres a aquellos negros que luchen por la independencia. El partido al que llaman español está capitaneado

por negreros como Zulueta, o propietarios como Ibáñez y Herrera, que costean la creación de batallones de voluntarios del Orden y se encargan de embargar los bienes de los independentistas. La burguesía catalana también envía voluntarios. En la parte independista se producen las primeras escisiones. Dulce renuncia al cargo, porque en realidad quienes llevan la voz cantante son los Voluntarios del Orden. El Partido de los Esclavistas crea el Casino Español en 1869 en La Habana, que se convierte en un grupo de presión para organizar los negocios a su antojo alardeando de patriotismo.

En Filipinas no está todo el territorio bajo control. Los filipinos carecen de derechos políticos y se rigen por una mezcla del derecho del antiguo régimen señorial con los privilegios de las órdenes religiosas. El dominio español no era real y no se planteaba la posibilidad de hacer un imperio, sino explotar esas tierras. No se hicieron obras públicas y no se pensó en una administración racional, a no ser durante el período del general Echagüe.

La constitución de 1869.

No se empieza tomando medidas precisamente populares, pues lo primero que hacen es alistar a 25000 jóvenes para una guerra no declarada en Cuba, mediante el sistema de quintas. Se empieza a redactar un texto constitucional y el debate principal es el concepto de España. El artículo que desató más polémica fue el 21, porque se refería a la libertad de cultos. También el artículo 33 suscita muchas discusiones, porque se refiere al establecimiento de una monarquía democrática. Los artículos 28 y 107 son complicados porque se refieren a la organización de las Fuerzas Armadas. Los republicanos, por supuesto,

defienden la república como forma de gobierno y unas FF AA que diferencien entre los voluntarios y los profesionales. Pero como no logran sus propósitos, se centran en abolir las quintas y mantener el cuerpo de Voluntarios de la Libertad. Es Castelar quien se encarga de hacer la más encendida defensa de estos principios, así como la separación entre Iglesia y Estado. También destaca el diputado Francisco Salmerón defendiendo las posiciones progresistas y la candidatura de Espartero al trono. En el bando conservador está el canónigo Manterola y Cánovas, que mezcla argumentos sobre la propiedad, sobre la unidad española y la catolicidad de la nación y el estado, aparte de unas ideas profundamente clasistas. Cuando llega el 1 de junio, que hay que votar la constitución, los tradicionalistas rechazan el texto y recogen firmas para protestar por la libertad de cultos. Pero con todo, triunfa el si y se promulga el 6 de junio. Es el primer código democrático de la Historia de España, e incluso en algunos aspectos se adelanta a algunos de Europa. Se establece el sufragio universal masculino, directo y secreto, estableciendo una relación de derechos de los ciudadanos. EL título I de la constitución abarca casi un tercio del total del texto. Junto a las clásicas libertades de imprenta, derecho de reunión y asociación están la inviolabilidad de la correspondencia, libertad de enseñanza y de culto, libertad de trabajo para los extranjeros, etc. La libertad de reunión y de asociación era la puerta para el despegue del sindicalismo. Aunque los republicanos no consiguen la separación de la iglesia y el estado, es la primera vez que éste no se declara confesional y permite la libertad de cultos. Se insiste en la soberanía popular como fundamento del estado, que tiene que someterse a los principios de la separación de poderes y la descentralización. La soberanía residía en las cortes, integradas por el Congreso y el Senado. No se pedían requisitos para ser diputado, sino que bastaba ser varón mayor de 25 años. Los senadores se elegían por sufragio universal indirecto, cuatro por provincia; pero habían de ser

mayores de cuarenta años, tener título universitario, ser gran propietario o patrón industrial, o haber ocupado un alto puesto en el estado. Las cortes eran el poder legislativo, con plazos mínimos de reunión y máximo sin estar reunidas. Podían ejercer moción de censura, tener iniciativa legislativa e interpelar al gobierno. Al frente del poder ejecutivo se situaba el rey, que tomaba decisiones a través de los ministros. Para ser ministro había que ser diputado. El poder judicial se organizó con la ley de 1870, y los jueces se emancipan por completo del poder ejecutivo, al implantarse el sistema de ingreso mediante oposición. Se crea el consejo de estado para los traslados y promociones y se implanta el juicio por jurados populares, regulando la acción pública contra aquel juez que delinca en el desarrollo de sus funciones. En cuanto a la división territorial del poder, los ayuntamientos adquieren protagonismo, con alcaldes elegidos por sufragio universal. Pero queda sin resolver el estatuto de las colonias, la relación entre el ejército permanente y las milicias ciudadanas, o el principio de la contribución proporcional en la Hacienda.

Al debatir el artículo 33 de la constitución se plantea como hipótesis la unión con Portugal, con lo cual se coronaría a un miembro de la familia real portuguesa o se haría una república ibérica federada. En lo único que todos estaban de acuerdo era en excluir a los Borbones de la corona española. Había algunos que se inclinaban por Espartero y los carlistas pretendían colocar en el trono a su candidato, conocido con el título de duque de Madrid. Pero hasta que se encontrase al rey apropiado, el gobierno tendría que estar en manos de un regente, y este puesto lo ocupa Serrano, quedando Prim como jefe de gobierno, y con la cartera de Guerra. Prim opta por una alianza entre progresistas y demócratas. Los federales se organizan como partido de la oposición a nivel nacional, pero a nivel municipal son partido de gobierno, porque han obtenido mayoría en muchas ciudades de España. Y tienen la solidez que les controlar la mayoría de la prensa. En el Parlamento descollan Figueras y Castelar. A los parlamentarios más importantes les preocupan las libertades, derechos y formas de

gobierno. A los segundones les preocupan más el injusto tributo de las quintas o los nuevos impuestos, la falta de trabajo o la promesa que se había hecho a los campesinos de nuevas tierras, de las que se habían privatizado, pero que todavía no habían sido entregadas. De hecho, los campesinos de Jérez se amotinaron en marzo de 1869 contra la quinta decretada por Prim, además de pedir la devolución de los bienes comunales. Todo esto hacía que el socialismo se propalase como una corriente subterránea del federalismo. Las mujeres madrileñas protestan también contra las quintas y hay algunas ciudades en que los propios ayuntamientos gobernados por republicanos acuden al préstamo para liberar a los jóvenes de ser quintos. Entre los republicanos estaban los benévolos, como Castelar, que optaban por esperar mejores circunstancias para poder cumplir las promesas republicanas; y los intransigentes, que exigían el cumplimiento inmediato. El Partido Federal Republicano seguía creciendo, y era la primera vez que en España se formaba un auténtico partido de masas. José María Orense tenía un enorme predicamento por la sencillez con que exponía sus ideas y las doctrinas políticas y sociales. Los líderes de provincias se consolidarán a partir de la primavera de 1869, sobre todo cuando Valentí Almirall establece un pacto federal entre los comités de Cataluña, Valencia, Aragón y Baleares, fijando el modelo de organización de una república federal. Aunque en Tortosa se había convenido en hacer del pronunciamiento de septiembre