2.2 Glider Navigation
2.2.2 Terrain-Aided Navigation
Hemos hecho un breve recorrido por varios fragmentos de la comedia latina (Plauto, Titinio y Afranio) donde se puede observar el desarrollo de un discurso misógino articulado en torno a las ideas de exceso/defecto, tipo de arreglo (afeites o joyas) y clase de mujer aludida (matrona o meretriz). Asi- mismo, hemos visto cómo el tópico de la belleza sin ador- no nos lleva a imágenes impactantes, como la de una mujer “bañada en oro” o una vieja engalanada, que en ambos ca- sos encuentra sus correlatos en el propio mundo moderno.
Conviene, en definitiva, hacer patentes y reflexionar acerca de los mecanismos sobre los que se sostienen nuestras creencias y tópicos. Es cierto que no arreglaremos el mundo con ello, pero al menos lo haremos un poco más habitable.
14. “To play the part of a wife” (OLD, s.v.). Cabe preguntarse si quien
DOMINAE AMANDAE:
CASADAS Y AMANTES
Mimy Flores Santamaría Universidad Autónoma de Madrid [email protected] 1. Introducción
Los poetas elegiacos llamaban dominae a sus amadas, esto es,
a las mujeres por ellos cantadas en sus poemas. Este trabajo está dedicado a ellas y, como veremos a lo largo de estas páginas, dichas dominae tienen unas características específicas
y comunes, debidas, la mayoría, al género literario que estos poetas eligieron para cantar a sus dueñas y que, gracias a ellos, han alcanzado la inmortalidad literaria, es decir, fama eterna. Pero, antes de centrarnos en el tema propiamente di- cho, conviene que hagamos una serie de puntualizaciones.
En primer lugar, debemos señalar que, entre las influen- cias que más profundamente modelaron a los poetas elegia- cos de la época augústea, la más importante fue el momento histórico que les tocó vivir: las guerras civiles, la dictadura de César, la tensión general del final de la República y el cambio a un nuevo régimen. Al mismo tiempo, en este periodo esta- ba formándose una nueva mentalidad y un nuevo modelo de comportamiento amoroso y sentimental, que ejercería una
influencia decisiva en las generaciones posteriores. Junto a esa nueva mentalidad también debemos resaltar la transfor- mación de la mujer romana. Al lado de las matronas, celosas de su papel dentro de la sociedad, aparece una nueva clase de mujer, que no se conforma ya con su “rol” tradicional, sino que aspira a vivir de una forma distinta. Mucho se ha escrito, a partir de las famosas palabras de Horacio1, sobre la gran importancia que tuvo la conquista de Grecia en el cam- bio operado en la sociedad y en las costumbres romanas, y, como consecuencia de esa relajación de las costumbres, tam- bién empezaron a debilitarse los lazos del matrimonio y las mujeres quisieron tener su independencia en los temas del “corazón”. La mujer, que antes aceptaba resignada su suerte, ahora, en cambio, se ha liberado; no quiere, por ejemplo, tener hijos, porque el embarazo deforma su figura y le hace perder lozanía a sus pechos. Tampoco la mujer va a confor- marse con su papel pasivo en las relaciones sexuales y, así, será ella la que empiece a tomar muchas veces la iniciativa en los divorcios y la que, unas veces tímida y otras abiertamen- te, empiece a ir a la caza de amantes y de aventuras eróticas. Cuando los ideales tradicionales del matrimonio perdieron significado, tanto el hombre como la mujer buscaron su amor fuera del mismo. A estos poetas ya no les parece de- seable la unión eterna, foedus aeternum, dentro del matrimonio
y piensan que solo es posible con la amada.
En segundo lugar, conforme aumentó la prosperidad material, se desarrolló el gusto por nuevos placeres y por los artículos de lujo. En el siglo I a.C. encontramos en Roma un gran número de cortesanas griegas, muchas de las cuales eran personas cultivadas, leídas, consumadas bailarinas y ex- celentes músicas. Al mismo tiempo, las jóvenes de las mejo- res familias comienzan a llevar una vida más independiente y
ponen sus ojos en la clase de vida que llevan las cortesanas, más interesante y apasionada que la rutina del hogar.
Por último, el papel desempeñado por las mujeres en la sociedad de la época contribuye, sin duda alguna, a conferir a la poesía elegiaca romana un carácter único2. Se comprende, por tanto, que el papel de la mujer en la sociedad romana, con una libertad mucho mayor que en la griega, constituya un fácil objeto para el canto: la amada como sujeto de placer. Precisamente esto implica que solo en el caso de la amante es el amor el que lleva a la mujer al lecho de su amado, y el amor se traduce, ante todo y sobre todo, en placer. Amor y placer deben ser una misma cosa.
Aunque el estudio de las dominae amandae, como hemos
señalado, se centra principalmente en los poetas elegiacos, hemos incluido también a Catulo, pues en Roma no se puede hablar de una producción de poesía amorosa anterior a él. En el campo literario, la tradición romana conocía los amo- res de la palliata; pero en este tipo de comedia se manifes-
taban siempre las pasiones de una cortesana, con un final obligado: el matrimonio, que solo era posible si la cortesana, gracias a un prodigioso reconocimiento, resultaba ser libre de nacimiento. A mitad del siglo I a.C. se opera, a partir de Catulo, un cambio con componentes de naturaleza literaria (el mayor influjo de Calímaco, de los epigramas eróticos y de otros representantes helenísticos del epigrama amoroso más recientes). Para el origen literario de la poesía amorosa, es significativa la fusión que se verifica en ese siglo entre las dos corrientes helenísticas que habían cultivado poesía erótica. Solo con Catulo se asiste a la difusión de un cancionero en el que una mujer, que en el mundo del poeta constituye la suma
2. La elegía romana captó el interés de los estudios de género desde sus comienzos. Véase el trabajo ya clásico de J.P. Hallet (1973) y una revisión del mismo en M. Wyke (1995).
de todos los afectos, ocupa el papel central. El canto de amor presupone la creación de una relación afectiva, real o ficticia, y que puede ser heterosexual u homosexual, aunque en la tradición latina el amor objeto del canto es principalmente heterosexual, con excepción de dos poemas de Catulo dedi- cados a Juvencio, un muchacho por el que el poeta sintió una atracción especial. Las elegías de Márato en el libro primero de Tibulo parece que forman un ciclo dentro de otro ciclo, en el que Príapo habla sobre la técnica de seducir a bellos muchachos. El amor homosexual está prácticamente ausente de las obras de Propercio y Ovidio.
Por último, y antes de adentrarnos en los textos don- de los poetas latinos (Catulo, Tibulo, Propercio y Ovidio) cantaron sus ilícitos, apasionados y turbulentos amores con sus irascibles, veleidosas e inconstantes amantes, conviene señalar que hay que tener mucho cuidado de no interpre- tar la poesía amorosa como si fuera un testimonio histórico. Respecto al conocimiento que aportan estos textos en lo que a la historia y sociología de la mujer se refiere, hemos de tener muy presentes las convenciones literarias del género, las exageraciones retóricas, las sutiles metáforas del lenguaje del amor. El amor elegiaco es, también, la proclamación de unos modelos de comportamiento y escribir poesía de amor equivale a vivir en un mundo particular.