• No results found

1.3 Rule Processing for Intrusion Detection

1.3.1 Necessary Characteristics

Hasta aquí hemos hablado de las notas o rasgos de la persona (3.1-3.4). Todas ellas, por así decir, están en el orden del ser, son completamente radicales y profundas. La pregunta ¿quién es el hombre? Se dirige a su mismo ser, que es un ser personal, un quien, un alguien. En los siguientes epígrafes (3.5 y 3.6) trataremos en cambio de responder a esta otra preg- unta: ¿qué es el hombre?, y por eso hablaremos más bien de las dimen-

siones esenciales de la persona, es decir, aquellas que expresan su ope- rar, su actividad, en suma, su naturaleza o esencia. ¿Quién es el homb- re? Es una pregunta que se dirige a su ser personal, singular e irrepetible; ¿qué es el hombre? Se plantea su naturaleza o esencia, aquello que tod- os tenemos en común.

Para responder ahora a la segunda pregunta, hemos de comenzar aludie- ndo al espíritu (17.10), cual se define por tres notas138: apertura, activid-

ad y posesión. Las dos primeras han sido descritas al hablar de la intimid-

ad, la manifestación, el diálogo y el dar, que son el modo en que el hombre se abre y actúa. La persona posee mediante el conocimiento, del cual t- ambién de habló (1.6, 2.2,). Pero una consideración más detenida de la p- osesión (que también conlleva actividad), nos permite acceder a una nue-

va definición del hombre.

Suele definirse a éste como el animal racional139. Esta definición es válida pero quizá algo insuficiente, porque resume demasiado. El hombre tiene r-

azón, es racional, y la razón es hegemónica en él (2.7). Pero también tie- ne otras dimensiones, que hemos llamado facultades (1.1): voluntad, sen-

timientos, tendencias y apetitos, conocimiento sensible… Por tanto, el

hombre es un ser capaz de tener, un poseedor. Las dimensiones operati-

vas o esenciales de la persona, su capacidad de acción y operación, hay que entenderlas a partir de esta capacidad de poseer sus acciones y op- eraciones dentro de sí, de modo inmanente. Por eso, podemos definir a la persona humana como un ser capaz de tener, «el ser capaz de decir m-

ío» (L. POLO)

La capacidad humana de tener se puede desplegar a través del cuerpo y de la inteligencia. Ambas maneras culminan en una tercera, que es una p- osesión más permanente y estable: los hábitos. Así pues, son tres escal- ones, ordenados de inferior a superior, pues cada uno de ellos es más p- erfecto que el anterior140: 1) tener con el cuerpo; 2) tener según la inteli-

gencia; 3) tener en forma de hábitos. Estos últimos, por su importancia,

requieren una explicación especial141.

3.5.1 Los tres niveles del tener: técnica, conocimiento y hábito El primer es el tener físico. El verbo tener se emplea normalmente para expresar este tener con el cuerpo. Esta expresión significa que uno «tiene» algo corporalmente, agarrándolo con la mano o p- oniéndolo encima del cuerpo: se tiene un martillo, se tiene puesto un vestido, etc. El poseer con el cuerpo se refiere a cualquier inst- rumento técnico de lo que el hombre necesita para cocinar, cazar, hacer fuego, viajar en un vehículo, domesticar animales, cultivar la tierra, etc. Como veremos, la relación del hombre con el medio físi- co en el que vive (4.1) se realiza mediante estos instrumentos, que son como prolongaciones del cuerpo humano (4.2).

El segundo nivel de tener es la aprehensión cognoscitiva de objet- os. Es, por tanto, el tener cognoscitivo (1.6.1). Si el hombre no conociera, no sería capaz de fabricar instrumentos. Por tanto, el

primer nivel del tener depende del segundo. Esta es una observa-

ción obvia, pero importante. Aunque en los dos primeros capítulos ya se describieron las facultades cognoscitivas, en el capítulo 5 trataremos de los distintos tipos de conocimiento.

El tercer nivel del tener es el hábito. Al hablar de la plasticidad de las tendencias dijimos (1.7.3) que es una inclinación o tendencia

no natural, sino adquirida. También se dijo (2.2) que hay un pensar habitual, como saber multiplicar o hablar francés. Asimismo, al h-

ablar de la educación como camino para lograr armonía psíquica, dijimos que ésta se puede lograr mediante el acostumbramiento: h- ábito y costumbre son casi lo mismo. Pues bien, tener hábitos es el

modo más perfecto de tener, porque los hábitos perfeccionan al propio hombre, quedan en él de modo estable. Cuando el hombre

actúa, lo hace le mejora o le empeora, y en definitiva lo cambia. La

acción humana es el medio por el cual la persona se realiza como tal142, porque con ello adquiere hábitos. Hablaremos aquí b-

revemente de éstos, aunque saldrán a colación muchas otras vec- es (6.4, 12.11).

