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Los ciegos cotidianos son aquellos que deambulan por las calles, ejerciendo oficios diversos entre los que se encuentran músicos, poetas, adivinos y mendigos, ocupaciones todas ellas que serán una constante en las diferentes épocas, y las cuales podemos observar a través de las representaciones artísticas.

1.3.1. Prehistoria

Resulta difícil establecer con precisión cómo fue vista la ceguera en la Antigüedad, debido a la gran escasez de datos, de una cultura que veneraba a las fuerzas de la naturaleza con las que convivía, y cuyas enfermedades debían de ser vistas a modo de castigos que tenían como consecuencia, la mayoría de las veces, el infanticidio; quizá por ser considerada la ceguera como una culpa de las fuerzas de la naturaleza, que habría de ser purgada46.

La ceguera habría existido desde siempre junto con el hombre que dormía a la intemperie, carecía de unas medidas higiénicas, y se encontraba en continua lucha con el medio, que le ocasionaría lesiones oculares provocándole la ceguera.

Existe una única representación entre las pinturas rupestres, que bien podría representar a un individuo ciego: se trata de una imagen en la cual un individuo talla la piedra con los ojos cerrados, lo que le lleva a pensar a Montoro, que bien podría tratarse de la representación de un individuo ciego, puesto que para desempeñar su trabajo no necesita la vista, o bien podría estar causada la ceguera por tal actividad47.

Los dioses de la naturaleza a los que veneraba, debían ser considerados por el hombre primitivo como causantes de los desastres que le acontecían. Montoro insistirá en que el miedo y la superstición unidos a la idea ancestral de culpa convertían al ciego en un símbolo de la ira de los dioses48.

Ciertos pueblos primitivos percibían en sus invidentes, una agudeza especial de los sentidos tanto auditivos, como olfativos y táctiles, hecho que consideraban como algo extraordinario que los enlazaba con los dioses, creándose ya la figura del adivino ciego, cuya ambigüedad engloba tanto la visión externa como la interna; idea que comentaremos más adelante, pero que ya surgirá como una superstición en ciertas

46 LAÍN ENTRALGO, P.- 1997 (11ª reimpresión), Historia de la medicina. MASSON, Barcelona, p. 4. 47 Esta pintura rupestre se encuentra en el Museo Británico de Arqueología de Londres, descubierta

en el monte Tessili (Sáhara). Carecemos de más datos acerca de dicha representación aparte de los ya citados. MONTORO MARTÍNEZ, J., Op. cit., vol. I, p. 23.

48 Montoro tomará esta idea de culpa del concepto de Carl Gustav Jung sobre el « sentimiento

ancestral de culpa », conocido como Urdenker, o « memoria arcaica », el cual, y citando lo comentado por Montoro sobre tal concepto, viene a significar que: « (...) aquellas civilizaciones primitivas, irremisiblemente expuestas a toda clase de catástrofes meteorológicas y telúricas, habrían de buscar en la ira de los dioses la explicación de todos los acontecimientos desagradables (...) ». Íd., Op. cit., vol. I, p. 24.

tribus prehistóricas, perfilándose en el transcurso de los siglos49. En el

mundo clásico se encontrarán así figuras claramente diferenciadas como el adivino ciego Tiresias.

1.3.1.1. Culpa y evitación

Esta cultura primitiva dominada por la superstición y el miedo, provocaría que el individuo ciego fuese considerado como un símbolo de culpa, de la que no se excluía que fuese heredada, y que sería consecuencia de un castigo divino; y signo de algún mal que les habría de sobrevenir y cuyo delito les correspondía exclusivamente a ellos desentrañar. Tomar de su mano cierta « justicia reparadora », requería según el pensamiento mágico dominante, paliar este castigo que consideraban provenía de los dioses, sacrificando al individuo; lo que quizá, consideramos, les suponía alejar tal culpa, ahuyentando posibles males venideros. Aunque estas prácticas, es de suponer, variasen de unas regiones a otras, dependiendo de las variantes de tales creencias50.

