5.4 Feature Extraction
5.4.5 Graph-based Similarity Measure
Los factores asociados con la edad avanzada, tales como la muerte de amigos y familiares, un bajo nivel económico y una mayor morbilidad pueden limitar la disponibilidad y la accesibilidad del apoyo, al mismo tiempo que aumentan la necesidad de recibir dicho apoyo. Los cambios de roles asocialdos al envejecimiento, como la jubilación y la viudedad, así como la muerte de amigos y familiares, también pueden reducir las oportunidades de
proporcionar apoyo, de tipo emocional e instrumental, a otras personas (Victor, Henderson y Lamping, 1999).
A lo largo de la vida adulta existe una tendencia a que las relaciones sociales sean recíprocas o, en su defecto, a dar más apoyo del que se recibe (Ingersoll‐Dayton y Antonucci, 1988). Sin embargo, algunos autores han señalado que esta tendencia se puede invertir en las personas muy mayores, cuando es más probable que haya un declive en la salud física y funcional y las necesidades de apoyo cambien (Dykstra, 2006).
Los resultados respecto a los flujos de apoyo en el envejecimiento no son concluyentes. Van Tilburg (1995) encontró que existe bastante equilibrio en el intercambio de apoyo entre las personas mayores y los miembros de su red social, mientras que según otros autores las personas mayores reciben más de lo que dan (Stoller, 1985) y otros afirman que generalmente dan más de lo que reciben (Ingersoll‐Dayton y Antonucci, 1988; Morgan, Schuster y Butler, 1991).
Se ha observado que en la edad muy avanzada se da un cambio de roles en el contexto familiar y los hijos adultos comienzan a prestar ayuda a los padres mayores. Los resultados del estudio longitudinal BASE apoyan la idea de una inversión de roles entre las generaciones de adultos y jóvenes. En este estudio con una muestra de personas muy mayores, Wagner, Schutze y Lang (1999) contemplaron las diferencias de edad en el número de miembros de la red que proporcionaban apoyo, lo recibían o cuyas relaciones con el sujeto entrevistado eran recíprocas. En el grupo de 70‐79 años, una gran cantidad de personas recibía ayuda de los mayores, mientras que menos de 1 de cada 10 relaciones se caracterizaba por sólo proporcionarles apoyo. El número de miembros de la red que recibían apoyo disminuía a medida que la edad de los participantes aumentaba y, en el grupo de 80‐84 años, esta tendencia se invertía, con un mayor número de personas en la red social proporcionando apoyo que
recibiéndolo. Las relaciones recíprocas también eran más comunes en los grupos más jóvenes que en los grupos más mayores, disminuyendo a partir de los 80 años. Sin embargo, las personas más mayores seguían proporcionando apoyo a una proporción importante de la red social. Incluso los individuos de 95 y más años decían haber proporcionado apoyo a una persona en su red social como media durante los últimos 3 meses.
En otro estudio, Morgan, Schuster y Butler (1991) encontraron que una edad más avanzada predecía un menor nivel de apoyo, tanto dado como recibido. Las personas mayores daban más apoyo del que recibían y el cambio de roles sólo se producía en el grupo de personas muy mayores (85+). Los autores proponen que este cambio de roles no se debe a la edad en sí misma, sino a un declive en los recursos asociado con la edad avanzada. Cuando se controlaba el efecto del nivel de ingresos, las AVD’s y el número de personas en la red social, la inversión de roles no se producía. Por ello, concluyen que los cambios en los flujos de apoyo se deben a factores relacionados con la vejez avanzada, tales como menores recursos económicos y de salud y una reducción general de la actividad social.
Se ha sugerido que los niveles de apoyo dado y recibido entre las personas mayores y los miembros de su red social pueden depender del tipo de apoyo intercambiado. Las personas mayores con un descenso en su capacidad funcional tienen una mayor probabilidad de recibir apoyo instrumental de otros y de proporcionarlo en menor medida. En cambio, se ha planteado que el intercambio de apoyo emocional es independiente del estado de salud y se considera más estable (Schwarzer y Leppin, 1991). No obstante, se ha encontrado que tanto el apoyo emocional como el apoyo instrumental pueden disminuir en la edad avanzada (Morgan y cols., 1991).
Boerner y Rienhardt (2003) expusieron la hipótesis de que las personas mayores con discapacidad visual podrían compensar el recibir más apoyo instrumental de su red social con una mayor provisión de apoyo emocional a los miembros de la familia. Sus resultados muestran que, de forma general, los individuos dan más apoyo emocional que instrumental a las personas de su red social. Sin embargo, no encuentran evidencia de que las personas mayores equilibren sus relaciones proporcionando una mayor cantidad de apoyo emocional, ya que la reciprocidad es mayor dentro de cada tipo de apoyo que entre distintos tipos de apoyo.
En un estudio longitudinal, Martire, Schultz, Mittelmark y Newsom (1999) no encontraron cambio individual en el contacto con amigos y familiares en la red o en el apoyo informacional en un período de 5 años. Sin embargo, la percepción de la disponibilidad del apoyo instrumental y emocional aumentaba a lo largo del tiempo. Los autores explican los resultados debido a un aumento en la necesidad de estos tipos de apoyo por un declive en la salud física en los muy mayores. También defienden que el apoyo emocional podría ser más relevante en la edad muy avanzada debido a que las personas muy mayores se centran en motivos de regulación emocional, tal como propone la teoría de la “selectividad socioemocional” (Carstensen, 1992).
Van Tilburg (1998), en otro estudio longitudinal con personas mayores, encontró que el apoyo instrumental recibido disminuía con la edad. En cambio, el dado aumentaba para los menos mayores, y disminuía para los muy mayores. Esta tendencia se explica por una disminución de las capacidades físicas en la edad muy avanzada. El apoyo emocional, tanto dado como recibido, aumentaba con el tiempo. En otro estudio longitudinal, van Tilburg y van Groenou (2002) observaron que el apoyo instrumental dado disminuía y el recibido aumentaba, y que estos cambios estaban relacionados con un declive
en el estado de salud en un período de 7 años. En cambio, el intercambio de apoyo emocional se mantenía estable en el tiempo.
Se han analizado los niveles de apoyo en el envejecimiento, teniendo en cuenta el tipo de relación con la que se intercambia el apoyo. Ingersoll‐Dayton y Antonucci (1988), en una muestra de adultos de mediana edad y mayores (50‐95 años), encontraron que la mayoría de las relaciones sociales se caracterizaban por una alta reciprocidad. Sin embargo la reciprocidad era mayor entre los cónyuges (85% en cuidado mutuo en enfermedad y 81% en contar problemas personales) que entre los hijos (67% y 51%, respectivamente) y entre los amigos (63% y 56%, respectivamente). Los resultados también indican que, cuando las relaciones no eran recíprocas, los sujetos generalmente daban más apoyo del que recibían. Sin embargo, con la edad había un aumento significativo en el número de personas que recibían más apoyo en enfermedades de los hijos y del cónyuge del que proporcionaban. En las relaciones con los amigos no se encontraron diferencias de edad en los niveles de reciprocidad.
Morgan, Schuster y Butler (1991) también encontraron que, en al edad más avanzada, los intercambios de apoyo con los familiares disminían en mayor medida que los intercambios con los amigos y otras personas no familiares. El apoyo proporcionado a los familiares era el tipo de apoyo que más disminuía con la edad. Los autores explican los resultados debido a que las relaciones en el contexto de las mayores obligaciones en el contexto familiar y a la teoría del “banco de apoyo” propuesta por Antonucci (1985).