Hasta ahora lo relatado acerca de las formas de cooperación de los trabajadores ferroviarios implicó un proceso de reconocimiento entre pares, que se ubicaban geográficamente en un territorio y que trabajaban en los mismos talleres o talleres cercanos. Allí la lucha reivindicativa a través de la huelga se llevó a cabo mediante el llamado de sus organizaciones sindicales, como la señalada corporación mutual Santiago Watt, pero también ocurrió por el llamado que hiciese la que fue la organización obrera que los congregó como gremio ferroviario a lo largo del país, la corporación Unión de Trabajadores Ferroviarios (UTF) de Chile.
Responder al llamado de huelga de una organización nacional implicó para los trabajadores la habilidad de hacer cosas con extraños, ya que, si bien formaban grupos fraternos y se conocían entre ellos por localidad y a veces entre regiones, las grandes batallas posibilitaban la asociación con desconocidos unidos con un compromiso mayor. En esta lucha, quienes se sumaron saliendo a la calle a protestar promovió el sentido de pertenencia al grupo, otorgando una forma de
reciprocidad basada en la confianza: la causa se justificaba por identificación (poseían una cultura en común) y por ir en beneficio de todos:
En las bases, vale decir, Valparaíso, Santiago, Temuco, teníamos organizaciones locales. Esas organizaciones locales eran la Unión de Obreros, donde nos agrupábamos todos los obreros. Teníamos la Asociación de Empleados a nivel local, que todavía existen, pero ahora son totalmente de tipo mutualista, diría yo, y… y ellos eso eehh, laaas asociaciones gremiales tenían como principio eeel defender los intereses de los trabajadores, porque los patrones nuncaa han, le han entregado los eeehh mejora a los trabajadores, sino hay que estar peleando contra ellos; entonces casi todos los años se presentaba un pliego de peticiones a la… ese es el fin que tenían las organizaciones gremiales: llevar ante la jefatura nuestras inquietudes y mejoras de salario. DM (AOMBV, 2013a, ext.: 02:00- 06:13)
El actuar cooperativamente con personas a las que no se conocía fue posible por la identificación que cada uno tenía con su gremio obrero-ferroviario, cultura común basada en el reconocimiento recíproco (Honneth, 2010) como regla, bajo la cual el don y el contradón guardan un sentido comunitario en el que todos pasan por la interacción sin necesariamente generar reciprocidad entre quienes dieron de forma directa.
Esta estrategia cooperativa se transforma en una red de intercambio e interacción, en la que una de sus formas se hacía efectiva a través de la huelga. Esta forma organizacional fue en primer lugar reivindicativa, algo que había que pelear. Pero no todas las batallas fueron ganadas, pues hubo algunas, como aquella de 1956 durante el gobierno de Alessandri, que duró 54 días y que unió a todos los ferroviarios de Chile como gremio, tal como narra don Darío Muñoz, y que derivó en una gran batalla perdida:
Fue por reivindicaciones económicas y porque se hablaba de que la maestranza, ya se hablaba en esa época que la maestranza no era… eeeh… rentable para el Estado. Y tengo entendido que en todo el mundo los ferrocarriles no son, no han sido nunca rentables para el Estado porque son servicios de utilidad pública, están para servirle al pueblo. Entonces tuvimos esa huelga grande de 54 días que la perdimos entre paréntesis, la perdimos, no logramos absolutamente nada en esos 54 días de de… de, esa fue comandada, fue organizada por la Federación Ferroviaria de Chile, que era la más grande en lo gremial. DM (AOMBV, 2013a, ext.: 04:22-05:24)
En la historia de nuestro país la fuerza obrera se ha caracterizado por lograr reivindicaciones sociales por medio de la protesta y la huelga activa, uniéndose y paralizando la nación para ser escuchados y así obtener lo solicitado, una lucha para lograr derechos, con sentido político. En este panorama se advierte la
búsqueda de un reconocimiento recíproco entre dos instituciones: el Estado y los trabajadores ferroviarios, ya que el trabajo de este grupo de personas es considerado un servicio público para el pueblo, tensión que requiere un contradón desde la comunidad, personificado en sus derechos sociales como trabajadores. Aquel momento consagró el ensanchamiento de sus objetivos y confianzas, involucrando no solo a los ferroviarios como grupo, sino resignificando el sentido de lucha obrera del que también eran parte y que los impulsó a unirse a un desafío mayor vinculado a la condición de clase obrera. Es lo que ocurrió en la década de 1970, cuando el general Viaux quiso derrocar el gobierno de Frei Montalva, según comenta Darío Muñoz:
A la calle salimos todos: salimos los comunistas, salieron socialistas, salieron radicales, los democratacristianos y todos los partidos que existían. Salieron todos a la calle los trabajadores. No miramos colores para salir a la calle a defender la democracia. Salimos de la maestranza, me recuerdo muy bien, a las 11 de la mañana marchando por Valparaíso hasta llegar a la intendencia (…) salimos los trabajadores a la calle, estuvimos todo ese día en la calle repudiando el golpe que las fuerzas militares de Chile pretendían dar y derrocar el gobierno del presidente Frei. DM (AOMBV, 2013a, ext.: 05:25- 09:28)
La democracia es vista como algo mayor a un partido, algo que había que defender, un bien común. Sin la democracia su lucha estaba perdida, ya que era ella la que les permitía desarrollar la mutualidad. Implicaba ciertas libertades y derechos que solo la república y democracia podían garantizar, como el derecho a organizarse gremial y sindicalmente para llevar adelante sus luchas.
Aparece entonces el repudio a la posibilidad de un país en el que ellos no pudieran participar de las decisiones más importantes, por lo tanto, era una responsabilidad el luchar por la continuidad de la democracia. Había complicidad en la relación con el otro, era una complicidad de guerra con enemigos a quienes enfrentar, un caso especial ya que en otras oportunidades se trató de una competencia agonista, adversarial, en la que había adversarios, no enemigos. Se trataba de reivindicaciones laborales ante EFE, y de carácter reivindicativo ciudadano ante el Estado.
El orgullo ferroviario surge del entramado de relaciones que logran las formas de cooperación asociativa, fraterna y cómplice en el contexto de una forma de vida compartida de carácter mutual, comenta Roberto Ramos:
Una de las cosas más que me recuerdo con dolor, diría yo, haber visto, por ejemplo, en esta ventana aquí afirmado a un compañero, Julio Orrego, que era uno de los muchachos que quedó, que era de mi generación, que habíamos entrado juntos y quedaba afuera, digamos, quedaba, digamos, no lo reintegran a la empresa y queda fuera. Eso yo creo que para mí fue uno de los hechos más más fuertes haber vivido, mmm. Claro, ¿por qué? Porque era parte de mí, nosotros arriábamos arena juntos, jugábamos a la pelota juntos, íbamos a mariscar juntos, entonces quedaba fuera. RR (AOMBV, 2013c, ext.: 04:07-05:16)
La fraternidad en la huelga era una entrega por la causa común, en la que se daba la vida, de ser necesario –literal o metafóricamente–. La causa sindical, que buscaba reivindicar desventajas laborales, era fuente de identificación; el despido era un riesgo que guardaba relación con el compromiso de vida adquirido, y desde él vivir y observar situaciones que eran un golpe para todo el grupo, un daño que se hacía a todos. La relación entre cercanos que compartían trabajo y vida fuera de él era algo personal, no admitía reemplazos, la pérdida dejaba vacío y dolor.
6.3.6. Búsqueda de reivindicaciones a través de la alianza política con