Las actitudes del hombre de la prehistoria no consistían únicamente en la eliminación de estos individuos aquejados de algún mal. Tanto Aguado Díaz como Laín Entralgo coinciden en la existencia de dos enfoques dirigidos hacia estos individuos, por un lado el conocido como

empirismo o enfoque activo, que posiblemente encontrase el remedio para

la ceguera en la magia (pues estos autores se referirían a enfermedades discapacitantes en general, y no en concreto a la ceguera), y el animismo

o enfoque pasivo que como ya se ha visto, consideraría la enfermedad

consecuencia de causas mágicas o religiosas y asociada al castigo que proviene de un pecado, recurriendo por ello a la práctica del infanticidio; siendo las actitudes, tanto de rechazo como de aceptación, aunque predominasen fundamentalmente las primeras51.

La única pintura rupestre encontrada, que ya hemos comentado, no prueba la existencia de individuos ciegos en estas sociedades primitivas. Se han encontrado, sin embargo, restos arqueológicos que revelan la existencia de un único individuo adulto, del que se sabe con certeza era ciego, además de padecer otras anomalías físicas; lo cual, además de afirmar la actitud empírica anteriormente comentada, significa que este hombre despertó actitudes de compasión, siendo protegido y cuidado desde el nacimiento, lo que parece desmentir que existiera siempre y en todo lugar el infanticidio sistemático52.

49 Montoro nos habla de tribus como las de Madagascar, cuyo « ciego predecía el porvenir y conocía

las enfermedades por la voz del paciente ». En Polinesia « olfateaban el viento para diagnosticar la enfermedad », en los pieles rojas, el viejo invidente (aparece ya aquí la idea de anciano sabio y venerable que profetiza) « interpretaba las voces de los vientos y del trueno; conocía los cambios del tiempo por los gritos de los animales y por su olor, descubría las propiedades curativas de las plantas », son entre otros los ejemplos que generan una figura que se afianzará en el tiempo. Íd., Op.

cit., vol. I, p. 26.

50 Íd. Op. cit., vol. I, pp. 24-25.

51 Ver AGUADO DÍAZ, A. L.- 1995, Historia de las deficiencias. ESCUELA LIBRE. TESIS Y PRAXIS, Nº 3,

Madrid, p. 39.

52 Estos restos prehistóricos del Neandhertal, pertenecientes a la cultura de Shanidar que data de

hace unos 45000 años, revelan, además de la atrofia en diferentes partes del cuerpo, que este individuo era ciego del ojo izquierdo. Íd., Op. cit., pp. 37-38.

Una cuestión a considerar sería que, en los recién nacidos, la ceguera no resultaría una deficiencia física tan notoria como otras, pasando mayormente desapercibidos y evitando que fuesen eliminados, circunstancia que disminuiría su probabilidad a medida que el individuo fuese haciéndose adulto (pudiendo ser protegido por otros miembros que le hubiesen tomado afecto), así como cuando sobrevienen enfermedades o accidentes en la edad adulta.

Montoro edifica una prehistoria para estos ciegos basada en la hipótesis, según la cual, la vida de este individuo iría viéndose mayormente favorecida a medida que avanzasen las etapas, encontrando en la vida sedentaria del Neolítico un lugar más integrado desde el que poder realizar actividades para el provecho de la comunidad, como pueda ser entre ellas, el cuidado del ganado, la alfarería o la talla de utensilios, hecho que aparece en la pintura rupestre conservada53.

1.3.2. Egipto

« Sigue a tu corazón mientras estés vivo. Coloca mirra sobre tu cabeza. Viste con lino (fino). Aumenta tu bienestar para que tu corazón no pierda vigor. No ofendas a tu corazón hasta que llegue el día de la lamentación (de los muertos) ».

Extracto de la canción del arpista (Según Siegfried Schott). EGGEBRECHT, A.- El Antiguo Egipto: 3000 años de historia y

cultura del imperio faraónico. Puede resultar difícil de entender para nosotros, el significado que tenía en esta sociedad egipcia el hecho de no ver, al no considerar como divinidades a los astros celestes, y limitando la ceguera al hecho de no poder contemplar la belleza del mundo que nos rodea. Para el personaje egipcio, este hecho implicaba no ver a la divinidad; aunque a la vez y, paradójicamente, algo muy estrecho parecía unirle a ella. El ciego sería un hombre aislado y marcado por Dios, con el cual se han estrechado una serie de lazos que significarían una comunión más directa con la divinidad.

