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Chapter 4: Research methodology

5.2 In-depth interviews with five export sales managers

Pienso que es oportuno iniciar este tópico “escuchando” el consejo del filósofo de la

intuición:

El único fin del filósofo debe ser aquí provocar un cierto trabajo, que los hábitos

intelectuales, útiles para la vida, tienden a perturbar en la mayoría de los hombres.332

A pesar de haber estudiado en una escuela con fuertes tendencias y orientaciones positivistas, el método positivista no encantó a Henri Bergson. Siendo profesor de historia del pensamiento (de la filosofía), ocupado en tener una síntesis de las distintas ciencias, y una visión general, abierta y profundizada de los resultados científicos, rechazó las tendencias ideológicas materialistas académicas predominantes en su tiempo, adversa a la vida, y desarrolla la “filosofía de la intuición”.

Sin duda, el conceptualismo de Kant y el idealismo de Hegel le inquietaron el espíritu, antes de la necesidad inmediata de contraponer a Comte. Bergson, en un giro epistemológico se propuso llevar el espíritu hacia las cosas, no las cosas hacia el espíritu. En Kant, y después en los idealistas (Hegel, en su entorno y seguidores) el conocimiento de ellas se daban por representación o simbolización. Bergson, en este punto, está más cerca de Santo Tomás, toda vez que para el Aquinate la representación es simple condición preparatoria del conocimiento. El escolástico distinguía la “species impressa” (determinación cognoscitiva impresa) de la “species expressa” (determinación cognoscitiva expressa). Para Bergson el conocimiento “toca” directamente la realidad por la “inteligencia” o facultad intuitiva. En este sentido en las palabras de Macedo, “la

actitud bergsoniana, desde el punto de vista metafísico, es experimental [no discursiva], mientras la actitud tomista es ontológica. La primera busca conocer la realidad en el dinamismo de la duración, en cuanto a la segunda procura fijarlo en su naturaleza estática [de carácter discursivo]”.333

El primer resultado de este nuevo filosofar bergsoniano fue su tesis de doctorado escrita y defendida en Francia, el Essai sur le données inmediates de la conscience (1888)334. Dentro de la idea de contorno con el singular real, trata Bergson en esta tesis de un tema bien específico: la libertad en sus relaciones con el tiempo, sobre todo en el Capítulo III. Él título primitivo era Temps et liberté (conservado en la traducción alemana e inglesa). En Europa, y después fuera de sus fronteras, incluyendo España, países de lengua española y portuguesa, la obra quedó con un título más largo: Ensayo sobre los datos inmediatos de la consciencia.

El método de Bergson es el conocimiento por y en la intuición, procurando romper con los métodos precedentes que se basaban exclusivamente en el análisis racional. La intuición vino a enriquecer y llevar vida al análisis calculista. En este método analítico de conocimiento se necesita una mediación para llegar al conocimiento, por basarse en la mediación y operación racional. En la intuición, el conocimiento se da por la inmediatez del conocimiento, y ella hace posible el conocimiento del absoluto (veremos en seguida qué nos dirá Bergon sobre esta palabras en que reincide).335 ¿Y a qué llamaremos intuición, que ponemos con tanta insistencia?

333

Silvio de Macedo, Intuição e linguagem em Bergson e Heidegger, Maio-Brasil, pp. 62-63.

334 La 96ª edición se dio en 1961, a 63 años de la primera publicación; por lo tanto, una media de 1 edición

cada 8 meses, retratando un constante interés por esta condensada obra que a primera vista se muestra muy simple.

335

En Pensée et movant, traducido en portugués por Pensamento e movente (este término tiene una

traducción un tanto forzada en español, movimiento), en: Os Pensadores, Introducción, op. cit., p. 125:

Cfr. Introducción de P. M., op. cit., p. 127. Llegar al conocimiento del absoluto es traspasar los conceptos metafísicos que éstos y otros filósofos han fijado en la historia del pensamiento filosófico y elevándose por sobre la condición humana, sospechando y colocando más preguntas inventivamente que respuestas frente a esta condición. Absolutizar las palabras con conceptos generales no nos hace posible el conocimiento anhelado. Bergson toma un ejemplo: “El mérito del kantismo fue haber desarrollado en todas sus consecuencias y presentar bajo la forma más sistemática una ilusión natural. Pero él la conservó […]. Disipemos la ilusión: restituimos inmediatamente al espíritu humano, por la ciencia y por la metafísica, el conocimiento del absoluto”. Una palabra es suficiente para traducir las dos, experiencia, de la ciencia y de los místicos, ambas pueden ser auténticas, pero sólo puede dárnosla la intuición. “La intuición nos da la cosa de que la inteligencia sólo aprehende la transposición espacial, la traducción

