Entonces Sigurðr fue a ver a los reyes y les dijo: “Ya hace un cierto tiempo que estoy con vosotros y nunca olvidaré el gran honor que me habéis dispensado y el afecto con que he sido tratado. Pero ahora quiero partir de vuestras tierras a encontrarme con los hijos de Hundingr para que sepan que no todos los
141. El epígrafe de este capítulo es de lectura difícil. Ebel 1997 lee, con cautela: Sigurðr varð (?) víss (?) ørlǫga sinna (?): [De cómo]Sigurðr conoció su destino. [Nota de los trad.
142. “El que coge”, “el que capta”, “el que comprende”. [Nota de los trad.
143. No se puede leer la última palabra del epígrafe. Ebel 1997 restituye brœðr “hermanos.” [Nota de los trad.
Volsungos están muertos. Quisiera que me dierais vuestra ayuda en este empresa”.
Los reyes le dijeron que le concederían todo lo que deseaba. Entonces se aprestó una gran hueste y se preparó todo cuidadosamente, los barcos y toda la impedimenta de guerra, a fin de que la expedición fuera la más admirable que se hubiera visto jamás. Sigurðr mandaba el dreki144 más grande y soberbio. Sus velas habían sido hechas muy cuidadosamente y al contemplarlas, producían admiración. Partieron con viento favorable pero cuando hubieron pasado unos días se levantó una terrible tempestad de forma que el mar se veía como si fuera de sangre. Sigurðr ordenó que no se arriaran las velas aunque ya estaban a punto de desgarrarse, sino que las hizasen todavía más altas. Y cuando pasaban cerca de un promontorio, un hombre dio voces a los de los barcos preguntando que quién dirigía aquella flota. Le respondieron que el jefe era Sigurðr Sigmundarson, “el cual ahora es el más famoso de todos los hombres jóvenes”.
El hombre contestó: “Todos sin excepción dicen de él que no hay hijo de rey que pueda igualársele. Quisiera que arriarais la vela de alguno de los barcos y que me dejarais subir a bordo”. Ellos le preguntaron cómo se llamaba. Él contestó:
1 “Hnikar hétu mik, 3 “Joven Vǫlsungr,
2 þá er ek Hugin gladda, 1 me llamaban el destructor145, 3 Vǫlsungr ungi, 2 cuando alegraba a Huginn146
144. Contra la creencia popular, el dreki -que en la literatura española aparece siempre en plural, drakkar, aunque ni sabemos por qué ni por qué se escribe con dos kk- no era un tipo especial de navío, sino un langskip -barco de guerra- provisto de un mascarón de mandera en forma de cabeza de dragón que se colocaba en la proa. [Nota de los trad.
145. Óðinn está jugando aquí con la doble naturaleza de la mayoría de sus nombres, que tanto pueden entenderse tanto como nombres propios o como nombres comunes. A diferencia de lo que sucede en nuestra lengua, la mayor parte de los antropónimos norrenos son “transparentes”, es decir, tienen un significado léxico claro para el hablante, ya que suelen ser nombres comunes simples o compuestos. Óðinn está diciendo a los del barco quién es pero lo hace empleando nombres que pueden entenderse como nombres propios o como nombres comunes, para mantener oculta su personalidad. Hnikarr, Fengr y Fjǫlnir son todos ellos nombres de Óðinn. Como substantivos comunes significan: “el golpeador” o bien “el matador, el destructor” (Hnikarr), “el hacedor de botín -en referencia a los guerreros que él “captura” para la Valhǫll-” (Fengr) y “el muy sabio” o “el de las muchas formas” (Fjǫlnir). En nuestra traducción hemos optado por traducir todos estos nombres a fin de que también en castellano quede oculta la identidad del dios. [Nota de los trad.
4 og vegit hafða. 4 y luchaba en las batallas. 5 Nú máttu kalla 5 Ahora puedes llamarme 6 karl af bjargi 6 el hombre de la montaña, 7 Feng eða Fjǫlni, 7 el capturador o el muy sabio.
8 far vil ek þiggja”. 8 Quiero que me llevéis con vosotros”.
Se dirigieron a tierra y subieron al hombre a bordo. Inmediatamente después cesó la tempestad y siguieron navegando hasta que arribaron al reino del rey Hundingr. Entonces Fjǫlnir desapareció.
Empezaron a asolarlo todo a sangre y fuego, matando a los habitantes y quemando todas las granjas que iban encontrando a su paso y devastando todas las tierras por las que pasaban. Una gran multitud corrió a refugiarse ante el rey Lingvy y le dijeronn que una hueste había invadido sus tierras y que las estaban desolando como no había pasado nunca antes. Decían que los hijos de Hundingr no habían mostrado tener mucha visión de futuro cuando decían que ya no tenían nada que temer de los volsungos porque “es Sigurðr, el hijo de Sigmundr, el que acaudilla este ejército”.
El rey Lingvy entonces hizo pregonar por todo su reino un llamamiento general a las armas: no queriendo huir, convocó a todos aquellos que estuvieran dispuestos a prestarle su apoyo. De esta manera, él -y con él, todos sus demás hermanos- fue al encuentro de Sigurðr con un gran ejército y se entabló un violentísimo combate entre ambos bandos. Se podían ver en el aire muchas lanzas y muchas flechas, y muchas hachas de combate levantándose y cayendo, escudos destrozados y corazas trinchadas, yelmos reventados, cráneos abiertos y muchos hombres cayendo abatidos al suelo. Y cuando ya llevaban combatiendo mucho rato, Sigurðr avanzó, dejando atrás sus estandartes, con la espada Gramr en su mano. Golpeaba tanto al caballo como al caballero y atravesaba las
146. Huginn “el pensamiento” es el nombre de uno de los dos cuervos que, posados en los hombros de Óðinn, le murmuran al oído lo que han visto durante el día en sus vuelos. Aquí <Huginn> está por <cuervo> en general. Alegrar a Huginn significa darle de comer los cadáveres de los que uno ha matado en el combate. [Nota de los trad.
formaciones enemigas con ambos brazos rezumando sangre hasta los hombros de manera que los hombres retrocedían ante él por donde fuera a pasar. Nada se le resistía, ni yelmo ni coraza, y nadie creía haber visto nunca antes a un guerrero com aquél.
Este combate duró mucho tiempo con mucha carnicería y violentísimas arremetidas. Y entonces sucedió lo que acaece muy raramente: que el ataque del señor de una tierra147 no consiga nada, porque allí cayó un número tan grande de los hombres de los hijos de Hundingr que nadie podía contarlos. Y yendo Sigurðr el primero de su hueste, le salieron al paso los hijos del rey Hundingr. Sigurðr golpeó al rey Lingvi y con el golpe le partió el yelmo, la cabeza y el tronco arnesado y después golpeó a Hjǫrvarðr, su hermano, y lo partió en dos trozos y después mató a los demás hijos de Hundingr que todavía quedaban con vida y a la mayor parte de sus hombres.
Entonces Sigurðr regresó a su casa después de haber obtenido una hermosa victoria, mucho botín y una gran fama, y todo esto lo había conseguido en esta expedición. Y en su reino se hicieron hermosas fiestas en su honor. Y cuando todavía hacía poco tiempo que Sigurðr había regresado, Reginn fue a verle y le dijo: “Ahora supongo que querrás quitarle el yelmo a Fáfnir, tal y como prometiste, porque ahora ya has vengado a tu padre y a tus demás parientes”.
Sigurðr le contestó: “Ahora podemos cumplir lo prometido, no lo hemos olvidado”.
XVIII.