La vida en la sociedad egipcia, de algún modo giraba en torno a la mirada, vinculada con la divinidad, y donde el ojo significaba, algo más que un órgano productor de la visión alojado en el cuerpo; siéndoles atribuidos, tanto al ojo como a la mirada, valores simbólicos y alegóricos, entre los cuales se considera el ojo: « como recipiente de vida espiritual y reflector de energía y felicidad »54.

53 El asentamiento permitiría a la persona ciega tener un mayor conocimiento del entorno que le

rodea, capacidad que viene determinada por el conocido como « sentido del obstáculo », que sería la « habilidad para detectar obstáculos, aparentemente ligada a la localización de fuentes de sonido », también conocido como « visión facial » de los ciegos. Ver ROSA RIVERO, A. y OCHAÍTA, E., Op. cit., p. 96; y MONTORO MARTÍNEZ, J., Op. cit., vol. I, p. 26.

54 CAPDEVILA, M.- 1942, La ceguera y el arte. MASNOU, Barcelona, pp. 10 y 16; CIRLOT, J. E.-

1.3.2.1. Castigo y superstición

El hecho de que la divinidad Isis tuviera el poder de cegar así como de devolver la vista, consideramos que convertiría a la ceguera en un símbolo de castigo por alguna falta cometida, tal y como se daba en las creencias de las culturas primitivas, donde los dioses enviaban la ceguera, consecuencia de un castigo.

Acorde con la creencia en supersticiones, se cree en el mal de ojo; sin embargo, tales creencias conviven con unos avanzados conocimientos médicos y quirúrgicos, como reflejan los diferentes papiros conservados, de los cuales el más famoso es el papiro de Ebers. Este papiro describe, según los conocimientos médicos de la época:

« (...) conjuros, recetas y tratamientos a seguir para combatir el tracoma y otras afecciones de la vista. Hay papiros del siglo XIX a. de J. C. que ya detallan la terapéutica adecuada para remediar determinadas enfermedades oculares; lo cual muestra el gran interés del pueblo egipcio por reducir el elevado número de ciegos existente en el valle del Nilo, y que había alcanzado un gran dominio de la ciencia médica »55.

La ceguera causada por el tracoma era considerada como una enfermedad habitual en la zona del Nilo, debido al clima del desierto y a las bajas temperaturas durante la noche, resultando afectadas una cantidad considerable de personas, lo cual inclinó a un trato benévolo, sin embargo, no los libraba de la mendicidad en la que podían acompañarse de algún instrumento musical. Así, los bardos o poetas ciegos cantaban con instrumentos musicales hazañas o batallas de héroes y soberanos56.

Era la egipcia una sociedad donde se empleaba a esclavos ciegos o de ojos vendados, en la construcción de las cámaras secretas que albergarían los tesoros de los faraones, y donde se empleaban masajistas ciegos, suponemos que para evitar el contacto tan directo con la figura divina del faraón. También en ella eran cegados los ladrones de tumbas; y los ciegos eran escogidos de forma preferente para el oficio de porteros, con el fin de garantizar la discreción de una sociedad dada a los excesos.

55 MONTORO MARTÍNEZ, J., Op. cit., vol. I, pp. 39 y 51; ROUSSELOT, J.- 1971, La medicina en el

arte... (Traducción: Ignacio Gaos). ARGOS. LAS FUENTES DEL ARTE, Barcelona, pp. 36-37.

56 Ver MONTORO MARTÍNEZ, J., Op. cit., vol. I, p. 42.

Fig. 5.- Arpista ciego

de Saqqarah. (Detalle). Tumba de Patenemheb. Leiden. Rijksmuseum Van Oudheden. Finales de la VIII dinastía.

« Bueno es que el portero cierre un ojo, pero es mejor que cierre los dos »57.

En esta sociedad las mujeres y ancianas ciegas eran contratadas como plañideras, efectuando conjuros que garantizaban la felicidad del difunto en el más allá. Las bellas muchachas ciegas podían ejercer de heteras en casas públicas.

Existió, incluso, un faraón ciego, Sesostris I, de la dinastía XII, quien construyó un templo en Tebas al dios Sol Amón, para expiar el posible castigo que le habría atraído la ceguera de los dioses. Fue un soberano cruel cuya ceguera le rodeó de cierto misterio y le trajo la locura, pues en vano trató de buscar un remedio para su mal, el cual nunca encontró.

