2.6 Header Rule Matching
2.6.1 Requirements
La persona humana está instalada en el espacio (3.4). El ámbito y horizo- nte dentro del cual los seres se le muestran forman su mundo circundante (2.3), dentro del cual se encuentra ya existiendo. El «mundo» es el «á-
mbito o dónde en que están las cosas y en que estoy yo»169. El mundo exterior en el cual el hombre vive es físico, material, y considerando en su conjunto recibe el nombre de Naturaleza: el planeta Tierra es quizá su más visible y global unidad. La persona humana no es concebible fuera de esa instalación material, corpórea y espacial que es su mundo circundante: su vida se despliega en ese medio y a través de él.
La peculiar síntesis de corporalidad e inteligencia (1.5) que es el hombre le da una relación también peculiar con ese mundo exterior. El no es una si- mple parte de la Naturaleza y de los seres y lugares que ésta contiene, s- ino que puede distanciarse de ella, trascenderla, moverse a su través y a sus anchas, y también usarla como medio y como fuente de recursos: «p- ara el modo humano de vivir, lo que llamamos naturaleza no es tan sólo u- na circunstancia material, sino también —y ello es más decisivo— un
conjunto de «disponibilidades». Cierto que, al mismo tiempo, es la natur-
aleza para el hombre enraizado sistema de resistencias. En cualquier caso, representa algo con lo que hay que contar para hacer nuestra vid-
a… Para vivir, tenemos que agregar a nuestras disponibilidades naturales
nuestros propios recursos… La naturaleza se nos muestra como el ámb-
ito universal y originario de los recursos que nuestra vida exige según
Al mismo tiempo la peculiaridad corporal humana (1.3), relacionada con su inteligencia, le convierte en un ser inadaptado, que necesita modificar su
circunstancia material para poder vivir. Por ejemplo: el hombre es el único
animal que necesita una cama para dormir. Por esta razón el hombre no vive, ni puede vivir, en una madriguera, o en el agujero de un árbol, sino en una casa construida por él donde le quepan «sus cosas».
Por tanto, el estar situado del hombre dentro de la Naturaleza es algo radi- cal y determinante para su existir su modo de ser, pues es a partir de ahí como hace, actúa, vive y se proyecta. En este capítulo se van a señalar algunos puntos clave de esta realidad, producidos por la esencial capaci- dad del hombre de hacer y tener (3.5.1): la técnica, mediante la cual trans- forma la naturaleza en medio disponible y adaptado a su vivir (4.2); el tra- bajo, con el cual la transforma a ella y a sí misma (4.3); el habitar, según el cual «está» dentro de ella (4.4); las innumerables consecuencias que el habitar tiene (4.5, 4.6); el problema ecológico, o consideración general de la armonía del mundo humano y en mundo natural (4.7, 4.8); y la actitud h- umana más propia ante los seres que le rodean (4.9, 4.10). Quedará para más adelante (13.1) el problema de la subsistencia y la satisfacción de las necesidades humanas llamadas bienestar (13.2), aquí apenas menciona- do, que da origen a una obra humana (12.5) de primera magnitud, llamada
economía, la cual supone a su vez la realidad de la vida social, y de la
comunicación e intercambio humanos (9.3). 4.2 LOS INSTRUMENTOS TÉCNICOS
Dijimos (3.5.1) que el primer nivel de posesión humana es físico. El verbo
tener se emplea normalmente para expresar el tener con el cuerpo. Esta
expresión significa que uno «tiene» algo corporalmente, agarrándolo con la mano o poniéndolo encima de su cuerpo: se tiene un martillo, se tiene puesto un vestido, o unos zapatos, etc. El poseer con el cuerpo se refie-
re a cualquier instrumento de los que el hombre usa para satisfacer sus
necesidades: cocinar, cazar, hacer fuego, viajar en un vehículo, domesti- cas animales, cultivar la tierra, etc. Veamos algunas características d este modo de posesión:
1) Una primera caracterización de cualquier instrumento es su referencia
a la función para la que se ha sido inventado: un martillo no se entiende
sin la acción de clavar. Un instrumento es «esencialmente algo para»171: «la obra que hay que producir es el para qué del martillo»172, su ser es relación a lo que hay que hacer.
2) Pero al mismo tiempo todo instrumento pide una adscripción173, según la cual todo instrumento tenido corporalmente contiene una referencia int-
rínseca al poseedor: un guante carece de sentido sin la mano; unas gafas
«son para» que alguien se las ponga; su ser dice relación al poseedor, y sin esa relación ese objeto no puede entenderse. De este modo, los instr- umentos poseídos por el hombre, por así decir, le pertenecen, le están a- dscritos, porque dicen referencia a él.
Correlativamente, el cuerpo humano es capaz de adscribirse cosas: un vestido, unos zapatos, un martillo, un guante, unas gafas. La causa ya fue mencionada al hablar (1.3) de las características biológicas del cuerpo humano: es un cuerpo no especializado, no «terminado», que precisa de instrumentos, y es capaz de fabricarlos mediante la inteligencia. Este car- ácter «indeterminado» o «no especializado» del cuerpo es lo que permite la adscripción. Si el hombre tuviera garras, pico y plumas, en vez de man- os, boca y piel, no sería capaz de vestirse, de ponerse guantes o gafas, de adscribir cosas a su cuerpo. Poseemos corporalmente cosas porque
nuestro cuerpo está morfológicamente preparado para ello. Las cosas
3) Una consecuencia de lo anterior es que la cosa tenida quede medida
por el cuerpo, que es la medida de las cosas que el hombre tiene. Se
puede tener una sortija, pero tiene que ser suficientemente grande para que dentro quepa el dedo. Se pueden tener zapatos, pero, si son demasi- ado grandes, se abandonan, porque no se adaptan al pie y, en tal caso, no se cumplen su función: no sirven.
Las cosas tienen que tener una medida humana, porque si no, el hombre no se adapta a ellas. Lo pequeño es hermoso, dice el título de un simpáti- co libro de Schumacher175: esa decir, las cosas son agradables es un poco abrumador e inhumano, más en cuenta que hace unos años. Los r- ascacielos de Manhattan resultan desproporcionados; la mayoría son de la primera mitad de este siglo.
En suma, para que sea posible la adscripción es preciso que la cosa t-
enida sea proporcionada con el cuerpo. Dicho de otro modo: el hombre es la medida de las cosas que tiene, y no al revés. Esto ya tiene importa-
ntes consecuencias: es la técnica la que debe adecuarse al hombre, y no el hombre a la técnica, en primer lugar desde el punto de vista del tamaño y la manejabilidad. Los aparatos tienen que ser simpáticos, amables, no h- ostiles, difíciles de manejar y poco dóciles. La relación del hombre con las máquinas debe ser humana. Las máquinas deben tener, por así decir, un rostro humano176. Los ordenadores MacIntosh se han hecho populares porque empezaron a preocuparse de esto antes que los demás.
Durante años (especialmente en el período 1920-1960) el hombre se ha p- reocupado negativamente de la técnica, porque ésta amenazaba con h- acerse demasiado grande y destruirle (la bomba atómica, etc.) De hecho, el manejo de la técnica para fabricar hombre aparece ya en el Fausto de Goethe, a comienzos del siglo XIX: es un problema ético de primera magn- itud. Hoy se vive como problema ecológico (4.7): la técnica puede destr- uir, y de hecho ha destruido en parte, la Naturaleza. La técnica tiene, pue- s, unos límites: debe someterse al hombre y no dañar la naturaleza. Esta cuestión tiene gran actualidad desde hace más de 100 años. Desde 1970 se ha convertido en un asunto candente.