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4.1 Design Objectives

4.5.3 Header Check

La capacidad humana de tener con el cuerpo no se puede separar de otra igualmente decisiva: la capacidad de usar y fabricar instrumentos. El hombre una con su cuerpo objetos adaptados, sacados de la naturaleza y posteriormente modificados, o simplemente fabricados, es decir, no exist- entes anteriormente, sino inventados por él: por ejemplo, las hachas de s- ílex de los hombre primitivos o la espada177 y la rueda, respectivamente.

La aparición de instrumentos es una manifestación de comportamientos inteligente178: es el conocimiento intelectual el que hace posible, como ya se dijo (1.7.3), separarse de las necesidades inmediatas e inventar una s- olución para necesidades no presentes, sino futuras. Discurrir que se puede fabricar una lanza para cazar, no éste búfalo, sino cualquier búfal- o, es pensar, situarse por encima del hambre instintiva de un momento dado, y anticiparse al hambre futura, imaginando algo que permita cazar el búfalo en cualquier circunstancia y ocasión. Sin inteligencia no se pueden fabricar instrumentos.

El uso de instrumentos, y posteriormente su fabricación, tiene como finali- dad la satisfacción de las necesidades humanas (13.1): el hombre comi- enza a utilizarlos para perfeccionar el modo en que caza, pesca, cultiva la tierra, se construye su casa, transporta los alimentos y mercancías, los almacena, etc. Por tanto, el hombre, un ser intrínsecamente perfectible (3.6.5), perfecciona el modo de satisfacer sus necesidades mediante la t- écnica, pues ésta no es otra cosa que el uso de instrumentos poseídos

definir como trabajo. El trabajo es el modo peculiar del hombre de satisfa- cer sus necesidades; es un modo técnico, instrumental.

El trabajo es, pues en primer lugar una actividad corpórea realizada con

ayuda de instrumentos para satisfacer las necesidades humanas. No se

puede separar la capacidad de trabajar de la de producir instrumentos, pues no se da la una sin la otra. Es decir, el hombre es un trabajador y un

productor. Este es el modo peculiar mediante el cual se relaciona con el

miedo: buscando maneras de satisfacer mejor sus necesidades. Esas

maneras son las que dan origen al uso de instrumentos, que el hombre va

perfeccionando con el tiempo. A esto le llamamos trabajo. Su fin es triple: 1) por una parte el hombre obtiene trabajando aquello que necesita. Las necesidades humanas (1.7.3, 13.1) no son sólo biológicas, sino culturales, educativas, familiares, etc. todo aquello que el hombre se propone alcanz- ar se acaba convirtiendo en una necesidad.

2) Por otra parte, el trabajo organiza y transforma el medio natural en el cual el hombre vive, como enseguida veremos. Esta transformación no es negativa, sino al contrario: el trabajo humano mejora el mundo, (el homb- re puede plantar árboles, o transformar un desierto en regadío). Pero esa mejora no está asegurada: el hombre puede de hecho estropear el mundo, y eso es ya un problema ético. El hombre tiene que ser ético también res- pecto del efecto del trabajo en la Naturaleza.

3) Si el hombre es aquel ser que no puede actuar sin mejorar o empeorar (3.5.2), su trabajo, será, de modo eminente, un medio para una u otra cos- a: el hombre, trabajando, se perfecciona a sí mismo, adquiere nuevos h- ábitos, hace sus nuevos descubrimientos, fortalece su capacidad, su p- reparación, su experiencia, sus conocimientos, se hace apto para tareas nuevas, adquiere una profesión (12.4), etc. Esto es el rendimiento subje-

tivo del trabajo: modifica al hombre, entre otras cosas, por que el hombre

se cansa de trabajar, y esto impone ya una determinada organización de la vida humana y de la sociedad, que tiene que ver con los ciclos y ritmos cósmicos (15.2). Desde este punto de vista se puede advertir que la per- eza es ya un vicio antropológico, pues suprime los tres fines del trabajo aquí mencionados.

Por tanto, el hombre es corporal o morfológicamente productor y trabaja-

dor, tiene habilidad manual, es capaz de usar instrumentos y producirlos,

y obtener así lo que necesita para él y para los demás, y de este modo

transforma la naturaleza y se mejora a si mismo.

Sin embargo, porque el hombre es inteligente y porque la inteligencia es creadora, como dijimos (3.2.1) es capaz de producir más de lo que nece-

sita él mismo, es capaz de cazar para él y para sus hijos, e incluso, si es

suficientemente hábil, también para otras familias. Este es el origen de la

división de trabajo: porque el hombre puede producir más de lo que nece-

sita, cabe repartirlas tareas e intercambiar los productos que cada uno o cada familia produce. Aparece aquí la dimensión social del trabajo, estr- echamente relacionada con el lenguaje y su finalidad, la comunicación (3.2.3), a la que nos referimos al hablar del origen de la sociedad (9.3). Karl Marx consideró al hombre exclusivamente desde el punto de vista q- ue aquí estamos exponiendo, como un ser capaz de tener con el cuerpo, y por tanto capaz de trabajar y establecer relaciones de producción con el medio y con los demás hombres. Para él, el hombre es exclusivamente un

trabajador, un hombre faber (16.6), y por tanto depende por completo de

los productos que fabrica. Por eso, si éstos le son arrebatados, se produ- ce la alienación, la pérdida de sí mismo: el hombre no es nada fuera de lo que hace. Y en verdad el trabajo y la producción son una parte fundame-

ntal y básica de la actividad y la cultura humanas. Sin embargo, el homb-

actividades y modos de tener, en especial aquella que aquí se denomina tercer fin del trabajo, que no es otra cosa que la perfectibilidad humana encauzada a través de él y articulada como profesión. En la vida, además de trabajo y seriedad, hay ocio y juego (15.7).

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