La reina Hatshepsut llegaría a ser una protectora de estos ciegos, encargándose durante el Nuevo Imperio de crear lugares

donde las mujeres ciegas pudieran trabajar realizando sencillas labores manuales, tales como tejer prendas, confeccionar collares, etc58.

Podemos observar, por consiguiente, que los ciegos eran numerosos en esta época, y aunque siga viéndose la ceguera como un castigo, consecuencia de una culpa; la sociedad egipcia, en general, les acepta, aunque marcándoles unas ocupaciones determinadas para las que consideran preferentes a este tipo de personas invidentes, hecho que no deja de marcar de modo irremisible la vida de los invidentes que no poseen libertad de elección.

57 Íd., Op. cit., pp. 41-47. 58 Íd., Op. cit., pp. 49-51.

Fig. 6.- Conjunto de músicos en

Saqqarah. Tumba de

Patenemheb. Leiden. Rijksmuseum Van Oudheden.

Finales de la VIII dinastía.

Fig. 8.- Arpista ciego. Tumba de Neferhotep. Leiden. Rijksmuseum Van

Oudheden. XIII Dinastía. Fig. 7.- Músicos ciegos. Deir-el-Medina.

BARASCH, M. La ceguera: Historia de una

Hemos hablado de los bardos o poetas que ejercerían este oficio como alternativa a la mendicidad. Pero existía para estos ciegos con habilidad musical, otro oficio por el que llegarían a ser muy conocidos en el mundo egipcio: el de arpistas.

Una de las manifestaciones artísticas más antiguas, de la que se sabe con certeza representa a un individuo ciego, es la del arpista del Templo de Saqqarah, próximo a la pirámide que lleva el mismo nombre, cuya antigüedad data del siglo XV a. de J. C. (fig. 5). Se trata de un relieve en una tumba tebana conocida como la de Patenemheb, que data de tiempos de Tutankamón y pertenecería a la VIII dinastía59.

El relieve representa a un conjunto de ocho músicos dirigidos por un arpista ciego, lo que nos da una idea de la importancia que pudieron llegar a adquirir estos personajes privados de la visión. En la imagen de este arpista ciego, sus ojos parecen mostrársenos más cerrados que los del resto de los músicos, el rostro algo más alzado también, destacándose cierta actitud de embeleso ante la música que interpreta; hecho que parece concordar con la creencia de un contacto de los ciegos más directo con la divinidad60.

59 CAPDEVILA, M., Op. cit., pp. 10-14 y MANNICHE, L.- 1997, El arte egipcio. (Traducción: Fernando

Villaverde). ALIANZA. FORMA, Nº 141, Madrid, p. 234.

60 Montoro, refiriéndose a dicho relieve señala a más de un ciego en este conjunto de músicos.

Consideramos que esto puede ser debido a la dificultad para la identificación de los ojos que distinguen al personaje ciego del vidente. Íd., Op. cit., p. 234 y cfr. MONTORO MARTÍNEZ, J., Op. cit., vol. I, p. 43; y LYONS, A. S. y PETRUCELLI, R. J.-1991 (2ª reimpresión), Historia de la medicina. DOYMA, Barcelona, p. 94.

Fig. 9.- Arpista ciego. Tebas. Tumba de Amenemhet, Nº 82.

XII Dinastía.

Fig. 10.- Arpista. Karnac. Capilla Roja.

Fig. 12.- Arpista ciego. Tebas. Tumba de Nakht,

Nº 52. XVIII Dinastía. Fig. 11.- Arpista. MONTORO, J.

« La combinación sugerida de los ojos cerrados y la cabeza levantada, aún vagamente sugerida, alude a un conflicto entre la oscuridad, el cerrar los ojos por un lado y el impulso hacia la luz, la visión y el deseo de vida, por otro »61.

La singular relación entre la profesión de músico tocador de arpa y la ceguera no tiene por qué significar que todos los arpistas representados en el arte egipcio fueran invidentes. Barasch reconocerá que existe cierta dificultad para la distinción de tales ciegos, debido en parte a que estas representaciones son en pequeña escala, resultando por ello los ojos poco visibles. Manniche ya distingue la diferencia entre la representación de los ojos videntes y de los ciegos, hablando

de la existencia en estas representaciones de unos ojos deformados62.

