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La Declaración Universal de Derechos Humanos, el artículo 26 señala el derecho de los padres a elegir la educación que prefieren para sus hijos y es más significativo aún el hecho de que los firmantes incluyan este principio entre los básicos que un Estado no puede negar o manipular.

El derecho a la educación pertenece a la naturaleza humana que el hombre sea un ser intrínsecamente social y dependiente, dependencia que se muestra de modo más patente en los años de la infancia; pertenece al ser hombre que todos debamos recibir una educación, crecer en sociedad, adquirir una cultura y unos conocimientos.

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Por eso, el derecho a la educación está fundamentado en la naturaleza humana y hunde sus raíces en realidades que son semejantes para todas las personas y, en último término, fundamentan la sociedad misma; por eso, los derechos a educar y ser educados no dependen de que estén recogidos o no en una norma positiva, ni son una concesión de la sociedad o del Estado. Son derechos primarios, en el sentido más fuerte que cupiera dar al término.

La educación es un derecho humano fundamental, esencial para poder ejercitar todos los demás derechos. La educación promueve la libertad y la autonomía personal y genera importantes beneficios para el desarrollo. Sin embargo, millones de niños y adultos siguen privados de oportunidades educativas, en muchos casos a causa de la pobreza. Los instrumentos normativos de las Naciones Unidas y la UNESCO29 estipulan las obligaciones jurídicas internacionales del derecho a la educación. Estos instrumentos promueven y desarrollar el derecho de cada persona a disfrutar del acceso a la educación de calidad, sin discriminación ni exclusión. Estos instrumentos constituyen un testimonio de la gran importancia que los Estados Miembros y la comunidad internacional le asignan a la acción normativa con miras a hacer realidad el derecho a la educación. Corresponde a los gobiernos el cumplimiento de las obligaciones, tanto de índole jurídica como política, relativas al suministro de educación de calidad para todos y la aplicación y supervisión más eficaces de las estrategias educativas. La educación es un instrumento poderoso que permite a las personas que se encuentran social y económicamente marginados salir de la pobreza por su propio esfuerzo y participar plenamente en la vida de la comunidad.

En el ámbito nacional se hace indispensable que nuestros hijos tengan una educación integral tanto en el ámbito cognoscitivo así como también en valores morales y ética, debido a que la globalización nos obliga a ser más eficientes y a estar muy bien preparados para asumir los retos que se nos ponen día a día tanto en el campo laboral como también en las relaciones diarias en las que se necesitan sólidas bases que nos ayuden a superar los obstáculos, para desempeñar con existo la responsabilidad que nos asignen.

La Declaración de los Derechos del Niño señala “El niño tiene derecho a recibir educación, que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social, y llegar a ser un miembro útil de la sociedad. El interés

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superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres”30

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Por lo que en cumplimiento a lo dispuesto en el art. 26 de la carta constitucional se deberá tomar muy en cuenta que la educación es un derecho de las personas a lo largo de su vida y un deber ineludible e inexcusable del estado. Constituye un área prioritaria de la política pública y de la inversión estatal, garantía de la igualdad e inclusión social y condición indispensable para el buen vivir. Las personas, las familias y la sociedad tienen el derecho y la responsabilidad de participar en el proceso educativo.

Los tiempos y las circunstancias han cambiado, y ese papel que como padres debíamos adoptar también lo ha hecho. Gran parte de los jóvenes que empiezan sus carreras universitarias ahora terminarán trabajando en puestos que no existían al empezar sus estudios… pero ese no es el único futuro. Aunque pensemos que es una cuestión fuera de nuestro alcance, la realidad es que podemos trabajar para que nuestros hijos también tengan la posibilidad de crear sus propios trabajos, de levantar negocios y ser ellos los que den empleo a otras personas.

El problema es que muchos de nosotros, que sufrimos la habitual educación tradicional, no sabemos cómo ayudarles a desatar su potencial, cualquiera que éste sea. Porque no se trata de adoptar posiciones integristas y obligar a que nuestros hijos emprendan. Se trata de que les ayudemos a desarrollar todas sus capacidades, y en definitiva, darle herramientas para que construyan su futuro.

Sin embargo nos hemos acostumbrado a delegar este papel, y a quejarnos de que no se les enseña emprendimiento en la escuela o en la universidad… cuando la auténtica base de una educación emprendedora la tienen en su propia casa. En muchos casos, llevados por la mejor de las intenciones, somos nosotros mismos el principal obstáculo para que desarrollen su talento.