metafórica” (en esta nota, p. 140). Van der Leeuw expone el tema directamente en La conquista de la

ilusión, cap.IV: “Lo absoluto y lo relativo”,op. cit., pp. 87-115. Dirá que el absoluto es uno y muchos

simultáneamente (p. 102), incluye lo relativo. Lo absoluto es la Realidad o no es absoluto. Coincide con la Deidad. En una aproximación bergsoniana, en este bello capítulo, Leeuw trata, entre tantos temas relacionados, del cómo se reconoce y conoce el absoluto (si es posible), de lo absoluto y lo relativo en religión, lo absoluto y lo relativo en el hombre, para el esotérico y el exotérico.

Llamamos intuición [destaque mío]336a la simpatía por la cual nos transportamos al interior de un objeto para coincidir con lo que tiene de único y por consiguiente de inexpresable. Al contrario, el análisis es la operación que resuelve el objeto en elementos ya conocidos, es decir, comunes a ese objeto y a otros. Analizar consiste, pues, en expresar la cosa en función de lo que ella no es. Todo análisis es, entonces, una traducción, un desarrollo por símbolos, una imagen tomada desde sucesivos puntos de vista en que se señalan otros tantos contactos entre el objeto nuevo, que se estudia, y otros que se cree ya conocer. En su deseo eternamente insaciable de abrazar el objeto en torno del cual está condenado a girar, el análisis multiplica infinitamente los puntos de vista, para completar la representación siempre incompleta: varía sin cesar los símbolos para perfeccionar la traducción siempre imperfecta. Prosigue, pues, hasta el infinito.

Pero la intuición, cuando es posible, es un acto simple.337

El absoluto se da por la intuición. “Hay, por lo menos, una realidad que todos aprehendemos desde dentro, por intuición y no por simple análisis”. Aprehendemos nuestra propia persona, auténtica, yo mismo, “nuestro yo que dura”, nuestra conciencia, “en su fluencia a través del tiempo”. “Pero si me recojo de la periferia al centro, si busco en el fondo de mí lo que es más uniformemente, más constantemente, más duraderamente yo mismo, encuentro algo completamente distinto”338

del inactivo, estático, de la costra solidificada, cosificada, de la superficie del mundo material, yuxtapuestas en los objetos o en el cuerpo, de los hábitos motores, de la multitud de las acciones virtuales sólidamente ligadas a esas percepciones y a esos recuerdos.

Hay, bajo esos cristales bien tallados y esa congelación superficial, una continuidad de fluencia que no es comparable con nada de lo que he visto fluir. Es una sucesión de estados en que cada uno anuncia el que sigue y contiene el que precede. En verdad, no constituyen estados múltiples sino cuando ya los he pasado y me vuelvo para contemplar su huella. Mientras los experimentaba, estaban tan sólidamente organizados, tan profundamente animados de una vida común, que no hubiera sabido decir dónde

336

Etimológicamente el término intuición viene del latín: intuo, -eis (intueris), -eri/-ere (intueri/intuere,

separando, in-tuere, de intuor, formación antigua de intueor - interior, por dentro, hacia dentro) - entrar

/mirar/observar atentamente (con previsión, con atención, con admiración) en (hacia) el interior de (de la

cosa, del objeto, de la materia). De Cícero: Rerum naturam studiose intueri; Mentis acies se ipsam

intuens (“cuando el alma se estudia a sí misma”). Como substantivo, intuitio, intuitionis (también de

intueor) - se llamaba a la imagen reflejada en el espejo. En cuanto adverbio, intus (en griego, entos) -

dentro, interiormente. Cfr. D. Raimundo de Miguel, Nuevo Diccionario Latino-Español Etimológico,

Madrid, Hemanos Sáenz de Jubera Editores, 1897; Cft. también Diccionario Latín-Español, 1985 (Bibl.

Central UAH).

337 H. Bergson, Introducción a la metafísica, Buenos Aires, Ediciones Siglo veinte, 1979, op- cit. , pp. 16-

17. Original: “Introduction à la métaphysique. L´intuition philosophique”, en En Revista Métaphysique et

Morale (1903).

concluye uno de ellos y dónde comienza el otro. En realidad, ninguno comienza o

concluye, sino que todos se prolongan unos en otros.339

Las duraciones uniformes (homogéneas) son propias de la materialidad, las duraciones múltiples (heterogéneas) son cualitativas. Las primeras son tratadas por procedimientos matemáticos, las segundas, en cambio, son objeto propio de la metafísica. Ésta penetra en el fondo, invirtiendo la dirección natural del pensamiento con un acto de conocimiento interior que es la intuición. De eso modo, ha llegado el momento de mencionar el epígrafe del capítulo dedicado al pensamiento filosófico amplio de Henri Bergson:

Filosofar consiste en invertir la dirección habitual del trabajo del pensamiento”.340

El trabajo se sitúa entre la actividad virtual y la actividad real, la diferencia, retomado por Deleuze y por Arendt. El trabajo del pensamiento está

“allí donde se dibujan muchas acciones igualmente posibles sin ninguna acción real (como en una liberación que no concluye), la conciencia es intensa. Allí donde la acción real es la única acción posible (como en la actividad propía de los sonámbulos o más generalmente automática), la conciencia se vuelve nula. Representación y conocimiento no dejan de existir en este último caso, si está probado que se encuentra ahí un conjunto de movimientos sistematizados, el último de los cuales está preformado en el primero, y que la conciencia puede surgir al choque con un

obstáculo.”341

La intuición es un método y una metafísica al mismo tiempo, pero contrapuesto al método redundante empírico-positivista que se tornó habitual - insisto - , el método científico casi exclusivo de las principales escuelas francesas y de la vasta civilización europea en el siglo que precedió y de la virtualidad y actualidad bergsoniana (XVIII, XIX y XX). ¿En que sentido se podrá entender esta inversión del pensamiento, entonces? Por la forma (camino y método) de conocer. Por la intuición es posible un

339 I. M., op. cit., p. 20.

340 I. M., op. cit., p. 72. Bergson atribuye un elevado valor a la labor del pensamiento, el trabajo de pensar

y en esta pre-ocupación y ocupación veo una cercanía con Martin Heidegger y su discípulo y filósofa muy

cercana, Hannah Arendt (a quien citaremos más adelante). Así entiendo, y veo de nuevo una crítica a la dominación de la inteligencia sobre la naturaleza desde F. Bacon. Volveremos a este punto en los contrapuntos (en 3.4.2: Inteligencia e intuición).

341

Véase en H. Bergson, E. C., op. cit., p. 620. Arendt cita y comenta esta parte en Condición humana,

Buenos Aires, Paidós, pp. 330-331, 357. Quisiera detenerme más largamente en el texto (pp. 577ss). Queda aquí mencionado el capítulo II: “Las direcciones divergentes de la evolución de la vida. Embotamiento, inteligencia, instinto”, donde profundiza con agudeza el tema a nosotros muy pertinente. Hemos de limitar, haciendo esta indicación, mientras tanto. De cualquier modo, rescindiremos al tema y correlatos.

conocimiento interior, absoluto342, de la duración del yo por el yo mismo. No obtendré nada que se parezca a la intuición simple que tengo de la duración. El absoluto se da por la intuición, para ser fiel al pensamiento del filósofo343.

Cualquier que sea el nombre que damos a la ‘cosa en sí’ – acordemos este texto, incluyendo las notas -, la llamemos la Substancia de Spinosa, el Yo de Fichte, el

Absoluto de Schelling, la Idea de Hegel, o la Voluntad de Schopenhauer la palabra se presentará siempre con la significación bien definida: ella la perderá, la vaciará de toda significación, si la aplica a la totalidad de las cosas”.344

Llegar al conocimiento del absoluto es traspasar los conceptos metafísicos que, éstos y otros filósofos han fijado en la historia del pensamiento filosófico desde Grecia. Así se podrá elevarse por sobre la condición humana para llegar a ella al mismo tiempo345, sospechando y colocando más preguntas, inventivamente, que respuestas frente a esta condición. Absolutizar las palabras con conceptos generales no nos hace posible el conocimiento anhelado del absoluto. Bergson toma un ejemplo: “El mérito del kantismo fue haber desarrollado en todas sus consecuencias y presentar bajo la forma más sistemática una ilusión natural. Mas él la conservó; reposa mismo sobre ella. Disipemos la ilusión: restituimos inmediatamente al espíritu humano, por la ciencia y por la metafísica, el conocimiento del absoluto”. En Bergson, basta una palabra para traducir ciencia y metafísica, la

experiencia, de la ciencia y de los místicos, ambas experiencias pueden ser auténticas,

342 In: Ibíd., pp. 12-13, Bergson, resumiendo la forma de ir al absoluto, dice: “En suma, el movimiento no

será aprehendido desde fuera y, en cierto modo, desde mí, sino desde dentro, en él, en sí [por intuición].

Habré obtenido un absoluto”. Más adelante (p. 14): “Sólo la coincidencia con la persona misma me daría

el absoluto. En este sentido, y sólo en éste sentido, absoluto es sinónimo de perfección”. Más (p. 16):

“[…] un absoluto no podrá ser dado sino en una intuición, mientras que todo lo demás depende del

análisis”.