3.5.2 Los hábito en la vida humana

Un hábito se puede definir como una disposición estable que inc- lina a determinadas acciones, haciéndolas más fáciles. Un hábito

sólo se adquiere por repetición de actos, porque produce un aco- stumbramiento y un fortalecimiento que da la facilidad para su a- cción propia . Las observaciones que hay que hacer aquí son pri- ncipalmente tres:

1) Hay varias clases de hábitos, al menos tres:

a) Hábitos técnicos, manuales, que consisten en ciertas destrez- as en el manejo de instrumentos o en la producción de determinad- as cosas. El término «arte» (12.7), aplicado en sentido coloquial, puede expresar esta destreza: el arte de fabricar zapatos, cerámi- cas, etc. También puede expresarla la palabra «técnica»: la técni- ca de dominio del balón, la del piloto de aviones, etc.

b) Hábitos intelectuales, a los cuales ya nos hemos referido (2.2) llamándolos pensar habitual, por ejemplo, saber multiplicar, hablar francés, etc.

c) Hábitos del carácter. Son los que se refieren a la acción, a la

conducta: inclinan a comportarse de una determinada manera por-

que nos hacen ser de un determinado modo (2.5). Por ejemplo, el hábito de sonreír con frecuencia; el hábito de fumar un cigarro d- espués de comer; el hábito de recrear mundos imaginarios mientr- as damos un paseo; el hábito de avergonzarnos por cualquier cosa, por ejemplo, hablar en público; el hábito de mentir… El cará-

cter, de hecho, está formado por una serie de hábitos de condu- cta y modos de reaccionar que tienen su base en la síntesis pasi- va (2.8) y en la educación que uno haya ido adquiriendo.

Parte de estos hábitos se refieren al dominio de los sentimientos y

de las tendencias. Son aquellos de los que tratamos al hablar de la armonía psíquica (2.8). La ética trata sobre ellos, y los divide en

positivos y negativos. A los primeros los llama virtudes y a los segundos vicios. Cuando tratemos del crecimiento de la libertad (6.4), precisaremos su concepto y lugar en la vida humana, aunq- ue por lo ya tratado se puede concluir que proporcionan armonía o

disarmonía del carácter y de la conducta.

2) ¿Cómo se adquieren los hábitos? Se ha dicho ya que, sobre todo, mediante el ejercicio de las acciones correspondiente: ¿cómo se aprende a conducir? Conduciendo; ¿cómo se aprende a no ser tímido? No siéndolo, etc. Es muy importante ser consciente de que

los hábitos se adquieren con la práctica. No hay otro modo143. Y la repetición de actos se convierte en costumbre y la costumbre es como una segunda naturaleza, según reza el dicho. El hombre es

un animal de costumbres, porque su naturaleza se desarrolla mediante la adquisición de hábitos.

La importancia de las costumbres en la vida humana es enorme (9.4, 11.8), porque no son otra cosa que los hábitos de una com-

unidad humana determinada. Una vez que se adquiere una costu-

mbre, resulta difícil cambiarla, incluso aunque se desee hacerlo (b- asta recordar cuánto cuesta dejar de fumar): el hábito crea una i- nclinación o condicionamiento natural, físico y psicológico, que p- uede llegar a ser muy fuerte.

3) Como se ha dicho, los hábitos son importantes porque modific-

an al sujeto que los adquiere, modulando su naturaleza de una

ejemplo, el hábito de fumar produce cáncer de pulmón, según par- ece, en muchos casos. Construyendo casas o tocando la cítara unos se hacen buenos constructores o citaristas y otros malos144. Cometiendo injusticias o actos cobardes, uno se hace injusto y cobarde.

«El hombre no hace nada sin que al hacerlo no se produzca alg-

una modificación de su propia realidad»145. Esto quiere decir que

las acciones que el hombre lleva a cabo repercuten siempre sob- re él mismo, aunque sea en pequeña escala: «nada funciona sin

que al funcionar no se modifique: la máquina, el animal, el ser hum- ano, en tanto que la acción repercute en él»146. Por ejemplo: un coche, cuando hace un viaje, se desgasta, aunque sea un poco. Del mismo modo, el ser humano resulta afectado por sus propias acciones: lo que hace no es un producto que él arroje de sí de m- odo indiferente, sino que le afecta. «el hombre es aquel ser que no puede actuar sin mejorar o empeorar»147.

Dicho de otro modo: no se puede considerar el fruto del trabajo y

de la acción humana sin considerar en qué estado queda el hom- bre que lo realiza. También él sufre un desgaste o una mejora.

Cuando uno desprecia, se convierte en un despreciador; cuando uno comete una injusticia, se convierte en injusto148, cuando uno hace una chapuza, se ha empezado a convertir en un chapucero. No basta preocuparse de si un productor fabrica un buen producto (unos zapatos): hay que preocuparse del productor mismo (su p- reparación técnica para fabricar los zapatos, su estado anímico, su identificación con la empresa, su situación moral, familiar y cult- ural). La preocupación por los recursos humanos en el mundo de la empresa (13.9) apunta en esta dirección: ¿qué les pasa a los h-

ombres cuando realizan determinadas acciones o cuando trabaj-

an en tales o cuales condiciones?

Por tanto, la acción humana repercute sobre el hombre, lo modifi- ca, para mejorarlo o empeorarlo. A este se le ha llamado carácter

cibernético de las acciones humanas149. En efecto, el hombre se parece en cierto modo a un sistema informático o cibernético, en el cual hay un circuito de salida y otro de entrada. Lo que el sistema produce (circuito de salida) incide de nuevo en el propio sistema (circuito de entrada), modificándolo. Esto es conocido como efecto

feed–back o efecto de retroalimentación: por ejemplo, en la Segu-

nda Guerra Mundial ya se experimentaron cañones que corregían el tiro automáticamente (circuito de entrada), según los impactos c- onseguidos (circuito de salida). Este modelo cibernético, aplicado al hombre y a la sociedad, tiene gran importancia. Más adelante volv- eremos sobre él (5.2).

Related documents