Los arpistas ciegos, se encontraban lejos de inspirar compasión por una enfermedad discapacitante como pudiera suceder con otros ciegos de la época. Se puede hablar de ellos, sin embargo, de cierta naturaleza ambigua que les otorgaría la doble condición de ciego y de elegido, ya que

61 BARASCH, M.- 2001, La ceguera: Historia de una imagen mental. (Traducción: Routledge ediciones).

CÁTEDRA, Madrid, p. 66.

62 Íd., Op. cit., p. 16; Barasch menciona que Manniche, en su libro Music and Musicians in Ancient

Egypt, Londres, British Museum Press, 1991, p 99, documento que no nos ha sido posible consultar,

realiza una clasificación de cuatro posibles modelos para representar los « ojos deformes o destruidos » de estos músicos ciegos, considerando no obstante, que no son utilizados en la mayor parte de los casos, siendo en el resto difícilmente distinguibles. Ibidem y MANNICHE, L., Op. cit., p. 234.

Fig. 13.- Danza nubia con bailarinas y músicos. Tebas. Tumba del sacerdote y secretario de Amón, Keinebu. XX Dinastía. (No se conserva).

Fig. 14.- Cantores ciegos. El- Amarna. Tumba de Meyre I, Nº 4. VI Dinastía.

expresan « una grandeza intrínseca » que los eleva por encima de la condición de ciegos.

« (...) los arpistas ciegos gozaban en realidad de un elevado rango, cosa que transmiten las propias imágenes. Los “ michelines ” del estómago hacen pensar que

el músico está bien alimentado; su ropaje indica una posición social distinguida, su cabeza calva es signo de pureza física. El acto mismo de interpretar música rodea al arpista de un aura: se creía que mientras tocaba su instrumento estaba en comunicación directa con la deidad »63.

La fig. 8 pertenece a una estela que muestra la imagen de un músico ciego con un abultado vientre, y vestido únicamente con un paño que cubre sus caderas; con los ojos que parecen cerrados, toca un arpa sobre el que armoniosamente se inclina.

Si intentamos hacer una valoración del conjunto de imágenes de estos arpistas, vemos que en las distintas representaciones se muestran desprovistos de ropaje en la parte superior, desnudez que puede verse asociada con cierta pureza o autenticidad que reviste a estos personajes, cuyo don para la música venía otorgado por una comunicación con la divinidad. Sólo en Saqqarah (figs. 5 y 6) aparece un arpista con ropaje sobre la parte superior del cuerpo, que parece indicar cierta categoría y cuya situación central en la composición, lo convierte ya de por sí, en un personaje sobresaliente64.

Su calvicie está asimismo asociada a la pureza, como ya se dijo. Los ojos, a simple vista, podemos observar que no resultan en todos los casos distinguibles, hecho que no

deja lugar a dudas en la fig. 12, donde aparecen casi dramáticamente cerrados en una expresiva cara, cuya boca abierta indica que el ciego está cantando.

El arpa, instrumento que los caracteriza, llegaría a simbolizar el contacto con el otro mundo, el de los dioses: « El arpa ata el cielo y la tierra » para aquellos que abandonan este mundo; simbolizando en la vida terrena la dualidad entre los elementos materiales, representados por el material mismo con el que está construido el instrumento (de madera y cuerdas de tripa de lince), constituyendo la vibración musical el

63 BARASCH, M., Op. cit., p. 13.

64 Ver REVILLA, F.- 2003(4ª edición), Diccionario de iconografía y simbología. CÁTEDRA, Madrid,

p. 121.

Fig. 15.- Cantor de Tebas. Tumba de Horemheb, Nº 78. XVIII Dinastía.

Fig. 16.- Arpista ciego. Tebas. Tumba de Neferhotep,

componente espiritual. El arpista consigue así un equilibrio entre ambos mundos en su persona, simbolizado a través de la música de su arpa65.

El que varios de ellos aparezcan arrodillados viene a significar la conocida posición de reverencia, la cual, sin embargo, no se encuentra en todos los casos.

El grupo de cantores de la fig. 14 se encuentran formando parte de una

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