5.4 Feature Extraction
5.4.4 Semantic Features
Uno de los estereotipos más comunes sobre las personas mayores sostiene que se encuentran socialmente aisladas y que sus relaciones sociales son escasas. Sin embargo, la investigación empírica demuestra que la mayoría de los adultos mayores se encuentran inmersos en una red social de apoyo,
manteniendo relaciones sociales significativas con personas de su entorno. Las redes sociales de las personas mayores están generalmente compuestas por amigos y familiares con los que se han relacionado durante un largo período de tiempo (Díaz Veiga, 1987; Morgan, 1988; Wellman y Wortley, 1990).
1.3.1.1. El tamaño de la red social
Los estudios que describen el tamaño de las redes sociales encuentran resultados diferentes según el método utilizado, pero generalmente indican que las redes sociales de los mayores están compuestas por una media de 5 a 10 miembros (Antonucci y Akiyama, 1994; van Tilburg, 1998). En una revisión de distintos estudios, se encuentra que el tamaño de la red social es similar en distintos países europeos, con una media de entre 5 y 7 miembros y un rango total que varía de 1 a 20 miembros (Wenger, 1997b). En el contexto latinoamericano también se han encontrado resultados similares. Arias (2001) observó que el tamaño de la red social de las personas mayores argentinas oscilaba entre 2 y 19 personas, con una media de 8,8 miembros.
Tradicionalmente se ha entendido que en el envejecimiento sólo se producen pérdidas (p.ej. viudedad, dependencia, etc.) que tienen consecuencias negativas en el tamaño y composición de la red social (Baltes y Carstensen, 1996). Algunos factores que pueden reducir el tamaño de la red social en la vejez son la pérdida de sus miembros por muerte o enfermedad, la disminución de oportunidades para establecer nuevos vínculos, y una menor motivación para mantener los vínculos existentes (Sluzki, 1998).
No obstante, otros autores han señalado que en la vejez también se pueden producir ganancias que regulan el tamaño y composición de la red. De acuerdo con Van Tilburg (1998), el número de relaciones sociales se puede mantener estable debido a que se produce una compensación de las pérdidas con las ganancias. En un estudio longitudinal realizado en Holanda, este autor
encontró que el tamaño total de la red social se mantenía estable en un período de cuatro años, pero que el número de familiares cercanos aumentaba y el número de amigos disminuía. La frecuencia de contacto disminuía con el tiempo para los más jóvenes y aumentaba en los más mayores. Sin embargo, también se apreció una gran variación individual en la dirección y la velocidad de los cambios. En algunas personas la red disminuía y en otras aumentaba de tamaño, debido a distintas circunstancias vitales.
No se ha llegado a resultados concluyentes sobre los cambios en el tamaño de la red social. Algunos autores han encontrado que el tamaño de la red social disminuye con la edad (Lang, Staudinger y Carstensen, 1998), mientras que otros estudios muestran que se mantiene estable (Lansford, Sherman y Antonucci, 1998; van Tilburg, 1998). Las investigaciones longitudinales generalmente se realizan en un período corto de tiempo que podría no ser representativo de los cambios a largo plazo en la red social.
1.3.1.2. La composición de la red social
En cuanto a la composición de la red, los resultados dependen del método de recogida de datos utilizado, pero se ha encontrado que al menos la mitad de los vínculos de la red social de las personas mayores son con familiares. Los estudios que utilizan el método jerárquico de los tres círculos señalan que alrededor del 80% de todas las personas cercanas de la red social son familiares; generalmente el cónyuge, los hijos, los hermanos y otros. Las personas mayores también mantienen un contacto frecuente con sus hijos, nietos y otros familiares (Antonucci y Akiyama, 1987).
Los hijos adultos son la categoría de parentesco más numerosa en las redes sociales de las personas mayores (van Tilburg, 1995). Sin embargo, alrededor del 15‐20% de las personas mayores no tienen hijos (Wenger, 1997b). Los que no tienen hijos, a menudo tienen proporciones más bajas de familiares en sus redes
sociales que los que sí los tienen (42% vs. 67%, respectivamente) y se relacionan más con hermanos, otros familiares, amigos y vecinos (Dykstra, 1995; van Groenou, 1995).
El contacto con personas no familiares es menos frecuente que el contacto con los hijos y otros familiares. En España tan sólo un 45% de las personas mayores mantiene intercambios sociales con personas ajenas a su vivienda todos los días y este porcentaje disminuye con la edad. El 80% de los mayores mantiene un contacto semanal con sus vecinos, el 43% con sus amigos y el 19% con compañeros de club o asociación. Uno de cada diez mayores manifiesta no tener amigos o no haberlos visto en el último año (Pérez, 2002).
Antonucci y Akiyama (1994) sugieren que la edad puede tener efectos negativos en las relaciones de amistad debido a los cambios de roles que se dan en la última etapa de la vida, como la jubilación y la viudedad. Los problemas de salud asociados con el envejecimiento también pueden dificultar el mantenimiento de relaciones con los amigos, debido a una pérdida de movilidad y a una menor habilidad para mantener relaciones con otros. En un estudio con personas casadas, la probabilidad de tener un mejor amigo era menor entre los hombres y entre las personas muy mayores (Briditt y Antonucci, 2007).
En un estudio longitudinal con personas mayores de ambos sexos también se encontró que las relaciones con amigos y vecinos tenían una menor probabilidad de continuar en el futuro que las relaciones íntimas con los hijos y los hermanos (Ikkink y Van Tilburg, 1999). En otro estudio con mujeres jóvenes y mayores se observó que la red social de las jóvenes estaba integrada por más amigos que la de las mujeres mayores. Las mayores también recibían el apoyo principalmente de sus familiares, mientras que las jóvenes recibían el apoyo
diario por personas no familiares, aunque en momentos de crisis también era proporcionado por la familia (Muchinik y Seidmann, 1999).
No obstante, existen diferencias culturales en la prevalencia de amigos en la red social. En una revisión de estudios realizados en varios países de Europa se encuentra que el número de amigos disminuye con la edad, mientras que en países como Estados Unidos y Australia el número de amigos se mantiene. Los autores señalan que esta diferencia podría reflejar distintos significados del concepto de amistad, antes que diferencias reales en la composición de la red social (Hollinger y Haller, 1990).
La investigación demuestra que, en la última etapa de la vida, los individuos mantienen relaciones significativas con otras personas que se encuentran en su entorno cercano, como amigos, familiares y vecinos. No obstante, se pueden producir cambios significativos en la composición de la red social, que generalmente afectan al número de amigos y otras personas no familiares. En los casos que existe aislamiento social y la persona mayor carece de una red social de apoyo, las consecuencias en la salud y en el bienestar son devastadoras. La ausencia de relaciones sociales y de apoyo se ha relacionado con enfermedades, depresión, un mayor riesgo de institucionalización y un aumento de la mortalidad al final de la vida (Cohen, 2001; Pinquart y Sörensen, 2000, Uchino, 2006).