343 En Pensée et movant, traducido en portugués por Pensamento e movente (este término tiene una

traducción un tanto forzada en español, movimiento), en: Os Pensadores, Introducción, op. , p. 125:

344 Cfr. P. M., op. cit. p. 127

345

Al encontrarme con las obras de Bergson, “sospeché” que el título del libro Condición humana (una de

las más reconocidas) de Hannah Arendt (también de origen judío y perseguida por el régimen Nazi, razón

que la llevó a escribir “Los orígenes del totalitarismo), hubiera tenido origen en Bergson. Una cosa es

cierta, estuviero comprometido en esta terrible causa común y se encontraron de hecho. En la obra cita a Bergson al menos cuatro veces. Basta fijarnos en los temas del libro para verificar que varios de ellos se encuentran en Bergson: (e.g.) cap. IV. Trabajo: el carácter duradero del trabajo, la reificación, la

instrumentalización (animal laborans y homo faber), mercado, permanencia y obra de arte. Tomé una cita

“ilustrativa”: “Lo que demuestran los gigantescos ordenadores es que la Época Moderna se equivocó al creer con Hobbes que la racionalidad, en el sentido de ‘tener en cuenta las consecuencias’, era la mas

elevada y humana de las capacidades del hombre, y que los filósofos de la vida y de la labor, Marx,

Bergson [cursivas mias] o Nietzsche, estaban en lo cierto al ver en este tipo de inteligencia, que confundían con la razón, una mera función del poder del cerebro, y los apremiantes procesos lógicos que genera no son capaces de erigir un mundo; son tan sin mundo como los apremiantes procesos de la vida,

pero la experiencia se dará por la intuición. “La intuición nos da la cosa de que la inteligencia sólo aprehende la transposición espacial, la traducción metafórica”.346 Bergson construye su concepción de intuición como método filosófico y apunta algunos desdoblamientos de esa concepción en sus reflexiones - originalmente, en términos experimentales, le vino asombrosamente de la biología347 - en la ética, e incluso, en el campo pedagógico. La intuición debe ser tomada como el medio de conocimiento primordial de la realidad, una vez que sólo ella puede realmente aprender su movimiento concreto de duración. Es, de esta forma, el propio método que posibilita a la filosofía desarrollar un pensamiento capaz de reflexionar verdaderamente lo real y su temporalidad inherente, y, además, posicionarse de forma crítica delante de una tradición que consolida en el excesivo análisis racional y muchas veces distante de la realidad sensible, generadora de una serie de falsos problemas y falsas soluciones. Dicho así, nos acordamos de ciertos matices baconianos.

Yendo más allá de un método filosófico riguroso, en consecuencia, la intuición puede convertirse en el principio de una acción trasformadora capaz de promover la elevación moral del hombre y, así, no sólo ampliar su campo de especulación, sino también darle “más fuerza para actuar y para vivir”. En ese sentido, conforme defiende Bergson, la intuición debe ser cultivada, hasta pedagógicamente, como un complemento fundamental a la inteligencia o razón, imprescindible hasta para señalarle los límites348.

346 P. M., p. 140.

347 Demuestra el interés de Bergson por la experiencia de la ciencia, sobre la evolución de la vida, lo que

se sigue. Antes de escribir La evolución creadora, publicada en 1907, “interesado por el problema de la

vida, acumuló material durante once años y pasó vacaciones enteras estudiando las costumbres de las hormigas y las abejas. Después de varios ensayos, escribió su obra prácticamente de un tirón. Tuvo una extraordinaria acogida entre el público”, relata M. Artigas, op. cit., en la primera página.

348

Muestra este punto en un sugerente estudio. Se trata de Tarcísio Jorge Santos Pinto, O método da

intuição em Bergson e a sua dimensão ética e pedagógica, 2005, (T. D.), Brasil: Universidade de São Paulo – Filosofía, Orientador: Franklin Leopoldo e Silva, Biblioteca Depositária: Biblioteca Central da FFLCH da USP. Dentro de la aplicación de la teoría filosófica con base metafísica, también hago mención solamente con relación a una investigación a partir del método de la intuición bergsoniana, en la cual son

desarrolladas reflexiones sobre su importancia para la filosofía del derecho, llegando a sugerir

aplicaciones reales y efectivas, subsanando así la deficiencia del análisis empírico-racionalista en el

derecho. Cfr. Luiz Antonio Nunes, Intuición y derecho: un estudio de la intuición a partir de las

investigaciones de Henri Bergson, 1995, (T. D.), São Paulo: PUC, Orientador: Tercio Sampaio Ferraz Junior.